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Iria Bouzas Álvarez
Iria Bouzas Álvarez
Para Puigdemont y todo su partido, no hay ni un ápice de creencia legítima en lo que están haciendo
¡Niños sirios! Es lo que se me viene a la cabeza cada vez que leo o veo al señor Puigdemont montando el numerito en Bruselas amagando con la posibilidad de pedir asilo político. Invaden mi mente los cientos de imágenes que hemos visto a lo largo de los últimos años. Familias sirias escapando sin nada, salvo desesperación, del horror de la guerra y la destrucción.

Esas imágenes son casi insoportables para cualquier corazón éticamente sano, sobre todo cuando nos fijamos en la cara de esos niños que llevan a su lado. Pequeños cansados, asustados e indefensos ante un mundo de adultos indecentes e inhumanos.

No hay patria, proyecto, idea o cabezonería que justifique lo que está haciendo el nada honorable señor Puigdemont. Hace tiempo que sus ridiculeces y numeritos dejaron de tener gracia si es que alguna vez tuvieron alguna.

No me cabe duda de que para Puigdemont y todo su partido, no hay ni un ápice de creencia legítima en lo que están haciendo. Son sólo un montón de políticos que no han sabido ganarse la vida fuera del sistema de partidos y que han empezado una pelea por algo en lo que no creían pero que les mantenía en el poder y que ahora, no tienen ni idea de cómo parar.

“Puigdemont & Co” no son más que una suerte muy floja de faranduleros de medio pelo que necesitan seguir manteniendo al público atento a su espectáculo. Condenados a seguir subidos en las tablas del teatro, día tras día sin parar, porque en el momento en el que lo hagan. En el momento en el que paren, saben que los espectadores comprenderán que toda su puesta en escena no era más que humo y entonces, estarán perdidos.

Cuando te comportas como un adolescente protestón y malcriado, como en este caso, corres el riesgo de no medir bien y pasarte de la raya.

El expresidente de la Generalitat y su séquito de apoltronados han pasado ya incontables rayas, han roto la convivencia entre ciudadanos, han desesperado a un país con sus ridiculeces, han comprometido el futuro económico de una región entera y todo esto, por unos intereses personales muy mediocres que lejos están de ningún sentimiento real nacionalista.

Todo esto es reprobable y moralmente cuestionable. Pero ir a Bruselas sembrando la posibilidad de pedir asilo político, poniéndose así al mismo nivel que los expatriados de guerras, persecución y muerte es, con mucho, una de las actitudes morales más repugnantes que he visto por parte de un político en mucho tiempo.

Si de verdad hay independentistas que quieren construir un país liderado por esperpentos éticos de semejante calibre, es para plantearse seriamente la viabilidad de la especie humana en el futuro inmediato.

Periodistas, políticos, gestores, opinadores. Todos estamos pendientes de cuál va a ser el próximo numerito que nos van a ofrecer” Puigdemont y amigos”.

Desde ahora mismo servidora se niega.

No pienso dedicar un minuto más de mi energía vital a un indecente moral que es capaz de utilizar tan indecorosamente una figura imprescindible como es la del refugiado político sin que se le revuelva la conciencia ni durante dos segundos si quiera.

Desde hoy la que pide asilo moral del señor Puigdemont soy yo.

¡Hasta aquí hemos llegado!

Artículos del autor

Mi querido abuelo Antonio, que en paz descanse, estuvo durante años viendo un culebrón que en España se emitió en los años 90 y que se llamaba “Santa Bárbara”, imagino que muchos de ustedes todavía lo recordarán.
Decía Antonio Machado esog de que “Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza” y aunque no seré yo quien juzgue el tamaño de la cabeza de esta señora de tan delicados modales, ella misma ha dejado patente que no está dispuesta a hacer un uso demasiado intenso del contenido de la misma.
Mi reloj Casio con diseño de los 80, además de friki, es digital. Pero hoy no sé por qué, no deja de sonar como lo haría uno de agujas. Me dice, “tic, tac” continuamente.
Algo no va bien en la organización social que nos hemos construido.
Tenía un cristal enorme a modo de escaparate donde durante muchísimos años, estuvieron siempre expuestos, bajo una gran capa de polvo, los mismos libros amarilleados por la luz del sol.

Este también es el año en el que yo he entrado en la cuarentena y necesitaba decirte que llevas 40 años dándome tanto que aunque los dos llegásemos a los 300 años (y espero que al menos tú lo hagas), no tendría tiempo para darte las gracias por todo lo que significas en mi vida.

El President, no es tan President, cuando desde el principio de los tiempos democráticos su definición no es más que la de ser “ El representante ordinario del Estado español en Cataluña)” Y el referéndum no es tan referéndum, cuando han puesto el límite de su legitimidad en una participación del 30%.

Las explicaciones en el caso de Rajoy siempre son supuestas, porque da igual el tema de la comparecencia, da igual lo que le pregunten y da exactamente igual lo que inquiete a los ciudadanos, él irá a contar lo que le dé la real gana y saldrá de allí entre los aplausos emocionados de sus colegas de bancada.

 
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