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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Guaidó   Maduro   Venezuela   Política  

La izquierda reacia a acabar con Maduro

El apoyo del Gobierno de España al presidente Guaidó, más aparente y confuso que real
Miguel Massanet
martes, 5 de marzo de 2019, 15:16 h (CET)

Una cosa es hacer ver que, ante una situación evidentemente dramática, intolerable, acadabrante y dictatorial, se reacciona sin prisas, tarde, a contrapelo pero, aparentemente, con contundencia; como fue lo que hizo España ante las insoportables demostraciones de totalitarismo, intolerancia, poco respeto por la Ley y nula consideración para con la oposición venezolana, que viene adoptando el sátrapa Nicolás Maduro, con su propio pueblo y, otra muy distinta, que el señor presidente del Gobierno español, señor Pedro Sánchez, pueda ocultar su poca predisposición a pasar de las palabras a los hechos, cuando se trata de tomar disposiciones que supongan apretarle las clavijas al dictador venezolano, a obligarle a aceptar las normas democráticas en su país o a ponerle ante el dilema de que abandone el poder y el país al que ha conducido a la miseria y a la más absoluta desesperación debido a la falta de los más esenciales medios de subsistencia y a la carencia absoluta de medicamentos que han provocado que las clínicas y hospitales venezolanos carecen de los más elementales productos sanitarios para poder asistir a los enfermos que necesitan con más urgencia ser intervenidos o medicados para poder sobrevivir o, obligarle a que abandone el poder por medios más expeditivos.

Claro que, en cuanto a esta conducta hipócrita, a esta falta de compromiso con el pueblo de Venezuela, a este intento de nuestro actual Gobierno de no pasarse de la raya que le han marcado los señores de Podemos (partido filocomunista defensor a ultranza de su benefactor y mecenas, el señor Maduro), con el fin de garantizarse su apoyo para poder seguir gobernando, convencidos de que, en los próximos comicios, si bien pueden mejorar sus resultados de otras ocasiones, va a ser muy difícil de que, el PSOE, consiga en las urnas la mayoría absoluta lo que, vista la actitud del señor Ribera de Ciudadanos en sus últimas declaraciones, a través de las se ha comprometido a no pactar, bajo ninguna circunstancia, con el partido de los socialistas, debido a lo que consideran relaciones espurias de P.Sánchez con los separatistas catalanes. No obstante, como ya ha dejado patente el señor P.Casado del PP, tampoco deberíamos fiarnos demasiado del líder de Ciudadanos que, cuando le ha convenido, no le ha importado apoyar al PSOE de Andalucía a pesar de la evidente concomitancia del señor Sánchez con los principales directivos del independentismo catalán.

Resulta patético como, cuando llega el momento de tomar decisiones, cuando, de verdad, un dirigente ha de saber arriesgarse en defensa de algo que es evidente que merece ser defendido, pese a que ello pudiera llegar a causar determinados inconvenientes materiales o de orden financiero a algunos españoles que, actualmente, están residiendo en el país venezolano. El tipo de gobernante representado por la figura del señor Pedro Sánchez, aquel al que lo único que le preocupa es mantenerse en su puesto de presidente del Gobierno y, para aferrarse a él, no duda en anteponer lo más cómodo, lo menos arriesgado o lo menos justificable, a lo más decente, conveniente, ético y favorable a los intereses de un pueblo que sigue bajo el yugo, insoportable, de un gobierno dictatorial, opresor, intransigente que no duda en saltarse las normas democráticas y las más elementales consideraciones éticas y morales respecto a los derechos de los venezolanos, a pesar de que insisten en presentarse ante el resto de naciones del ámbito internacional, como defensores del pueblo y enemigos acérrimos e intransigentes con los modelos de los gobiernos a los que se los considera como capitalistas y, en consecuencia “contrarios a los intereses del pueblo venezolano”.

Puede que, el señor Sánchez, al que se le suponía que, como presidente de un gobierno, como el español, que tenía unas relaciones de fraternidad, entendimiento y cultura con los países hispano-americanos, de tal manera que situaban a España como el mejor mediador para liderar la postura de la Europa comunitaria respeto al grave problema de Venezuela; no estuviera dispuesto a encabezar el movimiento del resto de Europa, encaminado a cortarle las alas al impresentable y corrupto presidente de la república de Venezuela. En lugar de ser el primero en dar ejemplo de su rechazo a la escandalosa política del señor Maduro, se quitó de en medio y quiso esperar a que el resto de la CE tomara la decisión (tampoco unánime) de reconocer al señor Guaidó como presidente en funciones el tiempo preciso para que pudiera convocar elecciones mediante las cuales consiguiera salir designado, si los votos lo apoyaran, para constituir un gobierno democrático que acabara con la dictadura del chavismo bolivariano. De hecho, lo que se propone el PSOE es establecer en España un gobierno escorado de una forma peligrosa a la izquierda, formando una coalición, si los votos se lo permitieran, con los comunistas bolivarianos que viene presidiendo el señor Iglesias (no con demasiada fortuna, si es que nos guiamos por lo que van indicando las encuestas que, desde distintas empresas expertas en la medición de la intención de voto de los ciudadanos, van anunciando desde hace algunos meses). La idea sería que PSOE, Podemos e IU formarían un perfil de gobierno que parece que cuenta con más posibilidades de tener éxito, según lo que las mediciones de la intención del voto, parece que consideran como la combinación de partidos que tiene más posibilidades, siempre que los votos les otorgaran mayoría absoluta.

En el caso de que la combinación anterior y los partidos que podríamos llamar como constitucionalistas, no sumaran los escaños precisos o, incluso sumando, con el apoyo de VOX, para formar una mayoría parlamentaria, sería muy probable que, el partido de Ciudadanos, por un exceso de puritanismo del señor Rivera, no quisiera formar coalición con los de la “extrema derecha”, como se han empeñado en calificar, al partido del señor Abascal, los señores de las izquierdas y el propio señor Rivera, uno de sus peores detractores; se podría dar el caso de que se alzara en España un gobierno de izquierda con participación comunista, que tendría el inconveniente añadido de que, en unos pocos días, se celebrarían la autonómicas y municipales que, evidentemente, podrían estar muy influidas por los resultado de las legislativas. Quedaría otra posibilidad que, por mucho que el señor Rivera la haya descartado, puede que con la boca pequeña, no se puede echar en saco roto y es, como ya habrán adivinado, la que se podría dar si, como es de esperar ciudadanos sacara un buen resultado que, sumado al que hubiera obtenido el PSOE, les permitiera alcanzar una mayoría absoluta que les permitiera formar un gobierno estable. Nada, en el mundo de la política, se puede dar por definitivamente descartado.

Como ustedes ya se habrán apercibido, el panorama político al que se tendrá que enfrentar nuestro país, en unos momentos en los que, entre el problema del separatismo catalán y la postura claramente inclinada hacia la extrema izquierda de Podemos, aquella que sigue emperrada en aplicar los sistemas totalitarios del señor Maduro que, como a nadie se le puede ocultar, no son más que reproducciones del sistema soviético que tan malos resultados dio en todas aquellas naciones, que permanecieron durante muchos años detrás del Telón de Acero, sometidas al yugo de la URSS y de las KGB y STASI, las dos temidas policías bolchevique y de la Alemania del Este que fueron el terror de los últimos años de la ocupación de la Alemania del Este y del resto de países que estuvieron sometidos a la poderosa garra del oso soviético, incluida Hungría.

Y, respeto a las tácticas de Podemos quisiéramos hacer una observación. Es cierto que lleva el partido unos meses en los que las vicisitudes internas por las que viene pasando les ha costado perder un número importante de votos que han hecho que, en las encuestas de intención de voto, hayan perdido muchos escaños; sin embargo nunca deberemos despreciar la habilidad que vienen demostrando los comunistas cuando se trata de motivar a sus huestes en momentos en los que están pasando por horas bajas. Por ejemplo, es obvio que la desaparición del primer plano de su formación del señor Pablo Iglesias (algo que seguimos sin entender, por mucho que se intente hacer pasar como una muestra de responsabilidad y de abundar en la idea de dar ejemplo en el tema de la igualdad entre hombres y mujeres), puede resultar una decisión que no se entiende cuando su figura personalizaba, en sí misma, el mayor activo de una formación asamblearia, difícil de mantener unida ante una sola persona durante mucho tiempo y, más aún, si la desaparición del líder se produce en periodos de ruptura entre los distintos jefecillos que aspiran al caudillaje del partido, como ha sido el caso durante su voluntaria ausencia.

Pero es probable que todo forme parte de una táctica que, durante los últimos días y, a medida que nos acercamos al día 8 de Marzo, fecha que tradicionalmente se ha dedicado a la mujer y que, durante los últimos años, ante el auge indiscutible de la lucha del feminismo, empeñado en atacar al sexo contrario que, repentinamente, se ha convertido en el blanco preferido del feminismo radical; parece que el sector de Podemos liderado por la señora Montero, la pareja íntima de Pablo Iglesias, ha decidido apropiarse de las reivindicaciones que han venido siendo la razón de existir de todas las ramas del feminismo para, pasarlas por el filtro del comunismo extremo y presentarlas como propias de las reivindicaciones del partido, intentando que las mujeres de distintas sensibilidades que han ido coexistiendo en el feminismo tradicional, renuncien a sus distintas ideas políticas en beneficio de una unión de todas ellas, evidentemente dirigidas por Podemos y la señora Montero, contra el llamado “machismo”, el principal enemigo contra el que quieren luchar; sumando el voto de cuantas féminas consigan convencer para que se vuelquen en favor de su partido que, en definitiva, sería el que sacaría mayor beneficio si consiguiera llevar a cabo con éxito semejante engaño.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, dejamos de vigilar a todos estos dirigentes de izquierdas que son expertos en propaganda y que vienen consiguiendo que, una parte de la ciudadanía, a la que intentan convencer que lo peor que les puede pasar es que ganara la “derecha”, con la intención de que se vuelque hacia la izquierda para lo cual, como expertos en la materia, tal y como han venido haciendo los separatistas catalanes y vascos, no hay nada mejor que el enfrentamiento entre hombres y mujeres, la demagogia generadora de odio hacia los que tienen ideas distintas y la manipulación consistente en ir prometiendo al ciudadano todo aquello que pueda serle provechoso, con independencia de que lo que se ofrezca tenga posibilidad alguna de que se pueda llevar a cabo. Un procedimiento que se podría considerar infantil pero que, por desgracia, resulta ser más efectivo de lo que pudiéramos imaginar.

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