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Robert J. Samuelson
The Washington Post Writers Group
Robert J. Samuelson
¿Quiénes son estas personas? ¿Cómo llegaron a ser tan ricas?
WASHINGTON -- Con independencia de lo que sean además, los súper ricos han pasado a ser ya patrimonio político. Debemos esto al Presidente Obama y al candidato conservador Mitt Romney. Obama cree poder explotar la ola de resentimiento hacia las rentas altas para alcanzar la Casa Blanca en una segunda legislatura; y la fortuna del Republicano Romney, calculada en 190 millones de dólares como mínimo, le sitúa entre los súper ricos.
 
Sin vacilar, el Congreso debería de tramitar "la tasa Buffett" bautizada en honor al multimillonario Warren Buffett, que reparó en que su tipo impositivo de la declaración del ejercicio 2010 (17,4%) era alrededor de la mitad del que tributa su secretaria. La explicación es que los ingresos de Buffett proceden en su mayor parte de los dividendos y los beneficios de inversiones -- beneficios de la venta de valores y otros activos -- que disfrutan de un tipo impositivo reducido del 15%. Esto no es ni socialmente justo ni económicamente necesario.
 
La tasa Buffet todavía imprecisa de Obama impone en apariencia un tipo fiscal mínimo del 30% a las rentas que superan el millón de dólares. Los Republicanos deberían de apoyarla. Los incentivos económicos a la inversión expuesta no se vendrían abajo. Con el Presidente Reagan, el tipo máximo a los beneficios de la inversión fue del 28 por ciento. La economía salió airosa. Y tramitar la tasa Buffet mejoraría la transparencia política.
 
Como aperitivo, no se simularía, como simula Obama, que gravar a las rentas súper altas solucionaría de golpe el problema del déficit. Esto es lo que dijo durante el discurso del Estado de la Nación.
 
"¿Queremos conservar estos privilegios fiscales destinados a los estadounidenses más ricos? ¿O queremos proteger nuestra inversión en todo lo demás, como la educación o la investigación médica, un ejército fuerte o la atención de nuestros veteranos? Porque si somos serios a la hora de extinguir nuestra deuda, ambas cosas no nos las podemos permitir".
 
Desde luego que no. En septiembre, la Oficina Presupuestaria del Congreso situaba el déficit a 10 años en los 8,5 billones de dólares. El colectivo independiente Tax Foundation calcula que la tasa Buffett recaudaría hoy 40.000 millones de dólares por ejercicio. Ciudadanos por la Justicia Fiscal, un colectivo de izquierdas, calcula 50.000 millones. Con crecimiento económico, el total a 10 años vendría a situarse entre 600.000 y 700.000 millones de dólares. Sería una ayudita; eso es todo. "El objetivo de la tasa Buffett no es cerrar la brecha entre lo que ingresa el Estado y lo que gasta", ha dicho Buffett. Siguen habiendo decisiones difíciles, en parte porque los cálculos del déficit en vigor ya dan por sentados importantes recortes en la defensa.
 
También es un mito que todas las rentas súper altas disfruten de tipos impositivos bajos. Durante el ejercicio 2007, el punto porcentual de rentas más altas tributó un tipo impositivo medio del 29,5% y proporcionó el 28,1% de la recaudación federal, según la Oficina Presupuestaria. A cuenta de sus ingresos y de sus sueldos, muchos de los súper ricos pagan el tipo de la horquilla fiscal más elevado del 35%, además de la retención del programa Medicare para la jubilación del 1,45% de la nómina.
 
¿Quiénes son estas personas? ¿Cómo llegaron a ser tan ricas?
 
En un estudio, los economistas Jon Bakija, Bradley Heim y Adam Cole desglosan el 1% de rentas más altas de la siguiente manera: ejecutivos corporativos de grupos no financieros, el 30%; médicos, el 14%; profesionales de las finanzas (banca, fondos de inversión, fondos de pensiones), el 13%; abogados, el 8%; ingenieros informáticos y expertos en ordenadores, el 4%; comerciales, el 4%; astros del deporte, de los medios y de la industria del celuloide y la televisión, el 2%. El resto incluye a granjeros, gestores, promotores inmobiliarios y científicos.
 
La mayoría de esta gente probablemente se hizo rica a la vieja usanza. Trabajaron duro, abrieron negocios (uno de cada ocho es emprendedor o directivo de una empresa de la que posee alguna parte), o demostraron tener gran talento. Pero las virtudes tradicionales no pueden explicar la creciente concentración de la riqueza. De 1950 a 1980, el 1% de rentas más elevadas suponía más o menos el 10% del patrimonio de los estadounidenses; hacia el año 2000, este porcentaje había llegado a rondar el 20%, donde ha permanecido, según calculan los economistas Emmanuel Saez y Thomas Piketty.
 
Hay explicaciones por doquier: las remuneraciones "de superestrella" para los que están en la cima; la globalización (al ampliar los mercados a los que tienen talento); las alambicadas prácticas de compensación corporativa. Pero el principal factor que contribuye fue el largo período de crecimiento en el mercado de las finanzas que infló de forma artificial el valor de las opciones sobre acciones de los ejecutivos y las compensaciones en el sector financiero. "Muchísima gente dentro de este grupo (gestores, banqueros, corredores) tienen salarios que dependen directamente del mercado financiero y de la cotización", dice el economista Jon Bakija.
 
Piense: de 1980 al año 2000, los valores multiplicaron su cotización prácticamente por 10; de 2000 a 2007, el beneficio rondaba el 40 por ciento. Y la principal causa del ciclo de prosperidad fue la caída libre de la inflación, que redujo de forma paulatina los tipos de interés. A medida que los tipos caían, la cotización de los valores y el valor de los demás activos crecían. Los ultra ricos rentabilizaron en parte la suerte sin más. Irónicamente, dado que el ciclo de crecimiento ha concluido, el crecimiento de las desigualdades podría detenerse o invertirse (las pagas extraordinarias en el sector financiero se están contrayendo) a medida que los ataques políticos vertidos contra las rentas altas se intensifican. De 2007 a 2009, la cifra de declaraciones a devolver con rentas que superaban el millón de dólares se desplomó un 40%, según Scott Hodge, del colectivo independiente Tax Foundation.
 
Así que vale, que suban los tipos de la tasa Buffet y las demás retenciones hasta los niveles que tributa la clase media-alta. Pero que reconozcan que la retórica populista contra las rentas altas se debe sobre todo a la conveniencia política. Ello distrae la atención de las graves cuestiones a las que se enfrenta el país -- crear empleo y cerrar el déficit presupuestario a largo plazo. La reacción contra las rentas altas crece; un sondeo Pew concluye que el 66% de los estadounidenses considera que hay conflictos "graves" entre ricos y pobres, porcentaje superior al 47% registrado en 2009. Marear la perdiz con esto es más fácil que abordar el futuro.
 

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