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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva   Lenguaje   Política  

Clamor de concordia

Es evidente el clamor por la concordia; pero alardeamos de no hacerle caso
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 7 de diciembre de 2018, 00:24 h (CET)

O de sensatez, o de aplicación inteligente de las mejores cualidades, que vendría a ser lo mismo; es decir, no dejarnos llevar por la marabunta de las acciones intempestivas avasalladoras. A no ser que disfrutemos con el acoso permanente de las maniobras agresivas altaneras e injustificadas. Comienzan con las actitudes picajosas intolerantes, adobadas con los variados puntos de vista naturales. Se suman inconvenientes progresivos, imposiciones, tergiversaciones plenas de intenciones aviesas, mentiras rotundas y el menosprecio degradante dedicado al prójimo y sus tendencia. El rugido de las divergencias, traducido en actitudes agresivas, aplicadas a los discordantes; despiertan a la fuerza, primero el SENTIMIENTO y después la necesidad de mejores relaciones.


La razón comprensiva de los fenómenos y la verdad, asoman por múltiples vericuetos. El singular les resulta poco apropiado dadas sus condiciones de funcionamiento. Manejamos verdades y razones pertenecientes a un amplio MOSAICO. En él, cada persona sólo logra la percepción de pequeños sectores. Ante esa parcialidad de las observaciones, la brusquedad queda fuera de lugar a la hora de confrontar impresiones, todas incompletas y tocadas por la débil conexión con el sentido del conjunto. Cuando alguien expresa la verdad o la razón en singular, se convierte en sospechoso de un empleo abusivo de ambos términos; aunque con frecuencia quieran pasar por encima de las manifestaciones menos presuntuosas.


La situación está como mínimo en momentos de notable desorientación. Hemos deteriorado progresivamente las palabras debido a su empleo sin atender a los significados. ¿De qué se habla entonces en los debates?¿Tienen por consiguiente algún sentido? Ni siquiera se entiende lo que será eso del respeto por las cosas, los seres vivos o las personas. La ética se tornó individual, cada uno alardea de la suya. En cuanto a los valores, según se les mire, dependen de las estimaciones particulares. Una serie de directrices siguiendo la razón… del más fuerte.Toma consistencia una ausencia muy relevante de cara a la consecución de una mínima armonía, la del rigor CONCEPTUAL como requerimiento indispensable.


Lo que no somos capaces de armonizar las personas situadas dentro de la tensión existencial; pretendemos que sea solucianado por leyes y jueces. Algún agujero podrán tapar, pero…Esa discordancia simplista la detectamos ante distintos problemas. La violencia entre las parejas, los conflictos relacionados con las variantes sexuales, como enseguida deducimos están muy distantes del simplismo corrector tan en boga. El planteamiento de la convivencia relacionada con el SEXO requiere una atención esmerada en todas las edades, todos influirán en esos comportamientos. Pero, con similar urgencia, debe incluir en la mentalidad general los valores esenciales de la persona, muy dejados de lado en los ámbitos actuales.


Las señales del cambio climático acechan por doquier, los indicios apuntan a múltiples causas debidas a la actividad humana. La acumulación de basuras en mares y campos muestra una despreocupación evidente. Podemos añadir el trato inadecuado a vegetales o animales, sin olvidar el descuido en las relaciones entre las personas. Constituyen un conjunto de malandanzas, provocador de un llamado enérgico a favor de las conductas ECOLÓGICAS; por la introducción de un equilibrio concienciado. Reflejan una necesidad poco atendida, según apreciamos en las actuaciones tan difundidas, como si en realidad habláramos de otro mundo con personajes desconocidos. En suma, una nueva discordancia inaceptable.


Las dificultades son obvias cuando nos acercamos a la comprobación de circunstancias acaecidas en tiempos pasados. La ciencia HISTÓRICA tiene su mérito, el devenir de lo sucedido pierde contenidos en el camino, su búsqueda promueve una tarea ingente e inacabada. Pues bien, ahora pretenden desde el gobierno reducir la historia a su visión obligatoria. En el acercamiento a la memoria histórica, la reducimos a un revanchismo simplón enervante. En cada comunidad se crean nuevos relatos al márgen de los datos reales comprobados. Al tiempo, el desinterés general posibilita los desafueros. Las ramas de la desconfianza progresan entre tergiversaciones y mentiras. La animadversión originada clama por una armonía ausente.


Padres e hijos, abuelos, nietos y demás familiares, siempre han estado implicados en las tensiones lógicas del roce cotidiano. Las maneras de pensar se modifican según la edad, los ambientes cambian, y con ellos las necesidades a las cuales han de adaptarse todos. La pugna GENERACIONAL presenta sus credenciales de un elemento vital en evolución. Con el incremento de los jubilados, el trabajo de ambos progenitores, el cuidado de los niños, las apreturas económicas o la dejadez con respecto a criterios de convivencia; generan una crispación en estos reductos familiares potenciada por los ritmos de vida actuales. Son complejos los factores implicados, la rutina les presta poca atención, con el consiguiente desbarajuste.


Si esperamos la llegada de líderes con capacidad para conducirnos por caminos de colaboración y concordia, las cosas se presentan mal. Los rumbos de los POLÍTICOS apuntan a la rapiña de altos vuelos, adobados por sus caprichos y con el engaño como estandarte. Es como un vendaval arrollador, ahoga desde su nacimiento las posibles conductas bien orientadas. Las divergencias copan las posibles salidas razonadas. Plegados a un totalitarismo mental absurdo, convierten los posibles arreglos en auténticas utopías. Las componendas sólo las observamos para esquilmar a los ciudadanos, adecentar sus maniobras corruptas o para los ocultamientos interesados. El disparate consentido queda convertido en institucional.


Aunque le pese a los encumbrados trapisondistas situados en las más altas poltronas, la libertad de expresión es magnífica; pero también retrata a quienes la ejercen. Además de las discordancias naturales, proliferan las arrogancias e improperios; sin el menor ánimo de establecer contactos reales. Las MANIFESTACIONES dejan en mal lugar a sus protagonistas en demasiadas ocasiones; con el añadido de boicotear la buena dialéctica encaminada a los acuerdos necesarios.. Si al reinado de las opiniones no le acompañan razonamientos de altura, la mediocridad y la disputa se enseñorean de la gente. Las tendencia al uso no presagian buenos entendimientos, nos detenemos en la discrepancia.

Contra lo que quizá pudiéramos pensar, aunque lo más llamativo sucede en las altas esferas, en ámbitos públicos de grandes aglomeraciones; es en la gran mayoría de ciudadanos corrientes donde repercute a fondo este fenómeno de las discordancias progresivas. Sin esa CONCORDIA añorada para las experiencias de la vida diaria se resentirá, como tenemos muy comprobado, el cuidado de los niños, las relaciones de pareja, pensionistas, las actitudes profesionales, los gobiernos; en una palabra, el disfrute de la vida. Pues bien, por asombroso que parezca, solemos adoptar actitudes enfrascadas en los sentidos contrarios; la pugna apunta a metas impertinentes en un progresivo distanciamiento del personal.

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