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Iria Bouzas Álvarez
Iria Bouzas Álvarez
Más allá de los desnudos incomprensibles, FEMEN es un chiste malo. No son más que un grupo de niñatas gritonas que empañan la verdadera lucha por la igualdad
La lucha por los derechos de la mujer, como cualquier lucha por los derechos civiles, es una historia llena de personas valientes y comprometidas que nos han regalado a las generaciones actuales un mundo un poco mejor de lo que ellos se encontraron.

Cuando pienso en el feminismo pienso en una mujer inteligente y valiente como Clara Campoamor. Pienso en rebeldes e inconformistas como las sufragistas de principios del S.XX que no se conformaron con su posición de ciudadanas de segunda y lucharon por tener derecho a algo fundamental en cualquier sociedad democrática libre, el derecho a votar.

Pero cuando pienso en feminismo también pienso en los hombres. Hombres como mi abuelo Antonio, que pese a haber nacido a principios del S.XX y haber sido militar de carrera en una sociedad muy distinta a la actual, asumió como algo normal que entre sus obligaciones diarias se encontrasen el cocinar, limpiar o salir a hacer la compra.

El feminismo no es una lucha privativa de las mujeres. La mitad de la humanidad somos mujeres y la otra mitad son hombres, así que la igualdad sólo puede venir de la colaboración y la lucha en equipo de ambos sexos.

A las mujeres, en general, nos produce rechazo FEMEN porque hacen un espectáculo ridículo y chabacano de unas reivindicaciones legítimas por las que muchas personas, mujeres y hombres, han trabajado a brazo partido en nuestra historia reciente.

Más allá de los desnudos incomprensibles, FEMEN es un chiste malo. No son más que un grupo de niñatas gritonas que empañan la verdadera lucha por la igualdad.

Un grupo de jovencitas medio desnudas, encantadas de haberse conocido que se dedican a reducir la lucha feminista a cinco minutos de gloria televisiva sin preocuparse de nada más, a mí como mujer, no sólo no me representan, es que me producen un inmenso rechazo.

Feministas somos las mujeres que nos levantamos cada mañana para hacer nuestros proyectos de vida sin sentirnos ni más ni menos que nadie. Feministas somos las mujeres que cuando tenemos enfrente un obstáculo sólo por el hecho de ser mujeres, lo derribamos.

Feministas son los hombres que ven a las mujeres como un igual. Los hombres que se han librado de complejos arcaicos y absurdos. Los hombres que educan a sus hijas para potenciar todo su valor intrínseco como personas.

Feministas son las organizaciones que trabajan en países donde las mujeres se ven todavía como seres humanos de segunda categoría. Donde son violadas, esclavizadas, maltratadas y asesinadas sin que nadie levante la voz.

Si estas señoras de FEMEN quieren sacarse la camiseta, pintarse frases ridículas, salir a montar escándalos y tener un ratito de atención de los medios de comunicación, están en su derecho a hacerlo. Pero que no lo hagan ni en nombre de las mujeres, ni en nombre de feminismo porque no tienen derecho a ensuciar una lucha tan digna como esta.

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