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Rafael Pérez Ortolá
Disyuntivas
Rafael Pérez Ortolá
​Atravesamos épocas de múltiples pronunciamientos mitineros

Si bien podemos cerrar los ojos, permanecer indiferentes o pasarnos a las visiones enajenadas; las miradas abren el espectro de sus posibilidades, por su orientación o por su lugar de observación. Aparte de otras circunstancias, la UBICACIÓN para efectuar el exámen será fundamental. Cuando lo hagamos a ras de suelo oscilaremos entre las cercanías mediocres y la tendencia a contemplarnos como elementos superados por las perspectivas que vuelen a mayores alturas. Desde las cumbres percibimos una mayor tranquilidad, importante para los pensamientos reposados; aunque con el inconveniente del aislamiento. El equilibrio soñado planea entre ambas versiones.

Enrevesado, inquietante, atractivo, subyugante, enigmático…, es el camino abierto de los equilibrios individuales:

PÁLPITOS EN LA CUMBRE


En la cumbre del Gorbea

El arte suena muy vibrante

La ilusión es estimulante.

Los enigmas son inquietantes

Las visiones son fascinantes.


En la cumbre del Gorbea

La ilusión es vibrante

Los enigma estimulantes

Las visiones son inquietantes.

El arte vuela fascinante.


En la cumbre del Gorbea

Los enigmas son vibrantes

Las visiones son estimulantes.

El arte es inquietante.

La ilusión es fascinante.


En la cumbre del Gorbea

Las visiones nos hacen vibrar.

El arte nos estimula.

La ilusión se torna inquietante.

Y los enigmas pura fascinación.

Aunque las definiciones al uso no contribuyan a su definición precisa, las cualidades ARTÍSTICAS brillan por sí mismas. No están condicionadas por códigos artificiosos. Sí están a disposición de los perceptores atentos a sus expresiones; son inasibles para cualquier intento de apropiación; el pálpito del arte diversifica sus atmósferas. El perfil crematístico incide en las maniobras envolventes; el mercado reúne apetencias acumulativas. Los afanes dirigistas tampoco le van a la zaga, organizan complicados protagonismos inverosímiles. La experiencia superadora parece ideal, sin las respuestas rotundas interesadas.

Abunda la costumbre de preconizar para los demás los comportamientos más insospechados. Los hay bien encaminados, pero también ponzoñosos, con casi ninguna atención a las peculiaridades de sus receptores. El carácter ILUSIONANTE de las supuestas ayudas reparte conveniencias e inconvenientes de forma dispar. La procedencia foránea contribuye al desapego; aún así, las ilusiones surgidas, al regreso, dejan oquedades frustrantes en los sentimientos de los protagonistas. La mejor ilusión nace de los adentros individuales y tropieza con las vicisitudes del entorno; es la principal motivación activadora; su escasez, ausencia u obstáculos, va degradando la vida.

A veces, no sé si por tranquilizarnos o por crasa ignorancia, adoptamos la actitud de enteradillos, como si así solucionáramos las limitaciones; aunque pronto aparecen nuevas insatisfacciones. En la atención prestada a lo desconocido va implícita gran parte de la personalidad. Los misterios profundos, los ENIGMAS en general, no sólo persisten, sus magnitudes son colosales. Apenas intuimos las circunstancias reales, por desinformación, indolencia negligente o por la complejidad ambiental de tan difícil acceso incluso con recursos de alta tecnología. Observamos enseguida la distorsión promovida por plataformas manipuladoras de rango económico o conceptual. La humildad o la prepotencia testifican de los talante actuantes.

El asunto de las perspectivas implica una larga serie de condicionamientos, las circunstancias variables las tornan en inestables e incluso las falsean por su falta de acoplamiento con lo acontecido. Lo percibido es trascendente por ser el gérmen de las decisiones futuras. ¿Qué interés pusimos en la precisión de aquellas percepciones? De él depende la VISIÓN que tengamos de la realidad. Si la mirada fuera superficial sobre pantallas o ambientes, como por otra parte suena como habitual, las expectativas apuntan a panoramas sombríos. Ver de verdad las vivencias humanas y el Universo, requiere una participación inteligente imprescindible para la comprensión coherente de la existencia.

Atravesamos épocas de múltiples pronunciamientos mitineros. Las verdades compiten atribuladas con las frivolidades. Avizoramos los comportamientos enmarañados por las declaraciones incontinentes. Las tramoyas confunden las esperanzas en la DEMOCRACIA como la mejor solución posible. Proliferan consensos de una persona, censuras encubiertas, disimulos nefastos y engaños perversos. Las actuaciones intermedias han de adaptarse; de no hacerlo así, queda el recurso del gregarismo simplón, asumido por imposición o por necedad perezosa.

Aunque la situación no sea nueva, es lamentable el forzamiento de muchos para el beneplácito de unos pocos; acciones bárbaras en la antigüedad, mejoras posteriores, comportamientos modernos de mala ralea y enconamiento pertinaz de conductas anteriores. Sigue activa la distorsión en torno a las consideraciones del TRABAJO, acentuada la desviación del capital, con paro, sueldos míseros y abundantes millones para los prebostes. ¡Son ejemplos bien visibles! El disfraz no elimina las desviaciones. Comunismo, liberalismo, mercado, trazan mecanismos distorsionantes. El trabajo insustancial para mantener el sistema menosprecia a las personas. La reivindicación efectiva sigue siendo escasa.

Estaremos de acuerdo en la conjunción de múltiples factores en la configuración del mosaico comunitario. En él, cada persona introduce un nuevo mosaico. En ambos casos cruje la incertidumbre evolutiva de sus rasgos. Surge el clamor por un DIÁLOGO auténtico, con franqueza; que apenas se atiende. Resalto la necesidad del diálogo inicial con uno mismo, arriesgado, incierto, aunque ineludible. Sin ese asentamiento sincero como base, comprobamos las deficientes aportaciones a la comunidad.

Artículos del autor

¿A quién interesan estos matices? Sobre todo en los ámbitos acelerados en que nos movemos, inflados por la petulancia y ahuecados por los adentros; desinteresados por las razones consistentes. Predomina en el escenario el carácter evanescente de las decisiones adoptadas, cargadas de impulsos y opiniones; pero enemigas radicales de las mejores cualidades del intelecto.

Los de naturaleza indolente dificultarán sus progresos, mientras los intrépidos pugnarán en las tareas de búsqueda; pero en ambos casos, el aislamiento enturbiará los posibles logros gratificantes.Con la indudable propensión a los esquematismos y desde los mencionados semilleros, participamos con decisión en la que denomino DEFORMACIÓN comunitaria en cuanto al aprendizaje se refiere.

El fragor de la batalla vital es importante. Por debajo de las teorías rutilantes bullen las experiencias acuciantes de finas aristas; cargadas de lo bueno, lo intrigante y penalidades diversas. Son tareas exigentes por la inmediatez de sus requerimientos.

Serán aquellas tareas humildes, esforzadas para aclararnos las ideas de entre la madeja indiscriminada de conocimientos en la cual hemos convertido la comunicación social. Para entresacar las mejores cualidades de cara a una convivencia satisfactoria.

Nos gusta hablar de los ambientes acechantes, pero no tanto de los ambientadores involucrados en su gestación; quizá por la cuota correspondiente a quienes pretendemos pasar desapercibidos. Las responsabilidades se difuminan bajo múltiples maquillajes.

Tienen una relevancia especial, son representantes de ese recorrido desde la primavera al otoño. Los brotes verdes iniciaron los recortes de sus vidas, adaptadas a su condición biológica, encasilladas a sus funciones. Su ensamblaje con el árbol les confiere un carácter particular de presencia imprescindible, de colaboradoras necesarias para el buen resultado armónico del conjunto.

Quizá la desorientación sea nuestro estado natural y el remo pieza fundamental para el mantenimiento en ruta de los navegantes. Escasean los puertos de acogida y la amplitud de los horizontes es sobrecogedora. Los conceptos e ideas son abstracciones diferentes de la concreta dinámica social. A nadie extrañará la ansiedad del pensamiento entre los esfuerzos denodados por la supervivencia. El pasado refluye mientras recorremos el presente fugaz.

Somos muy propensos a la atribución de causas sin las reflexiones oportunas. Al referirnos a los individuos como causantes añadimos filias y fobias, desvirtuando las conclusiones. La causa directa (Apretar un botón), en su sencillez, viene acompañada de gran número de condicionantes no valorados en su justa medida.

 
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