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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Inmanencias

Olvidamos en exceso las realidades innegable bajo el encantamiento de las opiniones frívolas
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 17 de agosto de 2018, 07:31 h (CET)

El concepto de inmanencia es interesante. Recalca la existencia de cualidades o complementos físicos formando parte de una entidad, aunque no sean percibidos. Según la RAE: Algo inherente a un ser o que va unido inseparablemente a su esencia, aunque racionalmente pueda distinguirse de ella. En sus diversos formatos, esas PRESENCIAS son más frecuentes de lo que pudiéramos pensar. Atribuidas a diferentes objetos, características o personas, forman parte constitutiva de ellos. Desapercibidos o percibidos con nitidez, pero la presencia está, es inmanente, ejerce sus propiedades en el ámbito de su ubicación, con repercusiones variadas, desdenes o aprovechamientos, que dependerán de cada protagonista.


Si algo nos enseñaron las referencias históricas, es una de esas inmanencias de mucha prestancia, aunque silenciada más de lo debido, en un contraste deformante de lo acontecido. Las parafernalias acogen elementos dispersos, fechas, datos, relatos diversos, silencios, mentiras; presentados con un alarde de totalidad. Sin embargo, el PÁLPITO de las personas subyace debajo de aquel fárrago, siendo como es la base insoslayable; constituye las experiencias individuales, gozadoras o sufridoras, inquietudes o pasividades, de personalidades fuertes o menos consistentes, sanos o enfermos, de culturas contradictorias y sobre todo variadas. Son vivencias inherentes al tránsito histórico, aunque la historia apenas los anote.


No son simples desviaciones retóricas estas desviaciones de la historiografía hacia la predominancia de los relatos, quizá sucedió así en todoas las épocas. No admite discusión la inmanencia agresiva desde cualquier género de potencial (Cultural, intelectual, económico, simples fuerzas agresivas u opresoras). Su dirección no varía al respecto, actúan sobre las recortadas posiciones de los individuos aislados. Sus tendencias constituyen una AMENAZA permanente. Los vestigios de una colocación real de la persona en lugares preeminentes no aparece por parte alguna. Los empoderamientos en cualquier sector de las actuaciones humanas, amenazan al individuo.


Estas apropiaciones de unos conjuntos, de unos colectivos, de unas personas concretas, sobre las vivencias particulares, adquiere unos tintes sombrios en la actualidad; bien disfrazados, eso sí, de falsas transparencia, declaraciones sobre el bien común o tergiversaciones asombrosas. Pese a todo ese mundillo falseador, dado que no cuenta con los individuos; funciona la inmanencia PLACENTERA, a través de la cual, la persona dispone de los recursos necesarios para sus encuentros con la felicidad, la búsqueda íntima y el logro de las sensaciones agradables. La genuina expresión existencial de las personas no admite sustitutivos foráneos. La convivencia nunca reemplaza la disposición individual, en este caso al placer.


Borges hacía referencia al hecho estético, ese encantamiento renacido podría brotar de la música, de la contemplación de los estados de felicidad, , de las caras trabajadas por el tiempo; porque nos vienen a decir ese algo espléndido subyacente al fárrago cotidiano. Yo daría un paso adelante superando lo estético, porque las pulsiones latentes entre los entresijos de la convivencia diaria, emergen de vez en cuando con un fulgor inusitado, son indicadores del HECHO VITAL por excelencia. Adquieren la forma de sensaciones pristinas, que nos ponen de manifiesto la inmanencia de unos destellos esperanzadores. La vibración de la vida misma se pone en contacto con los seres con capacidad de raciocinio.

El estilo actual es muy proclive a la mezcolanza indiscriminada; en sus formatos proliferan las opiniones sin preocupación por los requerimientos razonados para las fundamentaciones. Si oteamos las expresiones artísticas, los comentarios suscitados en torno, las actuaciones colaterales; comprobamos la confusiión originada. Pues bien, este sector dispone así mismo de la inmanencia artística, esa VIBRACIÓN emocionante, reveladora de ese algo de autenticidad en el hecho artístico. No es cuestión de palabras, los códigos están fuera de lugar, el dinero es otra cosa, los montajes populistas, quién sabe qué. El latido verdadero palpita ajeno a las maquinaciones posesivas.


Da un poco lo mismo el sector observado. Esos fondos, asomados ocasionalmente, se muestran como algo inherente a la presencia humana en este mundo. Porque existen bajo formatos subyacentes, por la capacidad de las personas para percibirlos. El sino irremediable es la incapacidad para adueñarse de sus funcionamientos, apenas los intuimos, pero nos sobrecogen. El sentimiento RELIGIOSO configura percepciones de ese calado. Una presencia inasible de potenciales reverberaciones internas. Ningún parecido con las requisitorias de oráculos enfáticos o reglamentaciones manufacturadas por entidades contingentes; sus pretensiones no alcanzan aquellas honduras.


Sin embargo, ante quienes pretenden ceñirse a las estructuras materiales, encontramos también los derroteros abismales, junto a destellos emergentes indomeñables. Que si el Universo limita con la nada o es ilimitado. Qué será eso de la materia y la energía, cómo funcionan desde sus orígenes. Esa relación entre la materia y la vida. Volvemos al sino inexorable de la ignorancia sembrada de FULGORES en forma de conocimientos asombrosos; entre ellos aleteamos como podemos. Aquí son ondas y partículas no del todo conocidas, los provocadores de figuraciones mágicas, nos sentimos ufanos, hasta protagonistas. Pero la inmanencia vital impone sus condiciones.


A lo largo de la vida nos enfrascamos con encendidas polémicas, dimes, diretes y silencios de características bien controvertidas. Leemos, escuchamos, actuamos, nos relacionamos con gente, atendemos o desatendemos, como si fuéramos a resolver el sentido del mundo o deseando que nos lo resuelvan a nosotros. Criticamos, nos critican, lanzados a resolver lo de fuera, los ambientes, la colectividad. Cuando detectamos, o sin darnos cuenta, la presencia verdadera surge, como inherente a cada persona, como una realidad inmanente, su EXPERIENCIA vital; la cual, a través de los medios acompañantes ha de recorrer su propio trayecto, encontrando el significado de su presencia compartida.


Por lo tanto, no es que yo descubra el sentido del Quijote, sino el descubierto en mí a través de sus influencias, en ese intercambio de conceptos y sensaciones. En esa orientación circulan las impresiones al observar otras obras (El peine del viento, las bañistas de Sorolla), o situarnos ante otros hechos del momento o del pasado, incluso ante los proyectos o premoniciones. El alejamiento de posibles fijaciones es una realidad inmanente, porque el DINAMISMO nos constituye de principio a fin. La pretensión de posturas consolidadas no pasa de ser una ensoñación anacrónica de imposible realización, con el notable agravante que nos desorienta, hasta sacarnos del quicio existencial definitorio de la persona. Como es evidente, eso sí, esos fondos de la persona no están a nuestra disposición.

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