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Miguel Massanet
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Miguel Massanet
​Verá usted, si piensa que va a conseguir que entre en su terreno del insulto, la descalificación, la ofensa e injuria, puede empezar a bajarse del burro, porque no voy a hacerlo

Debo reconocer en usted un mérito y es que se lee mis artículos cosa que yo no hago, porque acostumbro a dedicar mis lecturas a personas que escriben argumentando sus palabras, que expresan correctamente, que saben tener respeto por las personas que tienen una opinión distinta y que, por supuesto se limpian la lengua de las carroña comunistoide antes de dirigirse a alguien que, por supuesto , tiene todo su derecho, en una democracia - ¿en realidad lo que tenemos ahora en España es una democracia? - a expresar libremente sus ideas, aunque es evidente que usted no las comparte porque no es más que un niñato, mal educado, sin principios ni respeto por los demás y sus ideas de los que ha tenido la inmensa suerte de nacer en una España en paz, una España que no participó en la II contienda mundial gracias a este señor, para usted abominable, que fue el general Franco que le dijo al dictador alemán, Adolfo Hitler, que España no iba a entrar en una nueva guerra, no aalcanzan a imaginarse lo que fueron aquellos años de suma miseria.

Tengo la impresión, señor Padilla, de que usted no ha tenido tiempo para hacer una cosa que hemos hecho la mayoría de los ciudadanos españoles, no ahora por supuesto, en que como usted, amablemente, entre otras lindezas soeces, ha calificado mi existencia de “gris y pequeña vida”, algo que evidentemente no deja de ser una apreciación subjetiva de una mente atormentada, como es la suya, como corresponde a uno de estos progres ególatras que se han creído que han venido a este mundo para cambiarlo todo, desde el ostracismo de los antros de drogatas y zombis en los que suelen desfogarse de sus carencias intelectuales. Pero me temo que usted y esta banda de seguidores que le ríen las gracias, no han pegado en la vida un palo al agua. No son más que el lumpen de la sociedad, siempre convencidos de que lo que dicen es axiomático y que, sin embargo, no ven más lejos de lo que les permite su cerrazón sectaria y su desconocimiento absoluto de la Historia y, evidentemente, completamente desnortados respeto a una época, que yo viví personalmente, en la que personajes como usted tuvieron la oportunidad de dejar aflorar sus rencores y odios personales, asesinando a mansalva a miles de personas sólo porque, la intransigencia que usted demuestra con mis ideas políticas, al menos tan respetables como las suyas, la materializaron de forma violenta en contra de aquellas personas a las que, inocentes o no, decidieron liquidar y no eran a los suyos sino a los de derechas, sacerdotes y católicos, con algunos ilustres republicanos.

Verá usted, si piensa que va a conseguir que entre en su terreno del insulto, la descalificación, la ofensa e injuria, puede empezar a bajarse del burro, porque no voy a hacerlo. Allá usted con su facilidad para utilizar palabras molestas y descalificaciones. No dude de que, si quisiera, tengo todos los adjetivos y apelativos almacenados para cebarme en usted y en su ridículo disfraz de seudo-intelectual; pero no es lo que a mí me va bien ni mi forma de actuar. No he visto en el extenso escrito que me ha dedicado ni un solo argumento, sólo insultos, descalificaciones, palabras ofensivas y alusiones extemporáneas a mi edad como si el ser una persona mayor fuera antidemocrático o un delito. Seguramente, señor Padilla, habrá tenido un padre y una madre que ya tendrán una edad respetable y veamos si se atreve a criticarlos porque vivieran en el franquismo. Es curioso que, como poeta de verso libre que dicen que es, se haya aficionado a colocar palabras en sus escritos que carecen de la más mínima coherencia, acusándome de facha algo que ni viene a cuento ni nada tiene que ver con mis ideas política a no ser que, ir en contra del aborto, contra los matrimonios homosexuales etc, consista en algo facha, algo que evidentemente tampoco es.

Sin embargo, me voy a poner serio, sólo por un momento, porque el resto de su escrito no merece ni un minuto de consideración. Pero si ha pinchado en hueso y no entiendo como la redacción de Siglo XXI haya consentido que sea publicado, porque ya no se trata de algo que afecte a mi persona pero sí a mi intimidad, a mis deudos y a mi honor: usted se ha atrevido a calificar a los míos de “la mierda de familia que tendrá”. Ni a usted ni a ningún otro ser humano, aunque fuese el mismísimo Papa, le voy a consentir que se meta con mis familiares de los que, por supuesto, estoy orgullosísimo y merecen que se los defienda ante expresiones tan desafortunadas como las que un miserable como usted se ha atrevido a escribir. Creo que, en este terreno de la Justicia, tengo alguna ventaja sobre usted y espero que rectifique públicamente y retire estas palabras porque, en caso contrario, nos vamos a encontrar en los tribunales.

Tiene usted razón, me ha hecho perder un tiempo precioso que, a mi edad, tiene un doble valor, pero no dude ni un momento que, cada vez que dedique su atención a mi humilde persona, saldré a la palestra (¿sabe usted lo que es?) para darle cumplida réplica. Usted no es más, junto a los que le apoyan, que un deshecho social de los que actualmente hay tantos, que todavía no se han enterado de que seguimos estando en una democracia, que más de diez millones de españoles no estamos de acuerdo con los planteamientos comunistas que sostienen y que, hasta el rabo todo es buey, usted me entenderá y, si no, medite sobre ello.

Artículos del autor

En España tenemos la experiencia de lo que ha representado para el país la irrupción de un número considerable de partidos, la mayoría de tendencias izquierdistas, respeto a lo que habían sido años en los que se iban produciendo alternancias de gobierno entre los dos partidos mayoritarios de la nación.

Los nuevos tiempos han traído a nuestro país nuevas costumbres, sensibilidades distintas, cambios morales y éticos, fruto de una evidente percepción de las realidades más laica, más permisiva y, si se me permite, más libre en cuanto a este tema, siempre tan controvertido, como es la sexualidad humana, sus límites y modalidades.

Es evidente que, para muchas personas, la posibilidad de trabajar en su casa es algo ilusionante, lo que ya no está tan claro es que, este “descubrimiento” que achacamos al confinamiento obligatorio que los ciudadanos nos hemos visto obligados a mantener, por culpa de la pandemia del Covid 19, ha dado lugar a que algunos colectivos de trabajadores por cuenta ajena y profesionales.

Vaya por delante que, este comentarista, nunca votó por el partido socialista ni, tan siquiera, cuando Felipe González era el primer secretario general del PSOE. Sin embargo, seria de mal nacido no reconocer, en este señor, el mérito de formar parte de aquellos difíciles tiempos de la transición y el haber sido capaz de mantener un tono sensato y de un cierto entendimiento en sus relaciones con Suarez, entonces el jefe del gobierno de España.

Hoy nos hemos enterados del nuevo recuento oficial de los muertos causados por el coronavirus, este “secreto de Estado” que se nos ha estado ocultando a la ciudadanía, como si se tratara de materia reservada. Ahora parece que las “pequeñas rectificaciones”.

Sin duda alguna los que se dedican a la política forman un conglomerado multicolor en el que se incluyen toda clase de personajes entre los cuales podemos encontrar una variado muestrario de individuos entre los que podemos hallar, junto a personas válidas, capacitadas, honestas, patriotas y bien preparadas, a vividores, ambiciosos, infelices, codiciosos, calculadores, torticeros, egocéntricos, aprovechados y soberbios.

La muerte de una personas, sea blanca o negra, siempre es algo reprobable y, si el fallecimiento ocurre en unas circunstancias tan brutales como fue el caso de este joven negro, Jeorg Lloyd, la indignación popular responde con la expresión masiva de lo que es un descontento ante la injustica de una muerte innecesaria y con atisbos de racismo.


Se dice que los españoles somos temperamentales, que el carácter de nuestra raza es indómito y poco disciplinado, un pueblo difícil de dirigir y, en ocasiones, propicio a la rebeldía. Puede que tengan algo de razón los que piensen de esta manera pero, visto lo visto, quizá porque haya más izquierdistas de lo que nos creíamos o porque la derecha no ha sabido nunca vender sus éxitos ni tampoco defenderse de la propaganda pertinaz.

 
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