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Torpezas políticas

El próximo domingo miles de españoles votarán en las elecciones europeas sin saber a ciencia cierta cuáles son los programas ofertados por los líderes de sus partidos
Abel Ros
@Abel_Ros
martes, 20 de mayo de 2014, 22:26 h (CET)
La campaña para las elecciones europeas ha sido un aperitivo de lo que serán las próximas generales. Digo esto porque tanto el PP de Cañete como el PSOE de Valenciano han centrado sus discursos en hablar de España en lugar de Europa. Por una parte, la derecha ha utilizado la campaña para vender la "supuesta" recuperación económica. Por otra parte, los socialistas han hablado del desmantelamiento del Estado del bienestar por parte del adversario. Las perlas de la campaña las han protagonizado Felipe González y Arias Cañete. El primero por invitar a un acercamiento - pacto o, como ustedes lo quieran llamar - entre el PP y el PSOE y, el segundo por ningunear a Elena por ser mujer. La invisibilidad de los otros, me refiero a los incipientes de la parrilla: Vox y Podemos, ha servido para que sigamos anclados en el bipartidismo galdosiano. Si a todo esto le añadimos que un eurodiputado cobra unos quince mil euros al mes por representarnos, debemos reflexionar sobre la viabilidad social de este chiringuito - o chollo - llamado Europa.

Las declaraciones de Felipe González acerca del pacto entre PP y PSOE ponen en evidencia la impotencia de los socialistas para defender su ideología en los foros merkelianos. Recordemos que desde el famoso "decretazo" de Zapatero, el partido socialista no ha levantado cabeza en la era Rubalcaba. Por ello pienso que no fueron inteligentes las palabras de Felipe. No lo fueron, les decía, porque con mensajes como ése, lo único que consigue el "militante socialista" es arrojar piedras contra su propio tejado. Las palabras de Felipe, a pesar de que está arrepentido, causarán un efecto nocivo en las filas de Valenciano. "Para qué votar al PSOE - se preguntaba esta mañana María, mi vecina del tercero - si dijo Felipe González, en el Objetivo de la Sexta, que su partido debería pactar con la derecha para sobrevivir en Europa". Flaco favor ha hecho el expresidente al "tenemos que movernos", el eslogan de su partido.

Otra torpeza de la campaña han sido, como les decía en el párrafo primero, las palabras de Cañete a su rival, Valenciano. Parece mentira que en los tiempos actuales aún existan "señores" que miren a la mujer como seres inferiores desprovistos de intelecto. Tales palabras: "la dejé ganar por ser mujer", probablemente compense los efectos inmovilistas de las palabras de Felipe. Gracias al desatino de Cañete, el PSOE ha conseguido despertar en los suyos un argumento para levantar de los sofás a miles de mujeres identificadas con Valenciano. Mujeres, les decía, que han visto en el líder de la derecha al representante de los valores retrógrados y machistas del régimen franquista. Así las cosas, la campaña socialista se han convertido en un refresco continuo de las palabras de Cañete para sacar la máxima tajada a la indignación femenina.

Así las cosas, el próximo domingo miles de españoles votarán en las elecciones europeas sin saber a ciencia cierta cuáles son los programas ofertados por los líderes de sus partidos. Tanto pepé como pesoe han hecho una campaña en clave nacional. Una campaña, les decía, alejada de Bruselas. Por ello, queridos amigos y amigas, los resultados del próximo domingo debemos celebrarlos como un anticipo o, dicho en la jerga sociológica, como una tendencia de lo que serán las generales dentro de dos años. Tanto es así que si gana Cañete habrá ganado Rajoy por su gestión en sacarnos del agujero. Si ganan los socialistas habrá que interpretarlo como un castigo ciudadano al desgaste del Gobierno por sus políticas de recortes. No olvidemos que tanto las torpezas de Felipe como las de Cañete pasarán factura a sus respectivos partidos.

Algunos votantes socialistas se quedarán en casa, luego no votarán, por miedo a que su partido pacte con la derecha. Muchas mujeres, por su parte, no votarán al PP para no sentirse identificadas con el machismo de Cañete.
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