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Francisco Rodríguez
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Francisco Rodríguez
Tenemos que defendernos de pandemias, malos gobiernos y propaganda interesada.

Ha empezado el año preñado de incertidumbres. No sabemos si la vacuna será eficaz, tampoco si estamos libres de un nuevo confinamiento. Los medios de comunicación nos marean con número de vacunados, contagiados, internados y fallecidos sin que tengamos garantía alguna de la fiabilidad de tales datos.

Cada vez que me pongo la mascarilla pienso que es un símbolo de sumisión. Tenemos que pensar lo que otros quieran y aceptar las ideas pergeñadas, no sé si por la inteligencia artificial, para toda la población.

Creo que lo peor que puede pasarnos es que dejemos de pensar por nuestra cuenta, pero no tonterías, sino serias reflexiones sobre nuestras propias vidas, nuestro futuro y qué podemos hacer que sea útil y beneficioso para todos.

La economía pienso que no va a arreglarse con problemáticas ayudas en manos de incompetentes. Tendrá que ser la gente, todos a una como en Fuenteovejuna, los que podrán sacar a España a flote de nuevo.

Pero es necesario que nos dejemos de banderías, de atizar viejos odios que deben quedar, si acaso, para los libros de historia, pero de historia de verdad, no la que quieran imponernos desde leyes de educación que, entre otras majaderías, quiere eliminar de España ¡nada menos que el español! En un mundo cada vez más intercomunicado quieren acaso que nos entendamos con lenguas minoritarias y anticuadas como… el castúo, por ejemplo.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua, que limpia, fija y da esplendor, no podemos eliminarlo pues con él nos entendemos muchos millones de personas de ambos hemisferios. Que entre las incertidumbres de este 2021 no entre también la gloriosa lengua de Cervantes.

Me alegro de poder comunicarme a través del móvil, de recibir mensajes de WhatsApp, de ver a los amigos mientras hablamos... Bienvenidos sean estos adelantos siempre que no nos absorban el sentido y el tiempo. Las cadenas televisivas con más propaganda que periodismo las voy eliminando de mi interés y creo que hay mucho que leer de forma reposada para saber y comprender.

Creo que lo que se cantaba desde las ventanas y balcones cuando empezó el pasado confinamiento hay que llevarlo a la práctica: resistir frente a todos los malos presagios de calentamiento global, del Nuevo Orden Mundial que quieren instaurar los poderosos, de la incompetencia de los gobernantes, de los que quieren pescar en aguas revueltas, de los que se aprovechan de las circunstancias para enriquecerse, de los que proponen soluciones tan rancias como el comunismo, de los que quieren desacreditar llamándoles fachas a los que no piensan como ellos.

Como creyente espero en Dios y en la vida eterna que estará muy por encima de nuestras esperanzas. ¡Qué triste vida ésta si no esperáramos otra mejor! Los que creemos en Dios también creemos en el demonio que trata de extraviarnos, que atiza odios, envidias, rencillas y lujurias. Es el demonio el que está detrás de todas las cosas malas que tememos y nos preocupan.

Hasta la semana que viene.

Artículos del autor

Hay como un embate contra la vida: matarlos antes de nacer, matarlos con drogas y vicios, eliminar a los viejos con la eutanasia. Así el mundo entero quedará más despejado. Las mentes criminales en que se cuecen estos planes seguramente que muchos podrán acertarlas. Hay que defenderse de esta plaga de poderosos criminales que quieren tenernos en sus manos.


La creación de las 17 autonomías pienso que fue una colosal equivocación, pues para resolver viejos contenciosos y con la frase de Suárez “pues café para todos” los problemas se multiplicaron y…los gastos. Se ha establecido una doble administración innecesaria que ha restado poder al gobierno central y ha alentado un fraccionamiento del Estado haciendo de España un país “que no lo iba a reconocer ni la madre que lo parió”, como dijo Alfonso Guerra.

Si cuando llegue este final de los tiempos ya hemos muerto será lo mismo, ya que resucitaremos para este juicio universal. Muchos no creen en esto y piensan que después de la muerte no hay nada o que el infierno está vacío. Nos jugamos la eternidad. En este tiempo de Adviento hay que pensar en todas estas cosas además de la pandemia y el número de comensales que podamos juntarnos en Nochebuena.

Muchas veces me he preguntado la razón que pudo tener el Sr. Rajoy, al no derogar ni cuestionar las leyes socialistas, especialmente las que se aprobaron por el gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero, habiendo conseguido el Partido Popular la mayoría absoluta y llevarlo en su programa.

Con la difusión de las ideas comunistas Lenin, pero sobre todo Stalin, sometieron a muchos pueblos a su feroz dictadura y hemos sido testigos del fin aparente del imperio soviético, en cuya órbita podría haber caído también España si no hubiera triunfado la rebelión militar del 36.

El derecho de toda persona por nacer entiendo que es haber sido concebido por sus padres conscientemente, por amor, pero al parecer muchos son concebidos por error y para borrar la equivocación ahí tienen el aborto. Son millones los bebés que se abortan en el mundo, cuya sangre tiene que llegar ante Dios en forma de grito.

Nuestra libertad para elegir entre el bien y el mal, la gloria o el infierno, no son cuestiones baladíes.Pero si queremos seguir distrayéndonos con las repetitivas historias que nos traen las cadenas de televisión o reenviando cada día por el móvil tonterías y cuchufletas, allá cada cual.Calderón de la Barca nos dejó en su obra titulada “La vida es sueño” el monólogo de Segismundo que dice: “sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”.Ahí está el problema: no entender nuestra propia vida, vivirla como un sueño, que puede tener un final dichoso si pasamos por ella amando a Dios y al prójimo o un final desdichado si vivimos haciendo el mal.No, nuestra vida no se acaba con la muerte sino que en ella empieza la eternidad.

De la moción de censura de VOX al gobierno sí se habrán enterado, sobre todo cuando ha resultado favorable al presidente, ya que el Partido Popular ha aprovechado la ocasión para romper con VOX de mala manera, proclamando que este partido es la extrema derecha al que no quiere parecerse. (En España no existe la extrema izquierda, solo la extrema derecha ¿no?)

 
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