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Juan de Dios Ramírez Heredia
Juan de Dios Ramírez Heredia
Se combate en los medios de comunicación

Combatir con las herramientas adecuadas esa lacra del antigitanismo que nos condena irremisiblemente a la marginación y la exclusión social supone tener conciencia del papel que juegan los medios de comunicación en la elaboración de la imagen colectiva que la sociedad mayoritaria tiene de nosotros.


No confundir el antigitanismo con la lucha contra la exclusión y la pobreza


Desde nuestra organización reconocemos que los poderes públicos vienen desarrollando un esfuerzo notable en el ámbito de la sanidad, el trabajo, la vivienda y la educación de nuestra gente más vulnerable. Y es justo reconocerlo.


El año pasado el Gobierno central destinó 3.929.636,81 euros procedentes de la recaudación del IRPF y los repartió entre siete organizaciones gitanas. Aunque justo es decir que la Fundación Secretariado Gitano se llevó la parte del león (el 80,29%, es decir 3.154.813,63 euros). El resto se lo repartieron de forma muy desigual las seis asociaciones restantes.


No es nuestra función enjuiciar qué hicieron con ese dinero las asociaciones beneficiadas. Las conocemos y sabemos que son organizaciones serias y honradas y que el dinero que recibieron lo emplearon en remediar las carencias más graves de la población gitana con quienes trabajan.


Pero con esas acciones no se lucha con eficacia contra el antigitanismo. Tal vez con esos programas se combata las injusticias y las desigualdades que produce el sistema. Pero “el antigitanismo es el producto de una forma específica de racismo, una ideología basada en la superioridad racial, una forma de deshumanización y de racismo institucional alimentado por una discriminación histórica, que se manifiesta, entre otras cosas, por la violencia, el discurso del miedo, la explotación y la discriminación en su forma más flagrante”. Así lo define la ECRI (Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, del Consejo de Europa).


Esta semana, Élisabeth Borne que es la jefa del Gobierno francés advirtió que “el odio se ha reinventado”, a veces bajo una apariencia intelectual y, con frecuencia, “escondido detrás de las redes sociales”. Para Borne, es “intolerable” que la discriminación racial siga viva en “una República laica e indivisible”.


En resumen, aunque parezca muy duro decirlo, con políticas valientes y decididas que favorezcan el uso de viviendas dignas, el acceso a una educación plural y respetuosa de nuestras propias costumbres y tradiciones, o el disfrute de un puesto de trabajo, con eso no acabaremos con el antigitanismo, porque el antigitanismo es la manifestación de un sentimiento racista que anida en la conciencia de algunos seres humanos que se creen superiores a otros de sus semejantes.


El antigitanismo también lo sufren gitanos y gitanas que llevan una vida ordenada, que conviven con sus vecinos con normalidad y que gozan de una vida desahogada y de una formación superior. Y ese temor también está arraigado en algunos profesionales que prefieren ocultar su condición de gitanos por temor al rechazo o la prevención que pudieran suscitar en otras personas de su entorno.


Recuerdo que un día participé en un debate abierto en Canal Sur TV de Andalucía. Entre los contertulios había algunos catedráticos y profesores universitarios. Al terminar el programa uno de ellos se me acercó para decirme:


—Perdone usted, tío Juan de Dios. Tengo que decirle avergonzado que yo soy gitano, pero no lo digo porque así paso desapercibido y evito problemas. Pero le garantizo que a partir de hoy lo diré con orgullo.


El antigitanismo se combate en los medios de comunicación


Lo he leído en “Cuadernos de periodistas” en un artículo firmado por Marc Amorós: “Todo es falso, salvo alguna cosa”. Esta célebre frase que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy dejó dicha para la posteridad se ha convertido en una descripción de nuestros tiempos informativos. Hoy en día, las noticias falsas campan a sus anchas hasta el punto de suponer una amenaza para los medios de comunicación e incluso para la democracia.


Esto lo sabemos todos. Y de forma contundente, desde que un pretendido periodismo se ha adueñado de internet. Rosa Montero, la conocida periodista, ha escrito que las redes sociales tienen una vertiente venenosa de la que todos hablamos constantemente sin hacer nunca nada. Y lo padecemos quienes somos víctimas indiscriminadas de quienes utilizan los medios para acusarnos de todos los males que padece la sociedad. Estoy de acuerdo con quienes afirman que las palabras crean una realidad que no siempre se corresponde con la verdad.


Las noticias falsas y los comentarios envenenados por el racismo están empujando al periodismo hacia un nuevo escenario. El uso del lenguaje es un reflejo de las prácticas culturales y sociales de un determinado contexto social. Todos los ciudadanos, gitanos y no gitanos, como parte de la comunidad, desarrollamos conductas que nos vienen sugeridas por quienes, desde los medios, tienen el poder y la facultad de crear estados de opinión.


Periodistas contra el racismo


21 09 21 Periodistas 2020 (002)


En esa afirmación está depositada toda nuestra esperanza. El ejercicio profesional de los periodistas, y el límite que los editores puedan establecer para que en sus medios no tengan cabida las noticias falsas y los comentarios ofensivos o calumniosos, será la mejor terapia para hacer posible la desaparición del antigitanismo.


Miguel Ángel Noceda es el recién elegido presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y ha afirmado que “Hace falta impulsar una regeneración ética que permita recuperar la confianza y garantizar el derecho a la información”.


Estamos de acuerdo con quienes afirman que el periodismo emergerá como el mejor antídoto contra el fenómeno de las noticias falsas. Y los poderes públicos no deberían desconocer que sin su ayuda y su compromiso esa aspiración puede verse frustrada.

Artículos del autor

He querido aprovechar este dramático momento que vive Brasil en el que unos desalmados insurgentes han querido violentar la voluntad democrática de los ciudadanos de aquel inmenso país asaltando el Congreso Nacional, el Palacio de Planalto —sede del ejecutivo— y la Corte Suprema para escribir estas líneas.

Con estos titulares aparecen estos días en los medios de comunicación, especialmente en los digitales, que se pondrá fin a la ocupación ilegal con que algunas personas se apropian de viviendas que no les pertenecen. Sin lugar a dudas la reiteración con que se producen estas ocupaciones constituye un gravísimo problema social.

Como es natural la muerte de la Reina Isabel II también ha conmocionado a los romaníes que viven en el Reino Unido. No es el país europeo que tiene mayor población de origen gitano pero la comunidad inglesa de la isla ejerce una señalada influencia en la toma de conciencia que el Pueblo Gitano mundial está viviendo por el reconocimiento de su personalidad colectiva.

Los gitanos y las gitanas de Ucrania, nuestros hermanos de sangre y de cultura, están viviendo peor, si cabe, de cómo lo están haciendo el resto de los civiles masacrados por los misiles rusos. Antes de la invasión de febrero, eran aproximadamente 400.000 romaníes viviendo en Ucrania.

Otra vez Jaén. Parece que una triste maldición se cierne sobre esta entrañable provincia, cuna de don Miguel Lucas de Iranzo, el famoso condestable que junto a su esposa, doña Teresa Torres, recibió y agasajó en Jaén el 22 de noviembre de 1460 a los primeros gitanos que llegaron a Andalucía.

El Congreso de los Diputados da luz verde a la Ley de Igualdad de Trato y no Discriminación, conocida como 'Ley Zerolo', que tipifica por primera vez el antigitanismo como delito de odio. La norma especifica que "nadie podrá ser discriminado por razón de nacimiento, origen racial o étnico, sexo, religión, convicción u opinión, edad, discapacidad, orientación o identidad sexual, expresión de género, enfermedad o cualquier otra condición.

Por razones obvias —soy andaluz, nací en Puerto Real, estudié con los salesianos de mi pueblo y luego en Sevilla— me interesa profundamente todo lo que está relacionado con aquella parte de España. Luego, los avatares de la política, o mejor dicho la voluntad de Alfonso Guerra, secundado de la eficacia de Carmeli Hermosín, me llevaron a Almería, provincia por la que fui elegido diputado en dos legislaturas completas.

 
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