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Rafael Merino
Rafael Merino
El brasileño anota tres goles, escribe su nombre en la historia de la Champions League y deja una asistencia de gol en otra brillante actuación, contribuyendo así a una victoria tan placentera como valiosa del Real Madrid (con doblete de Benzema) sobre el Galatasaray.
Rodrygo es un diamante: atesora talento en enormes dosis, interpreta con sabiduría el fútbol y posee una notable definición. El brasileño cuenta con cualidades de jugador estrella. El tiempo dictaminará su recorrido y si dará noches de gloria al madridismo; porque su presente es inmejorable. Rodrygo ya gana encuentros para el Real Madrid. Se diría que incluso desnivela finales en la Copa de Europa. Palabras mayores. Y hace historia. Sus dos primeros goles, más una asistencia, en apenas dos minutos (el doblete más tempranero de toda la historia de Champions con 6 minutos y 14 segundos de juego; Rial hizo algo similar en la antigua Copa de Europa), encauzaron una cita en donde sólo cabía un final: victoria del Real Madrid. Con estos tres puntos, sumados a la derrota del Brujas, el conjunto blanco tiene en su mano el billete de los octavos.

De repente, de manera sorpresiva, en una noche bastante gélida, el Santiago Bernabéu retrocedió 25 años en el tiempo. Entonces, en los comienzos de los años noventa, debutaba Raúl González. Su irrupción aún se recuerda en el templo de Chamartín. El resto es historia, con tres Champions League en sus vitrinas y otras muchas plusmarcas. Una época. Esa misma época que buscará alcanzar otro joven, un tímido y obediente Rodrygo. El Santiago Bernabéu, en su competición estrella, en una cita de Champions League, comprobó que tiene un diamante en Rodrygo. Que tiene ante sí a un futbolista con unas magníficas cualidades técnicas y tácticas; y capaz de trabajar a destajo. Y de hacer un fútbol sencillo y de ágiles resoluciones. Que el brasileño ha aparecido a la misma velocidad como lo hizo Raúl; tanto que algunos abren con razón el álbum de los recuerdos y comparaciones. Los hechos respaldan estos pensamientos.

En dos minutos, dos goles de calidad de Rodrygo. El primero de gran belleza técnica; el segundo de verdadero definidor e inteligencia. Porque el brasileño, a un centro de Marcelo, controló el esférico con el pecho, lo orientó con criterio, con un regate sentó a dos defensas e imprimió un disparo con efecto pegado al poste. Golazo indiscutible. Pero faltaba más. A la jugada siguiente, otro centro templado de Marcelo lo remató Rodrygo a la red con un preciso giro de cabeza. Un salto medido y bien ubicado entre dos defensas. Ni se enteraron. Inteligencia pura. Y faltaba otro toque. Ese toque que también tenía Raúl González: el estar atento al error del contrario. Nagatomo erró en un control y pase posterior y Rodrygo no desaprovechó el obsequio. Rápida carrera y asistencia medida a Benzema. El francés anotó el cuarto a placer, convirtiéndose en el segundo jugador en marcar en 15 temporadas seguidas de la Champions League tras Messi.

Benzema, doblete con historia
Con anterioridad, y después de que el VAR decretase penalti sobre Kroos, Sergio Ramos demostró su control en la ejecución de la suerte de Panenka desde los once metros. Era, por entonces, el minuto 13 de juego y el Real Madrid había sentenciado el encuentro. Y el Santiago Bernabéu coreaba el nombre del imberbe Rodrygo. Otra señal de que el brasileño está bendecido por el exigente público de Chamartín. Y no es para menos. Era la Copa de Europa. Y era la tercera ocasión en la que el brasileño enamoraba a las gradas. Primero fue su tanto, de excelsa calidad, ante Osasuna y, posteriormente, sus dos goles consecutivos ante el Leganés. Un aire fresco a una competición en la que se comenzó con el agua al cuello.

Porque el Real Madrid tuvo un encuentro plácido, de absoluto gobierno de principio a fin. Fútbol de toque y buenas acciones. Un triunfo y una goleada que aportarán una inyección positiva de cara a los próximos compromisos. Encuentros así sirven de impulso en seguridad y confianza, aunque enfrente estuviera el Galatasary, un dócil equipo turco repleto de jugadores con un pasado relevante, pero un presente decadente cuando se traspasan las fronteras de la bella ciudad de Estambul (no gana fuera de cada desde 2013 cuando derrotaron al Schalke). Con todo resuelto, el segundo tiempo resultó más relajado, no exento de alguna acción de campanillas de Benzema antes de firmar su segundo tanto (con el que supera a Di Stéfano en goles europeos, al marcar 50 tantos) tras una rápida combinación de Modric y Carvajal. Con los octavos más cerca, y ya en el descuento y a pase de Benzema, Rodrygo puso su rúbrica al encuentro con su tercer tanto. Otro guiño con Raúl: el brasileño (18 años y 301 días) es el segundo jugador más joven en marcar un 'hat-trick' en toda la historia de la Champions tras Raúl, que lo hizo ante el Ferencváros en octubre de 1995 (18 años y 113). El público se marchó saboreando la sobresaliente actuación de Rodrygo. Una estrella había brillado en un Santiago Bernabéu de Champions.

Artículos del autor

Fue un Real Madrid centrado en defensa; un Real Madrid sin administrar fuerzas en la presión, tan asfixiante como ordenada; un Real Madrid muy ofensivo, con desbordes en bandas y muy asociativo entre todas sus líneas; un Real Madrid veloz en el toque del esférico; un Real Madrid con todo su arsenal de cara a portería (sus dos primeros disparos acabaron en la red); un Real Madrid, en definitiva, muy completo.

Se salvó una crisis; y se constató que era un Real Madrid, nuevamente, inestable: defensa escasa y sin fluidez ofensiva (15 puntos en el tercer cuarto).

Los minutos siguientes dejaron un atasco de dimensiones descomunales en el Real Madrid: 9 puntos en poco más de 7 minutos.

Pero este pensamiento se diluye en cuanto confluyen el Real Madrid y el Barcelona.

Avalancha de puntos y baloncesto de altos vuelos. Así se resume el excelente encuentro trenzado por el Real Madrid. Con ello, obtuvo, no ya una victoria tan aplastante como convincente ante Fuenlabrada, sino la recompensa de defender su corona de campeón de la Supercopa de España.

De lo contrario, los elogios serían, y también deben ser pese a la derrota, para un inspirado Marinkovic (17 puntos) y Brock (10 puntos), los más destacados de un Valencia que sucumbió al talento del Barcelona.

El Valladolid se despojó de sus ataduras, al tenerlo todo perdido, y no sólo empató el encuentro (seis minutos después) sino que destapó que este Real Madrid aún tiene trabajo defensivo en el que mejorar.

 
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