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Opinión
Etiquetas:   Repsol   YPF  

Patria, patricio, patrón

El gobierno se ha empeñado en la absurda tarea de identificar patriotismo con intereses particulares
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 18 de abril de 2012, 08:08 h (CET)
Podría parecer lógico que un gobierno defienda a sus empresas por una cuestión de patriotismo, o, aún siendo algo mezquino, que proteja sus propios intereses contributivos y, en consecuencia, abogue por los intereses empresariales de las compañías que contribuyen a la salud financiera del fisco; pero lo que está pasando con Repsol –ya nunca más YPF- raya el ridículo no sólo por lo imposible de la tarea y lo absurdo de la contribución de esta sociedad mercantil a la salud financiera de España, sino porque esta acción de los patricios (Individuos que por su nacimiento, riqueza o virtudes descuellan entre sus conciudadanos) parece estar al servicio de los patronos (amos) del mundo, hoy encarnados en buena medida en las compañías petrolíferas (y la banca), causa profunda de carniceras guerras y revoluciones de chicha y nabo que se extienden por doquier, del desmadre que existe en Oriente Medio, con riesgo de convertirse en un conflicto global de inciertas proporciones, y el freno y dique para que tecnologías limpias y avanzadas puedas difundirse por todo el mundo a un costo mínimo, si es que no igual a cero.

Sería creíble la acción belicosa que está llevando al gobierno de España a quedar en evidencia ante el mundo, si estuviéramos hablando de una acción natural en ese mismo gobierno defendiendo a todas las empresas españolas, los intereses generales de España y los de los españoles, y aún esto se vería reforzado si estuviéramos refiriéndonos a una compañía ejemplar de intachable proceder. Sin embargo, nada de todo esto es verdad, sino que es más bien todo lo contrario, dando la impresión que todo este alboroto porque una nación soberana nacionalice sus riquezas de forma absolutamente legal, les guste o no a los patronos (amos), más bien da la impresión de ser una campaña sufragada no sólo por la desproporción de las baladronadas vertidas, sino porque está coreada por toda una cohorte de corifeos que aúllan como si les hubieran arrancado a ellos mismos un pedazo de su propia carne, sin anestesia ni nada, o como si ellos recibieran una comisión por cada litro de gasolina o cada metro cúbico de gas que Repsol pone en el mercado.

A los argentinos les corresponde tomar sus decisiones y defender sus propias posturas, aunque desde aquí intuyo, por conocer en profundidad Argentina y a los argentinos, que muchas manos y muy sucias hay metidas en el ajo, y que la Presidenta, quien parece necesitar urgente ayuda clínica por su morbosa tendencia a la santificación de su difunto esposo y al ensalzamiento de su viudedad de un patricio de la patria, no es sino un artificio en siniestras manos que sacarán buena tajada de lo que parece ser un dulce de leche. Allá ellos, pero siempre admitiendo que están en su derecho de nacionalizar las riquezas de su propio suelo –ojalá hiciéramos nosotros lo mismo, siquiera sea, ya que no con las riquezas que no tenemos, con el suelo mismo, en vez de legarlo como base de intereses militares extranjeros-, siempre que abonen el justiprecio de lo que expropian conforme a las leyes, y eso es algo que parece que harán. Por su parte, a Repsol le corresponde tomar sus propias decisiones y defender sus propias posturas, litigando o no, aunque desde aquí intuyo que una de ellas es sufragar una campaña al más alto nivel internacional, no sólo movilizando a toda esa legión de opinadores que proporcionan a la ciudadanía informaciones sesgadas o torcidas, sino también haciéndolo con las propias instituciones nacionales y aún internacionales.

Cuando uno presencia los telediarios o se informa en la prensa oficialista –siempre al servicio de los patronos (amos)-, no puede sino tener la impresión de que está contemplando la interpretación de un sainete. Las voces contrarias o independientes a la actitud oficial, entretanto, son acalladas, marginadas o tildadas de antipatrióticas, cual si esta cuestión fuera de Estado o casus belli. Nada de todo ello es así, adempero. Por lo pronto, nadie informa que esta compañía se hizo con YPF gracias a la manipulación de las leyes locales que la convirtieron en una sociedad anónima para poder realizarse la “venta” en condiciones más que sospechosas –seguras, si tenemos en cuenta quién gobernaba Argentina por entonces y cuál su proceder habitual con las cosas de las comisiones y todo eso-, sino que su manipulación de la producción, reduciéndola a cotas tales que le obligaron a Argentina a importar crudo cuando le sobraba si hubiera producido lo que correspondía, fue muchas veces denunciada por el gobierno de aquel país, acusándole en público y en privado de maniobrar con el fin de alterar el precio de las cosas –los de los combustibles fósiles- en los mercados nacionales e internacionales, y así enriquecerse de forma ilícita. Algo que no es difícil de entender por parte de cualquiera, aunque no tenga formación financiera, y verdadera causa de que, sin guerra o conflicto de importancia que afecte a países productores, los combustibles fósiles cuesten lo que cuestan, mucho más que cuando hubo cruentas guerras, plantes de la OPEP y todas esas mandangas.

Por otra parte, no es fácil entender, y mucho menos comprender, el belicoso lenguaje y las desmedidas baladronadas que se lanzan desde el gobierno en lo que parece ser una atípica reacción alérgica, cuando no sólo todo ello únicamente nos reportará muchos y más enjundiosos problemas, sino que ese mismo gobierno no parece alterado en lo más mínimo cuando cientos de miles de empresas –mucho más contribuyentes fiscales que Repsol- se han extinguido por falta de apoyos, hay ya en el país más de dos millones de familias que no tienen oficialmente ningún ingreso –mucho más contribuyentes en su momento que Repsol- y las acciones que están tomando para solucionar esta crisis inventada, precisamente por todos estos tiburones, amenazan ya con extinguir a la propia España por cuanto su deuda será sencillamente impagable por décadas, se crezca lo se crezca porque los intereses duplican al potencial crecimiento que podamos tener… ¡dentro de muchos años! La vehemencia y el fervor del gobierno (los patricios), no parecen estar al servicio de la patria, sino de los patronos (amos).

Gracias a la excelente visión de topo que caracteriza a nuestros patricios, estamos perdiendo el verdadero tren del futuro –si es que lo hay, que ya lo dudo-, el cual, de ninguna manera, está en Europa. Desde el punto de vista social e histórico, no se puede haber cometido mayor error con Latinoamérica, a quienes sin razón objetiva no sólo se les dio la espalda, sino a la que se ha vilipendiado y ofendido de manera continua y sin causa razonable (que no sea el desvarío de los nuevos ricos), sino que además se optó por ser cola de ratón (servidores, convirtiendo al país en un antro de limpiabotas y tocanueves al desindustrializarlo desde Felipe González para acá) en vez de cabeza de león; pero es que desde el egoísta punto de vista estratégico, también se cometió el mayor error de la Historia de España al despreciar y considerar inferiores a los latinoamericanos, pues que allá se concentran el 70% de las riquezas mundiales en materias primas (en recursos humanos mucho más, desde luego), y España, lo mismo que Europa, es absolutamente dependiente de ellas. Si hay algún futuro –que ya lo dudo-, debieran saber que los pequeños crecen y los viejos se anquilosan, y entonces éstos dependen de aquéllos, cosa que sucederá, o sí o sí, si los cielos nos conceden el milagro de proseguir nuestra andadura, que no lo creo.

España no sólo ha traicionado su Historia –creo que el punto de inflexión fue la traición del Sahara-, que es decir su pasado, sin que también traiciona su presente al no atender con tal fervor y vehemencia nuestras las necesidades actuales de sus ciudadanos –trabajo, crédito, vivienda, salud, educación, justicia, etc.-, y traiciona su futuro al carecer de visión sobre cuál es la esencia de los españoles en el devenir del tiempo y quiénes son sus verdaderos hermanos de andadura. Prefiere, a la vez que pone toda la carne en el asador por una compañía no saludable para la sociedad o el planeta mismo-, jactarse de que reduce salarios (menos dinero en circulación, más desempleo), mantener en el desempleo (no pagado) a más de la mitad de nuestros jóvenes, a los cuales se les empuja a la ignominiosa emigración, dejar sin hogar a millones de ciudadanos estafados por los artificoso precios de la burbuja inmobiliaria, e incluso gravar a nuestros ancianos (ésos a los que el FMI les pide que se mueran pronto) en sus medicinas, cuando el promedio de ellos tiene una pensión que no alcanza ni para su propio sostenimiento.

Así está la cosa, con un país que se descuartiza entre un horrible presente y un futuro tenebroso –si es que lo hay-, entretanto el gobierno queda exhausto en la defensa de causas tan perdidas como podridas. Por mi parte, ya he reiterado desde siempre mi postura hacia Latinoamérica como nuestro único futuro posible –si es que lo hay- en lo social y en lo esencial de nuestro papel en el concierto histórico, pero no quiero concluir este artículo sin expresar una vez más que nos equivocamos o fuimos engañados al incorporarnos a Europa, que no es sino lo más contrario a nuestros intereses, como nos equivocamos o somos engañados cuando nos presentan como santos a estos gañanes de las grandes compañías del petróleo y la banca, que son las que han puesto al mundo contra las cuerdas de la extinción. Más que lamentar sus males, debiéramos aplaudirlos. Y no, no se preocupen de que desaparezcan todos, porque bicho malo nunca muere, y otras compañías habrá que sustituyan a éstas, si es que llegara alguna a desaparecer. Después de todo, si de algo es excedente el mundo, es de maldad, especialmente en este orden de patrones que sufragan que los patricios nos ensalcen la patria.
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