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Etiquetas:   Internacional   Estados Unidos   IRAK   -   Sección:   Opinión

No todos los peshmerga son iguales

Michael Rubin
viernes, 12 de septiembre de 2014, 08:53 h (CET)
Muchos de los que debaten la estrategia militar para derrotar al Estado Islámico de Irak y Siria y sus efectivos terroristas citan cada vez más como aliado potencial a los peshmerga, y aducen que los peshmerga deben ser una parte importante de cualquier estrategia encaminada a derrotar al ISIS. ¿Pero qué son, y quiénes son exactamente, los peshmerga?

Los peshmerga — literalmente "los que se enfrentan a la muerte” — tienen una fama alardeada de guerrilleros consumados que hostigaban a los efectivos regulares de Saddam Hussein sobreviviendo meses, si no años, en las montañas. Uno de mis mejores recuerdos del Kurdistán tuvo lugar en marzo de 2001, acompañando a un veterano peshmerga de la lucha contra Sadam en la década de los 80 hasta la montaña que delimita el sureste del municipio de Duhok: Me mostró mojones asirios cuya existencia desconocen nativos afincados en el extranjero que han recorrido Duhok durante años; después, hizo acopio para cenar de la vegetación de la que vivieron los peshmerga cuando no podían alcanzar la aldea.

Pero durante los años transcurridos desde la creación en 1991 del Gobierno Regional del Kurdistán al noreste de Irak, los peshmerga bajaron de las montañas; muchos exigieron cargos públicos a los que pensaban tener derecho, pero para los que apenas tenían cualificación. Las diferencias políticas en el Kurdistán agravaron las cosas. Los peshmerga estaban, y por desgracia siguen estando, más organizados como milicias de formación que como ejército regular. Entre 1994 y 1997, los peshmerga de la Unión Patriótica del Kurdistán de Jalal Talabani (financiados por Irán) y los peshmerga del Partido Democrático del Kurdistán de Masud Barzani (apoyados puntualmente por Saddam Hussein) zanjaron diferencias por el reparto de los ingresos del crudo entre las dos formaciones kurdas principales. Los kurdos dicen que siguen desaparecidos 3.000 prisioneros de aquellos tiempos, ejecutados presumiblemente por efectivos peshmerga rivales.

Si bien los kurdos iraquíes vienen haciendo esfuerzos por "unificar" a los peshmerga desde el año 2001 más o menos, las fuerzas peshmerga — como dice el corolario de los servicios de espionaje — están más unificadas sobre el papel que en la realidad. Fíjese, por ejemplo, en los enfrentamientos recientes: Fueron los peshmerga de la Unión Patriótica del Kurdistán quienes se hicieron con Kirkuk, decantando al municipio hacia Sulaymani, donde predomina la formación y su escisión Gorrán. Los peshmerga del Partido Democrático del Kurdistán eran los que combatían por recuperar la presa de Mosul después de que fuerzas del ISIS se hicieran brevemente con su control.

Aunque muchos kurdos se deshacen en elogios a los peshmerga, existen tensiones bajo las apariencias. El Estado Islámico de Irak y Siria puede haber pillado por sorpresa a Occidente, pero los yezidíes afincados en, y en las inmediaciones de, Sinyar llevaban semanas pidiendo armamento y refuerzos a los peshmerga del Partido Democrático del Kurdistán, antes de que el Estado Islámico se hiciera con Sinyar, masacrara a cientos de varones y esclavizara a cientos de mujeres y niñas. El Partido Democrático del Kurdistán negó los refuerzos, y la mayoría de los yazidíes — entre muchos otros kurdos — guardan rencillas. Los motivos dados por los peshmerga de la formación para negar refuerzos oscilan entre un escalafón incompetente y la corrupción (los recursos habían sido malversados o destinados a otra cosa), pasando por el deseo más cínico de canjear por armamento a los yezidíes en problemas. Sea como fuere, Reuters publicaba la pasada semana el relato de una menor de 14 años de edad que había escapado del cautiverio del Estado Islámico; había sido ofrecida como regalo a los guerrilleros del frente. Su relato es trágico, pero su redención es importante:

“Cuando [los militantes] nos abandonaron fui presa del pánico, no sabiendo qué hacer. Vi un saco lleno de móviles y llamé a mi hermano”, cuenta Shaker por teléfono a Thomson Reuters Foundation desde un campamento de desplazados en Irak. Por teléfono, su hermano Samir le dijo que se dirigiera a un inmueble cercano y pidiera ayuda y orientación para alcanzar la frontera, en donde los guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán combatían a los militantes del Estado Islámico. Dijo que el Partido de los Trabajadores la ayudaría a llegar a lugar seguro… Las dos menores se pusieron en marcha hacia el frente. “No podía andar derecha, mis piernas temblaban y mi corazón se salía del pecho. Corrimos y caminamos y nunca miramos atrás", dice Shaker. Después de dos horas por carretera escucharon disparos. Al acercarse, vieron a un grupo de guerrilleros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán y empezaron a correr hacia ellos. “Lloraba y reía a la vez", dice. “Estábamos salvadas”.

Cuando los estadounidenses hablan de los peshmerga, con demasiada frecuencia se olvidan de las Unidades Populares de Protección que han combatido — y derrotado tanto al ISIS como al régimen sirio — mucho antes de llegar los peshmerga del Partido Democrático o la Unión Patriótica al combate. Había visitado el Kurdistán sirio a principios del año, y escribí mis observaciones. Más recientemente, Alisa Marcus y Andrew Apostolou han escrito cosas parecidas en el New York Times.

Me sigue pareciendo increíble que Estados Unidos siga bloqueando y boicoteando la única región de Siria controlada por un grupo secular comprometido tanto con la destrucción del Estado Islámico de Irak y Siria como con la protección de decenas de miles de sirios (y ahora iraquíes), con independencia de su etnia o religión. Lo hacemos porque Turquía exige por motivos históricos a Estados Unidos que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán sea considerado grupo terrorista, incluso si el Presidente turco Recep Tayyip Erdoğán ha iniciado conversaciones de paz con el grupo. Estados Unidos no debería ser más turco que los turcos, ni dar cabida a un grupo secular eficaz que de otra forma estaría controlado por el ISIS.

Desde luego, a pesar de su retórica democrática, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán sigue teniendo demasiado de culto al personaje, organizado en torno a su fundador encarcelado, Abdalaj Öcalan. También es cierto que a pesar de su retórica democrática, el Partido Democrático del Kurdistán también tiene demasiado de culto al personaje, en torno a Masud Barzani, hijo de su fundador, el mulá Mustafá Barzani. Igual que el Partido Democrático se disputó en tiempos los recursos con la Unión Patriótica, gran parte del antagonismo a las Unidades Populares que se administra a Occidente hoy se remonta a Turquía o al Partido Democrático del Kurdistán. En el segundo caso, la cuestión vuelve a ser los recursos.

Cuando Estados Unidos se implicó por primera vez en Irak durante la Operación Libertad Iraquí, diversos actores políticos iraquíes explotaron la falta de conocimiento del terreno político por parte del ejército estadounidense para enfrentar a Estados Unidos con rivales o detractores internos. En lo que a la amenaza del ISIS hoy se refiere, el mismo patrón se repite cuando los peshmerga kurdos buscan la ayuda norteamericana que les refuerce no sólo contra el Estado Islámico, sino también contra sus rivales. Estados Unidos no debería dejarse engañar con tal juego: Si el Pentágono planea apoyar a los peshmerga, debería de apoyarlos a todos, haciendo hincapié proporcionando la mayor parte del apoyo a los que libren realmente el grueso del combate. En tal caso, es hora de apoyar a las Unidades Populares sin más dilación. También habría que insistir en que los kurdos profesionalicen a los peshmerga, se unifiquen con los peshmerga iraquíes y los aparten de manos familiares. No hay razón para exigir en el Kurdistán iraquí un criterio de profesionalidad diferente al exigido en el resto de Irak.
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