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El funanbulismo dialéctico en los políticos es probervial, llegando al extremo de querer hacernos conmulgar con ruedas de molino y, demasiado a menudo, conseguirlo

No debería sorprendernos que muchos piensen que Pedro Sánchez se ha estado riendo de los españoles, durante estos últimos meses de makiavélica incertidumbre. Observado con una cierta perspectiva, todo parece indicar que sus movimientos -dudas y reticencias hacia Pablo Iglesias y Unidas Podemos incluidas- respondían a un plan elaborado con alevosía y premeditación. ¿Qué otra lectura se puede hacer, si no, de las circunstàncias que han rodeado las infructuosas negociaciones con la formación morada, sin caer en el esperpento?

Eso, precisamente, es lo que ha hecho José Luis Ábalos: desbarrar a saco, polemizando con la periodista que le interpeló acerca del notable aumento de diputados y votos de la extrema derecha durante una comparecencia que el propio Secretario de Organización del PSOE ofreció, motu propio, para valorar los datos electorales del pasado dia 10 de noviembre. No es la primera vez, eso es cierto, que el político saca los pies del tiesto. En más de una ocasión ha tenido que salir a la palestra para puntualizar, aclarar e incluso desmentir unas declaraciones previas por las que ha terminado siendo duramente criticado.

Para portavoz, titular o substituto, señores del centro izquierda, no vale todo el mundo. Tras el atril, pero sobre todo frente a observadores que están ahí precisamente para fiscalizarte hasta el mismísimo aliento, se debe actuar con mucha prudencia. Se puede ser sarcástico, e incluso mordaz, pero no hasta el extremo de comprometer una reputación de la que la clase política española no anda nada sobrada.

Y es que nunca llueve a gusto de todos, menos para los políticos. Ellos son, lo sabemos, si no los máximos exponentes, de los mejores para darle la vuelta a los argumentos tanto propios como ajenos. El funanbulismo dialéctico en ellos es probervial, llegando al extremo de querer hacernos conmulgar con ruedas de molino y, demasiado a menudo se me antoja, conseguirlo. Por fortuna, conocemos de sobra sus artificios y ya no nos sorprende descubrir, pasado el tiempo, que las promesas hechas a rebufo de unos comicios no son más que ofrendas vacuas al señor de las moscas.

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No es la primera vez –ni será la última, mucho me temo- que utilizo el mismo epígrafe que ahora encabeza estas líneas para titular alguno de mis artículos de opinión. Evidentemente, todos ellos tienen algo en común, de lo contrario no tendría sentido semejante acopio de simpleza y vulgaridad.

He intentado sin éxito comprender a Ignacio Aguado cuando expresa su voluntad de no admitir en un ejecutivo a mujeres poco resolutivas, e incluso incapaces ha llegado a insinuar, poniendo como ejemplo de ello a dos féminas como Leire Pajín y Viviana Aído, ambas del Partido Socialista Obrero Español y en su día responsables de sendas carteras ministeriales, con José Luis Rodríguez Zapatero como primer ministro.

La noticia que más me ha impresionado de este calurosísimo verano, aburrido como pocos en mi humilde opinión, ha sido la del descubrimiento de varios cientos de féretros que permanecían ocultos bajo llave en una nave del cementerio de Manacor, ciudad que se encuentra entre las cinco o seis de mayor importancia de las Islas Baleares.

No resulta sencillo dar pábulo, así como así y por las buenas, a un titular de supina extravagancia como el que subtitula estas líneas, máxime aun cuando la tribuna desde la cual su original ve la luz por vez primera resulta ser, cómo no, Internet.

No soy adivino, ni tengo un oráculo de confianza al que acudir para consultarle por el estado de ánimo de los arcanos que mueven a discreción los finos hilos de la política, pero me da a mí que nuestro presidente en funciones está decidido a tensar tanto la cuerda, aquella que en teoría les une virtualmente a Unidas Podemos, los únicos socios con quien por el pelaje de ambos comparten los mismos anhelos, que llegará el mes de septiembre y con él una nueva convocatoria de elecciones generales.

Me preocupa sobremanera que el discurso peligrosamente misógino que esgrimen determinados responsables políticos para negar, no ya el incuestionable menoscabo que ha sufrido la mujer secularmente a lo largo de la Historia frente al hombre, sino que en la actualidad continúen padeciéndolo, cale como lluvia ácida en el pensamiento de los intelectualmente vulnerables. Es en ese caldo de cultivo, justamente, donde proliferan los sofismas.

No alcanzo a imaginar qué pueden enseñarle sobre sexualidad al abusador de un niño de apenas 8 años, que el pederasta no sepa ya más que de sobra. No soy psicólogo, pero sí capaz de elaborar un somero diagnóstico, de ahí que se me antoje como de flaco favor el que se le está prestando no ya al menor que padeció en carne propia tamañas iniquidades, sino a las potenciales victimas del desviado de marras a las que la justicia parece abandonar a su albur.

Por fortuna, las prisiones japonesas no se encuentran entre las más severas del mundo civilizado, aunque tampoco deben representar ninguna bicoca para quienes están condenados a cumplir en ellas sus condenas. Aun así, el número de ancianos residentes en aquel país que cometen fechorías lo suficientemente graves como para acabar hospedados entre rejas una larga temporada.

 
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