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“Ninguna cantidad de experimentación puede demostrarme siempre lo acertado; un solo experimento puede demostrar que estoy equivocado.” Albert Einstein

Un despliegue inusitado de medios, de propaganda, de demagogia y de una falta preocupante de posibilismo real de que puedan cumplirse sus conclusiones, afecta de lleno a la improvisada Conferencia sobre el Cambio Climático de Madrid, aquella que, en principio, debió celebrarse en Santiago de Chile y, por razones de la seguridad, se trasladó a Madrid.

Lo malo de estos grande proyectos, de estos mastodónticos planes para intentar salvar a la Tierra, nuestro planeta, de la auto-depredación de sus moradores, es que, como les sucede a los drogadictos, se han acostumbrado a las comodidades que les ha venido proporcionando los adelantos que, a través de los siglos y, últimamente, gracias a los grandes cambios que las nuevas técnicas descubiertas, se están produciendo a una velocidad vertiginosa capaz de que una parte importante de la población humana se sienta incapaz de irse acomodando a una nueva forma de vivir la existencia de modo que, al revés de lo que sucedía en épocas anteriores, lo que se pudieran considerar como “dosis” o “chutes” que el pueblo viene recibiendo, derivados de este cúmulo de novedades que se ve obligado a asimilar, llega un momento en el que queda superado a causa de lo que podría considerarse como una “drogodependencia”, en este caso una “ciencia-dependencia”, a la que será muy difícil que la humanidad se llegue a adaptar y, mucho menos, en los plazos que, los científicos expertos en cambio climático, dicen que debería llevarse a cabo pasar de los combustibles tóxicos ( carbono etc.) a las energías limpias o como se ha dado por denominar: renovables.

Es evidente que la excesiva teatralidad con la que las nuevas generaciones, muy dadas a intentar formular sus legítimas peticiones mediante públicas proclamas, acampadas en las calles, representaciones de jóvenes dándose abrazos y besos, pintarrajeados, cubiertos de túnicas o encadenados; puede que forme parte de este mundo imaginativo, onírico e irreal en el que habitualmente le gusta moverse a una juventud que se cree que ha nacido para darle la vuelta al mundo, una “enfermedad” que le dura hasta que se da cuenta de que no estamos en un lugar de inocencia, de paz y de buenas intenciones. En ocasiones se podría considerar que estamos en algo parecido a aquella urbe amurallada, que Dante situaba en el centro de su Infierno, la ciudad de Dite, guardada por miles de diablos que no permiten la entrada de un ser vivo, Dante, pese a los esfuerzos de Virgilio para conseguirlo; un lugar de desolación y castigo en el que, como pecadores que somos, pagamos (como en el caso de las sucesivas reencarnaciones contempladas por el budismo) o somos premiados por lo que posiblemente hubiéramos hecho en vidas pasadas. Es difícil encontrarle un sentido o explicación a las diferencias sociales, físicas, intelectuales, sentimentales, de clase o de capacidades existentes entre los humanos, de modo que, sin aparente explicación unos disfrutan de todo lo imaginable mientras que a otros se les niega hasta lo más mínimo. En realidad es imposible hallar en nosotros la verdadera Justicia.

Cuando se convoca una cumbre para tratar del cambio climático sabiendo, de antemano, que los principales causantes de los millones de toneladas de gases tóxicos que se vierten a la atmósfera, no tienen la más mínima intención de tomar la más elemental medida para evitarlo, como es el caso de Rusia, India, China y ED.UU y, cuando los principales defensores, por delante de los científicos, de los jefes de los distintos estados, de los grandes directores de empresas etc. etc.; son unos adolescentes, en fase de aprender y no de dar lecciones; de estudiar y no de pasearse viajando por los distintos países para reconvenir a quienes, con trabajo, consiguen gobernarlos y tener la osadía de decirles, con una temeridad incomprensible, cómo deben hacer que sus ciudadanos dejen de gozar de las comodidades de la civilización para quitarles la calefacción, el uso de los automóviles, viajar en grandes aviones o prescindir de las ventajas de las nuevas técnicas hospitalarias para que no haya contaminación que, naturalmente, puede acabar por enfermarlos pero también se mueren si no hay electricidad para que los quirófanos funcionen a pleno rendimiento para salvar las otras vidas que amenazan con extinguirse si no se actúa.

Resulta ridículo ver la forma inapropiada con la que se trata a una serie de niñas y jóvenes imberbes a los que se les ha dado un protagonismo que no se merecen, sólo porque han encontrado una buena excusa para faltar a las clases y dedicarse a intentar llevar a cabo funciones que corresponden a personas convenientemente preparadas y con conocimientos especializados en todo lo que pueda afectar a nuestro entorno climático. Esta niña Greta que, como una caprichosa, ha tenido que atravesar el Atlántico con un catamarán para no contaminar o el señor Al Gore, con sus fábricas contaminantes, o el circunspecto señor Harrison Ford, rodeado de una guardia de corps y nuestro cantante Alejandro Sanz; decidan que les va a representar una propaganda gratis el decir algo que favorezca su imagen, respecto a lo que debería ser el clima en nuestro planeta; no es más que un gran ejercicio de hipocresía porque, si Gore tiene fábricas en los EE.UU que contaminan como el resto de las que existen en Europa o cualquier parte del mundo o, si hablamos del señor Ford, que ya ha tenido dos peligrosos accidentes pilotando avionetas privadas que, como todo el mundo sabe, también contaminan ¿ va a dejar de volar o de ir en coches potentes que gastan cientos de litros de combustible contaminante? En cuanto hablamos de las declaraciones de Sanz de que va a convertir su espectáculo musical en menos contaminante, no sabemos si es que va a dejar de utilizar la percusión para evitar la contaminación en forma de exceso de decibelios o si les pondrá aspiradores en los pies a sus bailarinas para que no levanten polvo tóxico al bailar; en fin, una estupidez impropia de una persona que tiene la fama que tiene.

¿Han pensado que el cierre o posible trasformación de estas empresas que producen la polución va a costar miles de millones? y, con toda probabilidad, otros cientos de miles de parados. O es que suponen que el cerrar fábricas de automóviles en Europa, para poner en marcha fabricación de coches eléctricos, se puede hacer de la noche a la mañana y, por otra parte, ¿se ha pensado en lo que va a suceder con la fabricación intensiva de baterías para que funcionen y la forma en la que se reciclarán cuando ya no sean útiles? Faltará, que los señores que hablan del cambio climático, fijen los plazos en los que se ha de llevar a cabo el cambio que proponen y cómo esperan conseguirlo, si los principales países productores de la contaminación no están por la labor y muchos de los que asisten a esta asamblea y que, seguramente, firmarán el protocolo correspondiente, van a ser incapaces, por falta de medios o por problemas sociales o por imposibilidad de disponer de las técnicas precisas, para poder realizar el cambio.

Las izquierdas se han encargado, con gran eficiencia, de satanizar las centrales nucleares, a pesar que hay un consenso generalizado en que son las que menos contaminan y las más rentables. El argumento es que los residuos del combustible radiactivo son difíciles de almacenar, porque requieren de costosos lugares en los que enterrarlos sin que haya peligro de escapes. No obstante, todos sabemos que muchos de los países con los que tenemos relaciones, disponen de importante arsenales nucleares, dispuestos a usarlos si llegara el momento en el que se consideraran en peligro. ¿Quién controla todo este arsenal de armas grandes y pequeñas basadas en proyectiles atómicos? Grandes portaviones, cruceros, destructores y toda clase de aviones circulan por las aguas de los océanos y vuelan sobre nuestras cabezas llevando, potencialmente, esta clase de armamento y ¿conocen ustedes que se proteste contra este armamento atómico? Y si a alguien se le ocurre hacerlo, ninguna nación le hace el más mínimo caso.

Y una especial referencia a esta familia de faranduleros, bien dotados para la interpretación, pero verdaderas nulidades como políticos si debemos atenernos a la inmensa contradicción que supone ser millonarios, multimillonarios, con varias carísimas residencias en ambos continentes, con aviones privados y con coches de alta gama que consumen los 17 litros por los 100 kilómetros, cuando, en uno de estos arranques propios de una persona que no sabe contener sus instintos e incapaz de pensar antes de hablar, se atrevió a llamar estúpido al señor alcalde de Madrid, por lo que, para él, por supuesto sin ningún conocimiento sobre la materia, era una grave equivocación en cuanto a la calificación del llamado “Madrid central”. Ya son varias, demasiadas las veces en las que este bocazas matasiete, intenta llamar la atención hacia su supuesto comunismo (igual del que exhibe su señora madre, asidua asistente a todas las manifestaciones de izquierdas, aunque nadie de la familia Bardem puede decirse que necesite que le den un plato de lentejas para saciar el hambre). ¡Qué cómodo y rentable es situarse de parte de los necesitados, mientras uno dispone de una fortuna que le garantiza que nunca se va a encontrar en la misma situación de aquellos a los que defiende, culpando de todos sus males a las derechas, los empresarios o cualquiera que sea capaz de crear puestos de trabajo, generando una empresa y poniendo en riesgo su patrimonio; algo que, evidentemente, los Bardem no están dispuestos a emprender porque ya son lo suficientemente ricos para no tener necesidad de ello. ¡Cállense, de una vez, usted y su familia y demuestren a la gente a la que se dirigen, su buena voluntad demostrando su implicación en ayudar a los necesitados repartiendo una parte de su fortuna, digamos un 50% (con lo que les quedara ya podrían vivir otros 100 años) entre los pobres actores, que no han gozado de la suerte que han tenido ustedes!

Sabemos que lo del cambio climáticos es urgente y no admite retrasos, pero no creemos que con reuniones de cara a la galería, sin tener garantía de que lo que se acuerde puede llegar a realizarse, no es más que un intento baladí que cuesta mucho dinero y que, a la postre, es muy posible que todo quede en agua de borrajas. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la impresión de que a los ciudadanos se nos quiere hacer creer que, con una niña hábilmente manipulada y cuatro jovenzuelos encantados de conocerse a sí mismos, ya tenemos que quedar convencidos de que, sin ningún científico de peso haya apoyado sus reclamaciones y ningún premio Nobel que se haya prestado a ello, ya nos sintamos obligados a renunciar a la lógica, al sentido común y a la evidencia de que, cómo sucedió con el agujero en la capa de ozono ( que según el señor Gore ya debiera de haber acabado con la raza humana), que, afortunadamente, ha conseguido repararse, sin que haya sido preciso darle la vuelta a nuestra civilización. Evidentemente es preciso actuar, poner remedio a la situación, pero sin histerismos, sin agobiar a la población y sin que las medidas que se adopten signifiquen regresar a los tiempos en los que, la única contaminación que existía se debía al metano de las ventosidades de las vacas. No queremos regresar a la prehistoria.

Artículos del autor

En efecto, una de las lacras que estamos padeciendo, cada vez con mayor frecuencia, es el de lo que, genéricamente, se conocen como huelgas que, por raro que pueda parecer, es un término que sólo debería aplicarse en el caso de que, por motivos de discrepancia sobre los derechos de los trabajadores, especialmente en el caso de sus retribuciones, su rendimiento, sus derechos sociales.

En efecto, una de las lacras que estamos padeciendo, cada vez con mayor frecuencia, es el de lo que, genéricamente, se conocen como huelgas que, por raro que pueda parecer, es un término que sólo debería aplicarse en el caso de que, por motivos de discrepancia sobre los derechos de los trabajadores, especialmente en el caso de sus retribuciones, su rendimiento.

Sí señores, estamos ante lo que se pueden convertir en las dos palabras más derrotistas para la defensa de la indivisibilidad de la nación española.

No parece que, desde que la amenaza del “brexit” de la GB empezara a crear verdaderos problemas de entendimiento entre los socios de la UE, hayan dejado de producirse una sucesiva serie de conflictos que, directa o indirectamente, vienen condicionando hasta la propia continuidad de este gran proyecto en el que consiste el que, todos los países que se han venido sumando a él, hayan decidido ceder parte de su soberanía,.

Las inversiones extranjeras van disminuyendo de año en año; los propios ciudadanos españoles ya dan muestras de preocupación en temas sobre los que ya se tenían fundas esperanzas de que iban mejorando, tales como es el paro, los políticos y, pasando de un 8´1% (correspondientes a datos de octubre pasado) hasta un 19% (datos de la última muestra), un aumento espectacular, en cuanto a la preocupación causada por el tema del independentismo, que ha rebrotado de una forma insospechada, demostrando que estamos ante un problema que afecta a todas las facetas de la vida de los españoles.Tenemos la impresión de que, el populismo que nos rodea, tiene algo que ver, precisamente, con aquello que se pudiera calificar como un exceso de politización en todos los ámbitos e instituciones del Estado español; una situación que hace que aquellos a los que les correspondería velar por aquellos temas que, de verdad, son fundamentales para la buena marcha de nuestra nación, han hecho dejación de sus obligaciones; enzarzados en una batalla constante para conseguir el poder, sea cual fuere el precio que se deba pagar en tal empeño, sin que parezca que los perjuicios que se le pueden causar a los ciudadanos, los intentos revolucionarios que van teniendo lugar sin que haya una mano dura que acabe con ellos o con lo que, nuestra despreocupada actitud en cuando a los efectos que una mala gestión interna, pudieran repercutir en el resto de Europa, de modo que sean capaces de hacer que, un mínimo de sentido común, entre en las duras molleras de nuestros actuales gobernantes.Cuando nos hemos referido a los “tecnócratas” hemos querido reivindicar que, una dosis de realidad, de disposición a intentar anteponer, a estas luchas inútiles, egoístas, partidistas, inacabables, destructivas y carentes de cualquier efecto positivo para los españoles, un esfuerzo para dejar aparte lo que hay de subversión, de ánimo de destrucción de la sociedad o de reivindicación de pasadas ofensas, rencores o rencillas, para buscar un consenso, un acuerdo que, por unos años, dejara en suspenso la política y se depositara en manos de los expertos, de los entendidos, de lo que se entiende por personas capacitadas para llevar a cabo los ajustes necesarios, para encauzar al país hacia el rumbo que mejor nos condujera a, sin servidumbres partidistas ni intentos de desestabilizar al país, remontar lo que queda de desajuste derivado de la crisis anterior, sin olvidarnos de que, se van anunciado otros periodos en los que, es posible que se produzca un estancamiento de la economía, que pudiera derivarse hacia otra crisis, de menor envergadura, para la que sería conveniente que, sin entrar en pánico, pero tampoco sin despreciar sus posibles consecuencias, se tuvieran preparadas aquellas precauciones imprescindibles para evitar, en lo posible, los efectos nefastos que se dieron en la primera.Harían bien, pensamos, los partidos a los que se ha dado en calificar como constitucionalistas, de no perder de vista cuáles van a ser, de ahora en adelante, sus responsabilidades.

Como diría el simpático personaje de la Verbena de la Paloma, don Hilarión: “Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”.

Mucho nos tememos que, como ya sucedió en los tiempos de Mariano Rajoy y su vicepresidenta, Sáez de Santamaría, los nuevos ocupantes de la Moncloa, por mucho que actúen como si tuvieran dominado el problema, por ser tan ególatras que piensan que están siempre en posesión de la verdad y por muy convencidos que estén de ser los más listos en este juego del gato y el ratón con los soberanistas catalanes.

Motivos tenemos y dudas también respeto a lo que vaya a suceder para lo que queda de la nueva legislatura. Se están produciendo preocupantes métodos, desconocidas prácticas y arteras decisiones dentro de los partidos de la izquierda, que anticipan nuevas formas de tomar decisiones, desconocidas iniciativas sólo utilizadas entre los partidos de configuración asamblearia.

 
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