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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Llamadas emocionantes

Nos asombra la cantidad de lastre acumulado, a través del tiempo, en torno al sentido religiosa nacido en cada persona
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 25 de marzo de 2016, 11:57 h (CET)
En el acendrado PRAGMATISMO moderno, los trapicheos protagonizan las relaciones; con la tensión lógica, debida a la proliferación de intereses. Las necesidades primarias de mucha gente cedieron su posición, ¡Qué remedio!, ante la potencia superior de los deseos, caprichos, montajes, de los fuertes o de las mejores organizaciones. Las modalidades de la fuerza responden a grandes capacidades imaginativas, como comprobamos a diario. Con la consiguiente ramplonería de los razonamientos justificativos empleados, no precisan de mayores reflexiones. La fuerza impositiva trituró las argumentaciones basadas en otras consideraciones.

Escudados en el progreso de esas fuerzas dominadoras como único impulso válido, favorecidos por la ineptitud agrupada en las grandes masas, errados en el concepto mostrenco sobre la realidad humana; persistimos en la huida hacia delante, agitando el torbellino, sin la mínima pausa para un posible replanteamiento. Así mostrada, la panorámica social oculta las posibilidades para un cambio favorable en la situación; sólo queda la adaptación de quienes puedan, la resignación impotente de los menos favorecidos. Nos interesa el hallazgo de las PROPUESTAS liberadoras, alertadoras de visiones humanas menos deprimentes. Una vez descubiertas, a ellas debiéramos dedicarnos con tenacidad, mayor atención, audacia y cariño.

Lejos de las complejidades artificiosas de uso común, las grandes ideas suelen estar claras; una simple mención, unos trazos, una melodía, son suficientes para su puesta de relieve, como indicadoras de los factores cruciales para la vida. Con dos REQUISITOS para su plena expresión gratificante. La sensibilidad artística como entidad expositiva y la apertura mental de quienes puedan percibirlas. ¡Si no las quieren captar! La estupidez, la medicridad, la cerrazón; ni son buenas buscadoras, ni portadoras de inquietudes superadoras.

El inefable Eduardo Chillida plasmó una de esas revelaciones artísticas con la mayor sencillez. Su obra “Redención”, fácilmente accesible a través de Internet, apenas son unos trazos negros sobre la blancura del fondo; tres cruces negras esbozadas en solitario sobre el espacio totalmente en blanco, sin otras figuras acompañantes, desprovistas de cualquier otra indicación. El LENGUAJE de esa desnudez traduce una peculiar expresividad, abierta a la sensibilidad de cuantos a ella se aproximen. Extraña presencia liberadora en tiempos donde las ideas adobadas suelen transmitirse con ánimos impositivos, sin exponerlas al pensamiento libre de sus posibles receptores, cerrándoles esa salida.

Nos asombra la cantidad de lastre acumulado, a través del tiempo, en torno al sentido religiosa nacido en cada persona. ¡Como si ya sólo existiera el lastre! De qué ESPÍRITU estaremos hablando si dejamos aparcada a cada persona, como si no existiera el carácter insustituible de tal entidad. Son excesivas las proclamas, jerarcas, escritos, puestos en alto, por encima de las personas. Por dichos excesos, el espacio blanco de “Redención” nos retrotrae al pensamiento íntimo liberado de las ataduras humanas con pretensión de cumplimientos obligados. ¿Qué sentimos en esa intimidad? ¿Qué asumimos como propio? ¿reivindicaremos el espacio abierto que nadie debió usurparnos?

A la negrura de las cruces acuden las penurias provenientes de las numerosas actividades mundanas. Entre las clásicas, cargadas de hambres y violencias; que renovaron sus presencias con ropajes civilizados. CRUCES de grueso calibre ensañadas con los sufridores. Plantean una disyuntiva vital, sobre todo, relacionada con el auténtico mensaje cristiano. Las vivencias desperdigadas de goces y sufrimientos, en un aislamiento nefasto de cada ciudadano. Con la contrapartida de la colaboración mutua entre los seres humanos con sus variadas cruces y aportaciones; arraigada en la comunidad real de sus habitantes. El agrupamiento orientado hacia el bien común, como una invitación emocionante.

Curiosamente, desde la Cuaresma del 2016, plena de extravagancias carnavaleras y negociados políticos, hasta los más reacios ya claudicaron de aquellas creencias en las llamas del infierno; cada día detectamos con mayor proximidad la proliferación de avezados DIABLOS adaptados a cualquier ambiente. No es una visión abstracta, meras ideaciones, está basada en figuras concretas, bien adobadas de nombres, títulos, fama y posición social. Al no haber infierno, deben de estar todos pululando por la antesala. Su abundancia nos abruma, resulta cansina la referencia constante a sus actuaciones. No vislumbramos espacios sugerentes para mejores panoramas.

Con independencia de las afirmaciones de los entendidos, a quienes no veo muy capacitados para la superación de nuestras inquietudes o dudas; los demonios actúan con eficacia, bien que lo testifican sus incursiones. Sin embargo, ¡Fuera el desánimo!. Disponemos del antídoto para enfrentarnos a ellos con garantías. ¿Cómo así? Por la sencilla presencia simultánea de los ÁNGELES, verdaderos adalides de la belleza, de la bondad y la vida reconfortante. Si en el ejercicio del libre albedrío, apenas recurrimos al sentido de sus mensajes, en un desdén incomprensible, ese será uno de los comportamientos necios de los que todavía alardeamos con prepotencia; porque más allá de las conductas, ellos están presentes.

Desde la niñez nos interpela a diario uno de los ángeles principales, con su mensaje revelador por excelencia. Cómo dudar de la MIRADA LIMPIA de dichos infantes. Refleja la magia de la confianza y de la franqueza, de la dimensión participativa con el entorno, sin cortapisas. Nos saca los colores, o debería, por la dejadez demostrada ante esa nitidez, por la capacidad enturbiadora de las conductas desarrolladas. El cultivo de esa limpieza es uno de los antídotos cruciales frente a las actuaciones demoníacas. Que podemos funcionar sin hacerle caso, no hacen falta demostraciones. Pero la invitación emocionante sigue en pie, como revulsivo general disponible, gratificante y estimulante para el resto de actividades.

Los ángeles deben de tener alas, sin ellas no serían lo mismo, quedarían recortados sus desplazamientos en el tiempo y en el espacio. En los niveles humanos no hay alas que valgan, pero disponemos de un sustituto potente, también muy extendido, la ILUSIÓN, adaptada a muchos rincones de la existencia. Representa uno de los ángeles renovadores con mayores posibilidades. Sin la ilusión no queda casi nada de la persona. Pero tiene los brotes tiernos, sucumben ante las respuestas heladas, los malos tratos y la ceguera comunitaria. En efecto, la delicadeza es necesaria para la vivacidad de ese componente emotivo.

Aparte de deleitarnos con el entrañable Txoria, txori (2009-04-14-laboa-txoriatxori_glorpptminimizer) de Mikel Laboa, el inolvidable pájaro libre con alas, podemos parafrasearlo entre miradas, ángeles e ilusiones. Será muy fácil la mutilación de cada individuo, pronto destruimos esos componentes esenciales, como tantas otras cualidades espléndidas. Sí, pero en ese supuesto, ya no estaremos hablando de PERSONAS. Queda enhiesta la pretensión de ser persona.
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