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El día 'D'

Esther Esteban Esther Esteban
domingo, 3 de febrero de 2019, 08:01 h (CET)
MADRID, 2 (OTR/PRESS)Está claro que los independentistas quieren convertir el juicio, que se celebrará a partir del día 12, en un macroacto político donde habrá ruido, propaganda y utilización de sus "mártires" como la manera más eficaz para captar votos. Pero también está claro que cada día son más llamativas las discrepancias en el seno del independentismo porque no es lo mismo lo que piensan los huidos que los encerrados en prision. En alguno de ellos hemos visto que la carcel tiene efectos de flojera ideológica evidentes, incluso hemos oído en algún momento una repentina "docilidad constitucional" de los que apostaban por el golpismo, pero la realidad es que todo llega y los golpistas se van a sentar ante el Tribunal Supremo con todas sus garantías intactas por mucho que los suyos quieran decir lo contrario.

Cataluña es una patata caliente que no acaba de enfriarse, pero lo cierto es que mientras algunos dirigentes del mundo soberanista intentan, sobre el terreno, buscar una salida más o menos razonable y eso es justo también reconocerlo; Puigdemont sigue teniendo tantas ocurrencias como tiempo libre y no sólo ha convertido al presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, en una especie de marioneta al que ni los suyos respetan, sino que tiene a Cataluña institucionalmente paralizada con su raca / raca particular.

Es muy posible y con eso ya se cuenta que los independentistas intenten condicionar el juicio con sus falsas consignas. Dirán, una vez más, qué se trata de presos políticos, señalaran al Gobierno como el culpable de no querer cambiar el rumbo de las decisiones judiciales --como si aquí no hubiera separación de poderes-- o insistirán en que los procesados no van a tener ningún tipo de garantías procesales, pero nada de eso cuela. Ha llegado la hora de la verdad y el Tribunal Supremo dictará su sentencia libremente por los graves hechos que se están juzgando. Ellos han intentado por todos los medios dibujar internacionalmente a nuestro país con una falsa democracia donde no se respetan los Derechos Humanos, pidiendo que hubiera observadores internacionales pero han chocado con el muro infranqueable de la verdad y nadie les hecho caso.

¿En que democracia consolidada se pretende obligar a un Gobierno a violar la separación de poderes y se pone como exigencia saltarse las resoluciones judiciales? Sólo desde la mente calenturienta de los dictadores como Maduro tal posibilidad es posible y, como es lógico, aquí han chocado con la respuesta rotunda del Estado. Aquí no hay alternativa más allá que cumplir la ley, y en Cataluña hubo una violación palmaria y evidente de la democracia que debe tener consecuencias penales y las va a tener.

Algunos han querido situar este debate en el desconocimiento que hay en el resto de España de la realidad de Cataluña y eso no es cierto. Aquí no se trata de no querer conocer la realidad de Cataluña, sino de que algunos quieren imponerla saltándose las normas de convivencia que nos hemos dado todos y convirtiendo nuestra carta magna en papel mojado.

Claro que la Declaración Unilateral de Independencia no sirvió de nada, no solo por que fué un acto ilegal sino porque estába basada en una resolución golpista y en un referéndum que no fue tal sino una pantomima. Con ella Puigdemont pulso el botón de la aplicación del 155 y luego se dio a la fuga montándose una Arcadia feliz en su Waterloo particular. La realidad ahora es que mientras el disfruta de su libertad quiénes le siguieron en su locura se sientan en el banquillo y se enfrentan a penas muy altas por delitos también de gran calibre. Sea como fuere el día 'D' se hará justicia y de nada valdrá la propaganda ni el ruido para quienes tienen dibujado un oscuro horizonte entre rejas.

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