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Rafael Pérez Ortolá
Disyuntivas
Rafael Pérez Ortolá
Cuando uno esperaría actitudes orientadas al mejor esclarecimiento de las condiciones favorables; se sucede el estrépito de los nuevos aldabonazos en sentido contrario, se alarga la línea habitual de la confusión

Los excesos tienen mucha influencia en los resultados obtenidos, en los efectos emergentes desde las actuaciones previas. Contra las primeras impresiones, la esperada acumulación provoca sensaciones de una progresiva oquedad. La matemática sumadora deviene en una potente resta reductora, después de la cual apenas se vislumbra nada. Eso suele conducirnos a la difícil distinción entre la cabeza aturdida y la CABEZA HUECA. Se necesita un cierto espacio libre para la circulación de las ideas. Lo de la calidad de las mismas es otra cuestión; a cada persona le parecen sus ideas las apropiadas, sus pensamientos inigualables, como el mejor punto de partida.


Que bien hemos evolucionado a lo largo de los siglos. Las posibilidades para viajar están abiertas y si hubiera algún tapujo, escondido. Desterramos hace tiempo la ignorancia cuando conseguimos los accesos a las respuestas para cualquier interrogante. Lo de la censura ya pasó, ahora podemos decir sin reparos, aunque no se nos escuche. En cuestión de ideas, las propias mantienen su posición preeminente; nadie está interesado en conocerlas. Pues bien, alcanzada esta culminación de posiciones, el NEGACIONISMO radical es la postura creativa por excelencia, dedicada a la superación de las opciones costumbristas, poco propensas a la consideración de los criterios discordantes.


Por si alguna duda quedara, vivimos a diario la experiencia de las diversas manifestaciones en torno a las VACUNAS. Ocupados en la historia de las enfermedades, nos enumeran la serie de remedios para combatirlas. La amplitud argumentativa es notable, leemos publicaciones de las más diversas, con estadísticas acomodaticias y de las otras, centradas al albur de las tendencias. El ofrecimiento de la colaboración industrial es enorme, sus aportaciones son fascinantes. Allá por donde se mire, los datos son abrumadores. Sin embargo, quizá no se había reparado en aquella capacidad creativa, explosiva, que salta por encima de todo ello y batalla en su contra.


Surgen múltiples fenómenos como estos, con ese cariz rimbombante de escasa consistencia; entre sus redes, unos privilegiados organizan sus cotarros a costa del sometimiento inclemente de amplias mayorías a sus bandazos. La MEZCOLANZA es sorprendente, apenas existe separación entre fantasías y verdades, franquezas o disimulos, altruismos o timaduras crueles. La ceremonia de la confusión luce en su apogeo, en su ámbito casi todo es posible, si no buscamos un mínimo de entendimiento razonado. Hablaremos de pescadores en río revuelto. Ríos bien disimulados por las informaciones manipuladas, con el conformismo cómplice de los mismos perjudicados. Es decir:


Terrible confusión

Los sueños

Siempre

Consiguen escapar

La opinión

Luce

Poco equipaje.


Y la norma

Cruje

Por exceso de andamiaje

Son las dificultades

Del variado maridaje

Entre cosas y gentes.


La paradoja gentil

Invita a no prescindir

Del variado sentir.


Cuando fluyen los ríos

El agua parlotea

Mientras el rumbo otea

Por rocas y delirios.


Cuando uno esperaría actitudes orientadas al mejor esclarecimiento de las condiciones favorables; se sucede el estrépito de los nuevos aldabonazos en sentido contrario, se alarga la línea habitual de la confusión. Se crean vacíos innecesarios, enormes y deleznables. Solemos quejarnos del gran DISTANCIAMIENTO de los políticos con respecto a la gente. Si no, cómo es posible que tantos legisladores engolados pergeñen la inmunidad total del jefe del Estado; una cosa es su cargo, muy diferentes sus apetencias privadas. O bien mantengan la ley contra la expulsión inmediata de los ocupas ilegales. El acercamiento de posiciones exige otros talantes; por ahora no se vislumbran.


Estos espacios comunitarios que parecen desocupados son frecuentes. La polarización de los intervinientes ejerce como una potente fuerza divergente. El efecto de esos comportamientos promueve el progresivo desinterés en ciertas áreas. En referencia a la utilización de las REDES sociales, se detectan tendencias de todo tipo, manipulaciones, mentiras, frivolidades y verdades; algo similar a lo comprobado en la vida diaria. En estos lances se comprueba la distancia de la participación responsable de cada uno en relación con la realidad práctica. La proliferación de mensajes no es equivalente a la transparencia. La escasa sensatez, como otras carencias cualitativas, no son achacables a la red.


El instrumento dialéctico es muy diferente de la dialéctica constructiva. Las proyecciones del primero albergan extremos contrapuestos, desde las perversas maquinaciones a las elaboraciones equilibradas. Entre ellas se desarrollan procedimientos entreverados con circunstancias variadas. A nadie se le escapa el colosal vacío creado por debajo de las DECLARACIONES usuales, su base real queda como mera incógnita. Solemos centrarnos en los desfases de las proclamas públicas en los grandes medios. No obstante, si somos sinceros, en las modestas afirmaciones particulares sucede otro tanto; el decir es sólo la punta del iceberg, el burbujeo subyacente es de mucho calado.


Pese a su relevancia, descubrimos con frecuencia graves vacíos conceptuales que nos afectan sin remisión. Circulamos por los circuitos del extrarradio, entretenidos en sus fulgurantes manifestaciones, evadidos de las circunstancias nucleares propias. Se refleja el eterno dilema de la IMPLICACIÓN de cada individuo en su insustituible realidad, su dinamismo, en busca, o no, de un sentido digno.

Artículos del autor

Aunque las ínfulas iniciales suelen ser subiditas de tono y en muchas ocasiones nos duran toda la vida; a su vera, son notables los chascos, decepciones o actuaciones deplorables, ocasionados por presumidos protagonistas.

Los disimulos sirven de escaso consuelo, al más presuntuoso se le esfuman los agarraderos de sus raíces cuando se encuentra proyectado al sentido final de sus vidas. Siente en carne propia ese carácter solitario de sus decisiones existenciales; esa hora de la verdad despojada de los aditamentos sociales. El guión se pierde en las INCERTIDUMBRES del orígen, transformadas en elucubraciones calibradas en la intimidad de cada sujeto. Ese inquietante comienzo vuelve comprensibles las diversas maneras particulares de enfocar el asunto en las actuaciones posteriores. El mismo concepto de interpretación correcta se desparrama, configura los matices propios de la aventura vital.

Es de esas cosas percibidas al experimentarlas, pero evanescente a la hora de poder explicarlas. Observamos con cierta nitidez las IDENTIDADES ajenas, quizá porque sólo percibimos sus rasgos más llamativos; vistas de cerca empiezan a embrollarse. Si aceptamos el desaliento y no les hacemos caso a estas cuestiones, vamos quedando desarticulados con respecto a la incesante complejidad ambiental.

En los medios suele aparecer la mención al desinterés progresivo del ciudadano por la actividad política; no sé si es apropiada la expresión. En ese punto distingo el distanciamiento de las decisiones políticas con respecto a las principales preocupaciones de la gente. El empoderamiento de los apoltronados recurre a un sinfín de artilugios para perpetuar sus querencias. La INDOLENCIA de los individuos ante semejantes quehaceres refleja la impotencia, no la indiferencia.

Los hallazgos de fértiles OASIS próximos a las verdades, se convierten en utopías por la fragilidad de las aspiraciones.

La exigente respuesta sale malparada según el muestrario a la vista. En todos los tiempos, puede ser; en la actualidad, su ausencia pesa como una losa. De otro modo no se concebiría esa acumulación de DESPERDICIOS sociales repartidos por el ancho mundo. Esa falta de buenas decisiones se fragua en una derrota humana sin paliativos; muy patente, a la par que tolerada con talante inmisericorde.

El significante de cualquier reacción de los humanos es contingente y arbitrario, sin duda; sobre todo porque deriva de las apreciaciones subjetivas, cada cual lo valora a su manera. Después vendrá si coincide o no mucha gente en la misma consideración.

A veces no es fácil la separación entre sensaciones opuestas, sobre todo si están mediadas por potentes estímulos externos. Sometidos a fuertes presiones se impone el ACOGOTAMIENTO, llegando a confundir uno mismo el carácter de sus percepciones. Aun siendo totalmente diferentes, el afecto se convierte en franca sensación de miedo a la mínima oscilación de las presiones.


 
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