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La arqueóloga Rebecca Wragg subraya que "todos tenemos algo de los neandertales, de su herencia"

Agencias
@DiarioSigloXXI
jueves, 14 de octubre de 2021, 12:21 h (CET)

MADRID, 14 (SERVIMEDIA)


La arqueóloga Rebecca Wragg sostiene que "todos tenemos algo de los neandertales, de su herencia”, al contrario de lo que creían los científicos en el pasado cuando los estudios sostenía que solo los eurasiáticos tenían restos de su ADN.


Lo hizo en una entrevista concedida a Servimedia con motivo de la presentación de su libro ‘Neandertales: la vida, el amor, la muerte y el arte en nuestros primos lejanos’, publicado por geoPlaneta.


Eexplicó que el punto de inflexión en cuanto al conocimiento de los neandertales se produjo hace una década con la detección de su ADN, ya que esto permite a los científicos “demostrar los cruzamientos de esta especie con los ‘homo sapiens’”, hecho que, según indicó, “no sucedió una vez sino muchas veces a lo largo de mucho tiempo, lo que implica que hubo una coexistencia en Eurasia, donde habitaban, que duró mucho más de lo que nosotros pensábamos”.


La arqueóloga británica escribió el libro durante tres años y medio y lo terminó al principio de la pandemia. En él “está representada mi carrera entera como arqueóloga, todo ese pensamiento sobre los neandertales, aunque naturalmente también contiene información de hace treinta o cuarenta años con base en las investigaciones de cientos de científicos que han trabajado el tema durante 160 años”, indicó.


La autora combina la teoría con fragmentos narrativos que le sirvieron para “conectar emocionalmente con la gente” y seleccionar los ejemplos de vidas neandertales que “dieran luz sobre el tema, pero también aquellos que me inspiraban más”, ya que “desde un punto de vista científico uno querría elegir todos los casos, pero eso sería imposible”.


Lo neandertales eran homínidos que tenían la capacidad de elaborar artefactos y tecnologías como el alquitrán de abedul, un pegamento utilizado por ellos para unir objetos. Este pegamento lo trasladaban allí donde fueran; también eran capaces de manifestarse a través de representaciones artísticas y de socializar. Sin embargo, hasta hace poco existía la creencia de que estos homínidos eran “brutos”, visión que ha cambiado porque “la arqueología nos ha demostrado a lo largo del tiempo lo cercanos que están los neandertales a nosotros”.


Por un lado, señaló que el cambio de visión se debe a la propia arqueología, “porque encontramos objetos que desde luego desmienten que los neandertales fueran torpes o brutos, como dije anteriormente”. Por otro lado, “ha habido una tendencia interesante en sectores históricos muy amplios, por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, había posturas en las que decían que los neandertales habían sido nuestras víctimas y eso quizá era un reconocimiento de lo agresivos que podíamos llegar a ser como especie. Esta idea del cambio cultural en la sociedad lo podemos ver también en la reconstrucción del arte".


No cree que en la comunidad científica “haya gente que niegue el vínculo entre los neandertales y los humanos, pero es interesante ver cómo personas que pertenecen a ambientes religiosos tratan de ajustar el lugar de los neandertales dentro de ese marco cultural que ellos tienen”.


No obstante, “nos empeñamos en ver la llegada del ‘homo sapiens’ a Eurasia como una victoria sobre los neandertales cuando la realidad es bastante más complicada que eso".


Sobre este asunto, expuso que “debemos ver a los neandertales como nuestros parientes, porque claramente no eran iguales que nosotros, pero a la vez no es justo con ellos que los pongamos en oposición al ‘homo sapiens’” y sugirió que “para aproximarnos a los neandertales tenemos que olvidarnos de que existimos y solo mirarlos a ellos. Es por este motivo que menciono al ‘homo sapiens’ solo al final del libro”.


Wragg concluye que con el libro espera “que los lectores se puedan sentir transportados a otro tiempo y que consigan darse cuenta de lo impresionante que es la arqueología del siglo XXI”.


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