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Tania Anaid Ramos González: La lluvia como cuerpo poesía

Reseña literaria
Redacción
@DiarioSigloXXI
lunes, 2 de mayo de 2022, 10:04 h (CET)

El amor ha dejado

su acordonado mar de tierra aquí,

y la lluvia es alimento de mis pupilas

para el silencio del corazón.

Tania Anaid Ramos González, AZULA

Llueve, Ediciones Kuelap, Perú (2021)


No quiere llover… y ya ha llovido tanto. La tierra es un cuerpo de lluvia, vital, sonoro de imágenes y palabras. Creo que las palabras abren ventanitas a canciones tristes, no sé, algún mimbre que la nostalgia deja pegado al corazón, alguna señal de acoso contra la luz, algo de soledad, algo de elegía, quizá, algo tan profundo como dos cuerpos abrazados bajo un gran aguacero. 


Vicente Aleixandre habla en un poema a la lluvia del recuerdo de un labio húmedo, o en una presencia que al llover ejerce su poder multiplicando presencias, socavando cada hueco del vacío, vacilando en abrazar al poeta. Wislawa Szymborska, por su parte, usa una deliciosa expresión que nos lleva lejos: innumerables variedades del gris. Así es la lluvia, así abarca su voz de tantas voces, así demuestra su artefacto de magia, pasión, desdoblamiento.


Llueve CARATULA

Por tanto, al leer un libro de poesía que trae el tema dela lluvia como susurrado a los ojos y al oído, nos encontramos con una dimensión nueva, abrasadora, expedita, pero sobre todo noble y cercana.

Leer Llueve de la poeta Tania Anaid Ramos González, AZULA (Ediciones Kuelap, Perú 2021) es visitar el ensueño, la soledad o fuga de la lluvia como objeto de poesía en una latitud donde la creación abarca desde su deseo múltiples temáticas. Y es que la poesía, partiendo de su voz, es cuerpo eterno, cancionero suscrito, pretexto celeste que desboca, con ingenio, en una poesía de formas exactas. Algo tiene ese torrente que cae en un nublado veloz, en figuraciones, en nombres de eternidad—ceñida al ser—, en nombres de abundancia.Los poemas hablan desde adentro porque es adentro donde ocurre el aluvión que discurre por la tierra y sus elementos, es ahí donde se fragua el intento de la poeta por capturarse, logrando un verbo que deslumbra e invade. Invasión. ¿Es la lluvia un modo de invadir?,¿nos rodea solamente como una manera callada de encantamiento? AZULA nos dice que sí.He aquí el círculo de su aura:


[…] Soy sombra…sombra pluvial

umbría voz de mi especie

que va cercando lágrimas luminosas

en el párpado río del vacío. […]

¿Por qué? (p.44)


De hecho, el libro tiene un brillante prólogo del intelectual puertorriqueño Félix Córdova Iturregui en el que resumela esencia de la poeta. Córdova Iturregui nos acerca a la metáfora del agua, de la lluviaa través de las fórmulas de Epicuro: “el mundo visto como un cuerpo complejo que abraza al cielo, los astros y la tierra”. Es decir, la lluvia tiene su propia totalidad y en su infinitud va y regresa, sorprendiéndonos, aunque la esperemos, y se hace cuerpo en el ser-expresivo, desde luego-entonces, todo lleva a la palabra desnuda y dialogante con lo sensorial que nos habita, evadiendo la cotidianidad. Cuando llueve, la poesía convoca sus oráculos urgentes y llega a los ojos ilimitada de mensajes. Eso sucede en este libro, la lluviase desdobla y en la divinidad breve que brindasu caída se extiende en lontananza:


[…] tú, colosal marina,

doblada de silencios,

tersa y ondulada,

poblada de indulgencias,

quiebras la noche

lluvia y poesía mía.

Lluvia y poesía (p.108)


La lluvia es cuerpo vital para el poema. El poema desde sus palabras azuza con un aguacero total en el que el lector puede identificarse con su melancolía, con la memoria, con lo vivido y llorado; además de resaltar una continuidad en el pueblo de la imagen. Se hace esplendoroso, emprendedor. Sucede que el verso mueve al fin su universo, y el universo que transitamossuma esta simbiosis a un mensaje transparente y vivaz en su visión y sonido.


El amor tiene su vigía alumbrando cada elemento brindado para la poesía. Llueve en el amor, se habla con lágrimas, y las lágrimas dibujan en libertad un rostro. La soledad tiene su luz de correspondencia.


Al leer este libro, nos sentimos pasajeros, con la poeta, de lo que cada letra transita, abraza o adivina. Su unidad temática es transparente y diestra, ha sido hecha para los sentidos y el gozo que brinda la buena poesía, que por demás no renuncia a sorprendernos.


Ahí queda entonces para el lector. Ahí queda, en definitiva, la búsqueda por cada signo y cada mensaje ofrecido. Nos espera, dentro del libro, en excelencia, todo un camino que oficia recorrerse:


Otra vez

delegué el cuerpo

el recorrido del alma

y se hizo lluvia

en mi pecho

el amanecer

y sombra

y delirio

y frío penitente

otra vez…

Otra vez (p.81)


Nos queda entonces, con la poeta, la continuidad, su continuidad… seguro azar. Quiero decir que andaremos por un libro celebrado.


Sobre el autor de la reseña:

Mario Antonio Rosa es poeta, editor, periodista cultural y crítico literario puertorriqueño. Ha publicado Misivas para los Tiempos de Paz (Isla Negra, 1997), Tristezas de la Erótica (Isla Negra, 2003) Duelo a la Transparencia, libro reseñado como Libro del Año por el periódico El Nuevo Día,(Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2005), Kilómetro Sur (Palabra Pórtico Editores, 2016) y  La Tierra de Mañana (PalabraPórtico Editores, 2018). Formó parte de la Antología Poetas para el Mundo Voces para la Educación junto a Ernesto Cardenal y Raúl Zurita, auspiciado por el Sindicato de Maestros de México, y de la Nueva Antología de Poesía Hispanoamericana, auspiciada por la Revista Ómnibus en España.

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