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Opinión
Etiquetas:   Teología  

La ética del dinero

​Joan Antoni Melé afirma: “Ganar dinero es una necesidad, pero ganarse la vida es otra cosa, es darle sentido
Octavi Pereña
lunes, 5 de octubre de 2020, 10:31 h (CET)

El periodista pregunta si el problema actual de la humanidad es que se ha deshumanizado. <b>Joan Antoni Melé, el padre de la banca ética en España dice que sí. “porque el problema de las personas que nos han sumido en las diferentes crisis de los últimos años o del último siglo, no es que tuviesen un bajo nivel de matemáticas, ciencias o gramática (saber necesario, sin duda), su problema es la falta de ética y de valores humanos. Para mí educar es ayudar a desarrollar las individualidades pero también ayudar a pensar en los otros…La transformación social sólo será posible desde la transformación personal”. El problema radica en cómo se produce la transformación personal para que la sociedad también pueda beneficiarse. Se conoce la solución pero se ignora cómo hacerla efectiva.

El apóstol Pablo escribiendo a su discípulo Timoteo le dice: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en la tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañinas, que hunden a los hombres en la destrucción y perdición, porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6: 8-10). Esta recomendación que el apóstol hace a su discípulo no la escribe para que la guarde para sí mismo, sino que la comparta con sus feligreses con el propósito que la ética del dinero sea asumida por la sociedad. La fe en Cristo cambia el orden de las prioridades ya que inculca en los creyentes que como personas no son solamente cuerpo. También poseen un espíritu que conviene alimentar. Velar por la salud del alma no significa que se tenga que desatender las necesidades básicas del cuerpo como algunos enseñan. Esta no es la enseñanza de la Biblia. El apóstol Pablo escribe: “Porque también cuando estábamos con vosotros, los ordenábamos esto: si alguien no quiere trabajar, tampoco coma.

Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2 Tesalonicenses2. 10-12). Palabras de Jesús que transmiten confianza en quienes creen en Él: “Mirad las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6: 26).

Joan Antoni Melé afirma: “Ganar dinero es una necesidad, pero ganarse la vida es otra cosa, es darle sentido. En Japón se dan 70 suicidios diarios y se ganan la vida. La gran tragedia no es que 3.000 millones de personas pasen hambre, sino que hay 7.500 millones que viven una vida sin sentido, luchando los unos contra los otros, porque hay mucha competencia, acumulando, envenenando el planeta”.

El periodista que entrevistas a Joan Antoni Melé le pregunta: ¿Qué nos pasa? El banquero ético responde: ”Hemos desconectado de nuestra esencia humana. Si solamente vivimos en la lucha por la supervivencia, en el miedo, nos convertimos en marionetas fácilmente manipulables”. El entrevistado asegura que la causa de los males sociales se debe a que “hemos desconectado de nuestra esencia humana”. ¿En qué consiste esa desconexión? Joan Antoni Melé nos habla de la banca ética. Los filósofos de la ética en general. Debido a habernos desconectado de Dios debido al pecado, la imagen y semejanza a Él ha sido dañada, pero no borrada del todo. Lo deja entrever el apóstol Pablo cuando escribe: “Pero cuando los gentiles (personas que no son pueblo de Dios) que no tienen ley hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos aunque no tengan ley son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándolos o defendiéndolos sus requerimientos en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2: 14-16). El tenue rayo de la luz divina que penetra en la conciencia de los no convertidos a Cristo es lo que le permite reflexionar en cómo deben ser las cosas, pero no les permite vivir plenamente de acuerdo a las conclusiones a las que llegan. La incapacidad de vivir de acuerdo a lo que es ley para sí mismos pone de manifiesto su condición de pecadores. De la misma manera que la ley escrita tiene la finalidad de conducir a los pecadores a Cristo lo hace con aquellos que no teniendo ley no hacen lo que es ley para sí mismos.

En Cristo se recupera la esencia humana que da sentido a la existencia. En Cristo emerge el hombre nuevo que mirando más allá de las cosas que se ven por la fe contemplan las que no se ven. Las celestiales. En Cristo la vida adquiere sentido. La ética deja de ser una cuestión filosófica para debatir intelectualmente para convertirse en una actitud, una forma de vida que glorifica el Nombre de Dios.

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