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Etiquetas:   Corrupción   Política   -   Sección:   Opinión

De corruptos, corruptores y corrompidos

“Necesitamos una nación donde la corrupción no sea una forma consentida de gobernar” Javier Díez Canseco, Fundador del Partido Socialista del Perú
César Valdeolmillos
lunes, 15 de febrero de 2016, 08:22 h (CET)
Las noticias de corrupción procedentes de la mayoría de los partidos políticos que estamos teniendo conocimiento en estas últimas semanas, producen auténtica desolación en la moral de los españoles.

El análisis y la reflexión crítica en la década de los ochenta de los conceptos de progreso y progresismo, fueron sustituidos por un amancebamiento promiscuo del oportunismo con la ignorancia y la corrupción.

Recordemos por ejemplo los casos de Banca Catalana, manantial del inmenso río de corrupción descubierto posteriormente en Cataluña; Filesa, Malesa y Time-Export, el escándalo que desveló la financiación irregular del PSOE.

Hasta la Guardia Civil se vio afectada por las delictivas actividades del que fuera su Director General, Luis Roldán, militante del PSOE, condenado a 28 años de cárcel por malversación, cohecho, fraude fiscal y estafa, que el Tribunal Supremo incrementó a 31 años.

Las desastrosas consecuencias de aquel concubinato se extendieron como las metástasis de un cáncer, a la totalidad del organismo político español, de tal manera, que es difícil ya encontrar un solo miembro que no se vea afectado por el mal.

Después conoceríamos la trama de los ERES y los cursos de formación de Andalucía, la trama Gürtel, la PUNICA, las cuentas en Suiza, los alcaldes, consejeros, expresidentes de Juntas autonómicas y de partido, condenados, dimitidos o imputados.

Conocemos todos los que están, pero no todos los que son. Si hablaran, resultaría atronador el silencio guardado por corruptos, corruptores y corrompidos.

La destrucción continuada e irreversible de la confianza de los españoles en sus políticos, han situado a España en el desesperanzador estado de inanición en el que se encuentra hoy.

Resulta sarcástico y bochornoso escuchar a un partido acusar al oponente de corrupción y hablar de regeneración, cuando está manifiestamente comprobado que ambos llevan la mancha de la ignominia en la frente.

Durante décadas los partidos políticos han gastado ingentes sumas de dinero para convertirse en poderosas máquinas de propaganda encaminada a la captación de ingenuos adeptos, seguidores, apoyadores y votantes. Dinero muchas veces de injustificada procedencia y naturalmente no consignado en las contabilidades oficiales.

No son pocas las veces que el Tribunal de Cuentas ha señalado graves irregularidades, no solo en las cuentas del Estado, sino en las de los partidos políticos.

Pero todos miraban hacia otro lado y nadie tenía conocimiento de las actividades delictivas que en las filas del adversario se estaban produciendo, y mucho menos de las propias, hasta que los hechos eran denunciados por algún medio de comunicación, siempre, con el riesgo de sufrir las sinuosas represalias del poder establecido. No resulta difícil encontrar los datos concretos en aquellos libros escritos por algunos de los directores defenestrados.

Nos echaríamos las manos a la cabeza si supiéramos lo que los directores de medios informativos saben y callan porque carecen de las pruebas necesarias para hacerlo público.

Muchas veces nos preguntamos por la inexplicable pasividad del poder ante hechos o situaciones políticas que deberían tener la adecuada respuesta política o legal. Las claves de su modo de no proceder, mejor las encontraríamos en lo que ocultan que en aquello de lo que con gran aparato alardean.

En más de una ocasión he señalado que la principal crisis por la que atravesamos, no es la económica. Esta no es más que una consecuencia de la corrupción de valores morales, éticos, o de conducta; es una corrupción familiar: los padres contra los hijos, los hijos contra los padres, los esposos entre sí, las parejas contra la vida, una corrupción laboral de empresarios, obreros, sindicatos, políticos y financieros y por último, una corrupción de identidad nacional: ¿Qué es España? ¿Qué somos y como nos comportamos los españoles? ¿A quién le interesa España? ¿Quién está traicionando a España?
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