Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
19º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Firmas y Blogs
Augusto Manzanal Ciancaglini
Augusto Manzanal Ciancaglini
La OTAN refuerza su frente oriental mientras la imagen de Rusia se sigue desmoronando. Tal vez Pekín no sea el parachoques más seguro

Rusia invade Ucrania como forma desesperada para no hundirse en la arrinconada irrelevancia que Estados Unidos y sus aliados le estaban propinando al centrarse en el Indo-Pacífico. Con este propósito, asume el riesgo del aislamiento diplomático, el desgaste económico y la contraproducente estrategia a nivel de seguridad. Todo dentro de una reacción más fuerte de lo esperado: la resistencia ucraniana y la presión internacional han sobrepasado las expectativas.


En resumen, Rusia continúa por el camino contrario al que debería elegirpara proyectarse como una potencia regional que aspira a volverse una global. No diversifica su economía ni recolecta aliados desparramando algún tipo de propuesta cultural o ideológica, más allá de su difusión de fake news, al tiempo que le da motivos al enemigo para que refuerce su alianza.


Las sanciones masivas pueden afectar más simbólicamente que económicamente, pero la confirmación de que la dependencia europea de la energía rusa no es viable se pone de manifiesto con la decisión de Alemania de detener el Nord Stream 2.


Por otro lado, al igual que con aquella represión de Moscú del levantamiento húngaro en 1956, la OTAN se solidifica y refuerza su frente oriental mientras la imagen de Rusia se sigue desmoronando. Tal vez Pekín no sea el parachoques más seguro y confiable.


Todo este razonamiento tiene una lógica occidental. Sin embargo, Moscú en el tablero geopolítico ha representado un actor muy particular; una especie de Bizarro, no por el típico uso incorrecto de este adjetivo en español, sino por aquel enemigo de Superman que lo copia de una forma distorsionada y viene de un planeta con forma de cubo regido por un Código Bizarro que dicta: "¡Hacemos lo contrario de todas las cosas terrenales! El Pacto de Varsovia fue un buen ejemplo de algo sacado de ese mundo: una alianza militar que invadió solo a sus propios miembros.


El Zar se asentaba sobre su autocracia, feudalismo y dominio terrestre cuando Occidente se derramaba gradualmente por todos los mares de la industria y los derechos, luego la Unión Soviética se encerraba en el más grande cubo, cuyos cuadrados se iban desprendiendo con el desfigurado reflejo occidental.


Hoy, luego de la humillación de los noventa y con un cerco atlántico cada vez más apretado, este bizarro país (en el correcto uso del término) se ha vuelto más Bizarro que nunca: una  federación gobernada sin discusión desde Moscú; una república con un dictador, cuya recomposición militar se ha dejado por el camino los otros condimentos de un imperio.


He aquí una enorme y vacua fiera herida que puede cambiar de pelaje, pero que se mantiene siempre como ese familiar y exótico contraste. Así sigue oscilando siempre dentro de su cúbica inmensidad incompleta: a la manera del gatopardismo, este oso pardo cambia de forma para permanecer como el malo necesario que pierde sin desaparecer bajo un telón inquieto; una potencia regional bicontinental con aspiraciones universales, aunque finalmente mantiene una misma zona de influencia alrededor de sus fronteras más o menos amplia según la época.


Allí prepara la actuación que da sentido a su dostoievskiana existencia, espectáculo en el teatro global que Occidente, engalanando el humeano azul de su crespo cabello con un pesado y volátil sombrero tan enroscado como estrellado, disfruta y sufre desde su cómoda y ensanchada butaca.

Artículos del autor

Dentro de los intermitentes reajustes llamados crisis culturales, esta es una época de inconsistencia ideológica enredada en una polarización arrastrada por cámaras de eco y realimentación virtual. En este juego un sector avanza a través de la irrefrenable fantasía frustrada hasta las mismas entrañas del Estado para hacerse una selfie perpleja y errabunda.

El 20 aniversariode los atentados del 11 de septiembre, junto a la caótica salida de Estados Unidos de Afganistán, obliga a los medios y a sus consumidores a tranquilizarse sobre los dóciles conceptos absolutos que se despiden en forma de titular. El que desee entender los intrincados códigos de la geopolítica, deberá remontarse bastante en sus estudios. Allí podría encontrar a Cayo Claudio Glabro o a Publio Quintilio Varo.

Recientemente se han visto algunos movimientos militares amenazantes por parte de Rusia y China. Moscú acumuló tropas a lo largo de la frontera con Ucrania. Simultáneamente, China comenzó a realizar ejercicios de asalto anfibio e incursiones aéreas en la llamada zona de identificación de defensa aérea de Taiwán.

China, mostrándose imparable, intenta nublar sus responsabilidades sanitarias y su autoritarismo: firma el mayor tratado de libre comercio del mundo con 14 vecinos, un espaldarazo al multilateralismo y la liberalización comercial, pues tiene como objetivo rebajar los aranceles hasta el 90 por ciento. Sin embargo, su alcance final está por debajo de las expectativas iniciales, ya que la India decidió retirarse de las negociaciones y el texto aprobado no entra en temas de inversión o cuestiones medioambientales y laborales.

La ambigua relación de Rusia con Turquía se vuelve a reflejar en un conflicto en el cual, entre el peso de la diáspora armenia y el gas azerí, todo se termina de embrollar con la implicación de Francia: aquí llega el punto más elevado de las tensión regional; París y Ankara van acumulando fricciones que se desbordan a través de la patria azul de cada uno, es decir, los mares. Allí embeben más su rivalidad con historia, ideología y religión.

El estrecho de Bab el-Mandeb, entre el mar Rojo y el golfo de Adén, es un paso obligado en la conexión del océano Índico con el mar Mediterráneo, por lo cual es una de las zonas con mayor valor geoestratégico del mundo. Yibuti, un microestado de 23.000 kilómetros cuadrados y cerca de 900.000 habitantes, puede jactarse de situarse en este relevante cuello de botella por el que transita buena parte del comercio global.

Combinando motivos geopolíticos y económicos, la voz opositora más potente viene de Estados Unidos, pues el incremento de sus exportaciones de gas natural licuado a la Unión Europea es una prioridad. A pesar de la caída de la demanda y los precios, el interés de potenciales clientes augura una perspectiva positiva a largo plazo para el GNL estadounidense, cuya ventaja radica en su transporte.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris