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Podemos, el cuarto en discordia

Miguel Massanet
domingo, 22 de octubre de 2017, 13:43 h (CET)
Nos preocupan, nos inquietan y nos ponen en guardia los evidentes fallos argumentativos, los imperdonables errores, no sabemos si intencionados o no, en los enfoques legales y en la, nula o casi nula, capacidad para enfocar los temas políticos por parte de un grupo de presuntos intelectuales, universitarios en gran parte e, incluso, profesores de las disciplinas del Derecho y Ciencias Sociales que, en cuanto abren la boca para hacer declaraciones públicas o intervienen en los foros de debate de todo el país, se vienen caracterizando por su manifiesta incapacidad para argumentar con sensatez, con preparación y sentido común, como no sea con sofismas que denuncian su fanatismo, su desviación intelectual hacia ideas completamente trasnochadas o su incapacidad de aceptar otras ideas que aquellas que han decidido que son axiomáticas, solamente para intentar demostrar que, de verdad, se han convertido en cerriles defensores de sistemas políticos que no han hecho más que traer la miseria, el empobrecimiento social, la tristeza y el enfrentamiento entre los miembros de una misma sociedad. Ustedes se habrán dado cuenta de que nos estamos refiriendo al partido, Podemos, en el que militan los señores Iglesias, Errejón y Monedero, sin olvidarnos de esta émula de la señora Ubárruri, la Pasionaria, en la que se ha convertido esta muestra del feminismo doctrinario, la señora Montero.

En realidad, por su supuesta preparación, por los estudios que han realizado y por el ambiente universitario en el que se han desenvuelto, se podría esperar de ellos algo más que el haberse convertido en meros activistas profesionales, agitadores de masas y destructores de mobiliario urbano, simples clones de aquellos comunistas, incultos y amargados, que cultivaban el odio entre “castas”; estableciendo la diferencia entre “ricos opulentos” y “obreros oprimidos”, intentando que, los segundos, pudieran acumular tanto rencor y odio hacia los primeros, que todo acabara, como sucedió durante los años 30 del siglo pasado en las principales ciudades españolas, en un caos de inseguridad ciudadana y miedo incontrolado de los ciudadanos ante los continuos atentados terroristas, en el que muchas personas evitaban circular por determinadas zonas en las que se arriesgaban en ser víctimas de aquellos enfrentamientos irracionales, donde eran asesinados todos aquellos que estaban marcados por ser considerados de derechas, católicos o religiosos, por el mero hecho de serlo, a los que acompañaban los simples transeúntes que tenían la desgracia de circular por aquel lugar.

Estos advenedizos a la política, Podemos, consiguieron, en un primero momento, convencer a una serie de ciudadanos, gravemente afectados por la crisis económica, desengañados de la forma en la que los partidos tradicionales afrontaron las consecuencias de la burbuja inmobiliaria y desesperados por la imposibilidad de encontrar trabajo para poder atender las necesidades de sus familias. Ellos mismo quedaron sorprendidos cuando consiguieron, en unas elecciones legislativas, el apoyo de cinco millones de votantes. La circunstancia de que, gracias a la tolerancia de algunas TV, a su protección, al dinero que se trajeron de Venezuela y a los efectos retardados de aquel 15M de la acampada de universitarios en Madrid, donde se protestaba por la falta de trabajo para los nuevos licenciados; los disparara como una opción alternativa a los socialistas y al PC, ya fue desconcertante. Una pandilla de comunistas venezolanos, muchos de ellos entrenados en Venezuela y asesores del autócrata Maduro, se convirtieron en uno de los principales problemas para España y, a la vez, se constituyeran, olvidándose de que los comunistas nunca fueron partidarios del secesionismo, en acérrimos defensores del belicoso nacionalismo catalán, nos da la medida de, hasta donde, han llegado en su intento de desestabilizar el régimen político español.

Abandonaron su pretensión de aliarse con los socialistas de P. Sánchez, para radicalizarse aún más aliándose con los separatistas catalanes y, es evidente, que han intentado extender el conflicto catalán fuera de las fronteras catalanas, para buscar conseguir la complicidad de otras ciudades, como Zaragoza y Madrid, donde, con la ayuda de Manuela Carmena, intentaron utilizar los locales municipales para organizar un gran acto en apoyo de los secesionistas catalanes, intento que fue abortado por la decisión de un juez. Han fracasado y se unieron al peor aliado, algo que se ha notado ante la furiosa reacción de este personaje, amargado y cargado de odio, que es Echenique quien, olvidándose de que él, tan buen defensor de la ley y de los derechos de los trabajadores, tuvo un asistente en su casa al que se “olvidó” de darle de alta en la Seguridad Social; ha acusado de todo cuanto se le ha ocurrido y mucho más al PP, por lo que, incomprensiblemente, ha calificado de “golpe de Estado” la aplicación del 155, cuando, quienes han incurrido en semejante delito han sido quienes han violado la Constitución, han sido descalificados por el TC y van a ser imputados por haber promulgado, ilegítimamente, leyes, en Parlamento catalán, que fueron invalidadas desde el TC.

Según corresponde al genuino estilo soviético, el señor Pablo Iglesias, con la misión de crear el caos en España y con la pretensión de establecer, en Europa, una cabeza de puente, desde la cual intentar derrocar a la derecha de la UE e implantar, después de que desde hace, aproximadamente, 26 años, en tiempos de Corbachov, se produjo la desintegración total del régimen comunista soviético; un nuevo frente Popular como el que, en su día, intentó el señor Stalin; precisamente cuando España se encontraba en plena Guerra Civil.

Estos días hemos estado viendo los esfuerzos desesperados de Pablo Iglesias para intentar recobrar protagonismo, en una disputa donde parece ser que nadie le hace caso y corre el peligro de que, con la aplicación del 155 se quede sin espacio político de actuación. Y aquí es donde el papel de la CUP, que prevemos va a ser el de organizar manifestaciones en las calles, si es posible con destrozos de mobiliario urbano y acoso a las sedes de los partidos constitucionalistas; dentro de lo que va a ser el momento más difícil de todo este proceso, puede quedar reforzado por un apoyo, al estilo guerra civilista, de las huestes de Podemos, radicalizadas por sus directivos, como única forma de intentar recuperar, ante los españoles, parte del prestigio que sus balandronadas, sus payasadas en las Cortes y sus errores y luchas intestinas, han ido recortando de modo que, según las encuestas más recientes, es muy posible que sufran un fuerte varetazo en las próximas elecciones.

Quede claro, señores, que los únicos que han intentado y siguen estando en ello, dar un golpe de Estado contra la democracia española, contra las Instituciones españolas y el Gobierno de la nación han sido, sin duda alguna, quienes se han saltado las leyes, la Constitución y el mismo Estatut, tomando el camino del enfrentamiento y abandonando los conductos reglamentarios para exponer sus quejas y reclamar, lo que consideraban que les correspondía, ante el lugar adecuado para ello, el Parlamento de la Nación. No quisieron exponerse porque sabían que, la unidad de España, no puede ponerse en cuestión y no hubieran conseguido la mayoría precisa para poder plantear una reforma constitucional en la que se planteara una ruptura con España de una parte de su territorio.

Por otra parte, no se había logrado una unanimidad, en la UE tan, clara y concluyente como la que todas las autoridades y directivos de las instituciones europeas han manifestado, sin lugar a malas interpretaciones, en el sentido de que no existía posibilidad alguna de que, una Cataluña independiente, tuviera la más mínima posibilidad de volver a ingresar en Europa si no fuera que se pusiera a la cola de las naciones que están en espera de ser aceptadas y, en el bien entendido de que, si llegado el momento de plantearse su reingreso, una sola de las naciones de la UE se mostrara contraria a ello y manifestara su oposición ( como podría ser, perfectamente, España) la petición sería rechazada de plano.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, convencido del acierto de los partidos políticos que han apoyado la aplicación para Cataluña del Art.º 155 de la Constitución española, sólo nos queda esperar que, así como han manifestado valentía a la hora de anunciar su publicación, cuando el Senado lo haya aprobado y se hayan realizado todos los trámites necesarios para que se haga efectivo en Cataluña, a nadie le tiemblen las piernas, le falten ánimos y tenga la tentación de achicarse ante las reacciones ( casi seguro que las habrá) por parte de estos fanáticos, que no aceptan el imperio de la Ley y están dispuestos a hacer pagar, a España y los españoles, el “atrevimiento” de pretender que no se salgan con sus propósitos de dividir nuestra patria. El momento de la fe en el futuro y de la firmeza ha llegado, no vale la marcha atrás.
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