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​Refugiados: el duro camino hacia una vida digna

Según datos de ACNUR más de 82 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares
Redacción
@DiarioSigloXXI
martes, 17 de agosto de 2021, 13:34 h (CET)

No es un secreto para nadie que en el mundo existen zonas que se encuentran en permanente estado de conflicto, ya sea político, ideológico, económico o con el objetivo de acaparar poder. Territorios que acaban castigando a aquellos que jamás intervinieron de forma directa, que permanecen ajenos a las nefastas actividades de unos pocos, pero no a sus consecuencias.


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Existen millones de personas en todo el planeta que se ven obligadas a huir de sus países para dejar de sufrir situaciones inhumanas: son víctimas de las guerras, del hambre, de la violencia o de las persecuciones por motivos de raza, ideología o religión. Ellos son los que dan nombre a la figura del refugiado. Los campos de refugiados están llenos de hombres, mujeres y niños que en pleno siglo XXI, por paradójico que parezca, han vivido situaciones de injusticia y una total ausencia de los derechos humanos más fundamentales.


El objetivo es escapar de situaciones precarias, y en muchos casos terribles, en lugares como Afganistán, Etiopía, Siria… La esperanza se llama ‘una nueva vida en otro país’. Pero ni el camino es fácil ni la consecución del objetivo suele cumplir con las expectativas creadas.


Lanzarse al mar en nulas condiciones y sin ninguna garantía de alcanzar la costa o emprender un duro camino hasta la frontera más cercana suponen situaciones que nadie debería verse obligado a vivir. Con suerte, quizás se alcance la meta, pero tampoco en ese momento acaban las incertidumbres, los miedos, la inseguridad. No es nada sencillo llegar a un nuevo país en el que partir de cero, ni adaptarse al primer intento, ni poder ver cubiertas las necesidades más básicas, ni acceder a un trabajo y a una casa.


Según datos de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, actualmente más de 82 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares. De estas, cerca de 26 millones son refugiados, aunque tras la pandemia la cantidad podría haber aumentado. Ambas cifras superan un récord histórico. Es por ello que la labor que realizan desde esta organización es crucial y más necesaria que nunca.


Desde su nacimiento en 1950, con el objetivo de ayudar a los desplazados en Europa por la Segunda Guerra Mundial, ACNUR no ha dejado de trabajar en todo el planeta para que todas las personas tengan derecho a buscar asilo y a encontrar un refugio seguro.


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Desde los países más acomodados puede resultar complicado llegar a ponerse en la piel de aquellos que han de tomar la terrible decisión de dejarlo todo: la familia, las amistades, el hogar, sus costumbres, su cultura. ¿Realmente alcanzamos a entender la magnitud del problema? Es habitual emocionarse, indignarse y mostrarse extremadamente sensible cuando esta cruda realidad nos alcanza a través de la pantalla de un televisor, pero, ¿qué hacemos? Habitualmente, nada. Sin embargo, está en nuestra mano la posibilidad de poder cambiar muchas cosas.


Aunque ACNUR no puede influir de forma directa sobre las decisiones de los países, sí que desarrolla proyectos en situaciones de emergencia, proporciona refugio, recursos y asistencia sanitaria a personas desplazadas y asistidas en campos de refugiados –recordemos los campos de refugiados de Siria-, y pone en marcha campañas de sensibilización social. Detrás de la Agencia de la ONU para los Refugiados hay un gran equipo humano que necesita financiación para que sus intervenciones sean efectivas y puedan materializarse. Afortunadamente, cuentan con la colaboración de miles de personas: particulares, empresas, fundaciones y sus numerosos socios.


Convertirse en socio de ACNUR es un pequeño gesto que, como sucede en el efecto mariposa, puede tener gran repercusión en otros puntos del mundo, en este caso procurando el bienestar de millones de personas vulnerables que viven circunstancias  difíciles. Así pues, la próxima vez que nos encontremos ante estas situaciones en la pantalla de un televisor, hagamos algo más que entristecernos. 

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