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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

José Luis Rodríguez Zapatero vs Felipe González

Raúl Tristán

martes, 3 de abril de 2007, 22:17 h (CET)
Lo ha conseguido. Rodríguez Zapatero, el ángel exterminador de la sonrisa de piedra ha logrado su objetivo.

E-ON huye, se retira, escapa de las Españas como de un apestado. El nuestro es el país contaminado por el intervencionismo más feroz.

ENDESA va a ser despedazada, troceada, descuartizada, vendida en pedacitos. Zapatero, alumno aventajado de Felipe González, (aquel socialista de traje de pana y hoy empresario aventajado en las sudaméricas, joyero de postín, y voz en la sombra del Partido de la rosa, aquel que hundiera el imperio RUMASA seguramente más por motivos personales que de mercado), Zapatero, digo, tiene su RUMASA en ENDESA. Nuestra seguridad económica y mercantil está puesta en entredicho. ¿Qué país civilizado va a osar entrar en nuestro mercado, cuando la inseguridad es la moneda de curso legal aquí, cuando no existe libre mercado, sino un intervencionismo gubernamental capaz de llegar hasta las últimas consecuencias?

Zapatero es como aquella falsa madre, puesta ante Herodes, que prefería descuartizar a su supuesto hijo antes que ver que la verdadera madre se lo llevaba consigo...

Empatados van los presidentes socialistas, en asuntos de gobierno:

RUMSASA vs ENDESA
GAL vs PROCESO
Y así una larga, interminable, lista de muestras de intervencionismo, incompetencia, sed de venganza, manipulación mediática, en las que Zapatero le va a la zaga a González.

En España la corrupción campa a sus anchas(sobre todo corrupción urbanística, siendo nuestro país el quinto consumidor mundial de cemento después de China, el primero europeo, o el país de Europa donde más millonarios han surgido, o en el que más billetes de 500 euros circulan...); las leyes de educación son una chapuza que nos condena a la incultura, sustituyendo el concepto de "mérito" por el de "todos valen", con títulos devaluados pues son títulos para todos, o consintiendo enseñanzas adaptadas al interés de determinados nacionalismos manipuladores de la Historia y el Lenguaje. Estos, los nacionalismos excluyentes y ególatras, jamás habían tenido tanta pujanza, tanta capacidad de maniobra, tanto poder e influencia y se habían significado de modo tan claro como timoneles de este barco común. El terrorismo y su vertiente política jamás habían gozado de tanta impunidad Y nunca éste país, en su historia democrática, se había acercado tanto a las dictaduras indigenistas, populistas y antidemocráticas como a fecha de hoy, cuando somos más merecederos de figurar en el eje Chávez-Castro-Morales que como miembros de una Europa a la que damos la espalda, como lo hicimos con los EEUU (en esto Zapatero le saca una cabeza a González: el uno nos convenció de votar a favor en referéndum lo contrario de lo que sus eslóganes gritaban al mundo, es decir, de entrar en la OTAN, mientras que a Zapatero se le cierran las puertas en todos los países civilizados y se le abren en los controlados por tiranos salidos de urnas llenas de votos ignorantes.

El uno, Felipe González, dejó su embarrada, enlodada huella en España; el otro, Zapatero, no va a dejar ni huella de España.

Si esto fuera una dictadura, Zapatero sería maestro en purgas, y Pizarro una más de sus víctimas.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
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