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Cine
Etiquetas:   Crítica de cine  

"The Hunger Games"

‘Los juegos del hambre’
José María Blázquez
lunes, 16 de abril de 2012, 09:20 h (CET)
Dentro de unos días se estrenará en España la adaptación al cine de la primera novela de la trilogía ‘The Hunger Games’ (‘Los juegos del hambre’), de la escritora estadounidense Suzanne Collins. En Estados Unidos está siendo, sin lugar a dudas y con permiso de las películas que están por venir, la sensación del año. Ha batido todos los records de taquilla y durante las semanas de su estreno, hace un mes, los medios de comunicación nos han bombardeado sin cesar con anuncios, reportajes, entrevistas y teasers. Todo lo necesario para convencernos de que nos dejemos el dinero en los cines y, seguidamente, en el merchandishing. Amparado por estos resultados de taquilla y con una historia que ha enganchado a millones de lectores en todo el mundo, Hollywood se está frotando las manos con este gran negocio que le dará, al menos, dos secuelas más. Pero, ¿es ‘The Hunger Games’ tanto como dicen? ¿La adaptación merece realmente la pena?



’The Hunger Games’ como desambiguación.

La narración transcurre en un mundo distópico, donde la nación de Panem ha sido dividida en doce distritos que son dominados por ‘El Capitolio’. Esta ‘institución’ ejerce un gobierno de totalitarismo, control extremo y represión hacia esa docena de empobrecidos sectores que están bajo su dominio y que, en su origen, fueron trece. Precisamente como castigo a la rebelión producida en ese decimotercero, la cual ocasionó su aniquilación, se instauraron lo que se pasó a llamar ‘Los juegos del hambre’. Sus participantes son elegidos anualmente por sorteo entre los diferentes distritos. Cada uno de ellos tendrá dos jóvenes representantes, un chico y una chica, para formar un total de veinticuatro, que se batirán en un combate televisado de muerte y supervivencia sobre una ‘arena’ artificial que simula un bosque, donde sólo uno puede quedar con vida.

En la 74ª edición de este macabro juego, la representante del distrito duodécimo será Katniss Everdeen, una joven huérfana que pasa su tiempo libre entrenando en los bosques, quien se ofrece como voluntaria cuando su hermana es elegida. Su acompañante será Peeta Mellark, un chico débil e inexperto en el combate que, curiosamente, está enamorado de ella. Desde este momento, cada uno de los pasos que darán los concursantes será televisado y evaluado en un reality-show. Los entrenamientos, las entrevistas en los ‘night shows’, las fiestas para convencer a los sponsors,… todo forma parte del entramado para conseguir ser el único superviviente, que no siempre significa ser el más fuerte. Por ello y a sabiendas de que tiene todas las papeletas para ser de los primeros en morir, Peeta opta por intentar ganarse a los espectadores con su ‘carisma’(algo de lo que carece) y, en una confesión al presentador del programa (Stanley Tucci) revela sus sentimientos por Katniss. A partir de ese momento la pareja ganará aún más popularidad, lo que les pondrá en el foco de la atención tanto de aquellos quienes pueden ayudarle como de los que son sus competidores.

Varios son los temas tratados en la novela, todos ellos diluidos en la película, que podrían extrapolarse perfectamente a nuestra situación actual. Un gobierno autoritario que vive en la riqueza y que hace pagar a los empobrecidos ciudadanos por su insubordinación, una completa falta de ética de los medios que convierten cualquier tragedia en espectáculo, la manipulación de los acontecimientos y el pensamiento de las masas,… Sólo podríamos salvar de la comparativa el dilema particular de la pareja, dos amantes que saben que les queda poco tiempo juntos y ‘ninguna’ posibilidad de salir ambos con vida.

‘The Hunger Games’ como pastiche.

Por mucho que la autora de la novela haya afirmado que su fuente de inspiración la encontró en la televisión, un día haciendo zapping, y que le dio forma a través de sus experiencias personales unidas al drama de Teseo, ver la película supone desmontar rápidamente esa teoría. ‘Los juegos del hambre’ es un pastiche de ‘Battle Royale’. No obstante, tan sólo se queda en eso, un vulgar intento de transmitir y sólo revestir. ‘El Capitolio’, institución que ejerce el control sobre la población, es envuelto en una estética cyberpunk (a lo ‘Tank Girl’, ‘El quinto elemento’ u otros tantos referentes del cine japonés del género) que nos recuerda a ‘1984’, ‘V de vendetta’ o, incluso, ‘Distrito 9’. El punto de unión entre el gobierno dictatorial que expone ese ‘juego’ mortal (algo muy convencional en la serie B) a un público como un producto de entretenimiento (como nos hacen a nosotros con ciertos deportes, que si bien no son mortales no dejan de ser ‘opio para el pueblo’) lo encontramos, por ejemplo, en ‘Perseguido’. En esta adaptación de la novela de Stephen King, Arnold Schwarzenegger es un policía injustamente condenado a participar en ‘The Running Man’, un programa televisivo en el que un delincuente tiene la opción de alcanzar la libertad si supera las diferentes pruebas y a sus adversarios durante una competición que tiene por objeto matarle. Nos encontramos las mismas claves: reality show, estado totalitario, juego de vida o muerte, implicaciones emocionales entre adversarios,... Lástima que ‘Los juegos del hambre’ se quede tan lejos de sus referentes.



‘The Hunger Games’ como producto midcult

De acuerdo, ‘Los juegos del hambre’ no es una idea original pero, ¿vale al menos la pena verla? A esta pregunta lanzo yo otra ¿Se acuerdan de la película de ‘Alatriste’? Sí, esa, donde quisieron adaptar todas las novelas en una sola película de dos horas y media y no hicieron otra cosa que crear un ‘coitus interruptus’ constante, donde había poco o nada de ‘coitus’ y mucho de ‘interruptus’. En otras palabras, que pese a haber costado un dineral, está más vacía que el aeropuerto de Castellón. A ‘The Hunger Games’ le pasa algo parecido. Gary Ross ha demostrado que todo esto le quedaba grande. Tras haber escrito y dirigido un par de películas decentes, ‘Seabiscuit, más allá de la leyenda’ y ‘Pleasantville’, se ha visto desbordado queriendo decir demasiado sin decir nada. Y no crean que hace uso del arte de la sugerencia, no. Es que no consigue trasmitir lo más mínimo. Por supuesto, la protagonista es una fuera de serie con el arco que vive un drama familiar que, gracias a Ross, queda completamente anulado. Si a esto le unimos que su ‘enamoramiento’ se nos muestra de lo más forzado y antinatural, pese a que se nos quiera vender como manipulado/incitado por el programa televisivo, es imposible encontrar un atisbo de empatía con ningún personaje. Máxime cuando no conocemos a ningún competidor y, cuando se nos presenta, es para matarlo acto seguido. A la desesperada, el director intenta sacar petróleo del viejo truco de usar a un niño inocente de buen corazón que es ‘consumido’ por las ‘garras’ del odio de otro ser humano. Demasiado tarde, demasiado rápido, todo va a la deriva. El estado totalitario tan sólo muestra su opresión mediante explícitas imágenes represivas, algo insuficiente para transmitir las sensaciones necesarias que deberían envolver el relato. Las implicaciones morales del reality-show se quedan a un lado para mostrarnos lo mezquino que es el Estado provocando el suicidio de quien ayudó a la parejita a salir adelante. La cara visible de esa inhumana institución la pone Donald Sutherland, del que no había visto una interpretación desacertada desde ‘Virus’. Aunque, por otro lado, lo raro sería que lo hiciese bien una persona que lleva 10 años viviendo de las rentas.

En definitiva, esta película, que tiene por objeto el público adolescente que se comió con patatas ‘Crepúsculo’, es como un viejo puzle en el que faltan piezas. Las imágenes serán magníficas pero el contenido está incompleto.
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