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Opinión
Etiquetas:   Globalización   Goethe   Internet  

Virtualidad mágica

Sobreviene una exigencia, como tal, molesta; pero decisiva para la gratificación personal
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de junio de 2020, 08:36 h (CET)

Detrás de lo visto e intuido se proyectan infinidad de movimientos a través de dimensiones insospechadas; su incidencia en las vidas particulares se adentra en el abismo sin fondo de lo desconocido, apenas detectamos minúsculas señales.

La ignorancia sobre este amplio espectro de conexiones no las invalida. La PETULANCIA de no tomarlas en cuenta muestra la necedad de esa forma de pensar; porque las influencias sucesivas de esas realidades invisibles, permanecen en estado activo, con adaptaciones sin pausa. “Mi obra es la de un ser colectivo”, afirmó Goethe. Desde átomos, vegetales, animales e individuos diversos, participan de algún modo en la individualidad en un tiempo y espacio en concreto.

La precisión de las relaciones humanas nunca existió, salvo en algún detalle accesorio y esporádico. ¡Son tantos los factores implicados! La contundencia engolada de las expresiones, el alarde de una supuesta exactitud, la frívola enumeración de certezas, sólo vienen a representar los trucos para aparentar aquello que no se alcanza, incluso nos lo creemos. Entre las intervenciones de los interlocutores, quien habla y quien escucha, observadores u observados, predominan insobornables las LIMITACIONES; reconocerlas supondría una fértil cura de humildad. Cuando no las asumimos, en esa medida, nos adentramos en un panorama enajenado, con actitudes fantasiosas de escaso recorrido.




Nos toca una época de acendrado progreso en amplios sectores, con especial repercusión a la hora del encuentro entre los individuos o agrupaciones; se han exacerbado las posibilidades para los contactos en directo de un sujeto con otro.

Sin menospreciar alguna de las ventajas de esta aproximación, se desarrolla sin eliminar las mencionadas limitaciones e introduciendo a la vez las cualidades y perspectivas aportadas por cada interviniente. Como consecuencia nos vemos inmersos en una FRAGMENTACIÓN elocuente, aún pendiente de la comprensión en sus términos auténticos. Es muy patente hoy en día en cualquier ambiente, agravando los fondos enigmáticos de las diferentes presencias involucrada.




Del crecimiento de los factores desconocidos, también se derivan abusos notorios, como el exceso de virtualidad, hasta la grave situación en la cual predominan las APARIENCIAS, encarriladas a base de suposiciones o retazos informativos deformados, falseados con frecuencia por su simple incompletud. Como un estallido de la metafísica o de las leyes del conocimiento, convertidas en una proliferación de señales dispersas, instantáneas, suplidas por otras vaporosas realidades. Los artilugios técnicos suplantaron a los argumentos y los desvelamientos pasaron a ser fantasmales; como agentes totalitarios. Las visiones se multiplican, mientras sus contenidos están por ver.

En cierto modo somos unos pretenciosos endemoniados e incautos; tratamos de recomponer el mundo con aires excluyentes. Mientras, nos recorren por dentro diversas corrientes poderosas, con los rasgos biológicos particulares, necesidades, afectos, percepciones, carencias; a las cuales hemos de añadir las originadas en los circuitos mentales de los protagonistas. Fluyen por ellas una serie de contenidos en gran parte no detectados. Crean en su curso enormes flujos y reflujos con RITMOS diferenciados. Tomamos por estabilidad a la superficie encubridora de tales movimientos; sólo obtenemos simulacros, unas abstracciones susceptibles de múltiples interpretaciones sobre la base inestable subyacente.

La carpa del ciberespacio nos tiene ahora un tanto ensimismados, su mensaje es eufórico. Los trayectos diseñados son apasionantes, aunque tropiezan con las grandes causas, las preguntas inquietantes; no consiguen desentrañar las incógnitas existenciales. Retornamos al clásico mito de la CAVERNA, porque a pesar de los movimientos incesantes y la proliferación de comunicaciones no alcanzamos el conocimiento. Si acaso, comprobamos la mayor amplitud de la caverna, no parece existir gente fuera de ella. Los iluminados dan pruebas fehacientes de no haber salido nunca. Los indicios apuntan a la necesidad de una dialéctica franca, para aunar esfuerzos y aportaciones.

En el dinamismo humano, las estrategias son apabullantes, generan situaciones incordiantes; muestran con predilección sus objetivos, pero ocultan sin reparo las porciones de sus vergüenzas. Vemos el resultado en forma de unas imágenes por los entornos; cuando las vemos es un poco tarde, las elaboraciones ya están ocupadas en otros menesteres. La realidad está transformada en una mostración muy elaborada. Quizá observemos mejor las AUSENCIAS, esas que necesita cada persona para posicionarse en la vida. Entre el burbujeo constante de las ficciones circundantes, planea el núcleo desconocido de los auténticos requerimientos personales al cual intentamos aproximarnos.

Como un ente poderoso, las tonterías impregnan gran parte de la virtualidad con repercusiones de diverso grado. Es falsa la autonomía de las imágenes, son dependientes en origen y a la hora de ser valoradas. Con eso de los cambios acelerados, la confusión entre la ficción y la realidad, si vienen a ser lo mismo o una duda permanente; nunca equiparan sus significados ni sus aplicaciones. Bien está que la realidad sean vestigios inventados, como interpretación de sus observadores. Ante todo eso, repunta la consideración de la AUTONOMÍA personal por encima de la profusión de engarces férreos; frente al predominio arbitrario de unos autónomos sobre otros, sirviéndose del barullo.

De lo contrario, toma cuerpo el carácter global de las creaciones fantasiosas superpuestas en la mentalidad de las generaciones actuales, negando como paradoja cruel la autonomía personal; en un borrado interesado de los brotes emergentes como entidades necesariamente plegadas a la globalidad. El Cosmos, la Naturaleza, la vida de las personas, entran en una vibración repartida por INSTANTES peculiares; estos nos devuelven a la captación del pálpito genuino de la existencia humana. La huella del instante fotográfico no tiene parangón con la vibración personal de los momentos experimentados con sus decisiones. Las similitudes no ensombrecen las vibraciones intransferibles.

Ni es de ahora ni el asunto se limita a los factores cibernéticos; lo desconocido se adentra por la física y sus dimensiones, por los recovecos de la mente y por los pormenores de cuanto nos rodea. El ALDABONAZO actual suena por el descubrimiento incesante de nuevos interrogantes, por la perfidia de los métodos engañosos, al tiempo de detectar también las inmensas posibilidades abiertas a cada individuo.

Sobreviene una exigencia, como tal, molesta; pero decisiva para la gratificación personal. Ni Godot, ni políticos ni gaitas, la magia reside en nuestra adaptación creativa dirigida a esas grandes posibilidades. Hay que ganársela con una resuelta IMPLICACIÓN, desde el acantilado, para captar los primeros rayos de luz.

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