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Rafael Pérez Ortolá |
FIRMA DE OPINIÓN |
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Disyuntivas | |
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Rafael Pérez Ortolá nació en Pego (Alicante), en 1945. Es Doctor en Medicina por la Universidad de Navarra y profesor en la Unidad Docente de Vitoria de la Universidad del País Vasco. Es autor de 'Álava. Geometria sentimental itinerante' y 'Bizitzamendi: El monte de la vida', así como de numerosos artículos publicados en diversos medios de comunicación. Las sucesivas y variadas disyuntivas a las que nos vemos abocados en la vida cotidiana, los esfuerzos por hacerlas agradables y la aproximación a las creaciones artísticas que nos
abran camino, son las lineas que caracterizan su columna semanal que se publica todos los domingos.
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| ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS |
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| El orgullo y la montaña |
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| Por presentarse como una actitud prolífica, baste con algún ejemplo indicador, el orgullo es una de los venturosos habitantes del planeta: |
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ORGULLOSOS con despacho, pantallas interconectadas, fax y aislamiento defensivo.
ORGULLOSOS en las grandes urbanizaciones.
ORGULLOSOS en sus pisos de > de 30 metros cuadrados.
ORGULLOSOS con sus coches y prenendas institucionales.
Esta retahíla de orgullos no finaliza, se proyecta de tal forma que no se aprecia su fin.
Los viejos mitos nos conducían a regiones misteriosas, zonas del universo o grandes dioses, aplicables a los aconteceres humanos; como para sentirse desconcertados, pero a lo grande, lindando casi con lo eterno. Ese desconcierto grandioso, devino poco a poco hacia los prodigios científicos, menos eternos, pero prodigios al fin y a la postre. La causa de los desconciertos va descendiendo a lo terrenal. Hasta el punto en que ahora dominan los entuertos como origen de las perplejidades actuales. Del misterio profundo a desarreglos mundanos. En los patrimonios de los políticos, cobro de porcentajes o la representación fidedigna de los ciudadanos.
DESCONCIERTO en cuanto uno se acerca a las elecciones de turno; las posibles opciones y candidatos, desconciertan.
DESCONCIERTO al obervar como se avasalla el campo, con carreteras o construcciones.
DESCONCIERTO ecológico.
DESCONCIERTO por el contraste cotidiano entre los mejores y más abundantes medios de comunicación y la escasez de contactos significativos.
DESCONCIERTO picajoso, cuando uno esperaba acompañantes compasivos y colaboradores.
También en esto hay clases; en sí, hasta pueden ser recomendables. Estamos:
SÓLO DESCONCERTADOS
Si recuento con tino los escritos,
Mar abierto, con olas y remansos, El aliento trasiega viejos mitos.
Si despierto, contemplo los sucesos, Me caliento ante los despropósitos,
Quedo absorto ante los nuevos retos.
Hundimiento y riesgo, sólo en un trasluz.
Desconcierto no más, abierto a la luz
Así las cosas, nos conviene observar las cosas desde otras PERSPECTIVAS. Que, al menos, se amplien los dos palmos cuadrados en los que deambulamos a diario. De no ser así, resultará muy limitado el horizonte para las vivencias diarias, para esos proyectos que almacenamos como potencia de reserva. Que sea una ampliación difícil no alcanza para cerrarnos el camino.
Subimos las lomas próximas, las que cierran los contornos de la ciudad. Al llegar arriba, donde creíamos disponer de una cúspide, de un minarete de observación, nos sorprende la continuación de la pendiente, la CIMA está mucho más arriba, no se distinguía desde la las calles urbanas. Ya metidos en faena, la curiosidad nos impulsa a seguir, continuando de esa manera la ascensión. La parada o el estacionamiento, en estas circunstancias, sólo empeoraría las cosas. El retroceso es muy poco halagüeño, además de una negación de la propia vida. Una rebobinación que no es factible; apenas imaginable. La parada nos deja estancados. Uno siempre se pregunta si no habrá otros HORIZONTES mejores. Casi a la fuerza, nos lanzamos en un optimismo menesteroso. ¿Cuál será la colaboración que aportemos? ¡Menudo impulso vital!, no nos permite una quietud beatífica.
La altitud comienza a ser considerable, llegando a ZONAS NEBLINOSAS, distinguiendo la cercanía de las nubes. De momento hemos perdido nitidez. Eso nos diluye los orgullos y desconciertos, abocándonos también a futuros horizontes. Diríamos que se trata de una nebulosa clarificadora, nos libera de no pocas ponzoñas y tergiversaciones. Es su parte más entrañable, su ofrecimiento más digno de tener en el magín, para futuros eventos.
El esfuerzo y la tenacidad nos hacen continuar el ascenso. Esas penurias van eliminando acompañantes, configurando una nueva perspectiva, son enormes los valles, se sobrepasaron las nubes, las pendientes pronunciadas se observan como increíbles. Con todo ello, se atomiza la perspectiva de uno mismo, uno se torna MINÚSCULO y SOLITARIO. Es decir, átomo cósmico, pero átomo vivo y perceptivo.
Disyuntiva feroz y por lo tanto con una constante de crueldad añadida, REGRESO frente a la PEQUEÑEZ, escasa presencia en la inmensidad de las alturas o retorno a un acompañamiento aparente, entre muchos congéneres, diluídos, y por tanto no se notan tanto las deficiencias. O acaso será al revés, PEQUEÑO abajo, aunque estemos engañados, creyéndonos algo entre una multitud que nos avasalla. Y con un MAYOR VOLUMEN EXISTENCIAL arriba, más auténticos y más ensamblados a los verdaderos orígenes humanos.
El desenfoque entre unos orgullos y lo que uno olvida de si mismo, sus esencias, sus cualidades, propicia unas personalidades destartaladas. Pero afrontamos un CONTRASTE dramático, cuando más necesitarían apuntalarse estas personalidades; dado que, con lo puesto, han de enfrentarse a la vida con todas sus vicisitudes. En palabras de Julián Marías: "Se está en peligro de ser un desalmado, si las circunstancias lo facilitan o lo impulsan a ello".
El mismo Marías reivindicó la expresión "orgullosos de su alma" de Ramón Gómez de la Serna. Refleja ese sentimiento muy particular que no se vende ni se compra entre concejales o tramas financieras. Cuando uno se siente como persona, como uno mismo. Es un concepto exigente, puesto que, como persona debe ejercer la DIGNIDAD de adaptarse a sus cualidades. Es decir, con su sentido de la responsabilidad, aportaciones, solidarios con el entorno físico y humano, esfuerzo propio. Para que pudiéramos estar orgullosos de lo que somos.
No se trata de grandes riquezas, ni de fama, ni tan siquiera de levantar la voz. Dígamos que es una mera REVERBERACIÓN, que emerge en torno a las personas portadoras de esa serenidad. Como fruto de esa trama de bonhomía insertada en sus fibras musculares, en su sangre y en sus neuronas. El orgullo llevado a la motaña. Radicalmente auténticos. Es la manera de enfrentarse a los desconciertos.
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| sábado 28 de agosto de 2010 |
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| Hombres invisibles |
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| El azar desfavorable y la tacañería de la diosa Fortuna, no parecen entidades suficientes para explicar los desaguisados de turno. Si a ellos achacamos todos los males, suena a excusa burda. |
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Un destino se cierne sobre cada escrito, escribió Ortega y Gasset. Por que cada texto nos aporta recuerdos y conocimientos, al leerlo activa la participación de quienes se acercan a sus líneas, con la consiguiente proyección hacia nuevas imaginaciones. Son influencias inagotables. Las influencias de cada párrafo se ramifican sin limitaciones. La lectura amplifica el contenido original del escrito y carga las baterías de quienes se acercan al mismo. Las CONEXIONES chispean de mil maneras, en todas las áreas de la vida; de forma desigual, con adaptaciones y rechazos, que de todo surge. La calidad, la fuerza y las influencias de cada escrito no es propicia a unos cánones establecidos con rigidez; estamos ante un ejemplo estupendo de la mejor diversidad.
Se podría pensar en una mayor amplitud del destino y ramificaciones de cada persona; es inequívoca la inmensa complejidad del ser humano, consciente y subconsciente. Sin menosprecio de la fatalidad inesquivable o la fortuna azarosa; la implicación de cada uno en las peculiaridades de su vida y consecuencias de la misma, introduce cambios significativos evidentes por sí mismos. Quiérase o no, tomamos partido por unas acciones o por la pasividad, que es otra opción. Por activa o por pasiva, nos enlazamos con los avatares propios y con las repercusiones provocadas por nuestras decisiones. Si afrontamos un destino incierto, con más sombras que claridades; diremos en consecuencia, que formamos parte de dichas INCÓGNITAS. Cada uno somos un enorme interrogante.
No obstante, las grandes preguntas han perdido adeptos; y sin ellas, habrá menos aproximaciones a las mejores respuestas. Con el agravante de la agitación para la que no damos abasto. Mientras con cierta candidez pensamos que cada cual adoptará una actitud responsable en busaca de la excelencia; detectamos una loca carrera para alcanzar la SALIDA de EMERGENCIA, con el objetivo necio de una evasión, cómplice por lo tanto de las manipulaciones que sobrevengan. Una escapatoria degradante, por la renuncia implícita a la participación digna en los avatares sociales. Un pasotismo incongruente con la tendencia a reclamar soluciones para cualquier evento al que nos enfrentemos.
¿Qué nos solucionen las irregularidades? Si ni siquiera estamos presentes, ¿Cómo van a tenernos en cuenta? La política, la sanidad, la justicia o la religión, pasarán a ser entes ajenos; sólo nos quedará el recurso de adaptarnos a sus formalidades, sin reclamaciones posibles. Con alguna justificación o sin disponer de ellas, la huída se traduce en un ESCAPISMO increíble. Algo así como la ausencia grave de pensamientos y criterios. Cuando hablamos de libertades, siempre añoradas e insuficientes, se requiere una toma de postura por parte de cada ciudadano; la renuncia de estos al ejercicio de la participación, nos retrotrae a los ambientes que estimábamos como opresores.
Una de las vías por las que se pierde el combustible de lo verdaderamente humano es la CURIOSIDAD MALSANA o vulgar cotilleo. Bastará una observación somera para cerciorarnos de su importancia. Las horas de televisión y labores informativas dedicadas a sus efectos ocupan a grandes porcentajes de audiencia. Verdadera expresión de un instinto descubridor inúti, sólo interesa el morbo de los chismes. Quienes se eliminaron arrugas de la cara o se la estiraron hasta convertirla en un tiesto inexpresivo. Desaveniencias y componendas amatorias presentadas como intimidades, si bien son polvaredas que nunca fueron íntimas. Soflamas e insultos utilizadas como fuente de atracción y divertimiento. Opiniones soltadas como escupitajos, sin el contrapeso de la más mínima argumentación apoyada en razones valoradas. Todo un ramillete de desperdicios. Eso sí, encumbrados a niveles vanguardistas hacia ninguna parte. ¿Una de las maldades naturales?
Estos espías insustanciales se presentan en las épocas más dispares. Víctor Hugo, en Los Miserables, refleja el personaje de la viuda Victurianne; viajó un buen trecho en aras de su investigación, el descubrimiento de las andanzas de los protagonistas, si eran padre e hija, sus ocupaciones, procedencia y pequeñas circunstancias. Son una verdadera plaga esperpéntica. En su REGODEO, utilizan las circunstancias ajenas cómo único alimento de sus caletres vacíos. Con esas trazas se preocupan del carácter homosexual de un político o artista, dejando de lado su valía en la actividad desarrollada. Lugares visitados por el espiado y un sinfín de datos que no venían a cuento de las necesidades. Mientras se trata de todo ello, no se entra en el meollo de las cosas.
Es notable la gran tendencia observada en los núcleos de gestión, bien sea privada o sobre todo pública; me refiero al OCULTAMIENTO de las GESTIONES. La transparencia brilla por su ausencia, circunstancia grave cuando se trata de instituciones o actividades colectivas; ese mundo subterráneo al que no alcanza el ciudadano medio, enturbia cualquier comportamiento que se precie debido a la desinformación generada. Aunque acuda un gentío mayúsculo a un mítin, una exposición o unas manifestaciones; los individuos activos situados en el centro de determinadas decisiones, procuran que no se les vea, de esa manera actúan a sus anchas y huyen de las responsabilidades. Desaparecen del campo visual.
Otra forma de no permitirnos observación de sus actos se deriva de la gran abundancia de gestos rimbombantes; no nos da tiempo para detenernos en la valoración del fondo de las cuestiones tratadas. Lo vemos a diario en entrevistas y debates, sueltan cuatro insultos, elevan el tono de voz, añaden anécdotas; pero desapareció la verdadera personalidad que nos interesaba, el fondo de los hechos tratados o los proyectos de fuste. Son ABRUMADORES, aparentan muchas presencias simultáneas, que sirven de pantalla encubridora. Es la táctica del embadurnamiento, a base de lanzarnos muchas sensaciones simultáneas, se desvaneció el fundamento. Quizá les suene, por las muchas declaraciones y los escasos contenidos; estos se evaporaron.
Es curiosa la paradoja, en los momentos en los que disponemos de los mejores medios y abundantes estudios teóricos; la huída es masiva, se delega en los entes colectivos, la responsabilidad será del sistema. Una verdadera FUGA humanitaria. Pero la realidad es terca, y las consecuencias de esos comportamientos escapistas se lamentan después. Las entidades se enseñorean de la situación y los individuos quedan a su disposición e incluso a su servicio incondicional. Justo al revés del buen servicio hacia el ciudadano, enfermo, con problemas legales, sufridores de las huelgas que castigan al usuario y una larga lista. Un reinado de los conglomerados invisibles. La mejor calidad de vida precisa de la presencia, consideración e implicación de las personas; como tales, deben volver al primer plano como protagonistas.
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| lunes 23 de agosto de 2010 |
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| ¿Quién nos acompaña? |
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| Los acontecimientos siempre tienen un desencadenante. Unos circularán con presencias de escasa amplitud, otros serán redundantes con el tronío de sucesos aparatosos. Con cierta intranquilidad percibimos la transformación de la simpleza inicial, descubrimos abundantes ramificaciones entre los antecedentes; la comprensión de los factores desencadenantes suele enmarañarse, el misterio se engrandece a medida que retrocedemos por los orígenes. En todo este entramado tampoco pierden comba el azar y la causalidad, mientras la COMPAÑÍA se agranda.
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No resulta fácil, no, el conocimiento detallado de las circunstancias implicadas; sobre todo, por la poca placidez en los momentos de valoración. Las TENSIONES toman posesión de nuestros razonamientos, nos mantienen en vilo; en pleno conflicto de estímulos y fuerzas, resultará complicada la mera enumeración de datos o sentimientos. Se trate deunas elecciones primarias o del “sueldecito insuficiente” de los controladores.
Al ritmo evolutivo de los aconteceres diarios se multiplican las “novedades”, noticias, recibos, impuestos o mamandurrias de reciente disposición. La crispación electriza los contactos, con “agresiones” menores o mayores, discusiones, servicios defectuosos o actitudes de mala sombra. Las “necesidades” fuerzan las situaciones en colectivos, familias y desfavorecidos. Si nos fijamos en los “engaños”, de tan habituales, casi los vemos como normalidades. Añadamos al conjunto de dichas tensiones unas “gotas pasionales” y nos apercibiremos de la poca cancha disponible para las razones. Hemos conformado así una fogosa TRACA de los IMPULSOS, con el consiguiente ruido y una trastienda que pasa desapercibida. Tampoco se ve por ningún lado el arte pirotécnico, quizá se trate de petardazos desorganizados. ¿Aumentamos los cohetes? ¿Disfrutamos del ruido?
Junto a la algarabía reinante, de vez en cuando aparecen satisfacciones, alegrías y momentos de plenitud; la escasez de dichas realidades incrementa la fuerza de su apreciación. No cabe duda, la MAGIA de ciertas vivencias representa un goteo compensador de las agitaciones y desventuras. Vienen a ser como “presencias” de ensueño. Algunas se circunscriben a determinados LUGARES, aquí la actuación humana suele jugar en contra; prevalece la torpeza que estropea las maravillas.
Los momentos mágicos son muy particulares y las definiciones tienden a complicarlos, se viven mejor que se detallan; las explicaciones tienden a enmarañarlos, con la lógica pérdida de su encanto. Los momentos de SINTONÍAS personales no tienen parangón. En torno al nacimiento de un hijo, con el grado de espontaneidad y participación unidos, como un clamor vehemente del sentido humano. Aunque tristes, resultan también mágicos los momentos de separación y pérdidas de seres queridos. La paradoja vital nos conduce de un extremo al contrario, sin disimulos. Las sintonías no están desprovistas de tensiones, aunque enseguida percibimos su dosis de aproximación a las personas. No se trata de unos depósitos de aguas estancadas y malolientes; por el contrario, son la expresión notable de la armonía entre las fuerzas de la naturaleza. ¿Cuál será el grado de colaboración que les prestemos? ¿Acaso estaremos ante un simple destino marcado?
El transcurso del tiempo influye en las circunstancias. Los registros acumulan ejemplos, aunque siempre incompletos; dado que no se inventó lo absoluto en materia de los datos conocidos. Se recogen fechas, estadísticas o conquistas; pero abunda más el desconocimiento de cuanto aconteció con las personas. Hemos de asumir ese gran desconocimiento irremediable. Si una cuestión queda clara en este devenir serán las abundantes RAMIFICACIONES y OCULTAMIENTOS generados; si muchas o pocas, bien conocidas o mal conocidas, seguirán siendo el núcleo de las discusiones. Pese a los iluminados de cada momento histórico, la verdadera respuesta no la veo en sanedrines políticos o en los pronunciamientos, por mucho que levanten la voz, fatuos y engreídos. El núcleo radical de esta respuesta es íntimo, de cada persona.
A la vista de todos se muestran 3 EXAGERACIONES HISTÓRICAS que considero improcedentes. La suma de factores precursores se resume en la realidad presente de cada uno. Sin embargo, la historia es una elaboración incompleta por definición, manipulada en ocasiones y poco sincera con sus ignorancias; por eso debemos huir de las “condensaciones de la historia”. De manera especial si pretenden engullirnos en núcleos humanos dominadores. Según los intereses predomiantes, suele prescindirse del factor tiempo y se “detiene la historia” allá donde les conviene a los dominadores; es un intento inútil, pero se produce. O bien se proclaman “tiempos diferenciados”, sin que nadie pregunte a los afectados; ahora es el tiempo de… las consideraciones de cualquier mequetrefe. Verán ustedes que llevamos un lastre de exageraciones encima.
Las manifestaciones diletantes, jocosas o tendenciosas, de por sí no reflejan su malicia a las claras; son los graves trastornos posteriores los que disparan las inquietudes. La selección de factores acompañantes determina el grosor y la largura de toda una cadena de efectos posteriores; motivo de congoja o de situaciones felices. La trascendencia comienza en lo más cercano, hemos topado con las CONSECUENCIAS de excesos activos o pasivos. Las secuelas constituyen otro inevitable acompañamiento; las mentiras o disimulos no son eficaces contra la terquedad de los resultados.
Circulamos entre dos corrientes poderosas que con frecuencia tienden a DESCENTRARNOS. Un positivismo muy racionalista, ceñido a unos pocos datos, que no mira hacia las profundidades de las ignorancias y desdeña cualquier otra consideración. O la vía opuesta de tomar posesión de unos fundamentalismos iluminados, que de tan fundamentados se olvidaron de aquel núcleo presente en cada persona; para ellos lo concreto pasa a ser secundario. Lo malo de todo esto es que el ansiado equilibrio no se vislumbra en este lado de la existencia. Generamos una especie de rebeldía radical rayana en lo absurdo de no reconocer las limitaciones.
No existen puesto de venta con la exposición de un existencialismo responsable y lúdico; por lo tanto, no se puede comprar. Aunque me da la impresión que la demanda no sería intensa; los niveles de audiencia, los porcentajes de las encuestas, las manifestaciones aparatosas, rugen con sonidos de otras características.
“Todas las vidas cambian cuando pasas por un sitio y rozas la historia. Todo es complicidad”, escribió Bárbara Kingsolver en “La Bliblia envenenada”. Cuenta con los acompañamientos evidentes o solapados. Con que lo percibamos así, no habremos evitado algo tan frecuente como el olvido de las numerosas complicidades y sus consecuencias. Tremendo sino este de arrostrar un cierto grado de responsabilidad formando parte del enrevesado conjunto. ¿Quizá sea mejor olvidarlo?
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| sábado 14 de agosto de 2010 |
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| Inmadurez por exclusión |
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| Cada uno suele ir a lo suyo, agitado, crispado y tenso, con excesiva frecuencia. Por eso afirmamos que estamos cada vez más DISTANTES, alejados de una participación efectiva en las actividades asociativas. Se percibe un desinterés general por los asuntos comunes. El dilema del prisionero acentuado al máximo, se actúa exclusivamente por lo que se estima como beneficio propio. De ello se resentirá el conjunto si cada quien va a su aire. La crispación, la violencia, el desdén de los unos para con los otros, se enseñorea de los ambientillos que nos alcanzan. Ese deterioro de la convivencia es un mal resultado, pero no será el único. ¿Qué será de un sujeto particular, si cada vez se le tiene menos en cuenta? |
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Se conviene en que dos no pelean si uno no quiere; del mismo modo se aprecia, si hay excluídos será por que hay otros dominantes de la situación hasta extremos abusivos. A la separación, a la EXCLUSIÓN de una de las partes, se llega por dos vías bien diferenciadas; aunque aboquen al punto común y lamentable de la separación. Uno de los abordajes circula en dirección CENTRÍPETA, a los excluídos les llegan los olvidos, desprecios y abusos, desde la gente y las estructuras foráneas. Podemos afirmar que con ese olvido se juntan toda clase de mezquindades. Si sólo fuera olvido aún podríamos ser más comprensivos. Una cosa es hablar, declaraciones públicas, y otra, acordarse de los marginados por una u otra causa. Las maniobras y presiones llegan a ser tremendas, con un afán de dominio que parece insalvable.
Aunque parezca increíble, quién lo diría, esa consecuencia de quedarse fuera de la mejor convivencia, viene derivada con frecuencia de la RENUNCIA previa de los futuros excluídos; sus actitudes les condujeron a la exclusión. Se trata de la pasividad que deja tantas vidas deslustradas. Incluyen, desde la pereza indolente que no piensa en motivaciones especiales, a las diferentes taras personales que le impidan la participación y el intercambio de golpes. La formación del carácter y la educación están ligadas a la forja de actitudes, en este caso, apartadas del juego social; es evidente que esa educación puede estar manipulada desde sus albores. Dejadas a su curso libre las conductas referidas, la separación tiende a ser mayor, el desconocimiento progresivo y las reconciliaciones imposibles.
Cuando prestamos poca atención, o ninguna, a estas divisiones de la Humanidad, excluyentes y excluídos; contribuimos de plano en una desgarrada presencia en la sociedad; de nefastos resultados y presagios deleznables. Se genera una primera consecuencia paradójica, se promueve la IGNORANCIA, precisamente cuando abundan los medios informatizados y las posibilidades de gestiones participativas, en un claro contrasentido. Ignorancia de doble alcance, difundiendo la mal intencionada creencia de que no existen los conceptos nucleares y básicos; pero también, ocultando los entresijos de las grandes decisiones, que por tanto son ignoradas. Sí, con toda desfachatez, desaparece el concepto de transparencia. El brote no madurará con los desconocimientos.
Curiosamente, otra paradoja asoma por los horizontes. Se hace gala de pertenencias a entidades e ideologías. No serían malas tendencias, si los individuos adscritos a ellas fueran conscientes y reflexivos, al considerar previamente los pasos a dar. En cambio, si unos muchos son excluídos por unos pocos enseñoreados de las poltronas y tribunas, aquella pertinente colaboración se torna INCOHERENCIA. Al observar a diferentes fundaciones, partidos políticos, instituciones y agrupaciones; se pone pronto de manifiesto la paradoja. Está de moda el consenso…de las oligarquías, en cada grupo de los referidos; la plebe sólo hace bulto. De ahí, la improcedencia de considerar madura la pertenencia, por encima de las cegueras naturales y sobre todo las provocadas; la propaganda y la actualidad no son argumentos con fundamento.
Como escribe X. Emmanueli en La Presse Medicale, refiriéndose a los grandes excluídos, estas personas llegan a perder la noción real del tiempo, porque ¿Qué significa para ellos el tiempo si están fuera de lo significante? A fuerza de ignorancia, incoherencias, engaños y renuncias, permanecen fuera de los tiempos de actuación, se vuelven IMPERTINENTES, pierden el don de ser oportunos. ¿A través de qué distorsiones llegaron a esto? El desconocimiento y la falta de rodaje se adueño de sus maneras, entran a destiempo. Desconocen la entrada adecuada para una propuesta o una reivindicación, ya no consiguen adaptarse a esos movimientos. No encuentran su sitio. Así se incrementarán el desarraigo y se agrandarán las citadas distancias que les separan de los entes o personas gestores de cada proceso.
La degradación es progresiva, no se le pone remedio y se agrandan las distorsiones. Con semejantes premisas, la conclusión es el aislamiento de buena parte de la población, en ese sentido comentado, están como bultos no como presencias verdaderas. Alejados de los quehaceres habituales, muy pocas decisiones serán de su INCUMBENCIA; la cosa no va con ellos, que les importará, apenas son un relleno insustancial y efímero. Al provocarles esa falta de ocupación, marginados de lo importante, su responsabilidad se relega a términos muy secundarios. No será su problema, en frase muy empleada, festejada; pero expresión de un desligamiento inhumano, al confrontarse con el resto de personas. La inmadurez, lejos de corregirse, adquiere mayor relieve. Acaso fuera más precisa su definición como degeneración, por tratarse de un fenómeno de retroceso.
Se producen 3 degeneraciones simultáneas, con un DETERIORO que presentará variaciones circunstanciales, pero sobretodo, resultará muy complicada su recuperación. La sociedad pierde consistencia, se limita a una pululación anárquica, perdiendo gran parte de sus recursos para la colaboración entre sus miembros, cada uno queda aislado con sus miserias; se alcanzan límites impropios de una convivencia razonable. Si examinamos al grupo de dominadores que excluyen a los demás, disfrutan de un poder cada vez más potente, pero sólo son capaces de gestionar el caos sin las mejores cualidades humanas. ¿O es que sólo hablamos de fuerza y supervivencia? En cuanto a los que se van quedando apartados de las decisiones, fuera del quicio; como comentaba, ni encuentran su momento para actuar, ni se responsabilizan, ni saben por donde colocarse. Es una conclusión en la que todos perdemos, pero son enormes las dificultades para el logro de un ensamblaje satisfactorio.
Es importante el grado de afectación para cada persona o grupo, cada uno con sus particularidades, no surgen dos repercusiones iguales. En algunos de ellos dominará la impotencia ante los sucesivos desplantes, los habrá también excesivamente resignados; así mismo, brotan por todas partes los acomodaticios, e incluso vemos abundantes casos en franca y obsequiosa colaboración con el enemigo, que no les tolera a ellos. Con estos ejemplos y muchos como estos, se van desgranando las pérdidas de la CONSISTENCIA personal que comentábamos. El tiesto se ha roto en mil pedazos. Si la razón no da para mejores logros, tendrá que ser asi y avizorando distorsiones peores.
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| sábado 7 de agosto de 2010 |
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| Hegemonías impropias |
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| Para un testimonio fiel de la inestabilidad y la sucesión irregular de los aconteceres diarios, será suficiente con una mera observación, las diferencias apabullan por cualquier área observada de la Naturaleza, sean físicas o químicas, fases biológicas o disquisiciones psicológicas. Con ese fondo tan patente, si afrontamos el concepto de igualdad, se asemeja a la idea que tenemos de un fenómeno paranormal; se comenta sobre su existencia, pero los sentidos no lo detectan con precisión. Los modos y maneras son infinitos. “Si por casualidad entiende usted algo de lo que digo, puede usted aseguar que yo lo entiendo de otro modo” escribió A. Machado. Y con las diferencias, serán inevitables los PREDOMINIOS de cosas y personas, en extensión e intensidad irregulares en cada situación. La igualdad como objetivo, tiene un pase moral; pero una raíz antinatural. |
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Las diferencias y el valor son conceptos distintos. El mismo valor puede aplicarse a realidades diferenciadas; personas, hechos o cosas muy desiguales, no tienen por que ser valoradas en más o en menos. ¿Por qué razón? Puestos ante dicha tesitura, nos va la marcha de la CONFUSIÓN, el valor y las diferencias los metemos en el mismo saco. Una vez confundidos, entran en acción otras debilidades de las que solemos estar bien surtidos. La fuerza, el poder, los egoismos, las grandes estructuras de dominio, políticas y ocultamientos. Con esta salsa resulta complicado entenderse. La inteligencia tropieza con muchos obstáculos y es capaz de originar otros aún mayores, le resulta menos esforzado dejarse deslizar por el tobogán de las fuerzas brutas, las que tiran de la barca. Al fin, ese suele ser un valor predominante e indiscutido.
La codicia y las dominaciones nunca se quedan satisfechas; el aumento de poder les incrementa las ambiciones. Para estas pasiones se construyen pedestales, para colocarlas elevadas y que nadie ose discutirlas. El Estado, el gran capital, las encumbradas ideologías o los engaños informativos; son estructuras que con frecuencia cambian la dirección de sus utilidades, se olvidan de los individuos básicos, con una total dedicación al servicio de las fuerzas hegemónicas.
En sus grados extremos han sido motivo de graves GENOCIDIOS y MASACRES. Hutus y Tutsis en Ruanda, Kurdos, Indios norteamericanos, entre otros muchos; reflejan con trágica claridad hasta donde pueden alcanzar las jerarquías mal entendidas. “ No es mucho lo que nos une” expresó en su manifiesto de 1855 el Gran Jefe Seattle. Entre quienes arramblan con todo y quienes sufren las consecuencias, se abre un abismo infranqueable. ¿Son jerarquías admisibles? No habrá razas, no, se había dilucidado la cuestión por los estudios previos; sin embargo, mentalidades racistas, ¡Vaya si las hay! Descubrimos muchas excusas hegemónicas degeneradas.
Los actos realizados, quizá en su mayoría, no se establecen con grandes conexiones ni devienen de argumentos bien razonados; vistos así, son circunstanciales, anodinos, sin una importante significación para la vida. Su predominio y su frivolidad les convierten en los preferidos de las celebraciones mediocres que nos invaden. Se ha instalado el ambientillo de las ANÉCDOTAS por cada rincón de la sociedad; sucesos inverosímiles, casuales y probablemente aparatosos. Por su ligereza no requieren de esfuerzos añadidos, su simpleza facilita las cosas. Ahora bien, si actuamos persiguiendo unas aspiraciones individuales o colectivas, ¿Luchamos de verdad por algo así?; las peripecias principales deberíamos derivarlas de una experiencias existenciales más enteras, de acuerdo con la verdadera entidad como personas que somos. Si nos limitamos a la base frívola de las actuaciones, ¿Podremos esperar unos logros con cierto lustre?
Aparejado con el anterior picoteo trivial y anecdótico, nos encontramos acogotados y ensordecidos por el fragor del momento, una constante en torno a los vociferantes y el ruido; a mayor grado de aturdimiento, se incrementa la fuerza de ese imperio, como aquella sensación de unos argumentos estimados como consistentes, basados exclusivamente en lo ESTENTÓREO de sus manifestaciones, al convencimiento por los decibelios. Esta tendencia sustituye a las razones en el Congreso y en el Senado; a partir de esas alturas, el ejemplo cunde en cualquier foro de discusión. Echamos de menos el reposo dialéctico e incluso al silencio que alimenten alguna reflexión. No por mucho parloteo, no por el alzado del tono de voz, se modificarán los fundamentos de una buena convivencia. Tampoco digo que sea tarea fácil, pero ha de cambiarse la orientación sonora o no elaboraremos ninguna maravilla, a los hechos me remito.
A mayor atención percibiremos los detalles con menos brumas y descubriremos cambalaches disimulados; a primera vista todo el mundo circula muy atareado, en una supuesta adaptación a múltiples QUEHACERES, abundantes e imperiosos trabajos. Observados con detenimiento, surgen las dudas con fuerza, se hace realmente poco, mucha apariencia y no se sabe bien a donde se quiere ir a parar. Si la nanotecnología permite la obtención de una célula creada en el laboratorio, se presenta como un quehacer y un logro casi supremo, aunque en realidad no supone la creación de vida propiamente dicha. Se dan respuestas con mucha altivez, mientras la tozuda realidad presenta interrogantes que escapan a los abordajes humanos. La actividad acelerada tiene a la pérdida del norte orientativo. A las respuestas fatuas no les vendría nada mal un contrapeso adecuado y humilde, con una mayor atención dedicada a las dudas y al planteamiento de los interrogantes.
Las definiciones rígidas sirven para poco con las personas; al estilo unamuniano repetiríamos, que son de carne y hueso. El individuo nace, sufre, disfruta, muere; saborea las bebidas y comidas; juega, incordia, duerme; piensa, quiere y odia. Son cuestiones difíciles de precisar en una definición y casi imposibles de medir. Por eso sorprende el excesivo recurso al CONTRATO EVASIVO, porque en vez de asumir la carga de peculiaridades con su responsabilidad; recurrimos a la escapatoria de una regulación venida desde el exterior, con la consiguiente responsabilidad achacable a los otros y a la sociedad en general. No todos los disturbios, sean mentales o de convivencia, vienen de fuera. Si uno delinque ha de ser por trastorno psicológico o falló la sociedad; el derecho a la salud no puede garantizar nada más allá de la asistencia; no hay leyes suficientes ni garantías para el equilibrio completo. ¿La PAZ? Si no la hay dentro de la propia cabeza, si juntamos varias, ya me dirán. Recalco la exageración de tenerlo todo estipulado, cuando se rige por las características de unos y otros, por la responsabilidad personal.
Hay cosas que es preciso medirlas, momentos en que una votación es lo aconsejable, la cuantificación de participantes o de la energía necesaria. Pero el ejercicio de la MEDICIÓN EXCESIVA se practica hasta extremos impropios y eso oculta gran parte de la realidad. Cuando volvió del exilio Ernestina de Champourcín encuentra un Madrid populoso y destaca el contraste. “Entre tanto gentío, nadie va, nadie viene”. El número como disolución de intenciones y cualidades. Ante las hegemonías de uno u otro pelaje, conviene disponer del recurso de la brega personal, consecuente y a la vez tolerante, no se acaba este requerimiento. El reposo y la felicidad son momentáneos, son la gloria de una vida buena. “Y Dios no te de PAZ y si gloria”, nos deseaba el buen inconformista de Unamuno.
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| sábado 31 de julio de 2010 |
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