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Etiquetas:   Política   Pactos  

Esbozo de un programa de gobierno

El chascarrillo de doña Gertrudis: “Y dos churros con un huevo duro”
José Luis Heras Celemín
miércoles, 10 de febrero de 2016, 08:16 h (CET)
Al terminar de leer los 53 folios del titulado “Programa para un gobierno progresista y reformista” del PSOE, me froté los ojos y alcé la vista.

Después, me levanté para hacer no sé qué, acaso mover las piernas yendo al lavabo. Ante el espejo, me sorprendí con el gesto de doña Gertrudis: Frotando las manos y con el gesto relajado.

Se decía de ella que utilizó un dicho popular para hacer un chascarrillo con gesto propio. Maestra de párvulos, para evitar equívocos, había cambiado el dicho tosco “Y un churro con dos huevos duros”, que se acompaña con el gesto procaz de los dedos corazones enhiestos hacia arriba, por algo más modosito: “Y dos churros con un huevo duro”, que susurraba mientras frotaba las manos y componía una sonrisa bondadosa.

De esta forma, la mujer soslayaba berrinches infantiles, distraía ilusiones imposibles y suavizaba rabietillas cuando alguien se emperraba con caprichos.

Acababa de leer el programa que ofrecía el PSOE para pactar con algunos grupos políticos la investidura de Pedro Sánchez: un conjunto de propósitos enunciados con vehemencia. No sé por qué, otra vez ante las notas, apareció la frase: “Y dos churros con un huevo duro”

Recordé las líneas importantes, algunas muy nítidas, del Programa Electoral con el que los socialistas fueron a las urnas y, sin detenerme mucho en ellas, repasé las notas que acababa de tomar para ver cómo estaba estructurado el texto:

- Cuatro folios, para justificar el Proyecto porque “ha pasado el tiempo del PP” y ha llegado el de los cambios progresistas. Y para, criticando al Gobierno de Rajoy, allanar algún trato y dificultar acuerdos con el PP.

- Dos folios de índice con siete apartados en números romanos. Y cuarenta y siete páginas para el desarrollo por bloques de esos apartados:

I.- Consolidar la recuperación económica: Nuevo modelo de crecimiento. Transición energética y lucha contra el cambio climático. Estabilidad Presupuestaria y Reforma Fiscal Progresiva.

II.- Crear empleo para reducir paro con puestos de trabajo estables y de calidad: Derogación de la reforma laboral. Nuevo estatuto de los trabajadores. Políticas de empleo. Planes por el empleo y la reinserción.

III.- Pacto por la educación, la ciencia y la cultura para garantizar la igualdad de oportunidades.- En las tres partes del título: Educación, Ciencia y Cultura.

IV.- Reducir desigualdades sociales, combatiendo la pobreza y fortaleciendo los sistemas de protección social y del Estado del Bienestar: Plan de emergencia social. Reconstruir y modernizar el Estado del Bienestar. Y medidas por la igualdad entre hombres y mujeres.

V.- Reformas para reforzar derechos y libertades, igualdad entre hombres y mujeres, contra la violencia de género, mejorar instituciones y luchar contra la corrupción.- En 12 epígrafes correspondientes a: Derechos y libertades. Pacto contra la violencia de género. Reforma de partidos políticos. Reforma de Cortes Generales. Procedimiento para nombrar altos cargos. Reforma del sistema electoral. Reforma del Gobierno y de la Admón. General del Estado. Lucha contra la corrupción. Reforma de la Justicia. Participación institucional. Y reformas de la Financiación autonómica e Instituciones Locales.

VI.- Potenciar España en la UE, política exterior, cooperación al desarrollo especialmente en África y Latinoamérica: UE, Política Exterior. Política de Defensa. Y Lucha contra el terrorismo internacional.

VII.- Reforma de la Constitución para asegurar derechos sociales y completar el funcionamiento y la organización territorial del Estado.- Concretada en la propuesta de una subcomisión para la Reforma de la Constitución en la Comisión Constitucional del Congreso y en la Constitución de una Ponencia para la Reforma de la Constitución.

Vista la estructura, era momento de ver contenidos desposeyéndolos de ampulosidad y demagogia para distinguir hasta qué punto lo planteado era Progresista, Reformista y coherente con el Programa electoral socialista. Evidentemente, lo planteado estaba impregnado de un espíritu reformista notable, ya que apuntaba reformas varias. El progresismo sólo era supuesto, consecuencia de algunos calificativos ampulosos, no generales ni siempre conformes con la realidad.

Pero lo que llamaba la atención era la transformación de lo propuesto en el Programa Electoral. Parecía como si los redactores de los 53 folios hubieran renegado de los postulados electorales para sustituirlos por otros. No propenso a ver trueques y engaños donde puede que no existan, cotejé el Programa electoral con el nuevo y aparecieron unas diferencias que saltaron como liebres: La estructura territorial del Estado al que se aspiraba, La Reforma de la Constitución que se presentaba como imprescindible, el Referéndum catalán, o la forma de acomodar la Estabilidad Presupuestaria perdían consistencia para ceder protagonismo a otras propuestas: Derogación de la Reforma Laboral, Nuevo Estatuto de los Trabajadores, Reforma de Congreso y Senado, Trasparencia en el gasto público,…

Repasé las propuestas. Sólo eran eso: Propuestas, que con el paso de los folios se convertían en sencillas proposiciones para conseguir el Gobierno con aliados (Podemos y/o Ciudadanos). Aliados, ese el motivo. Sin ningún género de dudas, las divergencias entre el Programa Electoral del PSOE y el compuesto por el equipo de Pedro Sánchez son debidas a los aliados. O, por mejor decir, para llegar a acuerdos con ellos, sin entrar a cuestionar la vigencia y duración de las discrepancias o las convicciones de cada uno.

Cabía preguntarse si eran posibles. Así expuestas, parecían útiles. Sólo había una duda, la misma que apareció esa tarde entre altos funcionarios del Ministerio de Economía y Competitividad, en el número 162 del Paseo de la Castellana de Madrid junto a la Plaza de Cuzco. Allí, los conspicuos reunidos se hicieron, y no contestaron, la pregunta: ¿Cómo se van a pagar las propuestas del “Programa para un gobierno progresista y reformista”?

Llegados a este punto, apareció la analogía. La ambición de poder de los “negociadores”, de todos los negociadores, coincidía con la avidez ilusionada de los párvulos de doña Gertrudis berreando por cosas imposibles.

Era momento de frotar las manos y, para quitar hierro y yerro al asunto, recordar el chascarrillo para párvulos…

“Y dos churros con un huevo duro”.
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