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Francisco Rodríguez
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Francisco Rodríguez
​Al parecer solo existen las cosas que aparecen en los telediarios entre las que no se cuentan las adiciones al juego ni a la droga

Como colaborador de Proyecto Hombres desde hace más de veinte años recibo la revista de la Asociación correspondiente al mes de diciembre pasado en el que se insertan varios artículos relativos a la adición al juego y los problemas tanto personales como familiares que causa la ludopatía.


Aunque hay un Plan Nacional sobre Drogas no veo que las diversas cadenas de televisión le dediquen ninguna atención a este problema. Solo se da publicidad a los casos en que la policía descubre alijos de droga o plantaciones de marihuana. Debe de ser un buen negocio para los traficantes ya que no cesa este turbio negocio directamente relacionado con la adición a la droga.

Pero respecto a la ludopatía no veo que los telediarios traigan noticia alguna ya que todas al unísono solo nos cuentan cada día, con gran despliegue de mapas, la evolución de la pandemia y las sesudas opiniones de médicos, virólogos o inmunólogos que han crecido como hongos, dejando atrás aquellos meses primerizos del COVID en el que solo veíamos la cara del “experto” Fernando Simón junto al “simpático” ministro Illa.


Ahora todo el problema de España es el número de vacunas que hay que ponerle a cada ciudadano, actividad a la que se entregan en cuerpo y alma, aunque los enfermos de otras patologías queden relegados, telefónicamente, a que lleguen otros tiempos en los que la pandemia haya desaparecido.

Si en tiempos de la picaresca eran los tahúres los que montaban timbas de juego, Carlos III trajo de Nápoles la lotería que pronto empezó a funcionar en España para beneficio de las arcas públicas y así ha continuado el negocio cada vez más diversificado de loterías, quinielas o bonolotos y ahora además salones de juego abiertos las 24 horas a la espera de incautos que dejen allí su jornal o el dinero que han conseguido de su familia, al mismo tiempo que adquieren el deseo acuciante de probar suerte una vez y otra.


La afición al juego no solo causa estragos en el jugador sino también en su familia. En el régimen anterior el juego estaba prohibido, aunque no así la lotería ni las quinielas, pero se seguían montando timbas en los locales de otras instituciones que se decían culturales o recreativas y donde algún jugador terminaba arruinado. Cada mañana veo antes de la hora de apertura las colas que se forman en las administraciones de loterías de gente mayor que se levanta pensando que hoy va a ser su día de suerte.


Los sucesivos gobiernos pusieron mayor interés en erradicar el tabaquismo (y hoy sería aún más difícil fumar con la mascarilla). Parece que todo lo que engrose las arcas de la administración cuenta con las bendiciones del gobierno.


Hay otros adictos a ocupar viviendas ajenas, siguiendo lo propugnado por Doña Ada Colau y secundado por todos los que se confiesan comunistas, aunque cuando ellos llegan a poseer una lujosa vivienda se la vigila la policía para que la disfruten sin peligro.


Creo que las televisiones seguirán hablando de lo que le sugieran sus dueños, grandes corporaciones y sobre todo el Gobierno, y no se van a ocupar de las diversas adiciones que padecen muchos españoles, aunque beneméritas asociaciones como Proyecto Hombre dediquen sus esfuerzos a combatir estas plagas.


Es seguro que no harán mucho caso, entretenidos en sus luchas partidarias y presupuestarias.

Artículos del autor

Es el pensamiento y el lenguaje lo que nos hace personas, pero las palabras que utilizamos tienen una enorme carga tanto para el bien como para el mal. Con palabras podemos bendecir y podemos maldecir. Las palabras pueden servir tanto para ponernos de acuerdo como para declararnos la guerra, de aquí la importancia de saber utilizarlas para el bien. 

Hay dos costumbres inveteradas cada vez que empieza el año: desearse felicidades unos a otros, y hacer predicciones sobre los acontecimientos que puedan producirse a lo largo del tiempo. Por mi parte deseo a los míos: éxito en sus estudios, en sus trabajos, en su elección de pareja que hago extensivo a todos los demás. Para los que ya estamos viejos deseamos que nuestros achaques no resulten dolorosos, penosos ni latosos para los demás.

Cuando pasamos de un año a otro, parece tiempo adecuado para hacer balance de nuestra vida y preguntarnos qué ha significado un año más para cada uno de nosotros. Las personas tendríamos que examinar si hemos ganado en experiencia, en responsabilidad, en solidaridad, en comprensión, en lo que los griegos llamaban areté y que traducimos por virtud; o si por el contrario hemos perdido confianza, tanto en nosotros como en el prójimo.

Un año más entramos en los días en que todos nos creemos en la obligación de tener celebraciones, hacer regalos y esperar que nos toque la lotería, pero el nacimiento de Jesús en Belén es un acontecimiento que pasó casi desapercibido en su tiempo. Fue anunciado a unos pobres pastores y a unos magos que decían haber visto una estrella. María y José no encuentran sitio en la posada y tienen que acogerse a un mísero portal donde nace nada menos que el Hijo de Dios.

En mi larga vida he ido pasando de usar la pizarra, el pizarrín y los cuadernos rayados con la tabla de multiplicar en la última página a la máquina de escribir, a la calculadora y al ordenador y me sentía satisfecho cuando podía ilustrar a otros más jóvenes con mi experiencia. Pero ahora me desconcierta comprobar que ya no sé hacer muchas cosas y que necesito que otros más jóvenes me echen una mano.

Me pongo en el ordenador a escribir mi artículo semanal, el 6 de diciembre, 43 aniversario de la Constitución Española que se aprobó ilusionadamente por los españoles que pensamos que con ella entraríamos en un periodo de normalidad democrática, después de las vicisitudes que a lo largo del siglo XIX y hasta 1931, tuvieron todos los intentos constitucionales y el periodo de gobierno personal del General Franco desde 1939 a su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975.

Alguien me ha hecho notar que mis últimos artículos están marcados por el pesimismo. He reflexionado sobre ello y quizás tenga razón. Mi visión de la actualidad está encuadrada dentro del esquema de derecha e izquierda y quedo descolocado al comprobar que la derecha está cada vez más lejos de los valores que informan mi vida.

Ayer fue la fiesta de Cristo Rey, pero veo con pena que va siendo expulsado de nuestras vidas. Se derriban cruces impunemente, los templos se quedan vacíos y los que lo ocupan son en su mayoría personas mayores. Para los mayores, como yo, resulta peligroso salir a la calle o ir a sacar dinero de un cajero.

 
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