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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los riesgos de donar óvulos

Jaume Catalán Díaz
Redacción
jueves, 11 de enero de 2007, 13:49 h (CET)
La catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra, Natalia López Moratalla, se ha referido a la donación de óvulos en España y ha asegurado que España es el país considerado como "un paraíso reproductor para mujeres sin óvulos".

Según la experta, se trata de una "práctica frecuente" en España, "tanto que en las estadísticas europeas sobre la práctica de Reproducción Humana Asistida --publicadas anualmente en la revista científica especializada Human Reproduction, España es con diferencia el país que tiene el más alto porcentaje de fecundaciones in vitro con óvulos donados".

Pero, ¿en qué consiste la donación de óvulos? La donante --detalló la experta-- se somete a un tratamiento hormonal que le induce una multiovulación (en vez de madurar y liberar un óvulo en cada ciclo menstrual produce entre 10 ó 20 ovocitos maduros). En ese momento se le succionan del ovario mediante una pequeña incisión abdominal.

Los efectos secundarios son, a juicio de la catedrática, "muy serios: se produce, a veces, el llamado Síndrome de hiperestimulación ovárica". De hecho, se remitió a "lo publicado en las revistas científicas especializadas", como Science, y dijo que "entre un 0,3 y un 5 por ciento a un 10 por ciento de las mujeres a las que se induce la hiperproducción de óvulos experimentan un grave Síndrome de hiperestimulación ovárica que produce dolor, que a veces exige hospitalización, fallo renal, posible infertilidad futura, e incluso la muerte".

Finalmente, Natalia López Moratalla, denunció que el anteproyecto de Ley de Investigación Biomédica, "potencia este uso para crear 'material biológico' para la Biotecnología". Tal vez sea hora de pensar más en los humanos que en hacer dinero fácil con la reproducción humana.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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