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Opinión
Etiquetas:   Desescalada   Coronavirus   Política  

​¿Urgencias económicas a costa de más coronavirus? ¿Una imprudencia más?

““El que camina a grandes zancadas no irá muy lejos.” Lao Tsé
Miguel Massanet
martes, 7 de julio de 2020, 08:39 h (CET)

Todos sabemos que las prisas nunca son buenas consejeras y, cuando se trata de querer avanzar con urgencia en cuestiones que atañen a la salud es evidente que, el riesgo que se corre de que la precipitación conduzca a peligrosas recaídas, a graves recidivas y a importantes consecuencias para la salud de la ciudadanía, hagan que nunca se justifique obrar en estas materias con precipitación por otras razones, por supuesto importantes, de índole económica, política, social o de cualquier otro género ya que, en todo caso, el riesgo que se asume de que la causa patógena que ya se dé por superada, al no respetarse o existir el peligro de relajación sobre las medidas de precaución necesarias para evitar el contagio, se reproduzca, resurja con más virulencia y se convierta en una amenaza tan destructiva o más de lo que lo fue en su primera oleada.

Todos sabemos que el Covid 19 es una enfermedad o un virus del que la ciencia todavía no sabe lo suficiente, no sólo para encontrar un medicamento capaz de curarlo con eficacia, sino que el encontrar una vacuna para prevenirse de su contagio, por mucho que se está intentando, por mucho interés que se tiene en conseguirla, su estudio puede ser lento y, por supuesto su comercialización en el caso de que se encontrara no nos va a llegar, con suerte, has el año que viene. Esto quiere decir que todavía no se sabe cómo va a evolucionar, ni cómo se podrá evitar su contagio ni si los españoles que parece que tienen anticuerpos contra esta enfermedad, que según un estudio científico parece que non más del 5’2% de los españoles, se considera que ya están protegidos y por cuánto tiempo ni si sabe, obviamente, que se va a hacer para proteger al 95% restante, que no los tienen.

Los sabios que aconsejan al gobierno sobre la pandemia parece que se están mirando el ombligo, el señor Fernando Simón ha perdido, aparentemente, su función de ir informando a los españoles sobre la evolución del coronavirus en España, los contagios que se van produciendo y las muertes que se siguen produciendo como consecuencia del virus, son un misterio. Si no se informa, parece que piensan en el gobierno, la gente no se preocupa, muchos ya dan por extinguido el coronavirus y otros, que siempre se han negado a hacer caso a las autoridades sanitarias, ya se toman a choteo el uso de mascarillas, la distancia de seguridad, el lavarse las manos y dan por solventado el problema, sin tener en cuenta que su ignorancia, su chulería y su falta de sentido común, pueden dar pie a que volvamos a tener que enfrentarnos a un resurgimiento de la epidemia.

Es evidente que España no podía seguir por mucha tiempo sin que la gente trabajase, sin que una cierta normalidad se restableciera, pero lo que estamos viendo es que, en algunos aspectos, las autoridades parece que se muestran muy estrictas para que se cumplan las normas mientras que, en otros, parece que no se les da importancia a que la ciudadanía se las salte a la torera y se agrupen en reuniones multitudinarias en las que las mascarillas no se usan, la distancia mínima es simplemente inexistente y los abrazos y besuqueos están a la orden del día. Lo mismo sucede en muchos bares y restaurantes en los que se permite que grande grupos de personas se reúnan y no siempre manteniendo las distancia debidas entre unos y otros. Por el contrario, vean la severidad con las corridas de toros y los partidos de fútbol, espectáculos a los que no se permite la asistencia de público.

Otra cosa que choca es que, cada autonomía tiene como “cada maestrillo”, su “librillo” y se dan casos en que, en unas, se permiten cosas que en otras no se admiten. ¿Qué hay de aquello de que todos los españoles somos iguales ante la Ley? Evidentemente que, el Gobierno, en su práctica de dar palos de ciego, al principio pensó que asumiendo él todas las competencias para atajar la pandemia, todo iría sobre hojuelas. En realidad lo que hizo fue sacarles competencias a las comunidades autónomas para erigirse en el gran gestor de la lucha contra el coronavirus. Sucedió que fracasaron en poder facilitar a tiempo las mascarillas, guantes, líquidos desinfectantes y dotaciones anti-contagio para los servicios sanitarios y demás funcionarios públicos que debían intervenir en primera fila contra la epidemia. Luego se ha dado cuenta de que han fracaso y ahora, a toro pasado, deciden que vuelvan las competencias a las respectivas autonomías. ¡A buenas horas mangas verdes!

Pero la pandemia, de la que nuestro Gobierno no se enterado o, cuando lo hicieron fueron los últimos de todas las naciones europeas en reaccionar, evidentemente porque tenían que dejar que las feministas pudieran llevar a cabo su gran manifestación de exaltación al poder femenino en la ciudad de Madrid y, si hacían caso de la OMS y de los avisos que llegaban, con urgencia, del resto de Europa, hubieran tenido que suprimirla, como ciertamente, tuvieron que hacer, con otros muchos acontecimientos programados en todo el país. Ahora, cuando las circunstancias empiezan a apretarle las clavijas al Gobierno del señor Sánchez, nuestras autoridades se han dado cuenta de que estamos empezando a entrar en una crisis en la que el desempleo vuelve a crecer; la deuda pública está por el billón trescientos mil millones de euros, muy por encima del PIB; los déficit del Estado y de las autonomías ya no digamos, ahora favorecidos por la moratoria europea con motivo de la pandemia y, los empresarios, ante el anuncio del Gobierno del aumento de los impuestos, según manifestó la señora portavoz del Gobierno M.A.Montero, se han soliviantado ante el hecho de que puede alcanzar la exorbitante cifra de los 72.000 millones de euros.

Los empresarios de la CEOE empiezan a verle las orejas al lobo y le piden al Gobierno que no cargue más la carga impositiva de los españoles, especialmente de sus empresas, para evitar que se conviertan en incompetitivas en el resto de Europa y demás países con los que tenemos comercio. Pero esto nos deja, a los de la clase media, indefensos ante la voracidad recaudatoria de Hacienda que, si Dios no lo remedia, va a recurrir al IRPF y al IVA para intentar solventar sus apuros económicos, que son muchos y que van a ser más si, como se espera, los impuestos sobre la empresas van a recaudar cantidades muy inferiores a los de los años anteriores y, todo esto, teniendo en cuenta que los gastos del Estado han subido exponencialmente, entre otros motivos, a causa de la cantidad de nuevos funcionarios que se han contratado a nivel del Estado central y de las autonomías, junto a los mil asesores que ahora han entrado al servicio del gobierno para que les ayuden a gobernar ya que, por si solos, son incapaces de hacerlo y, si queremos ser francos, no parece que con su ayuda tampoco sean capaces de mejorar sus resultados.

Y ahora resulta que las prisas por volver a lo que ellos califican de “nueva normalidad” están empezando a mostrar las deficiencias de haberse precipitado en la “desescalada” y ya son numerosas las localidades de toda España en las que aparecen rebrotes, algunos de ellos muy importante como ocurre en Lérida, donde se ha tenido que volver al confinamiento de más de doscientas mil personas. Si señores, se ha vuelto al trabajo pero también se han tomado por asalto muchas playas y la gente no es tan disciplinada como han querido hacernos creer. El Gobierno no informa, niega la importancia de los rebrotes y está atrapado entre la evidencia de que el virus pueda reavivarse y la necesidad de dar satisfacción a todos aquellos a los que la inactividad de sus empresas y comercios, los está llevando a la ruina total. Un dato, durante el primer semestre del 2020 se ha producido la baja de 23.836 autónomos en España.

Mientras tanto, el señor Sánchez y su vicepresidente tercero, el señor P.Iglesias, parece que no han tenido otro objetivo que buscar justificar sus errores e intentar, ellos que ya llevan tres años gobernando, pasarle las culpas al PP de los desastres de la pandemia del coronavirus, cuando es evidente que los únicos culpables de que la epidemia haya costado 45.000 muertes en España han sido ellos, por su abulia en el momento de aceptar la importancia del virus y tomar las medidas pertinentes, incapaces de facilitar las defensas imprescindibles al pueblo español y, en los casos en los que lo intentaron, tuvieron que rectificar, puesto que los proveedores que eligieron les tomaron el pelo enviándoles productos defectuosos.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta aceptar tanta desidia, tanta incompetencia y tanto engaño por parte de nuestros gobernantes, empeñados en tener a los ciudadanos a oscuras de la situación de la epidemia y de los rebrotes que se están produciendo, porque saben que si se supiera la verdad sobre lo que está sucediendo en toda la nación, les podría perjudicar en las elecciones gallegas y vascas que están a punto de celebrarse. Pero el tiempo corre y los avisos de que la crisis económica nos va a afectar, muy especialmente a nosotros, no dejan de escucharse desde aquellas instituciones y estamentos económicos (FMI, CEOE etc.) que no dejan de advertirnos de que, si no rectificamos, vamos a tener serios problemas para superar esta nueva situación de la que se nos viene advirtiendo desde hace ya muchos meses. Y para finalizar una de las sabias frases de don José Ortega y Gasset: “El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer sino al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor”

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