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Gema Acevedo
Gema Acevedo
La sociedad y el mundo de la empresa debe de dejar de ver al ámbito periodístico como un simple instrumento de poder, como una vulgar fábrica de beneficios económicos y políticos
La coyuntura económica es la peor en décadas y parte del sistema político está corrompido. Mientras, la sociedad grita en silencio impotente ante todo cuanto le rodea. Las cifras son de pánico. Bancos, multinacionales, supermercados. La crisis ya no afecta sólo al pequeño comercio. Hace tiempo que las grandes compañías experimentan en sus propias carnes el miedo y la incertidumbre ante cuentas en negativo, números que no salen e inversiones fallidas. Los impagos afectan hoy en día a prácticamente todas las empresas, y por supuesto, los grandes grupos periodísticos no se salvan de la sangría. ERES, periódicos que cierran, vertiginosas cifras de paro que asustan día tras día al ciudadano…

Y todo esto, ¿Quién se lo cuenta? Se lo cuento yo, se lo cuentan ellos, se lo contamos los periodistas. Esperamos durante horas de pie. Corremos por unas declaraciones. Nos palpita el corazón cuando escuchamos las palabras “última hora”. Aceptamos trabajar en precario porque amamos nuestro trabajo y porque queremos ser felices haciendo lo que más nos gusta que es contarle a usted todo cuanto pasa. Aceptamos las duras condiciones que muchas veces se nos imponen porque se debe contar, porque lo tenemos que contar.

Pero todo tiene un límite. Y ahora, casi cuatro años después de que comenzara esta feroz crisis, los periodistas decimos basta. Porque cerca de 6000 profesionales de la comunicación se han quedado sin trabajo desde 2009, siendo el periodismo uno de los colectivos más castigados durante los últimos años. Es complicado, pero la sociedad y el mundo de la empresa debe de dejar de ver al ámbito periodístico como un simple instrumento de poder, como una vulgar fábrica de beneficios económicos y políticos. Y somos los propios periodistas quienes más debemos contribuir a que esto cambie. Porque sin periodistas, no habrá periodismo y, sin periodismo no habrá democracia.

Y ante esta situación, y con motivo del Día de la Libertad de Prensa, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España FAPE organiza el próximo 3 de mayo un acto reivindicativo por la libertad de prensa y el derecho a la información. Distintas ciudades españolas se unirán a la concentración. En Valencia, Mujeres Periodistas del Mediterráneo y distintas asociaciones convocan a manifestarse por un derecho tan básico como la libertad de prensa.

Por todo ello, y por la reivindicación de un periodismo social, de servicio, libre y sin ataduras de ningún tipo, es fundamental que periodistas y ciudadanos salgamos a la calle el 3 de mayo. Por la prensa, por el derecho a informar y por el derecho a ser informado. 

Artículos del autor

Mi primera reacción fue de asombro. Sorprende leer en un medio de comunicación con una marcada línea editorial, palabras críticas hacia los políticos que meses atrás sólo habían recibido sus elogios. La mía, como la de muchos, fue una reacción de asombro unida a un sentimiento de gratitud.
Van a pensar ustedes que soy un poco pesada con esto de las redes sociales pero es que de verdad, el tema da para mucho. Si hace un par de semanas dedicaba mi columna a los intrusos que arruinan la imagen corporativa de una empresa por la mala gestión de sus páginas en las redes sociales, hoy es el turno de todos aquellos que utilizan sus perfiles en Facebook, Twitter y demás, de manera totalmente irresponsable. Y créanme, son muchos.
Glamour. Elegancia. Saber estar. Movimientos delicados que articulan brazos y piernas que llegan al infinito. Rostros pálidos maquillados a la perfección que conjuntan con las últimas creaciones de diseñadores venidos de toda España. Música. Focos. Flashes.
El Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias vuelve a ser por unos días epicentro de moda en Valencia. Junto a composiciones atrevidas y tacones de vértigo, los recortes y el bajo presupuesto protagonizan una pasarela que lucha por sobrevivir y no morir en el intento.
Que la profesión periodística no atraviesa su mejor momento es un hecho conocido por todos. En la Comunidad Valenciana, como en muchas otras comunidades de España, televisiones, radios y periódicos están cerrando sus redacciones ante la imposibilidad de continuar obteniendo beneficios de una actividad imprescindible desde que el mundo es mundo.
Rodeado de sus más fieles asesores, y con el apoyo de los que serán sus ministros, el gobierno popular tiene ante sí un reto que se presenta más que difícil. Debe reconstruir, en el menor tiempo posible, la economía de un país fuertemente castigado por la crisis.
La obra es una nueva adaptación del texto de John Boynton Priestley, esta vez bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente, en la que se representa una "metáfora de Occidente" en una época "de crisis".La obra plantea que el ser humano es un "proyecto en continua construcción" y refleja la obsesión por la teoría que dice que "el tiempo no es lineal y que pasado, presente y futuro suceden a la vez".
Valencia. Teatro Principal. Una obra y diez protagonistas. Junto a ellos grandes profesionales ultiman todo tipo de detalles antes del comienzo de la función. Escuchamos voces, risas. Vemos carreras. Faltan minutos para que los actores den un salto en el tiempo y nos trasladen junto a ellos a comienzos del siglo XX. Son la familia Conway y protagonizan el clásico de Priestley El Tiempo y los Conway. Entre todos ellos, dos caras muy conocidas, las de Luisa Martín y Alejandro Tous.
 
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