Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
16º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Al margen

El ocio nocturno

Rafael Torres Rafael Torres
jueves, 13 de agosto de 2020, 08:00 h (CET)
MADRID, (OTR/PRESS)Hasta que con ese nombre se creó una poderosa industria, se decía que el ocio era la madre de todos los vicios, y eso que no existía aún propiamente el "ocio nocturno", pues el ocio de la noche se empleaba en descansar, en dormir, o en tratar de hacerlo, bien que sólo aquellos que debían restaurar fuerzas para poder trabajar y seguir ganándose la vida así, un día más, honradamente. El resto, un conjunto muy heteróclito de criaturas, no se puede decir que anduviera ocioso en la oscuridad más o menos estrellada: atracadores, serenos, escritores, suripantas, traperos, curdas, polizontes, bohemios, proxenetas...

Hoy el "ocio nocturno", convertido en una industria más poderosa e influyente que la del ocio a secas, puede que no sea la madre de todos los vicios, pero sí de buena parte de los contagios por coronavirus, por mucho que alguien se haya sacado de la manga una estadística que le atribuye un porcentaje mínimo, irrisorio, de éstos. Ese llamémosle ocio, que sin duda emplea a miles de trabajadores y que genera un consumo (bebidas, música, taxis...) que beneficia a otros tantos, no parece sentirse concernido, sin embargo, por la imposibilidad coyuntural, y dramática, de continuar su actividad mientras se montan a toda prisa hospitales de campaña y se vuelven a llenar las UCI porque la gente torna a infectarse, a enfermar y a morir en éste rebrote salvaje de la pandemia.

Inexistente un mando único y capaz frente a ésta, que debiera determinar para todo el territorio de la nación qué hacer con las aglomeraciones, particularmente con las nocturnas empapadas de sustancias desinhibitorias, se ahonda el conflicto entre quienes defienden seguir la juerga como si nada, ora por interés económico, ora porque les va, y quienes, más sensatos, claman por dejarla para cuando pueda retomarse, esto es, para cuando no actúe de agente transmisor del coronavirus y de bofetada a la ética, a la estética y a la solidaridad comunitaria.

Poco falta, de seguir así las cosas, para que en una misma localidad coincidan a pocos metros dos mundos que hoy menos que nunca deberían coincidir: el del chunda-chunda hasta el amanecer y el de los derribados por el virus que luchan en la noche con sus sanitarios, a brazo partido, por sobrevivir.

Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Sin rumbo y sin dirección

¿Por qué no ha cesado Sánchez al ministro Garzón?

...y encima, la sombra de un conflicto dinástico

Gana el activismo

Vetar al Rey y pasar de la pandemia

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris