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Opinión
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El feminismo radical dilapida crédito, cayendo en un espantoso ridículo

“Hablamos de feminazis… no de feministas normales, de infantería. Sino de feminazis y sus mariachis” Arturo Pérez-Reverte.
Miguel Massanet
martes, 19 de marzo de 2019, 09:52 h (CET)

Que el mundo parece haberse vuelto loco no es, ni mucho menos, una novedad. Que, a las mujeres, les ha entrado una urgencia loca por demostrar que son iguales o superiores a los hombres, no es cuestionable. Y que, en toda batalla entre hombres y mujeres o viceversa, los ejemplos de falta de contención, de juicios equivocados, de insultos inmerecidos y desproporcionados o de prejuicios basados en situaciones superadas desde hace ya muchos años, haría falta, sin duda, reflexión, control, sensatez, moderación y, por encima de todo, que no se produzca aquello de que llegue un momento en el que los árboles del resentimiento no nos dejen ver el bosque de la sensatez. El intento de hacer ver el afán de venganza o, aún más, el empeño en demostrar que el sexo con el que se empeñan en enfrentarse, reúne en si todos los defectos imaginables y que, las mujeres, antes y ahora, siempre han sido un grupo angelical, inocente, complaciente con su compañero, fieles, infelices en sus matrimonios y las que siempre y en todo momento han estado sojuzgadas por el patriarcado masculino; no es más que un relato de mentes poco formadas y de escasa inteligencia.


No es necesario, ni tan siquiera, tener una gran ilustración para reconocer que, si es verdad que una gran parte de los derechos que reclaman hoy las mujeres, les fueron negados durante siglos, también lo es que las tareas más pesadas, peligrosas, desagradables, incómodas y arriesgadas, tradicionalmente, salvo raras excepciones, las ha venido asumiendo el sexo masculino. Y no vale que argumenten que las guerras ha sido cosa de hombres porque, ahora en unos momentos en los que las mujeres, digan lo que digan las eternamente insatisfechas, han alcanzado grandes cuotas de esta igualdad que, continuamente, están reclamando; no parece que se hayan librado de cometer los mismos errores que los hombres cuando ocupan sus lugares; en especial, cuando asumen funciones de mando, de responsabilidades en la Administración pública o en puestos de dirigentes políticos o de primeros ministros de una nación. Aquí tenemos a la señora May dando bandazos, completamente superada por sus propios errores, intentando solucionar un tema que, evidentemente ya ha entrado en una fase en la que difícilmente la solución sea favorable a ninguna de las partes implicadas en las consecuencias del llamado “brexit”. No hablemos de cuando la honradez es puesta en duda, como ha sucedido con la señora expresidenta del Brasil, Dilma Rousef, imputada por cuestiones de mala administración cuando estaba al frente del Ejecutivo brasileño o, también, podríamos comentar lo sucedido en Argentina con la familia Kirchner, peronistas hasta la raíz del cabello y, sin embargo, no tuvieron inconveniente en acumular riquezas, aun siendo de izquierdas, a costa de la indigencia de una parte importante de la ciudadanía argentina. Y no ha sido la señora, Cristina Fernández de Kirchner, la que menos se ha esforzado en llenar el talego de millones, una vez fallecido su marido Ernesto; algo que, pese a sus protestas de inocencia, la ha llevado a tener que enfrentarse a los tribunales argentinos, de donde es muy posible que salga condenada, con destino a prisión. Bastantes casos en los que las mujeres han sabido actuar sin escrúpulos y ejercer el poder absoluto no, precisamente, en bien de la ciudadanía. Podríamos añadir a los mencionados nombres otros, como el de la señora Imelda Marcos, esposa del presidente Marcos, de Filipinas, que logró amasar a costa del pueblo filipino una fortuna que se estima por encima de los 35.000 millones de dólares.


Pero se ve que la historia no es el fuerte de estas feministas que se lanzan a la calle sin que les importe enseñar su cuerpo desnudo, como ha sido el caso de aquellas famosas Pussy Riot, un grupo ruso de punk que reclamaban lo que consideraban sus derechos enseñando la parte superior, pintarrajeada, de sus cuerpos desnudos. Ahora, en España, con la ayuda de los comunistas de Podemos, siempre dispuestos a sacar provecho de cualquier grupo que se preste a enfrentarse al Estado, tenemos a lo que podríamos considerar como “la flor y nata” del feminismo más absurdo, desmadrado, politizado, irracional, desinformado y oportunista que, seguramente, existe en toda Europa. Un feminismo basto, inculto, hortera, exhibicionista y radicalizado, perfectamente dirigido por expertos en el manejo de masas y con el apoyo de partidos como Podemos en los que, el feminismo político, bajo la dirección de Irene Montero (la compañera de Pablo Iglesias) es utilizado con cierta habilidad por ella para su campaña electoral. Una campaña que estaba haciendo agua por todas partes y que, viendo que la derrota se les venía encima, han encontrado en este feminismo de izquierdas el salva vidas que precisaban para intentar arrastrar el voto del feminismo español, hacia el comunismo bolivariano que ellos representan.


Sin embargo, si tenemos que hacer caso a una noticia con la que se nos ha obsequiado por la prensa, mucho nos tememos que va a ser muy difícil que cualquier mujer española, que tenga un mínimo de sentido común, por muy feminista que se considere y por mucho que esté en contra del machismo; no vaya a tener más remedio que renunciar a apoyar a quienes se atreven a defender lo que estas feministas absurdas se han atrevido a reclamar, sin que la cara se les haya caído de vergüenza. Aparte de que ya llevan años denunciando que ordeñar vacas es de machistas ( la leche de la vaca debe ser solo para los terneros) o que comer huevos es un crimen, parece que han querido dar un paso más al considerar que todas las hembras, sean humanas o de animales, deben defenderse entre sí contra el machismo de los varones y, suponemos, que de los toros, los gallos, los caballos y hasta el pobre macho de la mantis religiosa que, como se sabe, es tan machista que se deja comer, después del coito, por la hembra caníbal, que necesita las calorías que el cuerpo del infeliz le puede proporcionar. ¿Después de esto y de los absurdos que, respecto a las palabras neutras y las empleadas en género masculino, en palabras que abarcan ambos géneros, las feministas han pretendido introducir en el léxico español, palabros como aquella famosa de la ministra socialista Aído, cuando hablo de miembros y “miembras”, qué más se puede esperar de semejante cerrazón intelectual? Con semejantes propuestas cuesta llegar a entender que, quienes defiendan estos absurdos, pretendan estar a la misma altura intelectual del hombre al que, por supuesto, nunca se le ocurriría cometer una estupidez semejante.


Suponiendo que todas las mujeres decidan ser veganas y sólo consuman verduras ( que, por cierto, también son seres vivos que nacen, crecen, se reproducen y mueren), es de suponer que el resto de la humanidad sólo se podrá comer a los machos de cada especie, con lo que la invasión de hembras del planeta está garantizada suponiendo, esto sí, que a los pobres machos sacrificados para el consumo humano, con anterioridad se les haya hecho contribuir con su esperma, a que se pueda fecundar a las hembras privilegiadas para poder perpetuar la especie.


En fin, una más de las perogrulladas con las que nos obsequia este colectivo de las feministas que, cuando se deciden a desbarrar no hay quien pueda detenerlas. Pero quisiera hacer una observación que, también se les pudiera aplicar a estos colectivos de gays que nos obsequian, cada año, con sus famosas fiestas, llamadas “del orgullo gay”. ¿En realidad, es preciso que para protestar contra la supremacía, presunta supremacía masculina, se tengan que desnudar y pintarrajear el cuerpo? Mucho nos tememos que, muchas de estas feministas (niego a llamarlas señoras) que recurren a semejantes desnudeces, aunque no lo quieran admitir, sienten un especial placer exhibicionistas mostrando aquello que pudiera ser, no hayan tenido otra ocasión de hacerlo en la intimidad, por no haber encontrado a quien le interese. Lo mismo se puede argumentar de estos festejos gay, cutres por supuesto, a los que tengo el pleno convencimiento de que hay homosexuales, más sensatos y educados, que no se prestarían nunca a semejante exhibición y que, en consecuencia, se abstienen de acudir a similares payasadas.


Respetamos, como no podría ser de otra manera, el derecho de las mujeres a su independencia, a su derecho a acceder a cualquier enseñanza y a ocupar los mismo empleos y profesiones que los hombres, a ser respetadas y a no ser acosadas o violentadas con intenciones sexuales. No comparto ni compartiré nunca lo que ellas denominan como su derecho absoluto a propio su cuerpo, cuando se niegan a cumplir con su deber como reproductoras y practican el aborto cuando, como es sabido, cualquier mujer sabe lo que debe hacer si no quiere quedar embarazada. Si no tiene la sensatez de usar los cientos de medios que existen para impedirlo luego, a mi entender, no tienen derecho a alegar que no se sienten capaces de tener al bebé y cuidar de él o darlo en adopción.


En todo caso, puede suceder que si continúan insistiendo, si hacen de su protesta un tema cansino y si no entran en razón y dejan de mentir respecto a algunos temas de los que los políticos se valen para intentar conseguir su voto, en un momento u otro van a salir a relucir todas las falsedades, las incongruencias, las exageraciones y muchas de las acusaciones que se les hacen a los hombres, sin tener en cuenta que no es lo mismo la relación entre hombres y mujeres de hace tres o cuatro siglos, ni la mentalidad que tenían aquellas mujeres a las que, desde la actualidad se las pretende presentar como esclavas pero que, en aquellos tiempos, con toda probabilidad se encontraban a gusto con el rol que la naturaleza les había atribuido. Y, antes de dar por finalizado este comentario, me gustaría exponer algo sobre las tan cacareadas, por el comunismo y el feminismo, diferencias salariales existentes, según ellos, entre hombres y mujeres. Al respecto, haremos mención a lo que se considera una “estadística oculta” de datos oficiales del Ministerio de Trabajo (no olvidemos que estamos en manos de un gobierno socialista) que, aunque debieran ser públicos, parece que no consideran oportuno hacerlos conocer “para no perjudicar” a aquellos partidos que vienen haciendo campaña con las famosas diferencias como es, por ejemplo, el PSOE del actual gobierno.


En realidad, las campañas de la Inspección llevadas a cabo por los inspectores de trabajo, contrariamente a lo que se pudiera imaginar, no han conseguido pruebas de que esta diferencia salarial exista en la realidad, de modo que no han encontrado apenas casos en los que, por el mismo trabajo, perciban distintas retribuciones hombres o mujeres. Los que quieran, hacerlo pueden leer un informe publicado en Libre Mercado, en el que se detalla esta notica que les anticipo. En realidad, según dicho informe, la discriminación salarial afecta a menos del 1% de las mujeres.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos duele tener que decir que, en ocasiones, hay sectores del sexo femenino que, vayan ustedes a saber por qué intricadas evoluciones sicológico- mentales, producidas en los cerebros de determinados ejemplares del género femenino, se generan lo que pudieran calificarse como rechazos hacia el género masculino, respecto a los cuales seguramente el profesor Freud les encontraría explicación, como sucedió con el significado de los sueños, pero que a nivel de simple ciudadano de a pie, resultan un verdadero misterio al que, desde luego, hemos renunciado a pretender descifrarlo. Quizá, forme parte de esta esquizofrenia colectiva a la que parece que estamos llegando.

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