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Opinión
Etiquetas:   Refranes   lengua   Curiosidades  

Críticas a refranes (II)

Cuestionar los refranes supone combatir la lógica del dogma oculto
Antoni Leiva
viernes, 23 de febrero de 2018, 07:25 h (CET)
Este artículo de opinión es el segundo de cuatro para analizar el fenómeno de los refranes. Concretamente, se pretende realizar una crítica a tres de ellos, ya que en ocasiones se presentan como verdades absolutas, y se acaban convirtiendo en falacias de la afirmación gratuita.

El primer refrán interesante a analizar es: "Cuando el río suena, agua lleva." El mensaje derivado es que de cualquier indicio se puede deducir un hecho. No obstante, los dos problemas fundamentales de este proverbio son: en primer lugar, que se acepta como verdad un rumor; y en segundo lugar, que se socializa en base a la rumorología, es decir, se traslada el mensaje de que si una información ha aparecido en algún medio de comunicación o en cualquier otra fuente debe ser necesariamente veraz, independientemente de la capacidad probatoria entorno a la cuestión.

Las consecuencias que se derivan pueden ser múltiples, y muchas de ellas están relacionadas con la estigmatización hacia determinados individuos o colectivos. Por ejemplo, si un sujeto es acusado de haber abusado sexualmente de un/a menor/a, pero no hay ninguna prueba que lo demuestre después de la exploración, el mantener la afirmación como verdad provoca implantar una etiqueta injusta hacia ese individuo. Otro ejemplo podría ilustrarse en una persona que ha tenido un fuerte accidente de coche y se la traslada a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI); durante el ingreso se producen mejorías y no se teme por su vida, no obstante, en el municipio donde vive la persona circula el mensaje de que ésta va a fallecer; evidentemente, se trata de un hecho muy doloroso y desagradable.

"De lo que no veas, ni la mitad te creas." Significa posicionarse en el terreno del escepticismo con respecto a aquello que no se conoce directamente. Si el debate fuera entre racionalistas y empiristas, es cierto que se podría defender que sin la experimentación no debería haber afirmación. Más allá del debate filosófico -no es el objeto de análisis de este artículo de opinión-, la premisa socializa la desconfianza entre las personas.

Pongamos el siguiente ejemplo: la madre de Hércules le comunica a su propio hijo que le ha preparado la cena de mañana -supongamos que ella siempre proporciona informaciones veraces, y por lo tanto, la fiabilidad es máxima-, pero Hércules no puede comprobarlo, ya que no puede recogerla hasta justo antes de la hora de cenar, y siguiendo el contenido del proverbio, decide comprársela él. Es evidente que esta falta de confianza conllevaría haber preparado unos alimentos que finalmente no serán utilizados.

Para más inri, se puede plantear un ejemplo que permite reflejar lo absurdo de llevar al extremo esta premisa: un paciente es operado con anestesia general, y a posteriori el médico le indica cómo se ha desenvuelto la operación y cuál es el pronóstico al respecto; el paciente acaba manifestando que no se cree absolutamente nada, ya que él no tuvo la oportunidad de seguir el desarrollo de su intervención quirúrgica -a pesar de no tener los conocimientos necesarios para obtener el conocimiento de forma directa-. En definitiva, este refrán promueve la desconfianza, siendo totalmente perjudicial para la vida en sociedad.

Finalmente, otro dicho a analizar es: "Donde fueres, haz lo que vieres." Esto es, incitar a acomodarse a las costumbres y usos del país, zona o lugar donde una persona se encuentra. Puedo admitir o aceptar cierta parte del refrán, no obstante, no considero que en la totalidad de circunstancias se deba adoptar. De hecho, el límite debería situarse en poder desarrollar cualquier acción, siempre y cuando no atente contra los derechos de terceras personas. Por ejemplo, las musulmanas deberían renunciar al hiyab en un país como España si aplicaran este refrán; la pregunta es: ¿A qué personas perjudica? Y, en el caso de no suponer un perjuicio para nadie, ¿Cuál sería el problema de llevarlo? ¡Evidentemente, ninguno!
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