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Opinión
Etiquetas:   Ciudades   Religión  

Ciudades inteligentes

El paraíso perdido no lo recuperarán las ciudades inteligentes
Octavi Pereña
miércoles, 5 de diciembre de 2018, 00:00 h (CET)

Encima de las mesas de los despachos de los departamentos técnicos de los ayuntamientos de las grandes ciudades se amontonan proyectos para construir Smart Cities, Ciudades Inteligentes que confiando en las nuevas tecnologías dicen que humanizarán las ciudades. Barcelona, durante el mes de noviembre de 2018 ha acogido una nueva edición de la Cimera internacional de Metrópolis Inteligentes. Unos eslóganes que han trascendido durante la Cimera: “Soluciones Smart para más ciudades más habitables. “Una necesidad dl siglo XXI: crear comunidad. “Las grandes ciudades apuestan incorporar soluciones tecnológicas que facilitan el día a día y fomenten las participación y el intercambio entre los ciudadanos”. ¿Se alcanzarán estos objetivos?


Para diseñar ciudades inteligentes se necesita situar sensores en diversos lugares de las ciudades. La información que recogen se envía a un centro de control des de donde se da respuesta coordinada que da soluciones inteligentes según las necesidades del momento.

Desde el punto de vista social una buena aplicación de las nuevas tecnologías podrá hacer que las ciudades sean más cómodas. La diversidad de electrodomésticos ha hecho más confortables los hogares. ¿Han conseguido que las familias sean más felices? ¡Cuánta violencia no se fragua en los hogares? Relaciones conyugales pésimas. Abismo generacional. Los hijos padeciendo acoso incluso estando en la cama gracias a las nuevas tecnologías. Y otros muchos inconvenientes familiares que hacen que los electrodomésticos no incorporen la felicidad en los hogares. La comodidad que indiscutiblemente proporcionan los electrodomésticos no impide que el malestar más o menos grave exista entre los miembros de las familias.

La paulatina incorporación de las nuevas tecnologías en las ciudades hará posible que el desplazamiento sea más ágil. ¿Las hará más habitables? La mayoría de las personas que tienen perros no enseñan a sus mascotas a ser educadas. Los tirones de bolsos seguirán dándose con el riesgo de producirse daños personales. Loa robos en domicilios no se acabarán. El incivismo público permanecerá. Si nos limitamos al incivismo en la circulación siempre habrá conductores que no respetarán la preferencia peatonal en los lugares señalados. ¿Qué tenemos que decir de las bicicletas y los patinetes eléctricos que invaden las aceras y que en ocasiones atentan contra la integridad física de los peatones?

Bienvenido sea el progreso tecnológico que hace la vida más cómoda. Priorizando el bienestar físico nos hemos olvidado que el ser humano se ha convertido en un depredador de su propia especie. Se ha transformado en un ser insaciable que le hace despreocupado de conservar la salud del planeta Tierra. Para satisfacer a su ego se ha convertido en caudillo del despilfarro. Antes debe humanizarse el ser humano si es que de verdad se quiere que los hogares y las ciudades se conviertan en lugares que sean más habitables. Los técnicos que trabajan en hacer más inteligentes las ciudades midiendo los niveles de comodidad, ¿se han peguntado porqué el hombre se comporta de la manera como lo hace restringiendo la buena convivencia? Debería darse respuesta a esta pregunta.

Aunque el hecho sucedió hace seis o siete mil años, las consecuencias perduran hoy. Adán representando toda la humanidad pecó y el resultado fue que Dios maldijo la tierra en estos términos: “Y al hombre le dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa, con dolor comerás todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado, pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3: 17-19). Este breve texto describe todo lo que nos ocurre y lo que seguirá pasando hasta que no se restauren “el cielo nuevo y la tierra nueva” Apocalipsis 21:1), que sucederá en la venida gloriosa de Jesús al fin del tiempo, el día de la resurrección. Mientras no llegue este día la lucha por la existencia será difícil. Por más que se afane el hombre, los espinos y los cardos seguirán creciendo ufanos sin necesidad de cultivarlos y el sudor del rostro persistirá en hacer enojosa toda actividad humana. El Roto en una de sus viñetas muestra a un hombre inclinado al suelo con una azada en la mano cultivando el campo. A la ilustración le acompaña este texto: “Herbicidas, insecticidas, pesticidas, nitratos, plásticos, transgénicos…Trabajo en un campo de minas”. El Roto describe las consecuencias de la maldición sin aportar solución. A corto plazo tampoco la ofrece el Evangelio. Pero el Evangelio muestra esperanza a quienes creen en Jesús al prometerles vida eterna y un lugar en la ciudad celestial en donde vivirán eternamente y en donde “no habrá más maldición” (Apocalipsis 22.3).Cuando la promesa se haya cumplido “un cielo nuevo y una tierra nueva” será el escenario en donde se “enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor” (v.4). El derecho de residencia en la Nueva Jerusalén es exclusivo de quienes viviendo hoy en una tierra maldecida creen que Jesús es el Salvador anunciado al inicio de la Historia” (Génesis 3: 15).
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