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Etiquetas:   Cultura   Historia   -   Sección:   Opinión

Valle Inclán y el Carlismo

Relación de amistad
Jesús Campos
@ConjuraTarquino
domingo, 7 de junio de 2015, 22:48 h (CET)
En el año 1910, cuando Valle Inclán había publicado su trilogía de la tercera guerra, viajó hasta Buenos Aires para reunirse con unos amigos carlistas que habían sido desterrados. Estos desterrados le iban a dar un homenaje. En tal festividad el escritor español dijo lo siguiente: “El único brazo que tengo lo dedico a manejar la pluma en defensa de mis ideas y, si es necesario, ese brazo lo pondré a disposición de la Causa para manejar otras armas si el caso llega”.

En ese mismo año, el escritor gallego se había presentado, sin éxito ninguno, a diputado por Monforte de Lemos en las elecciones generales, dentro de la candidatura carlista. Valle Inclán no conoció personalmente a Carlos VII, pero antes de su muerte había proyectado su idea de trasladarse a Venecia para poder ofrecer su obra al rey carlista. Lamentablemente para él, el rey falleció y truncó sus planes, pero no por mucho tiempo pues se adhirió a su sucesor don Jaime de Borbón. Las afinidades ideológicas de ambos les unió bastante.

A lo largo de la I Guerra Mundial, Valle Inclán permaneció junto a don Jaime, apoyando a los aliados públicamente junto a otros carlistas de renombre como Melchor Ferrer y Lasuén, Valbuena o Marichalar. Todo esto mientras los políticos derechistas apoyaban al bando germanófilo.

A lo largo de la Historia se ha sido crítico con la dudosa adhesión carlista del escritor gallego, sobre todo desde foco literarios. El Carlismo fue la ideología que estuvo presente a lo largo de toda su vida; los retratos de don Carlos y don Jaime estaban en la consola de su habitación, visitó a la viuda de don Carlos en 1929, en 1931 aceptó la Cruz de la Legitimidad Proscripta que le otorgó el rey carlista. Dicha condecoración la lucirá con orgullo en plena República, con ello no quedaban dudas sobre su adscripción política.

En su obra titulada “La Guerra Carlista”, el autor enmarca un carlismo pleno, donde se glorifica la Cusa de la Legitimidad, y lo hace con gran entusiasmo y procurando sus mejores cualidades como escritor. Su colección de obras posteriores sigue siendo un canto hacia el Carlismo, pero con un tono más moderado, eso sí, poniendo de manifiesto su desprecio por la España Isabelina. Y más tarde también se mostrará reacio por la España Alfonsina.

Ningún otro autor de la generación del 98 fue tan crítico y violento contra la sociedad española de la Restauración. El fin último de las obras de Valle Inclán es la defensa del Pueblo, destinatario de todos los bienes futuros que traerá consigo el triunfo de la Causa.
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