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Etiquetas:   Reyes Calderón  

“Todos sabemos que poseemos una chispa de belleza o de inteligencia y por ahí se nos engancha”

Entrevista a Reyes Calderón, autora del libro 'La puerta del cielo'
Herme Cerezo
lunes, 9 de marzo de 2015, 11:24 h (CET)



domingoficha




Reyes Calderón compagina escritura con la docencia. Doctora en Economía y Filosofía, es profesora en la Universidad de Navarra, de cuya facultad de Economía es decana desde 2008.

Visitante en las universidades de Berkeley y La Sorbona, su firma es asidua en artículos y conferencias. Público y crítica han aplaudido su saga, protagonizada por la jueza Lola MacHor, compuesta por los títulos ‘Los crímenes del número primo’, ‘El expediente Canaima’, ‘El último paciente del doctor Wilson’, ‘Tardes de chocolate en el Ritz’, ‘La venganza del asesino par’ y ‘El jurado número diez’.

Ahora, sin embargo, aparca por un tiempo a la jueza y nos presenta su novela ‘La puerta del cielo’, editada por Planeta.

Antes de desaparecer junto a su ayudante americana, el astrofísico Lalo Múgica informa a una de sus vecinas de que ha encontrado las claves para abrir la puerta del cielo. Gerardo Vilela, un sencillo profesor de instituto, gana una beca que le lleva de Lugo a Madrid. Cuando las enigmáticas vecinas del número 12 le realquilan la antigua casa de Múgica, él se siente feliz. Pero el ático guarda algo para él: un acta firmada por Pilatos que narra otra desaparición ocurrida en Judea el año de la muerte de Jesucristo. Con veinte siglos de diferencia, ambas desapariciones parecen estar extrañamente relacionadas. Con la ayuda de un exorcista vasco y de su secretaria, Gerardo decide seguir el rastro. Demonios, meigas, médiums… Con estos parámetros, Reyes Calderón plantea un apasionante juego de verdades y mentiras en su nueva novela, ‘La puerta del cielo’, que coloca al lector ante situaciones que preocupan desde siempre a la humanidad: ¿existen el cielo y el infierno? ¿Y el demonio? ¿Qué habrá en el otro lado?

Reyes, ¿qué significa para ti escribir?

Para mí escribir es vivir, no sabría vivir sin escribir.

¿Cómo te tropiezas con ‘La puerta del cielo’? ¿La novela te ha buscado a ti o ha sido al contrario?

Nunca me he planteado si iba a escribir un libro sobre un tema concreto, siempre han sido las historias las que me han buscado a mí. En la T4 me tropecé con un obispo, al que conocía, que venía de realizar un exorcismo y tenía ganas de hablar, porque todavía estaba muy impactado por lo que había visto. Cuando me lo contó, la impactada fui yo, que no pude pegar el ojo durante toda la noche. Al día siguiente ya estaba investigando sobre aquello y descubrí que en Roma hay más videntes, espiritistas y echadores de cartas que curas. Eso resulta muy chocante, más todavía si tenemos presente que cada vez somos más agnósticos, ateos y descreídos y, sin embargo, gente con preparación, inteligente y bien situada no efectúa inversiones si un vidente no le tira las cartas para conocer el futuro. Todo esto formaba un contrasentido muy humano del que no me podía sustraer y en el que he estado trabajando durante siete años.

Al escribir la novela, ¿buscabas dejar un cierto poso o solo pretendías proporcionar al lector entretenimiento?

Normalmente, cuando escribo trato de encontrarme a mí misma, porque me perdí hace tiempo. Al escribir sobre los demás y al crear personajes de ficción voy conociéndome un poco más. En esta también. En occidente ubicamos los cementerios lejos de las ciudades y, como están tan lejos, llegamos a no verlos. Y al final uno ha de hacer su propia experiencia en este terreno. Al menos yo ya ha hecho la mía.

La editorial presenta ‘La puerta del cielo’ afirmando que es un juego entre la verdad y la mentira, pero ¿estamos ante un juego literario o científico?

Las novelas han de ser verosímiles, deben atenerse a la verdad y al tiempo en que se desarrollan, pero creo que el escritor se puede permitir el lujo de que ambas cosas sean ficción. Para mí es necesario que la veracidad de lo que cuento esté suficientemente constatada.

¿La existencia del cielo y del infierno, es tan demostrable como indemostrable?

Sí, tiene que ver con la religión y, pido perdón por lo que voy a decir porque yo no soy teóloga y opino lo que me parece, la religión no tiene nada que ver ni con la conciencia ni con la fe, sino con la experiencia. Creo que la experiencia del bien y del mal, del cielo y del infierno, se vislumbra ya en la tierra.

¿Te ha costado tanto tiempo de escribir la novela porque la documentación era muy grande o porque no tenías claro a dónde querías llegar?

Sí tenía claro a dónde quería llegar desde el principio, pero me ocurrió que ni la ciencia ni la religión podían permitirme alcanzar mi objetivo. Había una nebulosa en el medio que tendría que ser tan simple como una experiencia, pero no podía hacerla simple. El libro trata de temas complicados, pero el lector creo que no se pierde en ningún momento durante la narración y, si quiere, puede continuar investigando por su cuenta. En mis novelas no demuestro nada, pero no resulta fácil mostrar una cosa sin decir que no se puede entender porque es muy complejo. Por eso he escrito veintiuna versiones del texto, intentando conseguir que fuese una novela de intriga y lineal en el mejor sentido del término.

Si tenías un guión, después siete años de trabajo y veintiuna versiones, se habrá roto por todos los lados, ¿no?

Sí, claro. Normalmente yo pinto las novelas y luego las escribo. Las novelas de intriga, como están conectadas el principio con el final, y a mí me gusta ser puntillosa, las dibujo para ver sus puntos de contacto. En ‘La puerta del cielo’, como el nivel de conexión era tan grande, he tenido que comenzar el dibujo muchas veces.

Esa nebulosa que citabas antes, ¿era mayor hace dos mil años y será menor dentro de otros dos mil o continuará igual de difusa?

Creo que siempre habrá una línea, no sé cómo de gruesa. Pero, como ya he dicho antes, no soy teóloga ni científica y actualmente hay un cambio cultural que afecta tanto a la ciencia como a la religión. La religión afirma que continúa creyendo en lo mismo, pero por ejemplo en la Biblia se hacen continuas referencias a los ángeles, que son espíritus, y sin embargo si uno dice ahora que trata con ángeles le toman por loco. Creo que nos hemos ido de un extremo a otro y por eso uno de los dos extremos se ha ocultado. Desde luego todo lo que cuento en la novela está basado en actas de exorcismos que he estudiado. He pasado un miedo espantoso cuando escribía, igual que cuando lo hago sobre un asesino en serie, porque era capaz de ver el mal encarnado. No podemos olvidar que el mal existe.

Con la idea de la existencia de Dios, ¿ocurre como con las meigas, que haberlas haylas?

Cuando hago cada domingo el Camino de Santiago, a medida que voy subiendo el aire que recibo es tan bello, tan frío y tan limpio que resulta imposible pensar que no hay nada en el más allá. Pero Dios no es algo bello, es alguien, y pasar la belleza de algo a alguien es lo que nos cuesta. Siempre nos preguntamos qué nos encontraremos al otro lado de la muerte, pero no a quién.

En la novela, ¿te decantas en un sentido u otro sobre la existencia del cielo?

No, no, los personajes hablan por sí mismos, aunque a algunos, como Ferlucci, que es demoníaco, no le dejo hablar porque él encarna el mal absoluto. El diablo es el padre de la mentira y no sé porque se le califica así, cuando hace cosas mucho más terribles. Me ha costado mucho de entenderlo. Yo parto de la existencia del cielo, eso está claro, porque en caso contrario no tendría puerta. Sin embargo, creo que al lector le queda la incógnita y espero que también le queden las ganas de resolverla.

El demonio es malvado pero tiene un punto de atracción sobre todos nosotros, ¿unas veces queremos ser Dios y otras el diablo?

Creo que siempre queremos ser Dios, pero no sabemos qué método utilizamos. En la novela juego todo el rato con eso. Gerardo Vilela puede sentirse un tipo gris, pero él cree que no lo es. Él tiene un don y le enganchan por su soberbia de querer ser Dios. Y por ello está dispuesto a pagar un precio muy alto. Todos sabemos que poseemos una chispa de belleza o de inteligencia y por ahí se nos engancha. Y si el personaje, para desarrollar su don, ha de aliarse con el diablo, lo hace.

Hablando de Gerardo Vilela, como protagonista es un poco especial. Es un actor que incluso trata de engañar al lector.

Sí y pienso que engañar al lector es como engañarse a sí mismo. Gerardo se reserva cosas como arma literaria porque está claro que no puedes suministrar toda la información de golpe. Precisamente esa era una de las dificultades de la novela, ya que había que introducir las cosas en el momento preciso, porque si no la narración se estropeaba. Quizá esta haya sido una de las causas de mi tardanza en acabarla.

La última por hoy: la jueza Lola MacHor ha sido protagonista de varias de tus novelas anteriores, ¿la has abandonado definitivamente?

No, no, de hecho mientras escribía ‘La puerta del cielo’ he ido recopilando documentación para otra novela suya, que está ya diseñada y que pronto comenzaré a escribir. Será mi próxima novela.
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