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José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín
«Mañana voy al desayuno de ‘Vanity Fair’ con Mas. Cuando llegue al Congreso, me habré perdido algunas preguntas de la Sesión de Control. Necesitaría echar un vistazo a tus notas». «OK, intercambiamos notas»
El diálogo corresponde al pacto con una compañera. Ella debía ir al desayuno organizado por la revista Vanity Fair con el ex-presidente de la Generalitat de Cataluña Artur Mas en el hotel Orfila; y a esa hora empezaba la Sesión número 38 del Pleno del Congreso de los Diputados, de Control al Gobierno.

Dos actos distintos. Busqué en internet la revista ‘Vanity Fair’ y traduje el título: Feria de las Vanidades’. Por abundar en el concepto, eché mano del diccionario y elegí acepciones para ‘feria’ y ‘vanidad’: Feria: Instalación donde se exponen los productos de un solo ramo industrial o comercial, como libros, muebles, juguete, etc., para su promoción y venta. Vanidad: Arrogancia, presunción, vana representación, ilusión o ficción de la fantasía.

El etcétera que usa el diccionario para definir ‘feria’ es tan amplio que, con un ápice de generosidad, da para mucho. Desde los productos que aparecen en una instalación para servir desayunos, como el hotel Orfila, hasta los que pueden surgir en medio de una Sesión de Control al Gobierno. Al hotel, el producto que iba era el conocido Mas, con sus más, sus menos y la jerga ‘indepe’ que ahora tiene acomodo en la revista Vanity Fair. El producto que iría al Congreso, en Sesión de Control, son las preguntas de la Oposición al Gobierno. Buceando en el apartado III, Preguntas, apareció algo: De las tres preguntas que se le formulaban al Presidente, dos habían surgido para sustituir a otras. Por lo que pudieran representar (lo representaron) las preguntas al Presidente merecían aparcar a Mas en los manteles de 5 tenedores del Orfila, para volcar la atención en ellas:

La pregunta del Jefe de la Oposición, el socialista Hernando, había sustituido a otra sobre medidas para reducir la pobreza (Núm. expte 180/000189) con una redacción llamativa «¿Cómo valora el Presidente del Gobierno el anuncio del desarme de ETA?». A estas alturas de la legislatura, parecía inaudito que el Jefe de la Oposición ofreciera ‘una percha’ al Presidente para que se luciera. Pero, no. Se lucieron los dos. Más Hernando que Rajoy, agotando su tiempo en una alocución que usó para reivindicar la figura de Zapatero defendiendo a las víctimas de ETA, y pronunciando unas palabras que quedarán para la historia «Ha sido la victoria de la libertad, del Estado de Derecho». El momento fue tan importante que las bancadas popular y socialista (con algunos otros) se unieron en aplausos comunes. A Hernando, que había superado el partidismo en memoria de las víctimas. Y a Rajoy, menos brillante, aceptando lo aportado por Hernando.

Lo vivido había sido tan especial, y bonito, que oscureció la pregunta de un Pablo Iglesias reducido al figurante que hace lo que puede (gracietas) sin conseguir otra cosa que ‘colocar’ algunas frases (‘me la suda’, me la bufa’...) para adornar (o ensuciar) una pregunta primitiva sobre ’las funciones que cumple el veto presupuestario’ (del gobierno) estudiado en informes de los letrados de la Cámara. Todo ello al margen de la emotividad del momento y próximo al concepto-definición de ‘vanidad’: «Arrogancia, envanecimiento; vana representación, ilusión o ficción de la fantasía».

Siguió la intervención de Albert Rivera con otra de las preguntas rehechas. Y es que la primitiva «¿Considera el Presidente que está haciendo todo lo posible para luchar contra la precariedad laboral (Núm. Expte 180/0001859» fue sustituida por «¿Tiene pensado el Gobierno incluir en los presupuestos de 2017 financiación para cumplir los objetivos del Corredor Mediterráneo?». Así redactada, deprisa y sin matizar que los presupuestos de 2017 son los Presupuestos Generales del Estado.

Como en el caso de la coalición Podemos de Iglesias, el partido Ciudadanos, de Rivera, acaso avisado, aupado y llevado entre algodones para evitar celos y motivos de desvelos, hubo de entrar por la senda, pero muy alejado de la estabilidad de los partidos nacionales, PP y PSOE, en la Sesión Núm. 38.

Es posible que las huestes ‘ciudadanas’ fueran advertidas de la realidad y que incluso alguien diera algún consejo para que participaran y no estropearan el clima de tranquilidad parlamentaria conseguida con las intervenciones de Hernando y el Presidente del Gobierno en una operación no surgida de forma casual, sino impuesta y acordada (por PP y PSOE) para rehacer el bipartidismo pasado. Y sentando las bases para el acuerdo que logre la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado pendientes, advertido por un Iglesias molesto que no logró ocultar con la ironía «Yo sí quisiera hacer una pregunta».

Pero las formas de Rivera fueron tan burdas como para intentar usar la ocasión para conseguir protagonismo. Lo mismo al formular la pregunta que en la réplica, lo que intentó, y no consiguió, fue mostrarse como el ‘aspirante a conseguidor’ de un Corredor Mediterráneo que lleva años haciéndose y está sin acabar. Al respecto, Rajoy, cauto, no tuvo empacho en ceder para evitar la espantada, pero con un apunte mínimo que pone a cada uno en su sitio: «El corredor del Mediterráneo es prioritario para el Gobierno. Lo tenemos pactado con ustedes en los 150 puntos que acordamos»

Al terminar, intercambio de notas con la compañera: Pleno del Congreso, Vanity Fair. Dos notas. Y un comentario: Feria de Vanidades.

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