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Mientras el mundo cristiano conmemoró la Semana Santa —una de las tradiciones espirituales y culturales más profundas de la humanidad—, varias de las tierras donde nacieron las grandes religiones monoteístas vuelven a enfrentarse al riesgo de destrucción patrimonial. Irán, Irak, Israel y Jerusalén no son únicamente territorios en disputa: son archivos vivos de la historia humana.
No he hecho cursos de adivino, no tengo bola de cristal, no soy arúspice, vate, ni cualquier otro tipo de adivinador, ni me valgo de medios esotéricos para predecir el futuro, simplemente soy un ciudadano español y europeo que observa su entorno, los acontecimientos que se dan en él, las presiones a las que los gobernantes someten a los ciudadanos y el cambiante mundo en el que vivimos.
Escribo este artículo en Jueves Santo de la Semana Santa de 2026. En estos días, una parte significativa de la población mexicana se encuentra de asueto, fenómeno que se replica —con matices— en gran parte de América Latina. Las ciudades adquieren un ritmo distinto: algunas calles se vacían, otras se llenan de viajeros; el tiempo cotidiano se dilata y el reloj social parece aflojar su presión sobre la conciencia.
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