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Es obvio que las defensas de los implicados políticos en el proceso que se lleva a cabo ante el TS, viendo lo que se les viene encima, intenten alargar el proceso lo más que puedan, presentando cuantos incidentes y recursos les permiten las leyes, aunque estén convencidos de que no van a sacar nada en limpio de tales actuaciones. Persuadidos de que, aún en el mejor de los casos para sus defendidos, les van a salir condenas importantes por la gravedad de los delitos que se les atribuyen, en su empecinamiento por prescindir de la Constitución, por desobedecer las sentencias de los tribunales y por crear un verdadero revuelo cuando intentaron, pese a las advertencias del Parlamento de la nación, del mismo Gobierno y del TC, de que se trataba de un acto ilegal, de llevar a cabo una consulta no autorizada a la que quisieron vestir de consulta a los catalanes, celebrada el 1 de octubre del 2017 y todo ello pese a los requerimientos en contra de dicha convocatoria del TSJC y de la actuación de una parte de la policía, la nacional y la Guardia Civil, (debido a que los mossos se abstuvieron de colaborar, por órdenes de sus propios superiores, todos ellos ante los tribunales de Justicia), que se vieron desbordados por multitudes aleccionadas y dirigidas desde la TV3 y Cataluña Radio para que acudiesen a presentar batalla en apoyo de aquellos que, desobedeciendo flagrantemente la legalidad, se empeñaron en abrir los centros de votación y de instalar las urnas en ellos para que, los que acudieran a votar pudieran depositar su voto en ellas. Todo ello sin censos oficiales, sin controles del resto de partidos, sin inspectores y sin garantía de que los votos que se recogieron, al final de la jornada, hubieran sido depositados por los electores o por los mismos miembros de las mesas que pudieron actuar sin el menor control y con toda impunidad, para intentar presentar ante el resto de naciones, aquello que fue un bodrio impresentable, como si hubiera sido celebrado con todas las bendiciones de la propia legalidad.


También es cierto que, viendo lo que ha venido sucediendo con los intentos de repatriar a todos aquellos presuntos delincuentes, que se refugiaron en el extranjero, utilizando el método abreviado de la “Orden Europea de Detención y Entrega” y sus resultados, se pudo comprobar que ni en Bélgica ni en Alemania el sistema funcionó como se esperaba, acabando en un sonado fracaso debido a la inoperancia y oposición de los jueces de los respectivos países que intervinieron en los hechos. En lugar de proceder a la entrega inmediata de las personas que se reclamaban, lo que hicieron fue fiscalizar si las acusaciones de los jueces españoles estaban justificadas o no, en lugar de limitarse a comprobar que los delitos perseguidos tenían su equivalencia en sus respectivos países; inmiscuyéndose, con sus actuaciones dilatorias, completamente improcedentes, atribuyéndose facultades que no tenían y que, por supuesto, no casaban con el objetivo de abreviar trámites según se mencionaba en la orden de entrega.


El TS no quiere que, conociendo la intención de los abogados de los imputados de acudir, una vez producida la sentencia del propio tribunal, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, intentando pescar en aguas internacionales lo que presumen que no van a conseguir ante los tribunales españoles; los magistrados se la cogen con papel de fumar y no piensan dar un paso en falso, como pudiera ser la denegación de una prueba o cualquier otra diligencia pedida por los defensores, que pudiera dar pie a una denuncia ante el mencionado tribunal europeo. No obstante, no deja de ser deprimente que sea puesta en cuestión nuestra Justicia, cuando se nos ha reconocido como una democracia tan solvente como la que pudiera tener cualquier otro país de la UE o incluso más. En realidad, tenemos la deprimente sensación de que se les ha permitido el traslado a los presos catalanes a la cárcel de Lledoners, para que no se pudiera acusar al TS de querer ejercer presión o mal trato contra los presos, si hubieran permanecido fuera de Cataluña.


El resultado ha sido que todos ellos, los presuntos delincuentes en contra de la unidad de España, están cómodamente instalados en la cárcel catalana, desde la cual si no es que consiguen permisos para salir de la propia directora del centro penitenciario, se les permite recibir a todas horas visitas de otros políticos, escribir artículos a la prensa y comunicarse telefónicamente con quienes tengan interés en hablar. ¡Una vergüenza que, seguramente, no tiene parangón en ninguna otra prisión del resto de Europa y ya no hablemos si fuera de los EE.UU¡ Y es que, lo que está sucediendo en esta autonomía catalana, seguramente no sucedería en ninguna otra nación del resto del mundo y, lo que resulta aún más despreciable y alarmante es que, el propio presidente del Gobierno, quién debería ser el que impusiera las reglas, hiciera respetar las leyes y fuera más crítico con quienes intentan partir España, es el primero que se arrodilla ante Puigdemont y Torra, mendigando que le den sus votos para aprobar unos PGE en los que se está poniendo a toda España en peligro de que, por el intento del señor Sánchez de contentar a todos mediante dádivas, ofertas tentadoras, aumento de pensiones o promesa de infraestructuras; aunque el país no esté en condiciones de sostener tales alegrías, piensa que, al menos, le concederá el tiempo que necesite hasta las elecciones del 2020, donde piensa sacar los frutos de los placebos que ha ido repartiendo, antes de que la realidad demuestre que, todas sus promesas se convierten en agua de borrajas y, el país entero, vuelva a caer en una depresión todavía mayor de la que hemos acabado de superar, sin que, en esta ocasión tengan a una persona como Rajoy, que les pueda solucionar lo que, en el 2011, los socialistas no fueron capaces de lograr.


Ahora sí, la desfachatez de estos señores alcanza límites insospechados. El señor Puigdemont, con toda su cara dura, a salvo en Bélgica, viviendo en el palacete de Waterloo, con todas sus comodidades, rodeado de su guarda de corps y disponiendo de un sustancioso sueldo, que le pagamos entre todos los catalanes, creyéndose el presidente de una imaginaria república catalana, desde la cual imparte sus órdenes al mandado de Torra convencido, a su vez, de su importancia como garante de la futura independencia de Cataluña que, inmerso en esta creencia, se dedica a desplazarse por todo el mundo para entrevistarse con cualquiera, no por supuesto con las primeras autoridades del país, pero sí con cualquier gregario que tenga el humor de escuchar sus sandeces sobre una “próspera e independiente Cataluña” sin explicarles, por supuesto que dicha autonomía, no nación, tiene una deuda “nacional” por encima de los 75.000 millones de euros y que, si no fuera por el respaldo del Gobierno español, no obtendría un euro en inversiones ni dispondría del dinero preciso para pagar los intereses de los bonos que emitió y que no puede cancelar por falda de la liquidez precisa.


Pues, como decíamos, este Quim Torra parece que le ha cogido gusto a viajar de gratis (a cargo de los presupuestos de la Generalitat) a países extranjeros, como si fuera un personaje de la alta política, por supuesto sin país al que representar, pero intentando dar la apariencia de que pinta algo y que está capacitado para negociar futuras inversiones, pedir créditos u ofrecerse como representante ante, en ese caso los EE.UU, de esta parte de España que ellos ya se han adjudicado antes de que hayan conseguido desagregar un solo metro cuadrado del territorio nacional. En realidad, si no se tratara de una falta de respeto hacia el resto de los españoles y, de paso, no fuera una traición, como funcionarios del Estado que son, resultaría un personajillo tan cómico como Mr. Been o un Sancho Panza, en su ínsula de Barataria, con la gran diferencia de que Sancho era una persona de pocos estudios pero, sin duda alguna, con una inteligencia natural muy superior a la de este personaje, de comedia bufa, al que conocemos como Quim Torra.


Entre tanto, seguimos sin que el señor P.Sánchez del PSOE nos aclare cuáles fueron los puntos que suscribió con Torra y los posibles acuerdos secretos que convinieron, a cambio de que el irreductible separatista se apeara del burro y aceptara el importante soborno que le está ofreciendo y que ya tiene preparado para entregarle, a cambio de las treinta monedas en forma de votos, que le pide en el Congreso de Diputados. Estaría bueno que, después de haberse bajado los calzones ante Torra, para suplicarle los votos que necesita, sucediera que, como ya adelantó la esposa del señor Pablo Iglesias, ahora en función de amo de casa y niñera, la señora Montero, dejara de recibir el apoyo de Podemos a causa de que, los acuerdos que pudiera tener con otros partidos en busca del voto perdido, pudieran significar el dejar de cumplir alguno de los acuerdos que firmaron ambos partidos; en cuyo caso, el apoyo de Podemos se esfumaría y se quedaría sin sus PGE del 2019. Y esto, no perdamos de vista que, al señor Sánchez le pudiera suceder en cualquier momento de esta legislatura y, seguramente, con bastante certeza, le va a ocurrir cuando, unos meses antes de las futura elecciones, quienes le hayan venido apoyando durante la misma decidan que ya basta y que, cada cual mire por sus propios intereses.


O así es como, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, no pasa día sin que tengamos la impresión de que España está jugándose su destino a cara o cruz, viendo como estamos en manos de quienes anteponen a las necesidades del país, al entendimiento entre las distintas autonomías, al mantenimiento de la unidad del país o a consolidar la salida de esta crisis que todavía no tenemos del todo superada; sin que seamos capaces de vislumbrar ningún rayo de luz si seguimos en manos de quienes han decidido que, si el sol les molesta, ¡bendita sea la oscuridad, vamos a vivir a oscuras¡ 

Artículos del autor

​Una de las más brillantes personalidades del siglo XVII, G.W.Leibniz, hombre de múltiples actividades, según sus biógrafos. A él se debe la teoría del principio de “la razón suficiente”: de que por cada proposición verdadera hay una razón por la que es verdadera en lugar de falsa.
​No hay la menor duda de que los españoles, en general, estamos asistiendo a lo que podríamos calificar de comedia dramática a cuenta de una serie de políticos a los que, tranquilamente, se podría calificar de politicastros dirigidos por un director de escena.

Las consecuencias las tenemos hoy reflejadas en un gobierno no elegido en las urnas, presidido por otro visionario, en este caso más hábil y peligroso, si cabe, el señor P.Sánchez, que sería capaz de vender al país a cualquiera que le garantizara el permanecer en el poder, en el que se encuentra como pez en el agua y del que, lo viene demostrando con los lujos que se permite a costa del erario público, que aunque sigue siendo de izquierdas, cada vez más cerca de la extrema izquierda, no les hace ascos a los beneficios, placeres, ventajas, opulencias y demasías tan propias de aquellos a los que critica, quiere agobiar a impuestos y echarlos de España, los que amasan millones de euros y forman la élite económica de la sociedad española.Para sorpresa de muchos, lo que ha pasado en Andalucía, puede que desvele que aquel franquismo que, pese a todo lo que se ha intentado hacer para acabar con él, puede que no se haya manifestado abiertamente, debido a la convicción de que era algo suicida definirse como adicto a unos tiempos que, los actuales gobernantes y una parte muy importante de la sociedad, han condenado al ostracismo y han calificado como enemigo número uno de la actual sociedad; sigue latente en una parte de la sociedad española que contempla horrorizada como España se va autodestruyendo y que, todo aquello en lo que creyeron, aquellos principios que recibieron de sus mayores, aquellas costumbres que practicaron durante toda su vida y aquella paz y tranquilidad de las que disfrutaron durante muchos años, van camino de desaparecer, precisamente en manos de los sucesores o herederos de aquellos republicanos salidos de la II República de 1931 que, durante su gobierno fueron capaces de convertir a España en el país en el que podían amargar, con sus tropelías y crímenes, a la gente de orden sin que, sus sucesivos gobiernos supieran ni quisieran acabar con aquellas hordas de criminales que fueron los verdaderos responsables del levantamiento del 18 de julio de 1936.No tenemos otra referencia que la de VOX, la expresión política más cercana a la forma de pensar de varias generaciones de españoles que, aunque muchos de ellos supieron, con astucia calculada, cambiarse de chaqueta cuando se puso de moda la democracia, es posible que algunos, por lo visto más de los que nos pensábamos, descontentos con esta España en la que vivimos y a la que nos sentimos extraños, sientan una cierta nostalgia de otros tiempos en los que, algunos resabiados, nos quieren hacer creer que estábamos oprimidos, esclavizados o privados de libertades, pero que, en realidad, salvo para los que continuaban obsesionados por haber perdido la guerra, eran unos tiempos en los que la gente tenía trabajo, había paz, se superaron momentos complicados pero, cuando llegó el reconocimientos de los países que nos habían hecho el boicot, todo cambió y empezó una época de bienestar.La duda, de momento imposible de descifrar, consistente en valorar si lo que ha sucedido en Andalucía, con la repentina e inesperada aparición de VOX con 400.000 votos y 12 escaños, es algo que va a tener continuidad en las próximas elecciones autonómicas del mes de mayo o, si sólo sonó la flauta por casualidad, debido a que Andalucía es un país de sorpresas y, en muchos andaluces puede que pesaran demasiado el haber estado sometidos durante 35 años a las veleidades de un solo partido, el PSOE. En cualquier caso, sólo por el placer de ver a todas las izquierdas que, a la vez, se han lanzado como fieras a poner de chupa de dómine a los del partido de Santiago Abascal; de cómo, en Cataluña, se han rasgado las vestiduras sólo de pensar que algún día, en tierras catalanas, pudieran volver a aparecer los herederos del franquismo, cuando se han pasado tantos años renegando de él o, cuando observamos la preocupación que VOX les ha causado a los de Podemos, aquellos “demócratas” de pacotilla que siguen creyendo o intentan hacerlo creer, que Venezuela sigue siendo una democracia y no una dictadura catastrófica, en la que los incrementos del coste de vida se miden por cifras millonarias cada día que pasa, lo cual implica que a los únicos a los que se pueden dirigir es a cuatro ignorantes o a aquellos que son incapaces de renunciar al rencor que vienen arrastrando contra la derecha.Contrariamente a los que opinan que VOX pudiera restarle votos al PP, podríamos pensar que, a quién le pueda arrancar más votos quizás fuera a Ciudadanos, que es a donde se fueron muchos de los dos millones de votantes que abandonaron el PP, disgustados del inmovilismo de Rajoy y Sáez de Santamaría cuando iban por libres, dejando que los separatistas catalanes fueran ganando batallas y confianza, aumentando sus demandas mientras, el tradicional galleguismo de Rajoy, le impulsaba a esperar que el tiempo escampara, para no tener que desgastarse electoralmente emprendiendo una acción decidida contra el vergonzoso e inadmisible desafío del soberanismo catalán.

Nadie que conozca un poco cómo es capaz de manipular la política el señor P.Sánchez , presidente del Gobierno español, podría pensar que dejaría que “unas minucias”, como es satisfacer a los separatistas catalanes en sus demandas, con tal de conseguir el apoyo de éstos para asegurarse la aprobación de los PGE,.
​Unos partidos que se saltan la Constitución, que incumplen la leyes y que obvian las sentencias de los tribunales españoles seguramente son mejores, más de fiar y menos peligrosos, para el presidente del Gobierno español.
La revolución de las izquierdas enciende la mecha de la reacción de las derechas, cuando Europa parece haber entrado en unos momentos de inseguridad y un cierto desconcierto, respecto al futuro que la espera como ente europeo de comunidad de naciones; las personas de orden que respetan la Constitución empiezan a despertar.

En España, en estos momentos, no hay la más mínima posibilidad de que se instaurara una república en la que se respetaran, por igual, los derechos de los que mantienen sus ideas conservadoras respecto a aquellos otros que, como se viene demostrando, no tienen el sentido democrático preciso para aceptar que hay situaciones en las que se debe pactar sin anteponer cuestiones de orden interior de un partido o intereses de tipo electoral por encima de lo que se precisa para favorecer todo aquello que beneficie a los ciudadanos, sea sostenible y no signifique emprender una política de derroche, como ocurre con el gobierno socialista actual, para comprar los votos de la ciudadanía mediante una estrategia de despilfarro de concesiones sociales que puede que, a no tardar, no `puedan ser sostenidas, debido a que las previsiones de recaudación hechas por el Gobierno no se produzcan, por mucho que sigan aumentando los impuestos, utilizando una política absurda consistente en dar, con una , mejoras sociales como aumentos de salarios a los funcionarios o incrementos de las pensiones a los jubilados y, con la otra mano, aumentando los impuestos sobre la ciudadanía, de modo que cuando vayamos a comprar los artículos de primera necesidad que hacen falta, nos encontremos que se han encarecido debido a las cargas fiscales que soportan.Una república requiere, en primer lugar, no caer en los gravísimos errores en los que incurrieron los que pusieron la II República en España, cuando el rey Alfonso XIII decidió retirarse sin haber esperado a comprobar los resultados finales de las votaciones que, contrariamente a lo sucedido en las grandes ciudades, en el recuento del ámbito rural la victoria se decantó del bando monárquico.

Pues, este mismo señor tuvo que admitir que, la humanidad, para poder convivir sin que la Ley de la selva se impusiera sobre ella, era preciso que existieran una reglas, unas normas o, si se quiere unos “mandamientos” por los que regirse algo que, evidentemente, cumplían las religiones con sus preceptos, obligaciones, castigos y sus amenazas de que, en otro mundo metafísico, el comportamiento que se había tenido en esta vida sería juzgado por un ente superior que premiaría a los “buenos” y castigaría a los “malos”.Es evidente que, desde que la izquierda se instaló en el poder con el señor Rodríguez Zapatero, un señor que aparte de ser un sectario, un bocazas y un pésimo gobernante, fue un defensor acérrimo de aplicar en nuestro país un sentimiento libertario en la ciudadanía, que tuvo su mayor expresión en el desprestigio de la unidad familiar, la puesta en marcha de una serie de leyes de “supuesta protección para las mujeres” como fue el caso de la Ley del aborto mediante la cual se dio, prácticamente, libertad a las mujeres para que, con el argumento de que eran dueñas de sus cuerpos y, bajo tal supuesto, se las permitía que, si quedaban embarazadas, podrían abortar sin que esta salvajada, no tiene otro calificativo, careciera de castigo o reprobación alguna.

 
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