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Economía
    

Consumo no va a “ceder” ante la “presión” de los ‘lobbies’ contra NutriScore y denuncia una “campaña brutal” para “destruirlo”

Agencias
@DiarioSigloXXI
miércoles, 3 de marzo de 2021, 14:52 h (CET)

MADRID, 03 (SERVIMEDIA)


El Ministerio de Consumo advirtió este miércoles de que no va a “ceder” ante “ningún tipo de presión” por parte de los ‘lobbies’ y grandes empresas que, a su juicio, “prefieren que los consumidores no tengan un conocimiento más preciso y transparente de lo que llevan sus productos”, y denunció la existencia de una “campaña brutal” con el fin de “destruirlo”.


Así lo defendieron fuentes del departamento de Alberto Garzón en una reunión informativa en la que agregaron que hay una “gran cantidad de actores económicos” que están haciendo “campaña” para “tratar de destruir la imagen de NutriScore y de cualquier etiquetado frontal”.


Según las citadas fuentes, existe una “campaña beligerante elevada por aquellas grandes empresas que no quieren que se conozca la información nutricional de sus productos de manera clara” y que han aceptado “a regañadientes” que haya un etiquetado posterior con los ingredientes, “pero no quieren que esa información sea simplificada”.


“Hay una campaña brutal contra NutriScore que tiene que ver con ese interés y que está al margen de las críticas legítimas a las insuficiencias que pudiera tener este sistema”, abundaron, al tiempo que asumieron que tiene “elementos que pueden ser mejorados” y avanzaron que Consumo va a llevar a cabo campañas para “explicar y hacer pedagogía” sobre el uso de un instrumento “tan objetivable”.


En este sentido, aseguraron que la “herramienta y la idea” de la industria “de no hacer nada” resulta “absolutamente inaceptable” y subrayaron que “muchos” de los países que se oponen a su implantación ya cuentan con su propio etiquetado frontal.


Tras insistir en que España aboga por su implementación guiada por una serie de estudios científicos que son “suficientes” y acreditan que se trata del “mejor” etiquetado frontal, recordaron que es un sistema voluntario cuyos objetivos son mejorar la calidad nutricional de los productos, de manera que las empresas tengan un “incentivo” en ese sentido, además de ofrecer a los consumidores una mejor información sobre el producto en cuestión.


“No te dice si un producto es bueno o malo, sino que te simplifica una información que es útil en relación a la dieta y el consumo saludable”, agregaron, al tiempo que precisaron que se trata de un sistema voluntario puesto que las competencias para hacerlo obligatorio, tal y como defiende España, son de la Comisión Europea.


Con todo, reconocieron que NutriScore sirve para comprobar si una compra es “más o menos saludable” y aborda la “dimensión” nutricional de los productos, pero no la dimensión de su procesado, aspecto que, junto con la trazabilidad, habrá que ir "complementando en tiempos posteriores”, puesto que existen “pruebas suficientes” de que el procesamiento de los productos es “perjudicial para la salud” y de que el impacto ecológico de determinado tipo de dietas “es alto”.


En relación al aceite de oliva, puntualizaron que este producto tiene unas propiedades que “no fueron reconocidas del todo” por el algoritmo, a pesar de que es calificado “mucho mejor que el de colza y otro tipo de aceites, porque tiene mejores propiedades”. Con todo, el Ministerio entiende que debe quedar “fuera de toda confusión su capacidad de mejorar nuestra salud”, algo que ha dejado claro al comité científico de NutriScore.


Asimismo, dado que tiene carácter voluntario, insistieron en que “no existe la exclusión formal u oficial” de algún producto y “cualquier sector puede autoexcluirse cuando le parezca oportuno”, si bien consideraron “razonable adaptarse” a él, teniendo en cuenta que, “tarde o temprano, vendrá el etiquetado obligatorio en la Comisión Europea”.


EXPORTACIONES


Las mismas fuentes explicaron que el 36% del valor de las exportaciones de la categoría de alimentación, bebidas y tabaco se da en países que tienen ya implantado NutriScore, como Francia, Alemania o Bélgica, por lo que estimaron que aquellos productos españoles que no están acogidos al mismo compiten “en condiciones desfavorables” en estos mercados, cuyos consumidores “sí saben ya o están aprendiendo a diferenciar y a utilizar el sistema” y basan sus decisiones de consumo sobre dicho etiquetado, por lo que estimaron que, "cuanto antes se incorpore España a este sistema, mejor".


La intención de Consumo es tenerlo aprobado para finales de año y, con ello, podrá prohibir la regulación de aquellos productos con componentes nutricionales que tienen un “perjuicio para la salud en el medio y largo plazo”, entre otros colectivos, para los menores de edad.


En este sentido, fuentes del gabinete de Garzón advirtieron de que la “determinación” del Ministerio “es total”, convencidas de que el nuevo sistema “tiene que aprobarse este año”. “No puede haber quejas o problemas, es una medida del acuerdo de Gobierno y, además, ha quedado sustanciado que tiene un apoyo muy importante dentro de la comunidad científica de una evidencia abrumadora”, sentenciaron.


Así, abogaron por “escuchar de manera importante” a los nutricionistas para “poder aprender” de sus opiniones, si bien explicaron que su “principal referencia” son los estudios científicos y la “evidencia empírica” que, a su entender, “demuestra que, dentro de los etiquetados frontales, NutriScore es el mejor en este momento para España”.


En este punto, asumieron que el de la nutrición no es el único ámbito “en el que hay divisiones” en torno a este sistema, como el que se da en el seno de algunas sociedades científicas, en las que también “hay debate”. “Algunos consideran que el sistema es insuficiente y algunas de esas críticas son razonables, como la falta de trazabilidad, porque ningún sistema lo consigue hacer”, confirmaron.


“NutriScore ayuda, incluso los estudios que apoyan que es bueno son certificados por quienes están en contra, lo único que sucede es que suelen decir que no es suficiente”, incidieron, convencidas de que es “perfectamente compatible” con la dieta mediterránea y de que el consumidor español está “preparado” para la implantación de este etiquetado, si bien “necesita información sobre cómo funciona y para que sepa entenderlo e interpretarlo bien”.


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