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Armando B. Ginés
Armando B. Ginés
Si tienes aficiones republicanas y hondas raíces democráticas, es una serie que te interesa

La Historia de España desde 1700 hasta finales del siglo XX. Desde Felipe V a Juan Carlos I, con estaciones en todos los cojones borbónicos y los ovarios de Isabel II, saltando por encima de los interregnos republicanos y haciendo una parada técnica en el no-rey Juan de Borbón durante los tiempos de la cárcel franquista.


Una serie de animación de 90 minutos, dividida en 18 capítulos, que han desestimado producir las cadenas de tv generalistas, privadas y públicas, y las principales plataformas de contenidos audiovisuales. Las grandes cadenas y plataformas prefieren programas de show, telerrealidad y entretenimiento de consumo rápido y banal.


Ya están realizados 5 episodios


La serie tira de humor, mordacidad y riguroso sentido histórico para desentrañar los perfiles piscológicos de cada monarca borbónico. En cada capítulo se habla de cultura, ciencia, sociedad y politica aderezados por la impronta del reinado de turno. Todo ello de forma accesible, divulgativa, pedagógica y amena, utilizando la técnica de collage hoy en boga de motion graphics.


Una serie más que necesaria. Casi 16 millones de personas con nacionalidad española han nacido en un sistema político con una forma de Estado por la que no han tenido la oportunidad de votar nunca jamás. Ni sí ni no, ni todo lo contrario.


Si tienes aficiones republicanas y hondas raíces democráticas, El bulldog francés es una serie que te interesa. Y mucho. Te dejo dos enlaces para que que valores con libertad la calidad de la serie y la seriedad del proyecto.

https://elbulldogfrances.mozellosite.com/

https://www.platinocrowdfunding.com/el-bulldog-frances/3301


Querida lectora y lector, mil gracias por tu paciencia e interés.

Artículos del autor

Sobre los conceptos progreso, mito (dioses, ideologías, relatos y, ahora, fake news), bondad o maldad natural del ser humano y miedo al futuro giran desde hace 10.000 años, en cada momento histórico de un modo singular, los grandes temas políticos de las sociedades que se han ido construyendo desde la eclosión de la agricultura, la propiedad privada y los primeros asentamientos urbanos.

Vivimos desde hace décadas en la postmodernidad. Vaya usted a saber el significado profundo de tal concepto. Más o menos sabemos que a través del prefijo post- se pretende configurar un espacio histórico donde el capitalismo ha ganado todas las batallas y ya no tiene ninguna alternativa ideológica que dispute su hegemonía indiscutible.

Ya se han instalado en el inconsciente colectivo los dos conceptos que van a explicar los marcos de referencia políticos del futuro inmediato. Lo acuñan los diseñadores de eufemismos que trabajan en los laboratorios de asesoramiento ideológico internos y externos al poder y lo van asumiendo poco a poco como suyos propios los mass media más influyentes.

Pruebe usted a salir a la calle (compartir, pasear, trabajar, comprar, respirar, crecer, vivir) con la conciencia crítica en estado de alerta permanente y vea, también a sí misma, lo que sucede a su alrededor: gentes anónimas que van y vienen, entran y salen, miran y son miradas. Presonas en calidad de sujetos y objetos que se relacionan desde la escala jerárquica superior/inferior, sea aquella de índole o ámbito laboral, social o académico.


Derek Chauvin es un policía USA blanco del montón. Y mató sin consideración empática alguna a George Floyd, un joven negro de tantos de los suburbios de la gran ciudad. El presunto delito, intentar colar un billete falso de 20 míseros y miserables dólares. Es una historia racista recurrente en el panorama estadounidense.

La gente paniaguada del jurado y los pelotas de la monarquía borbónica no saben lo que hacer para salvar la imagen de Felipe, Juan Carlos y familia. En esta ocasión se han aprovechado de los trabajadores y trabajadoras de la sanidad pública, convertidos oficialmente en héroes pero con contratos en precario, sueldos a la baja y recursos recortados salvajemente.


El Ingreso Mínimo Vital no es ninguna revolución. Por supuesto, es un gran avance comparado con lo que antes había, de eso no cabe la menor duda, pero hay que expresarlo con crudeza crítica: estamos ante una rara mezcla social entre solidaridad y caridad aunque quiera venderse de logro extraordinario sin tapujos.

 
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