Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Miguel Massanet
Hablemos sin tapujos
Miguel Massanet
“A menudo damos a los niños respuestas que recordar en lugar de problemas que resolver” (Roger Lewin)
Las izquierdas saben mucho de cómo desestabilizar una nación., conocen los métodos adecuados para utilizar, en favor de sus objetivos, aquellas demandas de parte de la ciudadanía que saben que no pueden ser satisfechas por el Estado; son expertos en acompañar a quienes tienen cuentas pendientes con el sistema y son los que tienen respuesta para casi todos aquellos que se sienten engañados por quienes los gobiernan. Ahora, en España, saben que existe un medio realmente efectivo para conseguir que la división interna a la que tanto aspiran, la proliferación de los enfrentamientos entre las diferentes autonomías de las que está compuesta España, que tanto pueden beneficiar sus planes y el apoyo de la juventud, especialmente de la universitaria, que tan maleable resulta ser ante los problemas sociales del pueblo, por su innata tendencia a la defensa de los más débiles; y este, sin duda, el medio que, en Cataluña y en el País Vasco han venido utilizando para manipular a las nuevas generaciones de catalanes y vascos, a través de las escuelas, ikastolas y las universidades. Hablamos de la fuerza que otorga, a quienes pueden hacerse con su control, el poder de la enseñanza.

Nunca dejaremos de lamentarnos de la falta de sensatez, de visión de futuro, de análisis de la realidad sociológica de las distintas regiones de nuestra patria y del poder que se ha venido otorgando a quienes vienen reclamando, cada vez, mayores competencias, más libertad de actuación, menores sujeciones al poder central y menos dependencia de las leyes generales del país. Hoy en día es obvio que, quien dispone de la potestad de educar a los ciudadanos, tiene una de las llaves importantes para imponer sus ideas a las nuevas generaciones, que pasan ineludiblemente por el filtro de las escuelas y las universidades. Es obvio que, si a un niño de pocos años se le imbuye de una historia fraudulenta, se le adoctrina en ideas de tipo nacionalista, se le enseña a considerar al resto del Estado como un enemigo que pretende oprimirle, que viene robando al pueblo al que pertenece, que pretende restarle libertades, impedirle hablar en su propio idioma o coartarle el ejercicio de sus costumbres y tradiciones; no hay duda de que, aquella juventud, va creciendo bajo el convencimiento de que el Gobierno central es su enemigo,, contra el que hay que rebelarse, al que hay que atacar para obligarle a que ceda y permita que, aquella parte del territorio nacional, pueda independizarse para gozar de la libertad que, según le han enseñado, se les ha estado robando.

Por desgracia, los sucesivos gobiernos que hubieran podido acabar con este estado de cosas, han sido incapaces, dominados por sus intereses partidistas, sus aspiraciones de poder, su incapacidad para tomar en cuenta la gran responsabilidad que han ido adquiriendo cada vez que han cedido ante las peticiones de los gobiernos autonómicos; han permitido que redactaran unos estatutos de autonomía cada vez más exigentes, más dotados de competencias, menos dependientes del Estado central y, en consecuencia, con más posibilidades de actuar, sin necesidad de quedar sometidos a la vigilancia que debiera haber impedido que se extralimitasen en sus funciones hasta el punto, como ha venido ocurriendo en la comunidad catalana, de que las autoridades locales, se han considerado capacitadas para poder enfrentarse al Estado, dejar de verse sometidos al Estado de Derecho y echarse a la calle, sin temor alguno a enfrentarse a las leyes españolas y a la propia Constitución de 1978, a la que ya se niegan a respetar, en su loca carrera hacia el abismo que les espera, de seguir aferrados a la idea de rebelarse en contra de la nación a la que vienen perteneciendo desde hace 500 años.

Hace años que la ley de Educación ha sido motivo de enfrentamiento entre los distintos partidos que han pasado por el gobierno de la nación. Nunca, el PSOE y el PP, en su calidad de partidos mayoritarios de la nación española, han conseguido la suficiente calma, sensatez, buen disposición y sentido de estado, para ser capaces de llegar a un consenso sobre una Ley de Educación consensuada por ambas partes, con la posibilidad de tener una vigencia superior a la de la duración de la legislatura en la que han gozado del poder para hacerlo. Es evidente que, en las circunstancias actuales, con un Parlamento dividido, sin mayorías suficientes, donde las izquierdas actúan de freno a cualquier actuación que tenga sentido y los partidos, que se pudieran considerar constitucionalistas, están enfrentados entre ellos, más pendientes de buscar ventajas partidistas, de conseguir victorias pírricas en contra de sus oponentes o en velar por sus intereses electorales pensando, no en la legislatura en la que se encuentran, sino en las posibilidades de ganar unas nuevas elecciones en el futuro.

Y, con estos mimbres, son con los que, el actual gobierno del PP, tiene que organizarse para evitar que, Cataluña, consiga su objetivo de independizarse de España, impedir que el ejemplo catalán contagie a los vascos que, si bien parecen actuar con más sensatez, es evidente que, lo que pudieran conseguir los separatistas catalanes, lo iban a pedir inmediatamente para ellos. Los comunistas de Podemos, jugando al doble juego de aliarse con los socialistas de P.Sánchez, un sujeto con evidentes síntomas de estar poseído por una fanatismo con ribetes morbosos, con la idea fija de presentar una moción de censura en contra de Rajoy; mientras, por otra parte, les siguen haciendo el juego a los catalanes, apoyando su desafío al gobierno y a las Cortes españolas, mientras la señora Colau, que parece ir por libre, intenta por todos los medios dar la sensación a los catalanes de que los apoya en sus ansias de ser independientes, pero limitándose a hacer promesas vagas de facilitar las votaciones, sin concretar de que forma lo va a hacer, para intentar evitar entrar en el peligroso juego de cometer actos en los que pudiera ser acusada de colaborar con el independentismo catalán, incumpliendo las órdenes, cada vez más precisas, del TC.

Es evidente que sería necesario, ante la situación en Cataluña, si es que fuera factible ( y actualmente es imposible) cambiar la Constitución, pero no en el sentido que quisieran los separatistas o el propio PSOE de cambiar la Carta Magna para convertir el estado de las autonomías en otro de tipo federal; algo que, no solamente sería una grave equivocación por las consecuencias disgregadoras que se darían, sin duda empeorando os efectos perniciosos de carácter evidentemente nefasto, del actual Estado de las autonomías. Por el contrario, las reformas deberían centrarse en cambiar el Título VIII, para reducir de una forma importante todas aquellas funciones, actualmente traspasadas a las regiones autonómicas, para que volvieran a ser administradas desde el Estado central. Y, la primera de todas ellas, sin la menor vacilación, aquella relativa a la enseñanza que debiera de quedar unificada para todo el territorio nacional; de modo que las materias que se enseñasen en Guadalajara fueran las mismas, que las que se enseñaran en Cataluña o el País Vasco. La historia de España debería enseñarse en cualquier autonomía mediante un texto unificado en el que, los hechos y acontecimientos históricos, se enseñaran tal y como sucedieron y no trufados de intentos de tergiversarlos; de forma que, como ocurre en la actualidad, en cada autonomía enseñan lo que, según sea el gobierno que está al frente y sus ideas políticas, los textos de la Historia de España tienen un contenido favorable a las ideas sostenidas por los gobernantes que, en muchas ocasiones, difieren sustancialmente, de cómo ocurrieron los hechos en la realidad histórica.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que reconocer que, así como parece que se encuentran, en estos momentos de esta legislaturas, las relaciones de fuerzas entra la derecha y la izquierda, cuesta mucho poder adivinar lo que nos espera en los próximos meses en los que, la espada de Damocles va a pender sobre todo el pueblo español, nos estará amenazando según como se acabe solucionando el grave problema independentista catalán o según las artimañas de las izquierdas españolas, dirigidas por los socialistas de P.Sánchez, IU y los de Podemos, consigan los apoyos precisos para pedir la moción de censura, en la que tanto insiste el señor P.Iglesias, con la intención de instaurar un gobierno frente populista o, ambos problemas, el señor Rajoy y su equipo sean capaces de solucionarlos satisfactoriamente. En todo caso, vamos a estar temblando mientras llega el momento en que se produzca el desenlace.

Artículos del autor

Es evidente que existe una confabulación de determinadas fuerzas políticas españolas para intentar, por todos los medios a su alcance, sin reparar en métodos, martingalas, contubernios ni marrullerías.
Los entendidos hablan de que ya, en el año 1100 AC, circulaban en China pequeñas reproducciones de cuchillos, herramientas y demás útiles de trabajo, fabricados en metales preciosos, de los que se dice que ya se empleaban como moneda de cambio para sustituir a los famosos trueques utilizados comúnmente para comerciar en los mercados de la antigüedad.
Tenemos la impresión de que se quiere contemporizar con quienes no se cortan un ápice cuando se trata de enfrentarse al Estado para pedirle ,¡qué digo! exigirle con malos modales, que se rinda ante sus desafíos como si, en realidad, quienes dispusieran del poder, de los medios.

Y, ante esta posibilidad, ante un posible gobierno de extrema izquierda en España, y sus evidentes repercusiones en el resto de la UE y en Bruselas, para no hablar de lo que pudieran pensar Alemania y Francia de unos vecinos gobernados por los discípulos del señor Maduro, con unas políticas diametralmente distintas a las de la CE y dirigidos por la misma clase de políticos que están al frente de Grecia, con aquel revolucionario Tsipras, discípulo de Maduro que, finalmente, tuvo que inclinar la cerviz ante los famosos hombres de negro y que fue quien ha llevado a su país, Grecia, a una situación mucho peor que la que hubieran obtenido si hubieran aceptado las condiciones que, primeramente, se les ofrecieron para liquidar sus deudas por la propia CE. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos preocupados por la evolución que están tomando los acontecimientos en nuestra nación; en la que, mientras los catalanes amenazan con crear un problema grave de convivencia, intentando separarse del resto del pueblo español; una imprevista resurrección del comunismo más radical, amenaza de nuevo a un país que ya parecía vacunado contra una invasión que amenazó con hacerse con España durante la Guerra Civil de 1936.

Puede que esté equivocado, ya que se trata de una mera suposición, pero, como parece que sus amigos piensan de él, se trataba de una persona fría, dueña de sus actos, reflexiva, poco comunicativa y, sin ninguna duda, capaz de enfrentarse con serenidad a situaciones extremas para escoger la solución que, a su juicio, era la más conveniente; existe la posibilidad que previendo el porvenir, estando convencido que sus recursos ante el Supremo no iban a prosperar y pensando en la situación en la que iba a dejar a su familia, los malos tragos que les iba a proporcionar y las consecuencias económicas que podían acabar por afectarles, incluso haciendo peligrar gravemente la estabilidad sus finanzas; existe la posibilidad, avalada por la frialdad con la que preparó su suicidio, el hecho de haberse llevado a la finca su propia escopeta de caza, para que no se pudiera achacar su muerte a alguno de sus compañeros de cacería, y la intimidad que escogió para dispararse el tiro, lejos del resto del resto de personas asistentes al evento; permitirían pensar que urdió quitarse la vida para que, todos los casos penales que le acosaban, quedasen solucionados de un plumazo cuando el falleciese; evitando el Vía Crucis que, sin duda, iba a representar para su familia el tener que soportar las consecuencias de una serie de años de comparecencias judiciales y, con toda probabilidad, de sucesivas condenas.

Ni que decir tiene que los demócratas, encabezados por la señora Hilary Clinton, la principal afectada por la abultada derrota que sufrió por parte de Donald Trump; que después de un periodo para reponerse de su fracaso, vuelve a la batalla utilizando todas las artes sucias en las que es especialista para intentar, valiéndose de todos los trucos y malas artes para desacreditar a su adversario político y con el apoyo de una parte importante de la prensa americana y las cadenas televisivas, con la excepción de la Fox, y el apoyo subterráneo de la masonería que está viendo en este presidente populista, que va por libre y que dice cosas políticamente incorrectas, pero que calan en una parte importante del pueblo norteamericano que, por raro que parezca y, a pesar de que sus adversarios han conseguido que su popularidad haya caído en las cotas más bajas desde que subió a la presidencia; sin embargo, siga conservando el suelo electoral que le permitió hacerse con la presidencia del país.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, tenemos que manifestar nuestra perplejidad ante el grado de descomposición moral al que estamos llegando en una España en la que, apenas hace 20 años, todavía se mantenían una serie de costumbres, hábitos, tradiciones familiares, normas de convivencia y cívicas que respetaban un estatus ciudadano, un orden, una seguridad y un civismo que, por desgracia ,en el tiempo que nos encontramos, se puede decir que ha desaparecido por completo para ser sustituido, empezando por las personas que nos gobiernan y acabando por el último ciudadano, por aquellos que han conseguido darle el vuelco a nuestra sociedad, alterando la idea de tradición, respeto por nuestros mayores y espíritu de orden, disciplina y trabajo, por un nuevo concepto relativista de la vida, en la que lo que predomina es la libertad del individuo sin el más mínimo respeto por los derechos y opiniones del resto de las personas con las que convive.

Los ciudadanos, aunque quisiéramos creer que el Gobierno tiene todos los ases en la mano para poder evitar que las amenazas de los separatistas, el anuncio de la Generalitat de una consulta a todas luces ilegal y la puesta en marcha de una serie de medidas encaminadas a evitar los controles que, desde el Estado y los órganos de seguridad de los que dispone, se llevan a cabo para estar a punto de contrarrestar cualquier acción delictiva que pudiera producirse en relación con el famoso “progres”; tenemos la impresión de que todo lo que se pueda hacer ahora ya llega con retraso, que se han dejado pasar ocasiones para cercenar de cuajo estos intentos de desestabilizar el país, que no se han aprovechado y, aún ahora, que parece que ha despertado del sueño de tolerancia en el que ha estado sumido durante años, sigue manteniendo una actitud de exagerada contención, de incomprensible pasividad y de, podríamos decir, contemporización con una realidad que se presenta sumamente amenazadora y que, a nuestro entender, requeriría posturas más enérgicas, decisiones más rotundas y actitudes más explícitas, que dejaran paladinamente claro que la reacción del Estado, ante la amenaza de escisión, no va a ser precisamente lo suave, medida, controlada o mojigata, como hasta ahora se ha venido dando a entender.

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris