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Etiquetas:   Religión   Cristianismo   Finanzas  

Integridad

Algo que no se valora cuando se piensa en la prosperidad de las naciones es en la integridad de sus ciudadanos
Octavi Pereña
sábado, 13 de junio de 2020, 13:19 h (CET)

La viñeta muestra una extraña cabeza que representa un capitalista sin entrañas. Su aspecto es amenazador. De su mollera sobresale un asta. Su boca abierta enseña unos dientes amenazadores de la que sale humo que me imagino representa el veneno que brota de su interior. El texto que acompaña el dibujo dice: “La ética y la moral entorpecen el progreso”.

Alguien ha dejado escrito: “Vivimos en una época de disciplina, cultura, civilización, pero no una época de moralidad. El estado actual de las cosas se puede decir que incrementa la felicidad de las personas, a la vez su infelicidad. ¿Cómo podemos hacer felices a las personas, si no han sido enseñadas para alcanzar una moral elevada? Sin sabiduría no se sostiene”. Nuestro tiempo ha alcanzado cotas muy altas de cultura y educación pero la moralidad y la ética no han acompañado a su crecimiento.

El hombre perverso de la viñeta considera que la ética y la moral entorpecen el progreso. Visto cómo van las cosas, la amoralidad y la falta de ética son las causantes de todos los quebrantos que padecemos. Se dice que después del coronavirus las cosas se harán de manera diferente. Yo no lo creo. Tal como se comporta el hombre natural que la Biblia cataloga de “carnal” no puede comportarse de otra manera de como lo ha venido haciendo hasta ahora. Su condición espiritual manchada por el pecado se lo impide. De producirse el cambio de conducta deseada se producirá si previamente se ha producido la regeneración en la fuente de la ética y de la moral. Esta regeneración se encuentra en la santidad que es don de Dios por medio del Espíritu Santo. Ello hace que los principios éticos y morales no sean papel mojado. Si no se produce la regeneración espiritual que consiste en convertirse en una persona nueva por la fe en Jesús clavado en la cruz cuya sangre derramada limpia todos los pecados, como dice <b>Confucio</b> “Nos visitan los vicios como viajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”. Por ello es inútil combatir la falta de ética y de moral tan notorio en nuestros días si no se tiene en cuenta la intervención de Dios en nuestras vidas.

La sicóloga Elena Ellionz hace esta reflexión: “Cuando el egoísmo se convierte en un modus operante legítimo, se produce una erosión del sentimiento de vergüenza, porque la vergüenza presupone la posibilidad de ser responsable hacia los otros. Y el capitalismo ha erosionado en gran manera esta capacidad. Esta es la cultura que legitima la persecución hedonista del interés propio en todos los dominios”. Se ha perdido la capacidad de enrojecer.

La Biblia describe esta condición cono tener un <i>corazón de piedra</i>, insensible a las necesidades del prójimo. El yo prevalece sobre el otro. Sin la conversión a Dios no hay salida a la caótica situación en que nos encontramos. En muchas personas el endurecimiento de sus corazones casi ha llegado al límite. Sigue abierta la posibilidad de enrojecer.

Se dan cuenta de que su comportamiento no es correcto. Desgraciadamente, en vez de arrepentirse y abandonar los caminos erróneos camuflan sus pensamientos pecaminosos debajo de la capa de la ética como salida del lodazal. No se dan cuenta de que la ética y las leyes morales no son nada más que una capa de barniz sobre la piel. Debajo se encuentra agazapada la bestia dispuesta a saltar sobre la víctima en la primera oportunidad que se presente. Es por ello que el personaje malvado de la viñeta considere que “la ética y la moral entorpecen el progreso” porque ignora que es la ética y la moral.

Una sociedad como la nuestra que niega la existencia de Dios, que cree que somos fruto del evolucionismo azaroso y materialista, no debe extrañarnos como dice <v>lady Violet Crowlwy</b>: “Los principios son como las plegarias. Nobles evidentemente, pero incomodas en una fiesta”

En una sociedad carente de los valores cristianos que convierten a quienes los creen firmemente en personas íntegras porque saben que Dios existe y que observa todo lo que hace el hombre. Saben que Dios es ubicuo, que está presente en todas partes al mismo tiempo. Toldo lo que haga o piense Dios lo conoce a la perfección. Es por ello que no puede dejar de obedecer los principios éticos y morales que se encuentran expuestos en la Ley de Dios para nuestro bien. Es por ello que dichas personas se proponen ser íntegras. No casi íntegras. Es algo parecido al casamiento. O estás casado o no lo estás. Casi casado no existe. En una sociedad que ha abandonado a Dios en el trastero no debería extrañarnos que se den tantos casos de falta de integridad. La palabra griega que se ha traducido <i>integridad</i> significa: “Total, sano, intacto, entero”. Es la ausencia de un doble comportamiento: “engaño, hipocresía”. Ser persona íntegra incluye ser financieramente responsable y fiable.

Muchas personas para dar fe de que lo que dicen es verdad ponen como testigo a Dios en el que no creen o a una persona querida. Estos testigos no avalan lo que dicen. Jesús dice: “No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos…Pero sea vuestro hablar. Sí, sí, no, no, porque lo que es más de esto procede del maligno” (Mateo 5: 33-37). Viendo la facilidad con que se incumple la palabra dada pone de manifiesto que nuestra sociedad está controlada por el maligno.

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