Masters en Dirección de Recursos Humanos
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Domingo Delgado FIRMA DE OPINIÓN
Perspectiva de levante
Domingo Delgado Peralta es natural de Lorca (Murcia), tiene 47 años, está casado y es padre de cuatro hijos. Es Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca. Ha sido jefe de Régimen Jurídico de la Gerencia de Emergencias del Servicio Murciano de Salud y abogado rotal con especial habilitación para Tribunales Eclesiásticos. Ha trabajado como orientador, terapeuta y mediador familiar. Es especialista en derecho de menores y en arbitraje en la resolución de conflictos, además de máster en Bioética por la Univ. de Murcia. Es experto en Criminología por la UNED, en prevención de riesgos laborales, en emergencias y en derecho de consumidores y usuarios. Es Diplomado en Locución Audiovisual y actualmente cursa el 2º Ciclo de la Licenciatura de Periodismo en la Univ. de Murcia. Ha colaborado como consultor familiar en el Centro de Orientación Familiar Tomás de Aquino, de referencia para la diócesis de Cartagena – Murcia. Es miembro fundador de la Asociación Profesional de Consultores Familiares de España, de la Asociación de Familias Numerosas del Sureste de España -de la que ha sido presidente y desempeñando actualmente una vocalía-, del Centro UNESCO de la Región de Murcia -del que ha sido secretario-, de la Asociación Liceo Familiar, del Ateneo Digital de Murcia y de la Asociación Consumo Familiar de Murcia. Fundó el Foro de la Familia de la Región de Murcia. Ha sido ponente en diversas comunicaciones sobre temática familiar (ámbitos jurídico, de orientación y mediación) y profesor asociado de la Escuela de Relaciones Laborales de la Univ. de Murcia. Es profesor en Prevención de Riesgos Laborales, docente en los másters de Emergencias y Bioética de la Univ. de Murcia, y en el Servicio Murciano de Salud, y vocal del Consejo Asesor de Ética Asistencial de la Consejería de Sanidad de la Región.
    






ÚLTIMOS 5 TEXTOS PUBLICADOS
¿España en crisis económica?
Acabado el proceso electoral, en el que el capítulo económico fue de los pilares claves de la campaña, siguen nuestros políticos barajando la cuestión económica como arma arrojadiza de la contienda política diaria. De manera que para la oposición estamos en una seria crisis económica, y para el Gobierno en una coyuntura económica de desaceleración. Poniendo de manifiesto su clásico desencuentro, ante el desaliento de la ciudadanía, que a diferencia de otras cuestiones, la económica le resulta particularmente sensible, pues asiste en los últimos meses a un crecimiento excesivo de los precios de los artículos de primera necesidad, con el consiguiente repunte inflacionista.
Y con los contradictorios mensajes que le llegan desde las instancias oficiales, y de la oposición, no hace sino crecer su desconcierto ante la realidad y alcance de esa desaceleración o crisis económica que se le indica.

Ciertamente estamos en un momento en que la economía ha dado un revés, la cuestión radica en determinar el alcance del mismo. Ya que no es lo mismo una desaceleración que una recesión, como no es lo mismo un resfriado que una pulmonía.

Lo cierto es que se ha dado un concurso de diversas situaciones económicas que convergen en la crisis. Por un lado, está el ámbito internacional, principalmente a cargo de la considerable subida de los precios del petróleo –con alzas históricas-, que vuelve a plantear la necesidad de encontrar fuentes de energía alternativas, que deberían de haberse ensayado con mayor determinación tras las crisis del petróleo de 1973 y su agravamiento en el 1978, con una importante recesión internacional; a lo que también hay que añadir la crisis de producción de productos agrarios, especialmente grave en los países del tercer mundo. Por otro lado, tenemos en el ámbito nacional la crisis de la construcción, que no es sino un redimensionamiento de este sector, hiperdimensionado en los últimos años, que se veía venir, dada el alza desmesurada de los precios de los inmuebles, al que el propio mercado ha marcado sus límites.

Pero hemos de añadir a estos factores, de diversa procedencia y causalidad, el descontrol de precios de los productos de primera necesidad, especialmente de la cesta de la compra, que vienen creciendo sin más límite que la codicia de los diversos intermediarios que intervienen la comercialización de estos productos, de forma absolutamente innecesaria, que vienen determinando unos márgenes comerciales en productos –especialmente agrícolas- de 300, o 500%, según los casos (frutas, verduras, etc.), que están dando al traste con parte del sector agrario, al tiempo que se esquilman los bolsillos de los consumidores, pues no tiene lógica alguna, en el caso del limón, por ejemplo, que se pague al agricultor sobre 80 céntimos de euro el kilo, cuando se vende en el supermercado a 3 euros. Y así en muchos casos.

Naturalmente, esta situación hace que las economías domésticas se resientan, y padezcan dificultades para llegar a fin de mes, restrinjan las compras de lo innecesario, o secundario, y así el tren de la economía comienza a pararse, con los consiguientes despidos y cierres de establecimientos, por la falta de ventas.

Por eso, ante este cúmulo de circunstancias, externas e internas, debería el Gobierno de haber comenzado sus deberes en razón de tomar medidas que palien la situación, evitando que la crisis llegue a mayores. Lo que no vale es la ambigüedad calculada del lenguaje para no alarmar, al tiempo que apenas se afronta la dificultad. Como tampoco hace bien el alarmismo sin freno, con el que se pretende hacer oposición, en razón de que en el comportamiento económico también juega la psicología social, y el miedo a la crisis retrae la actividad económica contribuyendo indirectamente al incremento de esta.

Sin perjuicio de un necesario acuerdo de Estado, análogo a los “Pactos de la Moncloa” que tan buenos resultados dieron para superar la crisis económica de final de los setenta, en plena transición; se deberían de tomar inmediatamente medidas –que excluidas las monetarias, actualmente en manos de Bruselas- atenuaran los efectos del “parón económico”. Y ello, sin perjuicio de la conjunción de medidas de ámbito internacional que se están señalando por Organismos e Instituciones Económicas. Alguna de las cuales, debería pasar por convencer a la OPEP que incrementen su producción petrolífera para la reducción del precio del crudo.

Pero a nivel doméstico, se debería de ayudar a redimensionar el sector de la construcción, facilitando la reconversión de parte de esas empresas, y activando la obra pública. Incluyendo una eficaz política de VPO, de la que en los últimos años hemos estado “huérfanos”.

También resulta muy necesaria una medida legislativa de control de precios de productos agrarios, a modo de la promulgación de una “ley de márgenes comerciales” de productos agrarios y de primera necesidad, que eviten la injusta e irracional situación de los precios de mercado de dichos productos, muy superiores a su costo en el lugar de producción. Cuestión que nuestros vecinos franceses hace años que pusieron en práctica con excelentes resultados.

Por otra parte, y especialmente en un momento crítico para los sectores del transporte, pesquero y agrario, que han anunciado huelga por el excesivo coste del gasóleo, resulta vital que el Gobierno salga al paso de la problemática de estos importantes sectores para facilitarles una solución, que podría pasar no sólo por subvencionarles parte del coste del mismo, sino por una medida más justa y generalizada para toda la población, bajando el precio de la gasolina y gasóleos, al retirar en parte, o en su totalidad el gravamen impositivo que tienen en nuestro país estos productos (que supone un amplio porcentaje del precio), y que ha pasado a ser un producto también de necesidad, para el normal funcionamiento de la actividad económica y social del país. Y ello, entre tanto, no se ensaya con eficacia unos productos sustitutivos, que eviten estas crisis cíclicas de alza de precios. Ya que esa medida es mucho más necesaria –máxime en el momento actual- que el beneficio anunciado de los 400 euros.

Y lo que es más importante, que al Sr. Solbes se le vea abordar con garra el manejo de la crisis económica, en vez de emplear el filibusterismo político de la ambigüedad del lenguaje, o del nominalismo, para disimular una situación que ya se padece.

Domingo 8 de junio de 2008
El circo de La Sexta
El avance del medio televisivo ha llevado la cultura, la información y el entretenimiento a todos los hogares. Pero la proliferación de los medios televisivos, muy al contrario de lo que supuso la implantación del medio en origen, ha ido produciendo progresivamente una bazofia, que en muchos casos, denigra la profesión informativa, y el entretenimiento se monta sobre la mofa, e infamia de la vecindad.
Se ha criticado mucho últimamente el fenómeno de la “telebasura” al que se han dedicado algunas cadenas privadas con especial fruición, dedicando horas de televisión que valen una millonada, a la burla y difamación del otro, pues ellos no suelen ser el objeto de su propio veneno.

Un caso peculiar de este fenómeno lo está presentando la “Sexta”, cadena insustancial en sus contenidos, que salvo algunas retransmisiones deportivas, e informativos peculiares, dedican la mayor parte de la programación a la “coña tonta” a veces infamante. Así programas como “sé lo que hicisteis…”, “el follonero”, “el intermedio”, “caiga quien caiga”, “buenafuente”, “salvados por la Iglesia”, etc., comportan una parrilla de producción circense, insustancial y basada en la mofa de personas e instituciones que se merecen el obligado respeto, desde la concordancia o discrepancia de planteamientos, o ideologías. Pero que no deben de ser objeto de las coñas de “titiritetos televisivos”, que se toman la licencia de faltar al respeto ajeno y burlarse a discreción, para encubrir con esa jocosidad maliciosa, la falta de talento de una adecuada programación de entretenimiento, si la cadena optó por esa línea de producción televisiva. Pero habrían de tener claro que el entretenimiento no pasa necesariamente por la burla pública.

Así esos reporteros impertinentes que abordan a las personas con claro falta de respeto, e interés de confundirlos para que suelten alguna “parida”, no parece que sea propio de la profesión –no digo periodística, sino tampoco de meros comunicadores de espacios televisivos de entretenimientos-. Y sobre todo esa fijación mordaz contra la Iglesia Católica resulta una absoluta falta de respeto a los millones de católicos que conformamos este país.

Pero la culpa no la tienen exclusivamente los histriónicos reporteros, sino los jefes de la cadena, cuando no imponen una mínima ética profesional sobre los productos propios, y permiten la sorna continua. Y no me vale la respuesta que no vea esa programación. Ya que estoy en mi derecho de pedir respeto para las personas y creencias religiosas –del tipo que sean-. Pero además, una televisión privada tiene una licencia pública para sus emisiones, por el uso del espacio radioeléctrico, y tal licencia pública debería de tener mejor destino, pues es patrimonio de todos los españoles. Por lo que el Gobierno debería reconsiderar la concesión cuando llegue a término, de seguir la programación por tales derroteros.

Entre tanto, ya se sabe: “ pan y circo..” para alimentar a una “sociedad adolescente” fácilmente manipulable, que “se traga lo que le echen”.

Domingo 1 de junio de 2008
La Iberia del Chikilicuatre
Acabamos de asistir a una nueva edición del vetusto festival de Eurovisión, que otrora tuvo momentos de gloria, de los que participó nuestro país; pero que progresivamente va mostrando el deterioro del correr del tiempo, no se si por la edad, o por el mismo reflejo de la decadencia social de Europa.
En la presente ocasión Iberia ha exportado un producto friki, bastante inapropiado con el sentido del festival, de lo que es la música que hizo fortuna en este evento europeo, en que triunfaron canciones que además de pegadizas, tenían su valor musical, en cuanto a letra, y sintonía de las mismas. Pero sin embargo, el invento de chiquilicuatre que resulta más propio de un acto de comicidad, que musical, ha sido elevado a categoría de canción, y como tal, llevado como ejemplo de la producción musical española a uno de los grandes eventos de la canción, en un claro error de cálculo, o más bien, en una mala broma con “carga de profundidad” contra el festival de Eurovisión, pues si el nivel del producto que llega al mismo es de tan mala calidad, los días de dicho festival estarán contados.

Es cierto, que según el dicho por el cual, “la boca expresa lo que el corazón siente…”, de igual manera podemos afirmar que lo que se exhibe es el producto de lo que se tiene, o por mejor decir, de lo que se es. Y en consecuencia, es reflejo de la sociedad actual.

Una sociedad adolescente, poco rigurosa en sus compromisos, escasamente laboriosa, dada al hedonismo, que casi todo lo toma a “coña”, y casi nada en serio. Una sociedad con una progresiva pérdida de valores sociales.

Pero no fue sólo el caso español, sino que también pudimos apreciar una sucesiva muestra de mediocridad, falta de talento musical, reflejo de una “cultura del todo a cien”, de lo falto de valor. Por lo que el caso, como no puede ser de otra manera, no es sólo propio de Iberia, sino también es un mal compartido en una sociedad europea occidental en crisis de valores culturales y sociales, que progresivamente se va apartando de sus orígenes del humanismo cristiano, y desorientada, aún no ha llegado a coger un camino de auténtico progreso cultural y social.

Resultando igualmente sintomática la colonización cultural del mundo angloamericano sobre la vieja Europa, pues la mayoría de las interpretaciones se hicieron en inglés (desde los rusos, franceses, y griegos, hasta los nórdicos), en un nuevo síntoma de pérdida de identidad sociocultural europea, que pone de manifiesto el fiasco que la neocolonización angloamericana está produciendo, incluso en países culturalmente más avanzados, pero los nuevos medios de comunicación, la masiva producción cinematográfica y musical estadounidense, están pasando factura en forma de ramplón nivel cultural de nuestras jóvenes generaciones, ante lo que Europa ha de reaccionar fomentando su cultura, con su plural riqueza nacional de sus Estados.

Y en la línea de lo dicho, los responsables del Festival de Eurovisión deberían de poner unos límites de calidad a la aceptación de canciones, de manera que dicho evento cultural vuelva a coger el nivel que jamás debió perder.

Lunes 26 de mayo de 2008
El silencio de los corderos
Las detenciones del jefe de la policía local de Coslada y un grupo de agentes de la misma, por presunta corrupción, con las connotaciones que dicha noticia ha reflejado, de perdurabilidad en el tiempo, de concurrencia de concejales y alcaldes de diverso color político, en las irregulares actuaciones de parte del cuerpo de seguridad local, no deja de producir gran perplejidad.
“Los garbanzos negros” existen y se dan en todas las profesiones y localizaciones, porque forma parte de la condición humana, proclive a la corrupción, por una búsqueda desmesurada e injusta del interés propio en perjuicio del interés ajeno, e incluso común. Siendo especialmente reprobable en aquellas personas que ostentan un grado de autoridad pública, y que están precisamente para velar por la seguridad de la comunidad a su cargo. Por eso lo que ha de hacerse es apartarlos de esas responsabilidades públicas, y someterlos a un enjuiciamiento justo a la par que ejemplar.

Pero el problema aumenta de grado cuando los resortes de control del servidor público fallan, se relajan o incluso pueden entrar en una tolerancia pasiva, para evitar problemas. Ya que cuando esto pasa, ocurre que la ciudadanía queda indefensa, porque se pone al “lobo al cuidado de los corderos”, y de ahí a la trama, a la instalación de la corrupción de forma generalizada es un paso, porque se impone la extorsión sistemática, el abuso de poder, y demás consecuencias del ejercicio ilegal de la autoridad pública, que deviene en tiránico. De manera que en esa instalación de un sistema corrupto, puede que haya un responsable inmediato, directo, y unos colaboradores o cómplices del mismo que entran en la rueda que impone el cacique, pero también hay víctimas que se dan no sólo entre la ciudadanía sino entre aquellos otros agentes honrados que se niegan a entrar en la trama, y que son apartados de cualquier tipo de mejora o promoción, siendo relegados al ostracismo. Que es lo que parece que se ha dado en el caso de referencia, que con mucho ha saltado a la luz pública por su estridencia y particular desbordamiento en cantidad y tiempo. Aunque hechos como esos podrían repetirse en cualquier otro lugar, donde los resortes de la legalidad, el ejercicio de la autoridad superior, los mecanismos de control no se ejerzan.

En un Estado de Derecho, como el nuestro, se deben exigir además de las responsabilidades penales, que dictamine la Administración de Justicia, aquellas responsabilidades políticas propias del sistema democrático. Estas últimas consideramos que alcanzan a los regidores del municipio que han convivido con el problema, haciendo oídos sordos a las quejas de la ciudadanía, aunque ahora se justifican diciendo que no sabían nada, que la gente no ha denunciado nada, lo cual no parece ser del todo cierto, ya que algún grupo político manifestó públicamente que habían denunciado algunos hechos irregulares al Ayuntamiento. Ya que no es creíble que todo un pueblo de más de 80.000 habitantes haya estado tragando callado con el tipo de irregularidades que ahora se cuentan, no parece que el miedo conlleve tanto silencio en una democracia. Lo que da también un valor añadido de asombro a la cuestión.

Pero en todo caso, en una cuestión tan escandalosa como la que comentamos, con el jefe de la policía local detenido junto a unos veinte miembros de esta, sin que los respectivos alcaldes hayan hecho nada más que un tímido expediente disciplinario, por parte del más atrevido, debe de conllevarles responsabilidades políticas, y estas traducirse en un cese de sus respectivos cargos y un alejamiento de la vida pública, ya que si tuvieron conocimiento de algo y no lo investigaron bien, fueron negligentes en su responsabilidad, y si no se enteraron de nada, mayormente precisamente por ello, puesto que su responsabilidad se basa en una “culpa in vigilando”, ya que si hubieran intervenido y cortado de raíz cualquier irregularidad grave en funcionarios a su cargo, el problema se hubiera atajado, no se habría extendido, y los ciudadanos no hubieran padecido tal estado de indefensión como el denunciado.

La actitud tanto del alcalde actual, como del líder de la oposición municipal nos parece bastante inconsecuente, al aparecer como sorprendidos por el problema, y tratar de ponerse al frente de una Comisión de Investigación. ¡A buenas horas...! ¡Que dejen a la justicia actuar, y cedan su puesto a otros ciudadanos que merezcan mayor confianza pública!

Lunes 19 de mayo de 2008
"El ladrillo" y la lacrimógena actitud de sus actores
La “crisis del ladrillo” está agitando la economía nacional e internacional, cosa lógica en el sistema de economía globalizada a que nos ha impulsado el neoliberalismo capitalista. Si bien en cada país la crisis tiene peculiaridades propias.
Tal resulta el caso español, en que el sector de la construcción ha crecido de forma, quizá desproporcionada, y anárquica en relación con las necesidades del mercado, y con lo realizable desde el punto de vista de la ordenación urbana. De forma que todo eso se tornó pronto, en virtud de la acción de importantes empresas y empresarios del sector, en una implantación, más o menos generalizada de criterios propios en función de sus intereses, que determinaron una concreta ordenación urbana y su corrección, en connivencia con no pocos políticos locales, por un lado; y por otro, en la reconducción de las necesidades del mercado, hacia el tipo de vivienda y precio que se ofertaba, en base a la práctica exclusión de las viviendas VPO, y en la incorporación del socio bancario al negocio que, de esa manera, multiplicaba sus beneficios. Puesto que se vendía todo, y al precio que se iba pidiendo, ya que la mayoría de los compradores acababan comprando por las facilidades hipotecarias que se les ofrecían, que eran una trampa por cuanto solucionaban su problema de vivienda, pero se esclavizaban al pago de una hipoteca vitalicia.

Así las cosas, era cantado que el sistema artificialmente creado se rompería, porque era un sistema que se estaba agotando. Todo vino de la mano del socio bancario, cuando se percató que se estaban hipotecando viviendas a precios irreales –con lo que su garantía de recobro peligraba- y a unos plazos excesivos, de gran riesgo. Ante lo cual, la banca “echó el freno” y se retiró de la rueda de un negocio que le ha dado muchos beneficios. Naturalmente, de esta manera, al no darse las facilidades bancarias de antes, la maquinaria se ha parado, ¡ya no se vende como antes..!. Siendo el problema actual, que la inmensa industria que se había creado de la construcción, absolutamente sobredimensionada, habrá de reconvertirse y adaptarse a la escala razonable de dicho negocio en nuestro país.

Ante esto, esta semana hemos asistido al “llanto y gemido” de la patronal de la construcción apelando a que el Gobierno invierta dinero para dinamizar el sector, y algún osado ha hablado del “fondo de pensiones” como dinero operativo para tal fin. Lo cual, no es sino un disparate, al tiempo que un poca vegüenza para quien lo haya sugerido. Máxime en un sector que se ha mostrado insolidario con el resto de la sociedad, al “cegar” la oferta de VPO –porque no les interesaba-, y crear un engranaje artificial de mercado que les ha reportado grandísimos beneficios, a costa de muchas familias modestas y trabajadoras, que se encuentran entrampados vitaliciamente para que la banca y ellos hayan conseguido sus enormes ingresos. Y justo ahora, cuando el mercado –que ellos defienden cuando les interesa- les pone los límites de lo posible, y el negocio se desacelera, se nos presentan de víctimas y de pedigüeños ante la misma sociedad a la que han estado esquilmando.

Espero que haya sensatez en nuestros responsables políticos, y no se acceda a inyectar dinero público en el sector, salvo en el caso de la VPO –que es muy necesaria- y con los necesarios controles para evitar la picardía y el dinero negro que en otros momentos corrió por el sector, incluso en este tipo de construcción social.

Y si a alguien hay que inyectarle dinero, que sea a los miles de ciudadanos que compraron vivienda en un momento de alteración del mercado artificialmente al alza, subvencionándoles, al menos los tipos de interés. Por cierto, subvenciones que podrían estar acometiendo ya las Cajas de Ahorro –ya que según su estatuto jurídico son Obras Sociales-, y que mejor obra social que ayudar a los asfixiados deudores hipotecarios, antes que especular en el mercado del arte, o subvencionar actividades culturales.

Lunes 12 de mayo de 2008
     
 
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