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José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín
Estamos ante un Gobierno desestructurado que no ha atendido la contingencia ni ayudado a la población

Vicepresidente, según el diccionario, es la persona que hace o está facultada para hacer las veces del presidente. En el gobierno de Pedro Sánchez, hay cuatro vicepresidentes ordenados por los ordinales que él decidió. Para referirse a ellos, se cita al titular, la vicepresidencia y el ministerio. Los actuales son: Carmen Calvo. Vicepresidenta 1ª y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria democrática. Pablo Iglesias, Vicepresidente 2º y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030. Nadia Calviño, Vicepresidenta 3ª y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital. Y Teresa Ribera, Vicepresidenta 4ª y ministra para la Transición Ecológica.

Como no están definidas las facultades en las que cada vicepresidente está facultado para hacer las veces de presidente, éstas se asocian al ministerio que tiene encomendado. De ahí nace una arbitraria forma de repartir unas competencias que el presidente, motu proprio o aconsejado, puede haber impuesto para que así se entienda, o para, dada la situación, aprovecharla. Si asociamos la posible intención de la encomienda presidencial con los actuales vicepresidentes y la situación del Gobierno de coalición PSOE-UP, podremos sacar dos conclusiones. Una, capilar y simplona: Sánchez ha roto el equilibrio hombre-mujer, con un moño masculino y tres melenas femeninas. Y otra, facial y compleja: Con los intereses personales y partidistas que hay en juego en el Gobierno Sánchez-Iglesias, las únicas competencias que pueden alterar su estabilidad no son las que puedan ser encargadas a mujeres socialistas sino las que el PSOE de Pedro Sánchez, como partido mayoritario en la coalición, haya cedido a UP, el partido de Pablo Iglesias.

Para abordar la preferencia de Sánchez delegando o restringiendo competencias, hay una norma no escrita, que conocí sobre un presidente de gobierno español, en una confidencia en el pasillo de Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados hace tiempo: “El vicepresidente debe hacer lo que el presidente no puede hacer, no quiere hacer, o no conviene que haga”. Según esa norma y en la situación sanitaria, económica y social debida a la pandemia y a la climatología, parece lógico que los vicepresidentes del Gobierno hagan lo que el presidente no puede hacer, no quiere hacer o no conviene que haga.

Los asuntos que ocupan al Gobierno son diversos. Si se repasan las competencias supuestas de las vicepresidencias, podrían encontrarse algunos que podrían delegarse en ellas. Sin embargo, hay un hecho actual, que se antepone a los demás porque el Gobierno no ha enfrentado como debiera, del que los vicepresidentes son responsables solidarios, y sobre el que nadie ha hecho las veces de presidente: La nevada, que ha descubierto, además de las deficiencias del gobierno ante un fenómeno avisado con tiempo, su estructura.

Estamos ante un Gobierno desestructurado que no ha atendido la contingencia ni ayudado a la población. Que ha propiciado indigencia social frente a la nieve. Que ha permitido la incomunicación de barrios, pueblos y ciudades por más tiempo del necesario. Y que no ha sabido impedir el aislamiento terrestre y aéreo del resto del mundo. Los hechos, conocidos, están ahí: Accesos imposibles a centros de salud y hospitales. Autopistas y carreteras cortadas sin quitanieves ni sal.

Barrios aislados. El Aeropuerto de Barajas cerrado con dotaciones modernas sin usar. Retrasos para usar las fuerzas del Estado (A la UME se recurrió muy tarde). Maquinaria parada por inasistencia de empleados. Y un etcétera que no puede aliviarse repartiendo la responsabilidad del Gobierno en Instituciones del Estado (Comunidades autónomas, Diputaciones Provinciales, Cabildos insulares, Mancomunidades y Ayuntamientos), o usando ministros para rellenar espacios en los medios de comunicación y en perjuicio de la credibilidad del Gobierno, en actuaciones tan desafortunadas como las de José Luis Ábalos, ministro de Fomento, o Margarita Robles, ministra de Defensa.

Las vicepresidentas 1ª, 3ª y 4ª, que podrían haber sustituido al Presidente frente a la nevada, no lo hicieron; o, si lo hicieron, sus actuaciones fueron tan insignificantes que no impidieron el ridículo. El vicepresidente 2º, que es ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, como vicepresidente podría haber hecho de presidente, y como ministro ocuparse de los Derechos Sociales afectados por la nieve. Es la persona del Gobierno que, tras el Presidente, con él o sin él, debería haber dado la cara ante la nieve de inmediato y enfrentar la situación. Pero se retrajo y no lo hizo.


A falta de las actuaciones vicepresidenciales que parecen de rigor, la nieve estuvo sin la atención del Gobierno. Después, a marchas forzadas, se improvisó una visita presidencial, presidencialista dijo alguien, en televisión para recolocar a Sánchez. Con ello, el Presidente, que estaba ‘en off’, volvió a la actualidad. Para tapar su desconexión con la nieve, para asumir su papel abandonado. Y, primordial en el equilibrio de la coalición PSOE-UP, para tratar de tomar el estúpido rol de vicepresidente X de su vicepresidente segundo, y asumir lo que éste como vicepresidente no puede hacer, no quiere hacer, o no conviene que haga.

Artículos del autor

Iglesias-Sánchez o Sánchez-Iglesias. Ambos son españoles, actúan bajo el paraguas de la UE aunque bajo auspicios ideológicos distintos (Comunista uno y Socialista otro) y, por lo que se ve, tienen algunas diferencias. Por ello, para precisar quien marca el orden de la dualidad es necesario ver la acción conjunta de ambos, qué la anima y los efectos que produce para cada uno.

En pleno temporal y sin ventisca, las pisadas en la nieve dejan huella. En Atapuerca Manuel Ríos San Martín ambientó e hizo que sus personajes y lectores siguieran ‘La Huella del mal’. También recordó la frase de Joseph Conrad “La creencia en una fuente sobrenatural del mal no es necesaria, el hombre por sí mismo es muy capaz de cualquier maldad”.

A la vez, un pandemonio bullanguero para apartar la atención de lo que importa. En esta situación, con la izquierda radical en el Gobierno, descubierta en Unidas-Podemos, no confesa pero activa en el PSOE y en sintonía con los medios que le son afines (editoriales y algún artículo de estos días son para enmascarar).

Después, a preguntas de la prensa, banalidades sobre Reforma laboral, días y horas de jornada laboral, mejoras de las políticas de empleo. Y frases preparadas: “No conozco ninguna propuesta para jornada laboral”, “Modelos migratorios con crisis y tensiones”.”Nos hemos encontrado con una situación sobrevenida asociada a la pandemia”.

Cuando conocí a Ortuzar, lo marqué como una de las referencias que en el EBB avisan de lo que es importante en el País Vasco, un lugar en el que, según Xavier Arzallus, unos agitan nogales y otros recogen nueces.

Todos, desde Soros al CNI, pueden convertirse en los maravillarías diarios, o episodios, que sirven al Gobierno para llenar y nublar las suspicacias que surgen con cada uno de los sucesos que afloran, al azar para incautos o provocados por un Gobierno de coalición con intereses distintos.

El motivo del pacto Gobierno-ERC, propicia unos PGE para el año 2021, pero la contraprestación (evitar la bajada de impuestos) es tan simple como absurda: ‘dumping’. Rufián, Sánchez y sus ministros han encontrado en el ‘dumping’ un embrollo para concentrar en él los perjuicios que, según ellos, la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) produce al resto de España. Veamos qué significan ‘dumping’ y ‘dumping fiscal’, qué hace la CAM al respecto, y el argumento que echa por tierra el apaño sociocomunista con tufo republicano.

No es extraño, pues, que junto a estos PGE aparezcan los puñetazos en la mesa que, públicamente, aconseja Ortuzar a Sánchez desde el PNV contra Podemos; y los codazos en el hígado, ocultos unos y detectados otros, que, con distintos orígenes, fines y destinatarios, producen efectos y fastidian.

 
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