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​La hipocresía con el águila

Os cuento un secreto, solo para vosotros. Mi novia me cocina comida peruana cada domingo y me la llevo al trabajo el lunes
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 6 de marzo de 2020, 08:38 h (CET)

El águila es una de las mayores aves depredadoras. Son aves carroñeras, como los buitres.

He trabajado durante muchos años con parásitos, con personas que para conservar su puesto de trabajo ahora también se comportan como águilas necesitadas de buitres.

Sin embargo la sociedad desconoce de una nueva especie, la que besa al águila cuando no comulga con ella. Es de ésa clase de especie que por ahora se podría decir incatalogable.

Mi novia es peruana, a la que quiero con todo mi alma y tanto aporta a mi vida en los últimos años, es para esa gente solo una sudaca; no importa que ella pague, como lo hace, los impuestos. Siempre va a ser una sudaca para ellos, los del águila. Pero mi novia, tiene muchísimo más que decir más allá del físico.

Os cuento un secreto, solo para vosotros. Mi novia me cocina comida peruana cada domingo y me la llevo al trabajo el lunes. Rara es la vez que ella, el anticristo (una compañera de mierda), no dice ‘qué bien huele’ mientras la caliento en el microondas y yo, que soy de poco disimular, le respondo con un sincero ‘es comida sudaca’. Dato: mi compañera es racista.

¿Por qué digo esto? Porque en mi trabajo se falta al respeto, de forma sistemática, a las personas en general y a los sudamericanos en particular. Y uno, a veces, procura tener esa clase de filtro y paciencia, pero llega un momento en el que el águila toma posesión… y empieza la fiesta. Y el águila va en contra dirección.

La hipocresía con el águila no es quién, es el compromiso con uno mismo. De nada sirve saludar con una mano a los franquistas, y que el resto de la sociedad mire hacia otro lado. ¿Queremos, de verdad, mirar hacía a otro lado? Yo no quiero a una chica guapa independentista traicionando a sus valores.

Yo quiero otra vida. Quiero a otra juventud, aunque hipócrita también como lo es, dispuesta a decidir qué es lo que quiere.

La hipocresía del águila era ésta, sonreír al tonto del pueblo. Y si te paga, le sonríes dos veces.

Lo peor de todo es estar en contra de ello. Hace falta tener estómago, mucho, para ser independentista, y bailar temporalmente algo que sabes que no terminará bien.

El águila, si no se ha notado, era una metáfora sobre el franquismo. Sobre los franquistas, que siguen hoy en día a nuestra vera. Los que se esconden, porque lo hacen, al mismo tiempo que se sienten orgullosos.

Javier, un saludo. Y también a ti, Lucas.

Viva, no viva o no Franco. Viva.


PD: ¡Ja!

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