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Francisco Rodríguez
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Francisco Rodríguez
Decía una pequeña poesía: Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo

Mi último artículo terminaba recordando que Jesús envió a sus discípulos y nos envió a nosotros los cristianos como ovejas en medio de lobos. Después he leído en el evangelio del martes pasado que en el mundo están mezclados el trigo y la cizaña y hay que esperar al tiempo de la cosecha para almacenar el trigo en el granero y pegarle fuego a la cizaña.


Quizás podría cualquiera opinar que sería mejor que no hubiera lobos ni cizaña con lo que no nos enfrentaríamos con el problema del mal, pero si el mal existe es porque Dios puede sacar bienes de ello.


Desde el alba de la humanidad que se nos relata en el Génesis nos encontramos con la existencia del mal, ese demonio que susurra a la primera pareja humana que si desobedecen a Dios serán como dioses.


Desde entonces el hombre sigue empeñado en sentirse su propio dios diciendo que no hay dios que le pida cuentas de sus propias decisiones. Este orgullo del hombre es sin duda demoniaco ya que es criatura de Dios, como también lo fue el propio demonio que, con sus secuaces, tomaron la decisión de no servir a Dios sino entorpecer sus planes.


Doy por supuesto que Dios pudo haber eliminado a estos seres maléficos, pero sin duda, Dios no elimina nada de lo que ha creado, ya sean hombres o demonios, sino que los hace colaborar para el bien de todos los que lo aman.


Cristo, el hijo de Dios, cuya llegada al mundo fue anunciada por todos los profetas que transmitieron su palabra a lo largo de los siglos, nos dejó el testimonio de su propia vida, ofrecida hasta el sacrificio en la cruz para obtener el premio de la eterna bienaventuranza de todos los que busquen el bien y amen incluso a sus enemigos. Aunque ahora mezclados el trigo y la cizaña ya llegará el tiempo de la siega. Hay una vida después de esta en la que podemos ser salvados o condenados por nuestras propias acciones.


Cristo mismo nos enseñó la oración del padrenuestro en la que pedimos que se haga la voluntad de Dios y que nos libre de las tentaciones del maligno, del demonio. En esta misma oración pedimos el alimento de cada día, pero no la acumulación de bienes, supeditó su perdón a que nosotros también perdonáramos a los demás.


Para que esto se haga realidad necesitamos rechazar la gran mentira de que no hay otra vida después de ésta. Mucha gente cree que con la muerte todo se acaba y esta es la gran mentira del demonio, del maligno. Si no hay otra vida después de esta somos unos pobres desgraciados que habremos vivido en vano tanto los días felices como los nefastos.


Seguramente que si confiesas tu creencia en la vida eterna puedes ser catalogado de iluso por quienes te oigan, pero será mucho peor para los que nieguen la otra vida y se encuentren con ella cuando ya no tiene remedio. Podemos estar preocupados por mil cosas, ya sea nuestro éxito personal, la política y hasta la olimpiada, pero, por favor, solo Dios es lo único necesario, no lo olvidemos nunca.


Hasta la semana que viene.

Artículos del autor

Hoy también los católicos estamos mal vistos y a poco que nos descuidemos nos tachan de fascistas. Los desmanes del siglo XIX no acabaron al comenzar el siglo XX, sino que fueron acentuándose cada vez más. La democracia hacia donde nos lleva, establecida por la Constitución del 1978, va degradándose cada día. Desde luego los cristianos decididos a confesar sus creencias no abundan. Hay una entente que espera que llegarán tiempos mejores, aunque tengo mis dudas.

Hay muchos que han renunciado a toda religión y otros que tratan de construir una religión a su gusto desde la filosofía al simple capricho. Nunca los cristianos han dejado de ser combatidos desde la filosofía, la política o la historia, así que no esperemos tiempos de bonanza, pero confiemos siempre en Dios cuya voluntad se realizará así en la tierra como en el cielo.

Las elecciones no pasan de ser un invento para alargar el periodo de disfrute de un partido o tener que cederlo a otro que seguramente hará lo mismo y con el mismo soporte técnico, humano y propagandístico, al servicio de las redes clientelares. No hay más que ver las mentiras y falsedades que se inventan para alargar sus mandatos y observar lo que dicen las cadenas de televisión, con sospechosa unanimidad.

Cada vez estamos más lejos de Dios y dentro de una Unión Europea que tiene poco que ver con la que Europa que soñaron aquellos políticos cristianos, con acuerdos puntuales sobre el carbón y el acero o la energía atómica. Adenauer, Schuman, Spaak y De Gásperi fueron una generación de políticos respetuosos que no se ha vuelto a repetir.

En mi artículo anterior me referí a que Dios hizo el mundo bueno y nos dio libertad para que fuera aun más bueno ya que el hombre no estaría fatalmente determinado a seguir una determinada conducta como los movimientos de los planetas o el cambio de estaciones, sino que podría decidir sus propios actos, amar a Dios o negarlo.

Amar a Dios sobre todas las cosas no es una antigualla sino el único camino de regreso. En el libro del Génesis se nos cuenta que al principio creó Dios los cielos y la tierra y en el día sexto decidió hacer al hombre a su imagen para que dominara sobre todo lo creado y los hizo hombre y mujer y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho.

Podemos renunciar a manifestarnos católicos o no dejarnos atrapar por el maligno. Podíamos pensar que estamos en un país católico si vemos desfiles procesionales, imágenes, cantos piadosos y música sacra en las calles y los templos, pero no creo que sea verdad. Hay noticias de próximas elecciones, aunque no se sabe cuándo.

Si contemplamos las estrellas y pensamos en la magnitud del universo quedamos anonadados y si enfocamos un telescopio comprendemos que es incalculable su grandeza. Si de lo infinitamente grande pasamos a lo infinitamente pequeño, el átomo, quedamos igualmente admirados de las partículas que lo forman.

 
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