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Miguel Massanet
Hablemos sin tapujos
Miguel Massanet
“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.” Karl A. Menninger

Si alguien había pensado que la aplicación del 155 serviría para apaciguar la revolución catalana ya puede apearse del guindo y aceptar que, todo lo que se ha hecho desde el pasado 1 de octubre, en cuanto a desanimar a los separatistas, no ha tenido el más mínimo efecto si es que lo que se tenía en mente era erradicar o, al menos, aplazar por unos años este virus nacionalista que ha conducido, a una parte importante del pueblo catalán, a enfrentarse al Estado español, incumpliendo la Constitución y desafiando al Estado de derecho, sin que ello parezca haberles preocupado ni poco ni mucho.


Con una parte de los conspiradores en la cárcel, los otros en libertad bajo fianza y otros exiliados voluntariamente en el extranjero; se puede decir que estas elecciones, para el día 21 de este mes de diciembre, aunque anómalas, evidentemente insólitas por los objetivos que se han planteado los dos bloques enfrentados entre sí a cara de perro y con, más que evidentes, diferencias dentro de cada uno de ellos; no suponen un enfrentamiento de carácter partidista, para tratar de imponer una determinada forma de gobernar la nación o, como es el caso de Cataluña, la comunidad autónoma de que se trate, sino que aquí, aunque aparentemente todo se ciñe a la comunidad catalana, en realidad se ponen en juego o ésta parece ser la intención del bloque separatista y los comunistas, el ser o no ser del independentismo catalán y, por ello, a esta consulta se le ha querido dar el perfil del referéndum ilegal que intentaron llevar a cabo con su convocatoria del 1ºO, declarada inconstitucional por el TC.


No sabemos lo que le dijeron, en su descargo, todos los separatistas que fueron interrogados por el magistrado Pablo Llarena y que, luego, salieron a la calle en libertad provisional previo pago de sendas fianzas de 100.000 € cada una de ellas. Pero parece que, todos ellos, se comprometieron a ajustarse, en sus sucesivas actuaciones, a la Constitución y las leyes españolas, cumpliendo con la legalidad de nuestro Estado de derecho. Nadie les ha pedido que abjuren de sus ideas, ni que estén conformes con las limitaciones que se les han impuesto para conseguir salir de la cárcel, pero no creemos que, en una campaña electoral a la que se han añadido de forma activa los liberados, se puedan comprometer ante sus posibles electores a poner en práctica, si es que ganaran las elecciones, aquellas mismas acciones ilegales que los han conducido directamente a la prisión y a ser encausados por delitos tan graves como son los de prevaricación, secesión, revolución, desobediencia y malversación de caudales públicos; los mismos en los que ahora, en sus mítines, se comprometen a reincidir si consiguen ser reelegidos para sus cargos.


Públicamente, sin el menor recato, por medio de video conferencias ( no parece que Puigdemont tenga la intención de arriesgarse a regresar a España, como se había comentado ) y recogido con todo lujo de detalles y con titulares destacados en todos los periódicos de Cataluña, incluido, como no, La Vanguardia de los Godó que, después de un impasse en el que se moderó y dio un paso atrás, parece dispuesta a regresar a su labor de apoyo al independentismo y los independentistas dada la cantidad de papel que dedica a apoyar y dar publicidad a los actos de todos estos traidores a España y a su pueblo; el expresidente de la Generalitat, se dirige a sus huestes y les anima a seguir el “process”, llamándoles a votar “con mentalidad de Estado” y no “en clave de partido”, con lo que deja claro que intenta darle, a lo que son unas meras elecciones autonómicas para cubrir las plazas de miembros del gobierno de la Generalitat y del Parlamento catalán, el carácter de consulta sobre si los catalanes quieren la independencia o no. Aunque venciesen los no independentistas, si los republicanos separatistas ganaran más escaños en el Parlamento que los llamados constitucionalistas (como ya sucedió en las anteriores autonómicas), volverán a insistir en su teoría de que Cataluña es, mayoritariamente, favorable a la independencia.


Lo que va a ocurrir el día 21 tiene suma importancia, no puede negarse, pero sus consecuencias en los siguientes días, cuando se conozcan los verdaderos resultados de las votaciones, no hay duda alguna de que van a marcar el futuro, no sólo de Cataluña sino de toda España. La estrategia de los que llevan enfrentándose al Estado español va a ser la de negar, por principio, la limpieza de las elecciones, atribuyendo pucherazo a los defensores de la Constitución; luego, sea cual sea el resultado de los comicios, van a intentar que todos los partidos separatistas y de izquierdas apoyen a Puigdemont, al que pretenden convertir en el impulsor de la “causa” en contra de las “manipulaciones” los intentos de “oprimir a los catalanes”, formando lo que ellos llaman un gobierno en contra de los defensores del 155. Si ganaran echarían toda la carne en el asador para iniciar una campaña de propaganda europea y mundial, si pudieran, para hacer victimismo de su situación, supeditados a las leyes españolas cuando “todos los catalanes” buscan la independencia y, como ello no basta, si lo que sucediera fuera que quedaran ( como evidentemente quedarían si rompieran con España) fuera de Europa y de las ventajas inherentes a su pertenencia a la UE, pedirían un trato especial que ellos están convencidos que conseguirían “dada la importancia de Cataluña en el campo económico”.


Claro que en su simpleza, en su sectarismo y en su falta de visión de futuro no paran mientes en que Europa está enfrascada en otros problemas mayores, que el tema del “brexit” ingles les trae a parir a los miembros de la Asamblea europea y que, son muchas las naciones en las que también existen problemas con sus provincias independentistas ( Francia, Italia y la propia Alemania con Baviera) que no tienen ninguna intención de abrir la puerta de la cámara de los horrores para facilitar que, el ejemplo catalán, cunda por el resto de países europeos cuando lo que se busca es lo contrario o sea el unir a todos los países en un ente común con una sola constitución y leyes que puedan ser aplicadas por igual a todas las naciones de la UE.


Esto no obsta a que, si los resultados de las elecciones no dan un vencedor destacado y si, en cada bloque, el resto de grupos partidarios o contrarios a la independencia de Cataluña, dejan de apoyarse los unos a los otros, lo más probable que suceda es que Cataluña se convierta en ingobernable y que sea necesario convocar unos nuevos comicios, algo que volvería a crear una situación de mayor incertidumbre e inseguridad jurídica que podría dar lugar a una desbandada de las empresas ( ya son más de 3.000 las que han trasladado su domicilio social y la mitad de ellas las que también han cambiado de ubicación su domicilio fiscal) y una caída en crisis de toda Cataluña, que arrastraría al resto de España.


Nos choca que el Gobierno, que tiene en sus manos con el 155 para restablecer la normalidad constitucional en aquellos temas en los que, la comunidad catalana, ha dejado de cumplir con las leyes, se han negado a acatar las sentencias de los tribunales y se han obcecado en mantenerse fuera de la normativa española, como es el caso de la enseñanza y de la negativa generalizada de las escuelas públicas de impartirla en castellano; no haya aprovechado la ocasión para imponerse con firmeza en una cuestión que constituye una de las bazas de las que se ha venido valiendo el nacionalismo catalán para crear lo que, en el país vasco, se conocen como ikastolas; donde profesores fanatizados imparten una enseñanza claramente politizada, aprovechando el ascendiente que tienen sobre los alumnos para adoctrinarlos y trasmitirles opiniones sesgadas e informaciones manipuladas para imprimirles, en sus tiernas edades, el odio hacia España y el resto de españoles a los que les atribuyen el robar a los catalanes y el vivir a costa de lo que, el Estado español, les “exprime” a los empresarios y ciudadanos catalanes. Han usado el idioma catalán como excusa para dejar de enseñar el castellano, prohibir rotular en dicho idioma, aunque la Constitución dice que todos los españoles pueden emplearlo y hablarlo y convertirlo, de hecho, en un medio para agobiar al resto de castellanohablantes para conminarles a utilizar el catalán como un medio para intentar integrarlos en sus reivindicaciones nacionalistas.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, mucho nos tememos que, de estas elecciones que ya tenemos encima, lo que pueda resultar es que se produzca un pufo tal que nos conduzca a una situación todavía peor de esta actual por la que estamos pasando, con el peligro que con tantos enfrentamientos, odios, discusiones, temores o intolerancias se llegue a un punto en el que de las palabras se pase a los hechos, algo que hasta ahora a trancas y barrancas se ha conseguido evitar en general, pero que, evidentemente, si se prolongan las circunstancias anormales en las que vivimos, nadie puede decir que, en un momento determinado, salte la chispa de la discordia y se produzca la primera víctima mortal. Así suelen empezar las verdaderas revoluciones, cuando los rebeldes consiguen su primera víctima a la que convertir en la causa “justificada” de sus reacciones salvajes. De ello al caos sólo hay un paso.

Artículos del autor

El tema de la migración no deja de estar de actualidad. Existe migración desde el norte de África hacia España; la hay que viene volando en avión otra la que se nos otorga desde Europa en forma de cupos que, según se ha descubierto, ninguna nación los cumple.
En tiempos revueltos conviene que quienes tienen funciones de Estado y todos aquellos que los acompañan, extremen la vigilancia de su comportamiento, eviten cometer actos u omisiones que pudieran ser mal interpretados por el pueblo y, sobre todo, procuren evitar hacer ostentación de los privilegios que su cargo les permite disfrutar.
Cuando el separatismo nos habla de “los países catalanes” no es que se limite al ámbito de las cuatro provincias integradas en la autonomía de Cataluña, no, en modo alguno, porque su ambición no tiene límites.
Es evidente que, todos aquellos que pensaron que, con las votaciones del día 21 de este mes de diciembre, el problema catalán tendría solución; deberán empezar a plantearse la posibilidad de que los resultados de dichos comicios no serán, ni mucho menos, los que sirvan para clarificar la situación.
Parece ser que se ha puesto de moda poner en cuestión la vigencia de las leyes, la sujeción de los ciudadanos a sus preceptos; la obligación de las autoridades de exigir y hacer cumplir las normas emanadas de las Cortes de la nación.
Hemos llegado a un punto, en este país, en el que los ciudadanos tenemos serias dudas respecto a la inteligencia de los políticos, tanto de los que nos gobiernan y presumen de saber hacia dónde se dirigen, como respecto a los que constituyen la oposición y que siguen convencidos de que son capaces de acabar con nuestra nación, a poco que sigan poniendo empeño e interés en ello.
Debo confesar que me ha cogido con el pie cambiado. No se me había ocurrido que pudiera suceder algo semejante en el desenlace, si es que se lo puede llamar así, de la fuga del señor C. Puigdemont a Bélgica, para huir de la Justicia española.
Se puede decir que, en esta ocasión, el Supremo se ha esmerado en evitar que una resolución sobre la excarcelación de todos los detenidos, tratara a todos por el mismo rasero lo que, inevitablemente, hubiera proporcionado a los independentista pólvora para atribuir la resolución del juez Llarena a las presiones políticas del Gobierno.
 
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