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Jesús Campos

Jesús Campos Márquez nació en Coria del Río (Sevilla). Estudiante de Historia en la Universidad de Sevilla. Investigador especialista en Historia Antigua y Filosofía, escritor y administrador del blog La Conjura de Tarquinio. Colaborador en Diario del Siglo XXI, fue articulista en El Importuno. Sapere Aude (atrévete a saber)



Twitter: @ConjuraTarquino
Email: gsuslp-91@hotmail.com
Jesús Campos
Últimos textos publicados
Las etapas de la vida romana
Funciones sociales de hombres y mujeres
En la Antigua Roma, tanto el hombre como la mujer tenían una serie de papeles sociales asignados y en raras ocasiones se salían de ellos. La función de la mujer era el matrimonio y asegurarse de traer descendencia y por tanto la continuidad familiar con ello. En cuanto al hombre, su labor era la de servir al Estado. En función de estos papeles diferenciados se dividían las diferentes etapas de la vida de los antiguos romanos.

Hasta cerca de los 7 años de edad la distinción por sexos no existía, eran llamados “infans”, el que no habla. A partir de esa edad, para la mujer se abren tres etapas en su vida, siempre en función de la capacidad reproductora, pero sin poner límites de edad. Las jóvenes doncellas, aptas para la reproducción, pero que todavía no se han casado, recibían el nombre o apodo de “puella” o “virgo”; las que ya habían contraído matrimonio, en función de que ya fueran madres o no eran denominadas “uxor” (esposa) o “matrona” que significa madre de familia. Finalmente, cuando la mujer había cumplido ya su ciclo reproductivo recibía el nombre de “anus”.

En el caso de los hombres, si que estaban más delimitados los grupos en relación a las edades. Recibían el nombre de “puer” entre los 7 y los 17 años, era la etapa reconocida por la formación académica; eran reconocidos como “adulescens” entre los 17 y los 30 años de edad, también era una etapa de formación, pero de corte mas cívica y militar. “Juvenis” entre los 30 y los 46 años, es la etapa de plenitud física, el momento de poner en práctica todo lo aprendido en su formación con las etapas anteriores.“Senior”, entre los 46 y los 60 años, el Estado cuenta mas con su experiencia, sobre todo para la formación de los más jóvenes, que con su vigor físico. “Senex”, entre los 60 y los 80 años, la etapa de servicio al Estado ya ha concluido y ahora solamente se recurre a ellos en ocasiones muy marcadas y excepcionales, cuando lo que realmente cuanta es la sabiduría y la experiencia de toda una vida. Finalmente, los pocos que superaban los 80 años recibían el nombre de “aetate provectus”.

Hay que hacer hincapié en que esta jerarquización de los varones romanos se lleva a cabo y se oficializa en los ciudadanos de pleno derecho, que eran los que podían entrar al servicio del Estado, o al menos para ello se concibió esta división pero en realidad se aplicaba a todo ciudadano varón, sea romano o no.
lunes, 21 de septiembre de 2015.
 
La indumentaria y cuidado personal de la mujer egipcia
Vestidos, joyas, maquillaje y pelucas
El clima egipcio es uno de los determinantes que desde los origen determinó que los habitantes llevasen ropas ligeras y aireadas, así como que mantuvieran un cierto cuidado e higiene en su cuerpo. De todas formas, la desnudez del cuerpo no estuvo mal vista en la sociedad egipcia.

A la mujer le gustaba lucir bellos vestidos y joyas sobre su cuerpo, y el material más usado para este tipo de ropajes era el lino y, en ocasiones, la lana. El algodón no entra en Egipto hasta el periodo Ptolemaico. A través de las representaciones de tumbas y en las esculturas podemos observar que las mujeres aparecen con un color de piel más claro que el de los hombres. En dichas representaciones aparecen vistiendo una túnica larga, blanca, suave y ajustada sostenida por tirantes. El borde superior iba por encima o por debajo del busto y el inferior normalmente llegaba a los tobillos, lo que les permitía una gran libertad de movimientos. Hay que tener en cuenta que el lino es un tejido que con el tiempo cede, por lo que no serían vestidos tan ceñidos como parecen representados en las imágenes de las mujeres. No hay que olvidar que el vestir en el Antiguo Egipto también estaba sujeto a la moda, así tenemos preciosos ejemplos de vestidos realizados con telas de leopardo, como el que luce la princesa Nefertiabet, de la Dinastía IV, en la estela de Guiza. Las noches y tardes en el desierto eran frescas, por lo que las mujeres se ponían por encima túnicas de manga larga que colgaban en pliegues y con un amplio escote.

Durante la historia faraónica, el vestuario de hombres y mujeres fue haciéndose más elaborado y variado, con abundancia de prendas con pliegues y flecos. Para la mujer, el modelo más habitual era un vestido holgado a modo de sari, realizado con una tela plegada que envolvía el cuerpo y los hombros y se ataba debajo del busto. Llevaban mangas con finos pliegues, tapaban la parte superior de los brazos hasta los codos. El vestido tubo llevado desde el Reino Antiguo se siguió utilizando, lo que cambia es la forma de llevarlo, ahora se lleva por debajo de una túnica más corta y holgada.

En cuanto a los pies, no era infrecuente el ir descalzo, aunque hay muchos hallazgos de sandalias de cuero o de papiro u hojas de palma tejidas, las cuales se ataban con tres o dos correas y una de ellas se pasaba entre los dedos gordo y segundo y las otras dos iban debajo de los tobillos a un punto sobre el empeine, donde se unían las tres.

El tema de las joyas es bien conocido, adornos de collares, hechos con abalorios cilíndricos azules, rojos o verdes cruzados sobre la parte superior de sus túnicas. En la cabeza lucían pelucas y diademas. También se usaban gargantillas y colgantes de hueso, cascara de huevo, marfil, dientes de animales, conchas marinas y otros materiales orgánicos, así como piedras preciosas o semipreciosas. Los pendientes en cambio son de influencia extranjera, parece ser, pues no se introducen en Egipto hasta el Reino Nuevo.

El pelo se recogía con cintas de hilo atadas detrás con un lazo, y con el tiempo se evoluciona hacia las diademas y coronas, con pétalos a los lados y flores de loto delante. Las pelucas femeninas varían según el momento. Podían ser de pelo largo, que se dividan en tres partes, una que caía sobre la espalda y otras dos sobre el pecho, o pelucas cortas. La peluca también tenía su función de protección contra el sol abrasador. También podemos hablar de “maquillaje”, pues tanto hombres como mujeres se pintaban los ojos, tenemos paletas predinásticas a este fin, hechas de piedra o de pizarra. Hasta la Dinastía IV se usaban como sombra de ojos dos pigmentos básicos que se preparaban con malaquita verde del Sinaí, y una pintura negra derivada de la galena o la antimonita. Los párpados, cejas y pestañas se oscurecían con palitos o pequeñas cucharitas de piedra. Las egipcias no se pintaban los labios, excepto las prostitutas.

En definitiva, las mujeres egipcias tenían que acicalarse para los distintos momentos del día, ya sean solemnes o no, y las de clase más acomodadas lucían todo tipo de joyas, vestidos elegantes e imponentes pelucas.
sábado, 22 de agosto de 2015.
 
El relato de Elisa
La fundación de Cartago
Los relatos más antiguos sobre la fundación de Cartago nos sugieren que la ciudad fue fundada por la princesa de origen tirio Elisa, que se había visto obligada a abandonar su propia patria debido a la persecución de la que era objeto por parte de su hermano. Su hermano había asesinado a su esposo, de nombre Sicarbas, el cual era un sacerdote de Heracles. ¿El motivo del asesinato? Un tesoro.

Como es de esperar, la “guerra” entre hermanos trajo consigo el origen de bandos partidarios, un pequeño grupo de estos acompañó a Elisa en su exilio. La primera escala les llevó hasta Chipre, donde raptaron a un grupo de doncellas para que sirvieran de esposas y seguidamente continuaron el viaje. Tras un largo periplo llegaron hasta el Golfo de Túnez, donde fondearon sus naves, y desembarcaron en la ciudad de Útica. La ciudad era perfecta, buena situación geográfica, flanqueada por los cabos Bon y Blanco, era una profunda ensenada. El lugar se podía vigilar a la perfección, y además tenía buenas vistas del paso entre las dos cuencas del Mediterráneo. El control de la zona suroeste de la isla permitía dominar el acceso al Mediterráneo occidental y de ahí la constante disputa que mantuvieron con las ciudades comerciales griegas.

Los recién llegados toparon con la hostilidad de las poblaciones locales, como es lógico, y la tradición dice que en estas regiones estaba prohibido a los extranjeros comprar terrenos cuya extensión fuera superior a la que podía cubrir una piel de buey. Para esta historia, Elisa elabora un plan o estratagema para librarse de tal imposición y, haciendo tiras muy finas la piel del buey y uniéndolas entre sí, logró rodear una superficie lo suficientemente grande como para que en su interior se pudiera construir una ciudad. Dicha ciudad tuvo dos intentos de fundación, en el primero encontraron una cabeza de buey y decidieron que ese no era el lugar apropiado. En el segundo intento fue una cabeza de caballo la que se encontraron, esto les sugirió un buen augurio. El lugar elegido era la colina de Byrsa, y recibió el nombre de Qart Hadasht (capital nueva).

El relato de Elisa sigue avanzando en el tiempo, los primeros tiempos fueron indudablemente difíciles y marcados por los enfrentamientos belicosos con las poblaciones locales. Entra en escena el rey de los bereberes, Hiarbas, quien seducido por la belleza e inteligencia de Elisa, quiso hacerla su esposa y le comunicó que si no aceptaba sus deseos exterminaría a todo los cartagineses, Elisa, que aún amaba a su primer esposo, decide que debe evitar una dura prueba a su joven patria. Debía de intentar salvar a su ciudad pero sin caer en manos del rey berebér. ¿Qué hizo? Pues optó por suicidarse arrojándose al fuego.

Este acto considerado heroico por su pueblo la convirtió en diosa, una diosa prolifera en los escritos poéticos y literarios, escritores y artistas se fijaban en ella como ejemplo de inspiración. Virgilio fue uno de esos literatos, pero en el caso de este escritor, Eneas sería el causante del suicidio de la joven reina, pues éste la abandonó y Elisa no pudo soportar tal destino.
sábado, 8 de agosto de 2015.
 
 
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