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Rafael Pérez Ortolá
Disyuntivas
Rafael Pérez Ortolá
Si tanta desfachatez no nos sacude la mente, si no reaccionamos, ¿Qué podemos esperar?
La brusquedad nos violenta en el trato cotidiano y las movidas sociales, desde lo verbal a los roces físicos. Las maneras tienden a la agitación intempestiva. Es una de las características del momento, floreciente, pese a sus incómodas provocaciones. Hacen ver que se trata del único camino para las aventuras de esta época tecnológica de trapisondas muy sofisticadas maquiavélicamente. Disconformes con sus auspicios, nos conviene tomar en cuenta algún REVULSIVO que nos despierte, el recurso más eficaz de unas sacudidas mejor orientadas.

Como estímulo suficiente, deberíamos sentirnos sacudidos después de la contemplación de los ESCENARIOS con sus exhibiciones. En este mundo injusto, nadie lo dudará, era sugestiva la aplicación utilitaria de la justicia; pero las escenas observadas arrasaron las perspectivas ilusionantes, la experiencia resulta provocativa sin paliativos. Entre penes, vulvas, sexos imaginados, exabruptos religiosos ofensivos, acosadores a la vista de todo el colegio, pederastias encubiertas e intimidades agredidas; la idea de la libertad expresiva genera chispazos de importancia. La circulación dineraria deja clara la abundancia de capital, con cuatro sueldos/pensiones de las altas esferas, alivio mayúsculo de las penurias. Son versiones impactantes.

La falta de atención implica un conformismo displicente desde la falsía de una pretensión de ver los acontecimientos desde la barrera, siendo así que estamos en pleno ruedo, metidos de alguna forma en los avatares. Viene a ser como una resignación extravíada, porque perdió el contacto con su verdadera posición. Acorralados por la sucesión de intervenciones ajenas, la resignación queda convertida en un ATRAPAMIENTO frustrante, la personalidad propia progresa hacia la sucesiva mutilación de sus facultades; la saturación agobiante ciega las salidas individuales, el extravío impide los proyectos y dificulta los encuentros sociales. Las partituras establecidas son escritas por otros sujetos, tenaces, pletóricos de fuerza e intenciones.

En las actividades sociales priva el reinado del espectáculo. Tiene su lógica, porque muestra infinitos signos llamativos que son grandes atractores de la atención; su abundancia nos ocupa a base de vivencias superficiales. Después de tanto ENTRETENIMIENTO, las mentalidades no rigen para los ritmos reflexivos; es más, nos abocan a una evasión placentera, que nos desplaza las miradas, dejando de lado los asuntos problemáticos. No supone obligaciones, al contrario, a ese espectáculo asistimos con ligereza, colaboramos en muchas de sus maniobras con celebraciones ruidosas. El lamento por la escasa consistencia de las actuaciones desplegadas suele llegar tarde, a destiempo; pesan sobre nosotros las deficiencias de sus logros.

El otro día escribía Javier Sicilia sobre la ridícula reducción de la memoria a los almacenajes conseguidos por el cerebro, como si fueran el culmen de lo que se puede memorizar. El acopio de datos no es suficiente para ser presentado como la memoria absoluta. Existe algo más profundo en la memoria mítica del cosmos, de las raíces de la vida, de los matices evolutivos, que no por misterioso desaparece. La memoria completa es INTEGRADORA de las incabables facetas humanas, fraguando la próxima memoria del futuro. Desoídos esos ecos, silenciados por el absurdo; serán comprensibles esa serie de memorias ramplonas, sectarias, de siniestra presencia social, rencorosas, enajenadas, adulteradas, según usos y costumbres.

Quizá nos convendría un toque de sencillez efectiva en los comportamientos, tampoco son tan complicados los pormenores de cuanto acontece. Los adornos y la ostentación, la codicia y los agoismos, enredan las ideas. El grado de ATENCIÓN prestada es decisivo para la asimilación de la realidad personal o colectiva. La misma Santa Teresa pedía a sus compañeras, “sólo que miréis”. Son patentes los sufrimientos provocados a gran parte de la población, chirrían los desbarajustes mentales de mucha gente encumbrada entre el jolgorio de un frívolo beneplácito general, la indiferencia es palpable entre el personal; abruman las declaraciones engañosas, la tolerancia impropia ante los proyectos insidiosos.

No sorprende a nadie la cortedad de miras en las tareas emprendidas en ambientes malsanos. Que fueran personas aisladas, tendrían una neutralización asequible. El descontrol acogota en los procesos masificados, adquieren vida propia. Veamos el ejemplo de la EUROPA comunitaria, enfocada a su mismo mamotreto institucional, no atiende a las ramas constitutivas de su conglomerado; pescadores, agricultores, comerciantes, ganaderos, ciudadanos en general, permanecen postergados en sus determinaciones. El tótem pergeñado desvía los ojos hacia las diversas poltronas, considera minucias desdeñables al grueso cupo de afectados individuales. El monstruo es tolerado, adulado y las críticas quedan en manifiestos alicaídos.

Una vez concebidos, desde el propio proceso de gestación, comienza la radical diferenciación de cada individuo, las particularidades hacen su aparición progresiva; no hay dos personas iguales. Esa identidad intransferible queda expuesta a su relación con el resto de elementos, multiplicando las variaciones. Esas variantes constitutivas deberían posicionarnos contra las habituales tendencias UNIFORMISTAS acechantes. Eso del pensamiento correcto que cada grupo trata de consolidar para el conjunto de los componentes de su sector y adyacentes, entroniza un grado de estupidez importante muy extendido. Constituye una satisfacción perniciosa por otro motivo, su irrealidad; genera una serie de conductas falseadas desde la base.

En la descripción de la armonía mencionan a esas voluntades aunadas, aunque el uniforme suele estar desgajado por tres FACTORES coincidentes que lo desvirtúan. La frecuente actitud gregaria de los integrantes del grupo, quién sabe en realidad por qué motivos, pero con la renuncia a gran parte de sus rasgos identitarios. La poca atención prestada a las condiciones de los líderes, agravada por su escasa receptividad a las ideas de la base. Apenas detectamos algún debate franco sobre la autoridad conceptual de las propuestas; la calidad del diálogo flaquea en exceso. El ensamblaje cruje por las informaciones incompletas.

Los fantasmas son prolíficos, están presentes por detrás de cualquier aventura; son entidades que no llegamos a percibir bien, pero con influencias directas en cuanto acontece. Los provenientes del pasado tienden a ser estáticos, son como son y ejercen sus influencias. Los relacionados con gente actual son dinámicos, cargados de variaciones e intenciones ocultas, con la doble cara de los sujetos vivos que dirigen sus influencias por mecanismos enrevesados. Hacen comprensible que la lucha por la TRANSPARENCIA sea un objetivo primordial; es la única manera de atar los cabos racionales.

Tanto el ajetreo cotidiano acelerado, como el exceso de ruido informativo, colaboran en el aturdimiento de las personas. Si añadimos las influencias ocultas o las intervenciones de personajes insidiosos, las salidas no llegan a plantearse ni con un mínimo de aplomo. De donde, reivindicaremos la importancia de las sacudidas oportunas. Después vendrán las orientaciones, adecuadas o no, de las actitudes.

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