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José María Blázquez
El día de la marmota
José María Blázquez nació en Lugo en 1982, pero no ha parado de moverse por toda la geografía española y europea. Se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Estudió Media Design en la Nuova Accademia di Belle Arti en Milán y posteriormente un Máster en Ficción en Cine y Televisión en la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Además, está terminando la licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en Granada y está preparando su tesis doctoral. Tiene publicaciones y ha obtenido premios en distintos soportes literarios y audiovisuales.

Ha trabajado como director y guionista en diferentes cortometrajes, vídeos promocionales, corporativos y otros proyectos audiovisuales. Participó en la organización y cobertura de varios eventos nacionales e internacionales. Del mismo modo ha realizado exposiciones, ha colaborado en programas de radio y en proyectos audiovisuales de terceros, ha escrito crítica cinematográfica y relatos cortos… Todo ello, fruto de una curiosidad enfermiza que le hace interesarse por todos los ámbitos de la cultura y de sus diferentes estratos. Actualmente es profesor en la Universidad de Valladolid.
José María Blázquez
Últimos textos publicados
Prometheus
Un día en el cine con Ridley Scott
Hace ya más de una semana que fui al estreno de ‘Prometheus’ en Estados Unidos. Esta película ha sido considerada junto con ‘Batman: The dark knight rises’ (que se estrenará en 20 de Julio) y ‘The Avengers’, las películas más esperadas de este año por el gran público. He de admitir que acudí al cine con cierto recelo. Ridley Scott es capaz de lo mejor y de lo peor, capaz de desacreditar a sus guionistas y mostrar cierta dejadez en los rodajes, pero sacando un producto curioso adelante. No obstante, tenía todavía bastante fresca la decepción que me supuso ‘The Avengers’, que incomprensiblemente ha recibido una nota altísima en IMDb, así que me lo tomé con cautela.

‘Prometheus’ no debe de ser entendida como una precuela de ’Alien’ al uso. De no ser así, nos daríamos cuenta de que la historia hace aguas en ciertos puntos. Lo que nos cuenta esta película es la búsqueda, por parte de una expedición espacial, del origen de la humanidad. El descubrimiento de unos hallazgos en el planeta tierra a finales de este siglo, hace posible localizar en el universo un planeta donde, supuestamente, podrían provenir los ‘padres fundadores’ de la vida en la tierra. Con un planteamiento similar a ‘Galactica’, nos sumergimos en una historia de gran profundidad donde queda patente lo que el hombre es capaz de hacer para justificar sus objetivos. En este sentido, la película funciona como un reloj. Con un inicio un poco flojo donde Scott se le va la mano con las nuevas tecnologías (recordemos que una parte muy descriptiva de Alien del propio Scott y de James Cameron es el comienzo, con la nave vacía, donde la cámara se mueve como un ente silencioso mostrándonos detalles que nos avanzan el tipo de película que vamos a ver), abusa de la tecnología digital y se olvida que, en su anterior película, los androides también soñaban con ovejas mecánicas en vez de pasear por la nave, donde las primeras imágenes no son concluyentes de cara al planteamiento final y donde, por otro lado, crea más preguntas que respuestas. Y esto último es bueno.

No obstante, Scott decide mantener una estructura similar al resto de las películas de la saga, poniéndole más ritmo que en su primera tentativa y haciéndolo de manera muy efectiva. No obstante, no se parece a ninguna de sus predecesoras. Aquí, el ‘bicho’ no es el centro de atención. Precisamente, es el propio ‘hombre’ el que desencadena una serie de desastres que originan su extinción. Y será, el propio ser humano quien tendrá que luchar por la supervivencia de su especie, en un campo ajeno, para enmendar sus errores. En esa línea ‘Prometheus’ es, sin lugar a dudas, una gran película. Además, en mi humilde opinión, tiene una de las escenas más intensas del cine de ciencia ficción y terror de los últimos años, en la que pese a la belleza de la puesta en escena, uno no puede dejar de entornar la mirada por la crudeza de la misma. Y, esta vez sí, no funciona como simple ornamento (como si lo hace Charlize), sino que tiene repercusión y trascendencia sobre lo que está por venir. Estas decisiones definen a los buenos guionistas.

Curiosamente, la película llega a las carteleras (en agosto en España) en un año importante de cara a los orígenes fundacionales de la vida en nuestro planeta. Basta con hacer un poco de memoria para recordar alguna de las profecías del 2012 donde, se supone, muchas de nuestras preguntas serán respondidas. Realidad o ficción, lo que está claro es que no es una mera coincidencia. En definitiva, ’Prometheus’ es una buena película no apta para todos los espectadores. Los fans de la saga ’Alien’ no saldrán satisfechos del todo, pero para el público en general será una gran experiencia.
domingo, 17 de junio de 2012.
 
"The Hunger Games"
‘Los juegos del hambre’
Dentro de unos días se estrenará en España la adaptación al cine de la primera novela de la trilogía ‘The Hunger Games’ (‘Los juegos del hambre’), de la escritora estadounidense Suzanne Collins. En Estados Unidos está siendo, sin lugar a dudas y con permiso de las películas que están por venir, la sensación del año. Ha batido todos los records de taquilla y durante las semanas de su estreno, hace un mes, los medios de comunicación nos han bombardeado sin cesar con anuncios, reportajes, entrevistas y teasers. Todo lo necesario para convencernos de que nos dejemos el dinero en los cines y, seguidamente, en el merchandishing. Amparado por estos resultados de taquilla y con una historia que ha enganchado a millones de lectores en todo el mundo, Hollywood se está frotando las manos con este gran negocio que le dará, al menos, dos secuelas más. Pero, ¿es ‘The Hunger Games’ tanto como dicen? ¿La adaptación merece realmente la pena?



’The Hunger Games’ como desambiguación.

La narración transcurre en un mundo distópico, donde la nación de Panem ha sido dividida en doce distritos que son dominados por ‘El Capitolio’. Esta ‘institución’ ejerce un gobierno de totalitarismo, control extremo y represión hacia esa docena de empobrecidos sectores que están bajo su dominio y que, en su origen, fueron trece. Precisamente como castigo a la rebelión producida en ese decimotercero, la cual ocasionó su aniquilación, se instauraron lo que se pasó a llamar ‘Los juegos del hambre’. Sus participantes son elegidos anualmente por sorteo entre los diferentes distritos. Cada uno de ellos tendrá dos jóvenes representantes, un chico y una chica, para formar un total de veinticuatro, que se batirán en un combate televisado de muerte y supervivencia sobre una ‘arena’ artificial que simula un bosque, donde sólo uno puede quedar con vida.

En la 74ª edición de este macabro juego, la representante del distrito duodécimo será Katniss Everdeen, una joven huérfana que pasa su tiempo libre entrenando en los bosques, quien se ofrece como voluntaria cuando su hermana es elegida. Su acompañante será Peeta Mellark, un chico débil e inexperto en el combate que, curiosamente, está enamorado de ella. Desde este momento, cada uno de los pasos que darán los concursantes será televisado y evaluado en un reality-show. Los entrenamientos, las entrevistas en los ‘night shows’, las fiestas para convencer a los sponsors,… todo forma parte del entramado para conseguir ser el único superviviente, que no siempre significa ser el más fuerte. Por ello y a sabiendas de que tiene todas las papeletas para ser de los primeros en morir, Peeta opta por intentar ganarse a los espectadores con su ‘carisma’(algo de lo que carece) y, en una confesión al presentador del programa (Stanley Tucci) revela sus sentimientos por Katniss. A partir de ese momento la pareja ganará aún más popularidad, lo que les pondrá en el foco de la atención tanto de aquellos quienes pueden ayudarle como de los que son sus competidores.

Varios son los temas tratados en la novela, todos ellos diluidos en la película, que podrían extrapolarse perfectamente a nuestra situación actual. Un gobierno autoritario que vive en la riqueza y que hace pagar a los empobrecidos ciudadanos por su insubordinación, una completa falta de ética de los medios que convierten cualquier tragedia en espectáculo, la manipulación de los acontecimientos y el pensamiento de las masas,… Sólo podríamos salvar de la comparativa el dilema particular de la pareja, dos amantes que saben que les queda poco tiempo juntos y ‘ninguna’ posibilidad de salir ambos con vida.

‘The Hunger Games’ como pastiche.

Por mucho que la autora de la novela haya afirmado que su fuente de inspiración la encontró en la televisión, un día haciendo zapping, y que le dio forma a través de sus experiencias personales unidas al drama de Teseo, ver la película supone desmontar rápidamente esa teoría. ‘Los juegos del hambre’ es un pastiche de ‘Battle Royale’. No obstante, tan sólo se queda en eso, un vulgar intento de transmitir y sólo revestir. ‘El Capitolio’, institución que ejerce el control sobre la población, es envuelto en una estética cyberpunk (a lo ‘Tank Girl’, ‘El quinto elemento’ u otros tantos referentes del cine japonés del género) que nos recuerda a ‘1984’, ‘V de vendetta’ o, incluso, ‘Distrito 9’. El punto de unión entre el gobierno dictatorial que expone ese ‘juego’ mortal (algo muy convencional en la serie B) a un público como un producto de entretenimiento (como nos hacen a nosotros con ciertos deportes, que si bien no son mortales no dejan de ser ‘opio para el pueblo’) lo encontramos, por ejemplo, en ‘Perseguido’. En esta adaptación de la novela de Stephen King, Arnold Schwarzenegger es un policía injustamente condenado a participar en ‘The Running Man’, un programa televisivo en el que un delincuente tiene la opción de alcanzar la libertad si supera las diferentes pruebas y a sus adversarios durante una competición que tiene por objeto matarle. Nos encontramos las mismas claves: reality show, estado totalitario, juego de vida o muerte, implicaciones emocionales entre adversarios,... Lástima que ‘Los juegos del hambre’ se quede tan lejos de sus referentes.



‘The Hunger Games’ como producto midcult

De acuerdo, ‘Los juegos del hambre’ no es una idea original pero, ¿vale al menos la pena verla? A esta pregunta lanzo yo otra ¿Se acuerdan de la película de ‘Alatriste’? Sí, esa, donde quisieron adaptar todas las novelas en una sola película de dos horas y media y no hicieron otra cosa que crear un ‘coitus interruptus’ constante, donde había poco o nada de ‘coitus’ y mucho de ‘interruptus’. En otras palabras, que pese a haber costado un dineral, está más vacía que el aeropuerto de Castellón. A ‘The Hunger Games’ le pasa algo parecido. Gary Ross ha demostrado que todo esto le quedaba grande. Tras haber escrito y dirigido un par de películas decentes, ‘Seabiscuit, más allá de la leyenda’ y ‘Pleasantville’, se ha visto desbordado queriendo decir demasiado sin decir nada. Y no crean que hace uso del arte de la sugerencia, no. Es que no consigue trasmitir lo más mínimo. Por supuesto, la protagonista es una fuera de serie con el arco que vive un drama familiar que, gracias a Ross, queda completamente anulado. Si a esto le unimos que su ‘enamoramiento’ se nos muestra de lo más forzado y antinatural, pese a que se nos quiera vender como manipulado/incitado por el programa televisivo, es imposible encontrar un atisbo de empatía con ningún personaje. Máxime cuando no conocemos a ningún competidor y, cuando se nos presenta, es para matarlo acto seguido. A la desesperada, el director intenta sacar petróleo del viejo truco de usar a un niño inocente de buen corazón que es ‘consumido’ por las ‘garras’ del odio de otro ser humano. Demasiado tarde, demasiado rápido, todo va a la deriva. El estado totalitario tan sólo muestra su opresión mediante explícitas imágenes represivas, algo insuficiente para transmitir las sensaciones necesarias que deberían envolver el relato. Las implicaciones morales del reality-show se quedan a un lado para mostrarnos lo mezquino que es el Estado provocando el suicidio de quien ayudó a la parejita a salir adelante. La cara visible de esa inhumana institución la pone Donald Sutherland, del que no había visto una interpretación desacertada desde ‘Virus’. Aunque, por otro lado, lo raro sería que lo hiciese bien una persona que lleva 10 años viviendo de las rentas.

En definitiva, esta película, que tiene por objeto el público adolescente que se comió con patatas ‘Crepúsculo’, es como un viejo puzle en el que faltan piezas. Las imágenes serán magníficas pero el contenido está incompleto.
lunes, 16 de abril de 2012.
 
The Shallows
Después de una semana de oscuridad, se hizo la luz
No, no es que haya ocurrido un Apocalipsis donde el sol dejase de brillar (eso no ocurrirá hasta el 21 de diciembre). Se trata de algo mucho menos espectacular a priori, pero que requiere una ardua reflexión que nos llevará hasta los confines más recónditos de la mente humana, a preguntarnos como funciona, como se transforma física y psicológicamente y en qué tipo de sociedad y humanidad nos estamos convirtiendo. El punto de partida fue, como no podía ser de otro modo, estar una semana sin ordenador.

No se tomen a la ligera esto que les expongo, ya que la mayoría de la sociedad ya más que acostumbrada al uso y consumo del new media lo padece. En mi caso, quedaría muy interesante decir que fue un experimento preparado y planificado en el que tome la decisión en plenas facultades mentales de alejarme de esta tecnología… no les voy a quitar la ilusión, así que piensen lo que quieran. Lo que realmente nos importa aquí no son los hechos transcurridos durante ese periodo, en el que me surgieron todo tipo de necesidades que normalmente, por tener la oportunidad de hacerlas, inhibo (como un exacerbado deseo por escribir). Exagerar queda más poético (y español), así que ahí queda eso. Lo relevante es, precisamente, ahondar en nuestra evolución como seres “analógicos” hasta el punto actual, como una sociedad de la era digital.



Mi primera experiencia datada (en mi olvidadiza memoria) con un ordenador se remonta a los once años. Esta sucedió, como no podía ser de otro modo, en casa de un amigo de la infancia. Recuerdo observar ese monitor enorme, de catorce pulgadas, con incredulidad y extrañeza. Conseguí mi primer ordenador a los catorce años, un Pentium 166. No obstante, ya llevaba tiempo manejándolos en el colegio. Tuvimos la suerte de tener unos 286 con discos flexibles en cada clase (que acabaron reutilizándose como frisbees) y unos Pentium 100 en las aulas de informática. Siempre fui un chaval con gran curiosidad y paciencia para desentrañar los misterios de ese aparato que tenía delante de mí y de otros tantos más misterios sin resolver que acaecieron en mi tierna adolescencia. El ensayo y error fue mi mejor maestro. Me pasaba las horas leyendo ávidamente (e instalando la multitud de disquetes que significaba antes tener un programa). Varios sistemas operativos y ordenadores después, no me reconozco. Pero eso, lejos de ser otro de esos misterios sin resolver, tiene una explicación científica.

El cerebro humano es una maquinaria adaptable. Es cierto que hasta la pubertad funcionamos como esponjas, aprendemos rápidamente y que a partir de ahí todo se vuelve cuesta arriba. Pero no lo es, por ejemplo, que perdamos esa facultad con el tiempo. La creación de nuevas conexiones por parte de las distintas partes de nuestro cerebro siempre permanece activa. La práctica reiterada de un hábito produce que las viejas conexiones se pierdan y otras nuevas se creen. En otras palabras, antes éramos capaces de mantener nuestra atención durante un tiempo muy prologado en la lectura, la documentación y el análisis. Eso se ha ido perdiendo. Ahora leemos en diagonal, buscamos las palabras claves y hacemos operaciones con extrema rapidez. Nuestra forma de leer ha cambiado. Cada vez somos más incapaces de digerir un artículo largo (así que intentaré tomar nota e ir abreviando). En palabras de Joe O’Shea de la Florida State University, los niños de la ‘Generation Net’, los que han crecido con un router bajo el brazo, no leen necesariamente de izquierda a derecha y de arriba abajo. Como bien decía un buen amigo, ser un slow learner no es algo malo, era una forma de retener conocimientos y analizar contenidos. Pero no van por ahí los tiros. No es una crítica a la sociedad de la información que por perseguir la exclusiva no contrasta la noticia, la pérdida de ética con el copy-paste que nos lleva a los refritos y, en el peor de los casos, al plagio; y tampoco lo es a otros problemas similares existentes como el fast food audiovisual por productos de calidad o la maxificación y democratización del medio en una tendencia autodestructiva. Estos son, en efecto, problemas relacionados o daños colaterales que sería mejor tratar con más calma. En este caso prefiero centrarme en la capacidad de adaptación de nuestro cerebro, de un ser humano cada vez más incapaz de sobrevivir fuera de la burbuja tecnológica de la wikinomía. No cabe duda de que nuestra forma de pensar también ha cambiado.

Si una Malling-Hansen Writing Ball cambió los hábitos de escritura de Friedrich Nietzche, a la vez que le permitió seguir publicando a pesar de sus problemas de vista, el ordenador e internet ha hecho lo mismo con nosotros. Pero no sólo en el aspecto psicológico. Precisamente, este artículo toma prestado el nombre a uno de los libros que habla sobre esta afección o punto de inflexión que hemos sufrido con la llegada de internet. Nicholas Carr, su autor, nos desmiente algunas creencias con ejemplos. El cerebro puede ser reprogramado, al igual que un ordenador. Esto quiere decir, que la pérdida de una habilidad no exime (ni implica) de la ganancia de otra o de la no capacidad de poder recobrarla en un futuro. El cerebro es un músculo y, como tal, puede ejercitarse. Del mismo modo y de acuerdo con las investigaciones del Premio Nobel Eric Kandel, las neuronas pueden crear nuevas conexiones sinápticas potenciando ciertos sentidos (como ocurre con ciertas personas privadas de alguno de ellos o que han sufrido la amputación de alguno de los miembros) o la inhibición de ciertas afecciones o dolores con una pequeña cantidad de entrenamiento para ser automatizadas por el cerebro.

Si es cierto aquello de que un gran pulso electromagnético va a llegar del sol a lo largo del 2013 y que dejará inservible cualquier aparato electrónico, yo les lanzo dos pequeños consejos: vayan preparándose entrenando a su cerebro y miren bien en qué se gastan el dinero (al menos, si compran tecnología, que tenga una buena garantía). Aunque, bien mirado, si el fin del mundo ocurrirá dentro de 9 meses, ¿a quién le importa?
lunes, 12 de marzo de 2012.
 
 
Watanegui consup
Con la Ley S.O.P.A. hasta en la sopa
domingo, 29 de enero de 2012.
 
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Decálogo de cinco grandes errores para dinamitar una serie
domingo, 6 de noviembre de 2011.
 
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Super 8
miércoles, 24 de agosto de 2011.
 
Product Placement
La publicidad encubierta
miércoles, 10 de agosto de 2011.
 
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Nuevas formas de financiación para los tiempos que corren
miércoles, 3 de agosto de 2011.
 
Comic-Con
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martes, 26 de julio de 2011.
 
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El último invento de Pixar
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lunes, 11 de julio de 2011.
 
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'Spoiler Man’, el gran villano de la cultura
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Crossovers del ‘VS’
domingo, 26 de junio de 2011.
 
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-Nosotros también copiamos… y mucho-
martes, 21 de junio de 2011.
 
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-The human centripede-
lunes, 13 de junio de 2011.
 
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El mayo de la revolución
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lunes, 30 de mayo de 2011.
 
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Los piratas no sólo están en el Caribe
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¿Compartiendo vivencias o creando crispación?
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Moby Dick
A la caza de la ballena blanca
sábado, 7 de mayo de 2011.
 
Fracturas
Conspiraciones de andar por casa
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Algo huele a podrido
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domingo, 24 de abril de 2011.
 
El Cuervo
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Entre nórdicos y superhéroes
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viernes, 8 de abril de 2011.
 
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La mujer indomable
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domingo, 27 de marzo de 2011.
 
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lunes, 21 de marzo de 2011.
 
Archivo
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06/03/2011 ‘What's wrong with you?’
27/02/2011 ‘¡Quieto todo el mundo!’
18/02/2011 Rebelión a bordo
13/02/2011 ‘Los fantasmas de (los) Goya’
07/02/2011 ‘Crêpes’
05/02/2011 ‘Crêpes’
28/01/2011 ‘Días Extraños’
22/01/2011 ‘Meet Ricky Gervais’
15/01/2011 ‘Human Nature’
08/01/2011 Bienvenidos a Zombieland
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