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Rafael Pérez Ortolá
Disyuntivas
Rafael Pérez Ortolá
Convertimos en caprichos peligrosos, lo que debieran ser ayudas documentales
Al estilo del personaje borgiano tan saturado de memoria que sólo alcanzaba al recuerdo permanente sin disponer de espacio para otras consideraciones intelectuales. De tanto acordarse de cualquier circunstancia, su atasco mental era flagrante; ya no tenían cabida los pensamientos para dar razón de su experiencia personal, incapaz de proyectar alternativas, emitir opiniones o exponer deseos.Un ejemplo evidente de los efectos nocivos de la SATURACIÓN, en este caso de una entidad humana constitucionalmente caracterizada por la diversidad dinámica predispuesta a cambios en los procedimientos, en las ideas, en las emociones, etc.El aturdimiento sobreviene por la excesiva presencia de uno de los factores.

Las descripciones de la ficción, extrañas al principio, siguieron otros derroteros en la vida real. La ironía recalcaba la figura discordante de quienes orientaban sus actitudes en una única dirección. Con el paso del tiempo, la memoria se transfiguró de manera sensible, dejando cariacontecida a la localización cerebral, limitada en sí, y ligada a las emociones; centrada ahora en los GIGAS de los discos duros. El dispositivo cibernético aglutina cantidades ingentes de datos escuetos y conocimientos, superando con creces las capacidades de los cerebros. Esa extensión de la memoria trasladó a su vez hacia los mencionados almacenamientos externos la mayoría de las deliberaciones, en un descuido evidente de las intimidades..

Se suscitan con esa externalización al menos dos situaciones engañosas. Empecemos porque no son equivalentes las dos memorias, desencadenan procesos diferenciados desde su orígen. Después, la accesibilidad de los datos comprobamos que no soluciona de por sí el buen uso de la memoria. Añadamos las carencias de ambas, nunca comprenden todos los detalles, serán incompletas por definición. Tampoco resulta posible la asimilacion del extenso conjunto por cualquiera de los perceptores humanos. Desde estos presupuestos queda claro el carácter elusivo de las memorias, siempre CIRCUNSTANCIALES; su elaboración creativa en cada proyecto se opone a las acepciones absolutistas y totalitarias.

Semejantes resquicios interpretativos motivan una serie de inexactitudes frecuentes; unas, propias de las capacidades insuficientes, pero en otros casos predominan las intenciones capciosas tergiversadoras. En esas trayectorias enlazamos con las actitudes CAPRICHOSAS. Por necesidad, nos vemos obligados a elegir en esos fondos de almacenamiento. Bien distinto será que procedamos sin fundamento o que incluso lo hagamos al servicio de intereses maliciosos. Sin los razonamientos oportunos, el tratamiento de los recursos archivados puede erigirse como una serie de colaboraciones importantes o por el contrario convertirse en un material embrutecedor conducente a graves controversias.

La diversidad viene acompañada de una ingente multiplicación de las perspectivas. Entre los memoriosos también hemos de contar con los oportunistas ESTRECHOS en sus miradas tendenciosas, que apenas abren sus entendederas mentales ante la acumulación de conocimientos. Son sabedores del inmenso contenido puesto a su disposición, aunque solo utilizan el sesgo particular, cerrados a los posibles intercambios con el resto de la sociedad; sus logros concretos nacen tarados precisamente por ese ensimismamiento que les aisla de los rasos comunitarios inevitables. Esa radicalización de sus parcelas desvirtúa el propio carácter aglutinante de los datos conocidos.

Conocemos memoriosos situados en posiciones de gran consideración en el ámbito de los sentimientos espirituales en sus diferentes orientaciones. En sus manifestaciones utilizan una amplia gama de dichos, desdichas, frases y datos poco contrastados; las consiguientes dificultades no son impedimento para que estén enfrascados en el PILOTAJE de cuantos acudan a la placidez de sus encantamientos. Queda patente el alejamiento de dicho pilotaje y el consiguiente seguidismo, del auténtico sentido personal de la espiritualidad. La comunidad de la gente sentiente suele verse sobrepasada por la presencia de esos memoriosos estrechos con ínfulas de empoderamientos conceptuales.

En las ocupaciones PROFESIONALES es frecuente la detección de casos caprichosos como los comentados. Me refiero a los que acumulan cifras, protocolos, títulos, encuestas, de contenido impreciso, con ínfulas autoritarias, con el menor roce posible con el resto de los individuos considerados como simples usuarios ajenos a la organización del entramado. De tal forma, las actuaciones adolecen de una deshumanización bien visible. Las profesiones al servicio principal de sí mismas desencadenan una divergencia progresiva, el público general por un lado y las estructuras por otro; todo ello disparado por unas vidas aceleradas poco predispuestas al tono reflexivo.

Ya de la Historia no sé si conviene hablar por los tratamientos tan dispares a los que se ve sometida con expresiones de todos los colores. Alguien dijo que no hay disciplina inferior a la historia, concepto quizá exagerado, pero bien expresivo de los DESVARÍOS, que apuntan a las actuaciones frívolas e incoherentes. La valoración sincera circula si acaso por otras esferas; de la comprobación exhaustiva, de las calibraciones razonadas, apenas se ocupan. Desde los pergaminos a los tratados extensos, la evolución disgregadora convierte al suma de datos en un revolutum en el que domina la necedad interesada, los ejemplos apabullan. Es todo un reto el encuentro de algún sentido en semejante galimatías.

Se abre paso una mención especial para el numeroso grupo de los OLVIDADIZOS. ¡Ojo! Quizá lo seamos todos. Precisamente. cuando los medios para el recuerdo son potentes, apelan al olvido de una manera anacrónica, o bien colaboradora de comportamientos perniciosos. Pretendemos actuaciones independientes de lo acontecido con anterioridad, autónomos y prepotentes; corremos un tupido velo sobre las condiciones previas que nos modelan aun en contra de nuestra voluntad. Cobran un relieve especial los precedentes familiares como entrañables condicionantes. De nada vale la pretensión de hacer pasar por rasgos olvidados a los que fuimos atesorando con toda la intención.

Practicamos con frecuencia una oscilación fraudulenta, desde el alarde sapiencial, pretendidamente conocedores de cualquier asunto con sólo apretar un botón; a la actitud negadora de dichos saberes, cuando venga bien a los intereses del momento. Al fin, una MENTIRA con todas sus consecuencias.

En las esferas públicas y privadas, adquieren papeles relevantes estos ocultamientos, con la utilización oportunista, caprichosa, de aquello que favorezca nuestras maquinaciones. Observamos la CORRUPCIÓN de los más favorecidos por los recursos de la memoria, cuando adolecen de una frivolidad penosa. Detrás, proliferan los perjudicados de manera injustificada.

Artículos del autor

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La contradicción viene definida por la ejecución de comportamientos ajenos, si no contrarios, a las CONDICIONES satisfactorias de la vida en común.
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Percibimos a diario unas TENSIONES que a pesar de ser conocidas desde la antigüedad, veo que no pierden relevancia social. Al prestar atención, con desparpajo, estamos asomados al mundo comunitario, con mucha gente en su interior.
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Como entidad pequeña, reducida a su mínima expresión, el reducto tiende a confundirse con la idea de residual. Sin embargo, sus posibilidades son decisivas en el devenir de las vivencias personales y en las oscilaciones de los ambientes de cada cultura.
La casuística es tan amplia que los ejemplos testifican de cualquier opción, incluídas las de mayor controversia. Ampliamos a diario el muestrario de las observaciones.
 
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