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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña   Política   -   Sección:   Opinión

A pesar del 155 Cataluña arde en independentismo

La política de esperar a ver lo que sucede, utilizada por el Gobierno, no da resultados
Miguel Massanet
martes, 17 de abril de 2018, 06:50 h (CET)

Tenemos la impresión de que el tema catalán no ha experimentado modificaciones perceptibles en sentido positivo y sí un aumento del empecinamiento motivado principalmente por la forma tolerante y poco efectiva con la que, el Gobierno de la nación, aplica el 155. Parece imposible que siga en esta inactividad que lleva arrastrando desde que se inició el desafío del señor Mas, sin que haya conseguido más que prolongar una situación de falta de seguridad y de gran peligrosidad a la vez que, la continuada campaña propagandista llevada a cabo por los nacionalistas en el resto de Europa, reforzada por el inoportuno e inesperado resultado de la resolución del tribunal alemán por la que se denegó la extradición de Puigdemont a España; ha vigorizado la causa separatista que encuentra un apoyo inesperado en la bofetada de los jueces alemanes a la Justicia española. Resulta poco menos que incomprensible que, a estas alturas de la segunda legislatura del señor Rajoy y, atendiendo al comportamiento claramente obstinado e irreductible de todos los actores políticos de la sublevación catalana, aparte de las actuaciones de los tribunales españoles que están cumpliendo con su deber al juzgar a todos los presuntos responsables del levantamiento catalán; en el aspecto de las esperadas acciones a cargo del ejecutivo encaminadas a impedir, por los medios que fueren, que el populacho se lance a la calle impunemente, cause destrozos y se ría de las fuerzas del orden público que, a su vez se ven impotentes al verse obligadas, debido a las instrucciones de sus mandos, a permanecer pasivos, por el temor de que el uso de la fuerza y el causar posibles heridos en la refriega sirva de excusa a los revoltosos para acusarles de actuar “ de forma desproporcionada” lo que, evidentemente, les impide realizar la labor disuasoria que tienen encomendada.


Como ya comentamos en el crónica de ayer, en este país estamos coaccionados por una interpretación excesivamente amplia y falta de los límites precisos de la libertad de manifestación y expresión, en la que se apoyan para cometer toda clase de desmanes aquellos que no dudan en ocupar las calles, para así contrarrestar con multitudes de antisistema y fanáticos del separatismo que, con sus banderas ilegales y sus panfletos en contra de España y de sus autoridades, pretenden dar una imagen, especialmente enfocada al extranjero, de que toda Cataluña arde en reclamación de su independencia cuando, la realidad y las encuestas vienen negando que sea así, de tal modo que son la mayoría los ciudadanos de Cataluña los que son contrarios a la escisión de esta autonomía de la nación española. Son las minorías las que, no obstante, tienen muy bien estudiadas sus acciones para dar la impresión de que son una mayoría los secesionistas, las que se hacen oír con más fuerza y las que se muestran más combativas en contra del cumplimiento de las leyes, del mantenimiento del orden, ,en el empleo de la demagogia y del engaño que, en muchas ocasiones, influyen en la opinión de la masa, perezosa en pensar, incapaz de analizar los pros y los contras de las opciones que se les presentan debido a que, para la mayoría de los que las integran, es un terreno que desconocen y ene el que, fácilmente, quedan embarrados en conceptos primitivos y simplistas a los que se aferran, si llegan a la conclusión de que puede sacar algo positivo si escuchan los consejos de los activistas y, a la vez, tendrán ocasión de perjudicar a los odiados “capitalistas” que, no obstante, y eso parece que no son capaces de asimilarlo, son los únicos que pueden darles trabajo y pagan sus salarios.


Resulta altamente contradictorio que, todos aquellos que salen a las calles bajo el lema de más libertad, no se den cuenta de que, si pueden salir a la calle sin que nadie se meta con ellos, les impida expresarse libremente y estén amparados por la misma Constitución de la nación es, precisamente, debido a que están gozando del privilegio de la más absoluta libertad y libre albedrío para expresar lo que piensan, sin que ello suponga, como ocurre en países como Venezuela, bajo la dictadura del señor Maduro, ( no olvidemos que es el mecenas y protector de Podemos)que todo aquel que se muestre contrario al régimen, en este caso opresor, y se atreve a manifestarse en las calles para decirlo, su destino inmediato es ser detenido y enviado a la cárcel. Curiosamente allí nadie reclama contra estos abusos porque tienen miedo de ser acallados para siempre.

Ayer, domingo, una multitud que, según la guardia urbana (no olvidemos que una gran parte de este cuerpo municipal son simpatizantes del separatismo)se calculó en unas 300.000 personas, aunque en otras fuentes valoran la asistencia en “unos miles”; en todo caso, una presencia numerosa de personas que no están de acuerdo con que, unos individuos que estuvieron impulsando la revolución en contra del Estado español, que apoyaron la promulgación de unas leyes, en el Parlamento catalán, que iban en contra de la unidad de la unidad de la nación española (aun cuando los parlamentarios habían sido advertidos severamente por el TC de que esta clase de acuerdos iban en contra de la Constitución y eran merecedores de ser sancionados), insistieron en mostrar su repudio a que se mantuvieran encarcelados a los cabecillas del levantamiento catalán y, en consecuencia, fueran acusados de delitos de rebelión, malversación de caudales, desobediencia y, algunos de ellos, prevaricación; no por sus ideas políticas sino por haberlas puesto en práctica y realizado actos que iban en contra de los mandatos constitucionales y de las prohibiciones expresas de los tribunales de Justicia, especialmente del TC, tipificados como delitos comunes por el vigente CP español.


Algo se ha despejado en esta manifestación que tuvo lugar en Barcelona, ha sido que, por fin, ha quedado meridianamente clara la postura de la escurridiza alcaldesa de la ciudad de Barcelona, que siempre se había procurado mostrar equívoca respecto a su simpatía por los separatistas, sin que nunca se hubiera involucrado directamente en una postura que se la pudiera relacionar directamente con dichos grupos. Ayer, la señora Colau, se desmelenó acudiendo en persona a la manifestación separatista que pedía, sin ambages, que se soltara y librase de la cárcel a los que se han considerado los responsables de la convocatoria y seguimiento del seudo referéndum del 1 O en el que, según se ha deducido de investigaciones policíacas posteriores, existía una trama perfectamente organizada en la que estaban compinchados políticos, mandos de la policía autonómica, concejales y directivos, que estuvieron actuando para favorecer que, en algunos lugares de la comunidad catalana, pudieran llegar a instalarse urnas y se llegara a favorecer, incluso, la celebración de las correspondientes votaciones.


A nuestro entender han quedado fuera de la acción de los tribunales otros responsables, sobre los que deberían pesar importantes cargos como ayudantes, cómplices y propagandistas de la causa separatista que, no sólo han sido ignorados por los tribunales, sino que por quienes tenían sobre sí la responsabilidad de aplicar, en toda su amplitud y con todas sus consecuencias, el artículo 155 de la Constitución española. Se puede considerar como un verdadero escándalo el que, toda la acción del 155, se haya limitado a disolver el Parlamento catalán y destituir al presidente de la generalidad, asumiendo el Gobierno una parte de la administración de la comunidad catalana, sin que se haya aplicado en otros aspectos que han resultado ser cruciales en el hecho innegable de que la propaganda, las instrucciones a los ciudadanos, la celebración de encuentros directamente enfocados a cargar contra el Estado español e, incluso, el hecho evidente de que la señora Terribas, de Cataluña Radio, estuviera el mismo día de la celebración del referendo ilegal, indicando y dando instrucciones a los encargados de dificultar la acción de la Policia y la Guardia Civil estatales, para que acudieran a los centros de votación hacia los cuales se dirigían los cuerpos de seguridad para impedir que se celebrara la votación. Ninguno de ellos ha sido citado a declarar y todos se salieron de rositas, a pesar de que fueron una parte necesaria y fundamental para dirigir, desde las distintas TV catalanes y las radios, la logística de aquella triste jornada en la que se saltaron las leyes españoles y una parte de los mossos de escuadra se aliaron con los revoltosos. Lo peor es que dichos periodistas siguen atacando desde sus respectivos medios, la acción del Estado español.


Lo más llamativo y los que nos induce a pensar que el Gobierno sigue con su miedo a atacar de una forma más eficaz el separatismo de Cataluña (a pesar de que ya, en el País Vasco y en Navarra, se están produciendo en sus respectivos gobiernos forales, acciones, declaraciones y posicionamientos en apoyo de los catalanes que, como era de esperar, han movido al Gobierno vasco a negarse a negociar un apoyo a los PGE hasta que el 155 sea retirado de Cataluña). Esta postura equívoca y vacilante del señor Rajoy y su Gobierno, junto a una serie de problemas que han surgido en el momento menos favorable nos hace pensar que, las posibilidades de que se adopte una actitud más severa con los catalanes que se han rebelado contra la autoridad del Estado español, en lo que, con toda seguridad ha influido de forma determinante el hecho de que, el secretario general del partido socialista, señor Pedro Sánchez, haya empezado a recular en su apoyo al 155, afirmando que no está de acuerdo con la forma con la que, el Gobierno del Estado, está llevando el problema de la autonomía catalana.


Periódicos como La Vanguardia se han quitado la careta y, en ejemplar del día de la fecha, ha salido una amplia y detallada reseña de la manifestación de ayer, domingo, con todo tipo de aclaraciones, de fotografías de la muchedumbre y a dos páginas, demostrando el gran interés del periódico de los señores Godó en seguir apoyando, con todos los medios a su alcance, la causa del independentismo catalán. Por cierto, nos queda una pregunta que nos gustaría hacer a la Casa Real para que nos expliquen si es posible, el motivo de que, un señor como el actual conde de Godó, siga ostentando semejante título, si resulta ser evidente que está completamente integrado en el grupo de burgueses que se han adherido ¿o quizá fuera de los fundadores?, a los partidarios de la ruptura de Cataluña de la patria española, especialmente a este grupo de destacados defensores de la causa independentista catalana; el Rey debiera de tomarse en serio el desposeer de semejante distinción al señor Godó, debido a la evidente contradicción de que, un miembro de la nobleza española, se haya aliado con quienes desean la ruptura con España. A algunos esta postura nos huele demasiado a traición.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, todos los españoles que residimos en la comunidad catalana, que tuvimos unos días de esperanza cuando, un numeroso grupo de verdaderos españoles salieron a las calles para protestar contra la ignominia de que unos catalanes, una minoría de ellos, se abrogase la representación de todos los que residimos en esta autonomía cuando es evidente, y las encuestas lo reafirman, que somos tan o más numerosos los que nos sentimos españoles dentro de Cataluña que los que intentan obligarnos a renunciar a nuestra calidad de ciudadanos españoles. Malos tiempos para España.

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