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los defensores de la tierra que luchan para salvar el planeta enfrentan amenazas que van desde la intimidación hasta el encarcelamiento o la muerte

El catastrófico cambio climático está calentando el planeta. Se han batido récords de temperatura en diversas partes del mundo, desde Siberia hasta California, y una profusión de incendios forestales, sequías y huracanes se extienden por el mundo. Sin embargo, los defensores de la tierra y del agua que luchan para salvar el planeta enfrentan amenazas que van desde la intimidación hasta el encarcelamiento o la muerte.


En Honduras, Berta Cáceres lideró la campaña del pueblo indígena Lenca para detener la construcción de una represa hidroeléctrica en el río Gualcarque, de carácter sagrado para la comunidad lenca. El 2 de marzo de 2016, la destacada activista fue asesinada a tiros en su propio hogar. Los siete sicarios que llevaron a cabo la ejecución fueron condenados, pero hasta esta semana la persona que ordenó el asesinato había permanecido impune. 


El lunes, la Corte Suprema de Honduras, en decisión unánime, declaró a Roberto David Castillo culpable de ordenar el asesinato de Berta Cáceres. Castillo era presidente de la empresa hidroeléctrica Desarrollos Energéticos S.A., DESA, la empresa que intentaba llevar a cabo la construcción de la represa sobre el río Gualcarque. Este exdirectivo de la DESA se graduó en 2004 de la academia militar estadounidense de West Point y se desempeñó como oficial de inteligencia militar de las Fuerzas Armadas hondureñas. El fallo condenatorio del alto tribunal hondureño en su contra no traerá de vuelta a Berta Cáceres, pero podría disuadir ataques similares y, en última instancia, salvar vidas.


Durante mucho tiempo, Honduras ha sido prácticamente una colonia de Estados Unidos, que le ha proporcionado bananas, café y minerales de exportación producidos con mano de obra barata. Esta explotación ha creado una de las mayores brechas entre ricos y pobres de todo el mundo. Honduras también ha sido una base de operaciones del Ejército de Estados Unidos y la CIA, desde el derrocamiento en 1954 del presidente democráticamente electo de Guatemala, hasta el apoyo a los Contra nicaragüenses en la década de 1980, años en los que Estados Unidos tenía en la mira derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua.


Después de ganar las elecciones en 2006, el expresidente hondureño Manuel Zelaya, a pesar de ser un miembro de la élite, promovió políticas populares y progresistas, como la iniciativa de aumentar el salario mínimo en el país. El 28 de junio de 2009, Zelaya fue derrocado por un golpe de Estado. Desde entonces, Honduras ha sido gobernada por una seguidilla de presidentes de derecha corruptos, respaldados por Estados Unidos. Estos mandatarios han impulsado la privatización de los recursos públicos y priorizado las ganancias de las corporaciones multinacionales. Las altas tasas de desempleo y las bandas criminales cada vez más violentas se han sumado a las terribles condiciones ya existentes en el país, lo que ha provocado que decenas de miles de hondureños busquen la seguridad del asilo en Estados Unidos.


Honduras ha visto crecer un vigoroso movimiento de resistencia popular, liderado por trabajadores y comunidades indígenas. Berta Cáceres cofundó en 1993 el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras —o Copinh, por su sigla—. En 2006, la líder indígena comenzó a organizar la resistencia contra el proyecto hidroeléctrico de la represa Agua Zarca. La movilización provocó que la empresa Sinohydro, la constructora de represas más grande del mundo y socia clave de DESA, se retirara del proyecto. Por su lucha y liderazgo, Cáceres recibió en 2015 el prestigioso Premio Medioambiental Goldman. Menos de un año después de recibir ese premio, Cáceres fue asesinada. Luego del asesinato de la activista, los socios financieros internacionales de DESA se retiraron del proyecto y la represa sigue sin construirse.


“Berta Cáceres criticó repetidas veces las acciones de Hillary Clinton y del Gobierno de Obama”, dijo a Democracy Now! la académica hondureña Suyapa Portillo, profesora asociada en la Universidad de Pitzer. “Ella solía decir que Honduras es un laboratorio de lo que Estados Unidos quiere hacer en otros países, no solo en América Latina”. La entonces secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, defendió el derrocamiento de Zelaya, sin llamarlo públicamente golpe de Estado. Asimismo, el entonces vicepresidente Joe Biden se reunió en 2012 con el primer presidente golpista, Porfirio Lobo, y reafirmó el “largo y estrecho vínculo” entre los dos países. En ese viaje, Biden estuvo acompañado de su asesor Tony Blinken, hoy secretario de Estado de Estados Unidos.


El actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, ha sido implicado en un caso de tráfico de cocaína por el que su hermano, Tony Hernández, cumple actualmente en prisión una condena de cadena perpetua en Estados Unidos.


En la conversación que mantuvo con Democracy Now!, la profesora Portillo agregó: “El rol que Estados Unidos ha desempeñado en Honduras ha sido el de propiciar el extractivismo y el capitalismo racial. Y eso es lo que criticamos. Su rol nunca ha sido el de respetar la soberanía de Honduras o de otras naciones centroamericanas. Estamos viendo más de lo mismo”.


El grupo ambientalista y de defensa de los derechos humanos Global Witness, en su informe anual más reciente sobre ataques contra defensores de la tierra y el agua, halló que, en 2019, fueron asesinados al menos 212 de estos activistas de primera línea en todo el mundo. El informe también concluyó que cuanto más se intensifica la crisis del cambio climático más se producen ataques contra los defensores del medioambiente. En la lista de los países con mayor cantidad de activistas asesinados, Honduras ocupó el quinto lugar, con la tasa per cápita más alta de asesinatos de activistas medioambientales en el mundo.


En su discurso de aceptación del Premio Goldman 2015, Berta Cáceres dijo:

“En nuestras cosmovisiones, somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas, que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta”.


El costo por defender la vida no debería ser la muerte. A medida que se intensifica la emergencia climática, todos tenemos el deber de proteger a los defensores del agua y de la tierra que están, como Berta Cáceres, en la primera línea de la lucha.

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