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Antonio Moya Somolinos
Antonio Moya Somolinos
(ahora resulta que, de antemano, quedan descalificados los que quieran opinar o ejercer la crítica a la desastrosa gestión del gobierno en esta crisis)

A estas alturas, lo mismo que los grandes generales se prueban en el campo de batalla, y no en el de los trienios, el gobierno da ya muestras patentes de una incompetencia que ni siquiera los que no les votamos imaginábamos. Me ratifico en que lo peor que nos ha pasado a los españoles en la crisis del 2008 y en esta es que las han conducido dos tipos demasiado incompetentes: Zapatero y Sánchez; este último ayudado por otro todavía más incompetente, el marqués de Galapagar.

En mi opinión, hay algunas cuestiones en las que el mentiroso compulsivo de la Moncloa se viene aferrando desde hace días, cuestiones que en el pleno del Congreso pasado quedaron en evidencia y que querría comentar.

Una de ellas es el populismo patriotero de que Sánchez viene haciendo gala en sus múltiples comparecencias diarias de “Aló presidente”, al estilo del maestro venezolano de Iglesias, felizmente desaparecido.

Varios diputados de diverso signo político le puntualizaron a Sánchez que lo que los españoles necesitan no son sermones presidenciales militaristas, sino soluciones eficaces al problema.

El recurso a “esto es la guerra”, más parecido a Groucho Marx o a la guerra telefónica de Gila, despertó en las diputadas de Bildu y CUP los peores comentarios hacia el ejército. A mi modo de ver, lo que realmente sucede aquí es una confusión propiciada por el errático planteamiento del presidente. Coincido con estas diputadas en que esto no es una guerra, sino un virus, y por tanto sobran todas las liturgias militares de las que viene haciendo gala el gobierno en los últimos días.

Ahora bien, sin tratarse de una guerra, lo cierto es que estamos en una situación de economía de guerra sin guerra, pero economía parecida o similar a la que se lleva a cabo en situaciones de guerra, caracterizada por una pérdida espeluznante de la productividad y por una extrema necesidad de reconducir recursos para hacer frente al enemigo, en este caso la pandemia, exigiendo aparcar otras cuestiones – que temporalmente pasan a un segundo plano – para centrarse en este objetivo, casi único, de vencer la pandemia. Es decir, una exigencia temporal de unidad de acción, lo cual exige UN ÚNICO MANDO.

Aquí es donde está la piedra de toque de la incompetencia de este gobierno. Efectivamente, esta situación exige una unidad de acción en vez de 17 reinos de taifas. Ahora bien, el gobierno se ha equivocado al confundir el principio de unidad de acción y de coordinación con un centralismo político sobrevenido, ajeno a nuestra situación legal constitucional.

Es verdad que ante una situación de emergencia, determinados poderes deben coordinarse bajo una unidad de mando, y que el ejército debe salir a la calle a prestar determinados servicios propios de emergencia, análogos a los que lleva a cabo en situaciones de guerra. Todo esto es verdad. Y es lo que está haciendo perfectamente.

Pero es un error por parte del gobierno IGNORAR que España es un Estado descentralizado en 17 autonomías, las cuales tienen competencias propias sobre la Sanidad, y aunque una situación como esta exija una COORDINACIÓN con mando único, los sistemas de sanidad de las autonomías son un activo valioso en cada comunidad autónoma que el gobierno ha ignorado y sustituido por un ministro de sanidad recién llegado que no tiene ni idea de lo que pasa en la sanidad de cada comunidad autónoma.

El resultado ha sido una parálisis propia de una burocracia esclerótica, incapaz de dar solución a un problema que le viene grande, porque si hay algo evidente es que los señores que ocupan el gobierno tienen como factor común el no saber gobernar.

Mitinear, lo saben sobradamente. Engañar al pueblo, también, incluso con discursos ñoños, como Pablo Iglesias, que se emociona con las caceroladas o que llora cuando Pedro Sánchez logra la investidura. Pero en cuanto a gestionar situaciones, han demostrado no tener ni la menor idea.

Siempre me ha llamado la atención el nombre de esa carrera universitaria “Administración de Empresas”. Para administrar, para gobernar, hay que prepararse, estudiar, aprender, saber. Esta gente del gobierno, auténticos irresponsables, creen que son capaces de gobernar por ciencia infusa o a golpe de ocurrencia. Una situación como esta les ha venido larga, porque a su osadía se une una ignorancia enciclopédica en cuanto a dirección y administración de organizaciones.

El pasado día 25, Pedro Sánchez, con varios miles de muertos a las espaldas, vino a mencionar que ya se han repartido casi un millón de mascarillas, y “prometió” que en el “breve plazo” de 8 semanas habrá mascarillas para todos. Esto suena a chiste surrealista cuando hace varios días oí en la radio que en China hay muchas empresas fabricantes de mascarillas que producen tres millones de unidades diarias. ¿En qué coño ha estado pensando Pedro Sánchez durante los dos meses pasados en vez de preocuparse de conseguir material sanitario.

Cuando veo a Pedro Sánchez diciendo que las mascarillas “han de ser homologadas” y por otra parte veo a monjas de clausura en whatsapp fabricando gratis mascarillas a destajo, o montones de tutoriales de youtube para autofabricar mascarillas, me doy cuenta de que el presidente está en la inopia con su guerra de salón, o que cree que en la guerra son preferibles mascarillas homologadas que nunca llegan y a precio de oro (los empresarios chinos no son tontos ante la ley de la oferta y la demanda), en vez de aprovechar las sinergias de un gran pueblo como el nuestro, cuyo único defecto es que es tonto a la hora de elegir a sus gobernantes.

A punto de terminar este artículo, me entero de que han llegado por fin unos aparatos de diagnóstico rápido importados desde China por el ministro de Sanidad y que al probarlos resulta que son una patata, pues no solo no funcionan, sino que tampoco están homologados. Vaya, que son un timo y que al ministro Illa le han engañado como a un chino de los de antes por tratarse de testadores piratillas. ¿Pero no habíamos quedado que desde el gobierno solo se iban a comprar aparatitos homologados?

Ante este incidente responde el ministro que no nos podemos hacer idea de lo complicado que es comprar estos aparatitos a los chinos.

No es que sea complicado, chaval, es que los que saben de sanidad en este país son las consejerías de las comunidades autónomas, que se dedican a ello como competencia propia desde hace muchos años, y no tú, que eres un advenedizo incompetente, como todos los del gobierno, que no os aclaráis con este problema, y que con vuestra incompetencia habéis logrado que incluso las comunidades autónomas empiecen a ser ineficaces también.

Dice Pedro Sánchez que mientras dure esta pandemia no va a polemizar ni se va a defender de quienes le atacan, que su única focalidad es vencer al virus.

Vaya, ahora resulta que, de antemano, quedan descalificados los que quieran opinar o ejercer la crítica a la desastrosa gestión del gobierno en esta crisis.

Esto es lo propio de las repúblicas bolivarianas o de las dictaduras bananeras: Está prohibido criticar al jefe; no se oirán las críticas; el disenso está mal.

Centralismo, militarismo de pacotilla, descalificación de la crítica y la opinión contraria…Todo esto suena mal, pero que muy mal.

En cuanto a la lamentable intervención de la ministra de defensa acusando de posible delito a los cuidadores de las residencias de ancianos, ya comentaré el asunto en próxima entrega porque merece comentario aparte. 

Artículos del autor

El tiempo va situando a cada cual en su sitio. A lo largo de la vida se le va viendo a cada cual el plumero. Es muy difícil ser listillo e hipócrita durante toda la vida y que los demás no se percaten.


A la vuelta de 21 siglos tenemos una cultura cristiana heredada, en la que hemos nacido y en la que vivimos, conscientes o no.El problema es que en muchos aspectos, esa cultura - y esas formas culturales - es una cultura fosilizada, más arqueológía que vida.No vivir de las rentas significa, en primer lugar, darse cuenta de esto, si es que no queremos hacer el ridículo ante una sociedad secularizada y atea en la que las formas culturales cristianas del pasado no tienen el más mínimo recorrido en el mundo actual salvo ser objeto de burla.El problema de muchísimos católicos actuales es que buscan en la cultura cristiana una seguridad que solo deberían buscar, y encontrar en la fe, entregada por Dios y custodiada por la Iglesia.Si la fe no se impone, sino que se propone, con mucho menor motivo se puede imponer la cultura cristiana (las formas de cultura cristiana), cuando desde nuestra fe, los cristianos no nos hemos tomado con responsabilidad lo que decía san Pablo VI, inculturizar la fe, hacer de la fe, cultura, y cultura viva.Quienes le dan a la cultura cristiana el valor que solo deberían dar al evangelio, se equivocan.

La vida política, tanto a nivel nacional como internacional, tanto ahora como antaño, como siempre, ofrece tipos que ante la mayoría de las personas pueden parecer, como poco, extravagantes o incoherentes.

​Las cosas se van olvidando, a veces demasiado deprisa. Rodriguez Zapatero es un personaje del que ya nadie se acuerda, salvo cuando aparece dándose una vuelta por algún país sudamericano mediando entre no se sabe quienes o asistiendo como observador a no se sabe qué.

A mi no me parece propio de trigo limpio que alguien hable mal de sus clientes a espaldas de estos, pero allá cada cual.El caso es que, con esa política de jugar a dos barajas o de nadar y guardar la ropa, al segundo whatsapp me dijo que era un poco fuerte lo que estaba diciendo, aunque no concretó los extremos.Al cabo de una semana me dijo que se le había olvidado hacerme una observación: Que yo estaba incumpliendo la nueva legislación de protección de datos porque no disponía de autorizaciones de los destinatarios de mis mensajes de whatsapp enviados desde mi blog.Le contesté diciéndole que estaba mezclando churras con merinas, porque yo, ni soy empresario, ni tengo blog de nada ni tengo clientes de nada, sino que lo único que tengo es un móvil, unos contactos de teléfono, cuyo dato, el número de teléfono, me lo ha facilitado el propio interesado, que no es cliente sino familiar, amigo o conocido, y que siguiendo las reglas del sentido común, de acuerdo a lo que ella sostenía, habría que concluir que sería imposible enviar un solo whatsapp a nadie, pues habría que entender que todos nuestros contactos, familiares incluidos, serían clientes nuestros de no se sabe qué empresa.Le contesté que, siguiendo el sentido común, hay que entender que tal autorización (la de enviar un mensaje de whatsapp) se presupone concedida por el destinatario en la medida de que, él mismo me facilitó hace tiempo su teléfono y hasta ahora no me ha expresado formalmente su deseo de que tal dato sea eliminado de mi lista de teléfonos.Pues bien, algo tan sencillo como esto no parece que le entrara en la cabeza, y durante algunos días sucesivos no paró de enviarme mensajes escritos y de audio en los que aseguraba que lo que yo estaba haciendo era algo totalmente prohibido.

Incluso hemos visto hace días una cita de "Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer" en donde este desconfía de los propios padres de los chicos como consejeros del camino que estos quieran tomar.Acto seguido,Ocáriz se detiene en una cita de san Josemaría al versículo de Lc 14, 23, en el que el Señor emplea la expresión "oblígales a entrar" en el contexto de una parábola, expresión que en el Opus Dei siempre se ha tomado en sentido prácticamente literal, pisoteando la conciencia y la libertad de los demás, en la actuación proselitista que llevan a cabo desde los comienzos.La cita de san Josemaría es esta: "Porque es característica capital de nuestro espíritu el respeto a la libertad personal de todos, el compelle intrare, que habéis de vivir en el proselitismo, no es como un empujón material, sino la abundancia de luz, de doctrina; el estímulo espiritual de vuestra oración y de vuestro trabajo, que es testimonio auténtico de la doctrina; el cúmulo de sacrificios, que sabéis ofrecer; la sonrisa, que os viene a la boca, porque sois hijos de Dios: filiación, que os llena de una serena felicidad ―aunque en vuestra vida, a veces, no falten contradicciones―, que los demás ven y envidian.

La cuestión está en que personas con cierta personalidad no muy hecha, pueden tener un "rebote" muy negativo al salir del Opus Dei, atribuyendo a la Iglesia una toxicidad que solo era atribuible en justicia a dicha organización, y traspasando a la fe en Dios lo que debería haber sido un simple desencanto de una organización humana como es el Opus Dei.Afortunadamente, la inmensa mayoría de los ex miembros, tras un periodo de "shock" y otro de readaptación, en el que encuentran su propia espiritualidad, ya sin manipulaciones, terminan siendo las personas más felices del mundo, más que los demás, pues saben lo que vale un duro, al darse cuenta del infierno del que han salido.(...) "La etiqueta de “espiritual” viene determinada por el contexto religioso en el que se dan estas prácticas dañinas para la persona, ya que en su mayor parte podrían denominarse también como “abuso psicológico” o “abuso emocional.Aunque es a menudo asociado con los grupos sectarios, el abuso espiritual puede ocurrir también en denominaciones religiosas establecidas, cuando los pastores u otros abusan de su autoridad o cuando los individuos violan los límites éticos en el proselitismo o en otros tipos de situaciones de influencia”, explica la ICSA".COMENTARIO.- Este tipo de abusos son habituales en el Opus Dei, empezando porque se practican con niños con poca madurez humana, debido a la edad, y porque se vulneran las leyes de la Iglesia en este aspecto.(...) "La ICSA recuerda que el poder corrompe, y por eso la autoridad trae consigo un riesgo de abuso, cuyo nivel depende de la madurez de quien detenta el poder.Así, “padres, profesores, terapeutas, pastores, esposos y otros pueden tener el riesgo de abusar de aquellos sobre quienes ejercen distintos niveles de poder”.COMENTARIO.- Ya expuse el otro día un pasaje de Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer en el que precisamente se pone bajo sospecha a los propios padres de los chicos vedándoles intervenir en lo relativo al propio discernimiento que ellos deben llevar a cabo, mientras los directores del Opus Dei se erigen en discernidores de los demás en base al camelo de su "gracia de estado", que se la sacan de la manga, ya que gracia de estado la tenemos todos, cada cual la que Dios le ha dado conforme a su estado de vida.(...) "Además de las asociaciones de afectados y de otras plataformas de profesionales que pueden ayudar a las víctimas del abuso espiritual, las propias confesiones religiosas han ideado mecanismos para el acompañamiento y la recuperación de los que han sufrido estos daños.

Esto producía un ambiente tenso en el Colegio Romano, porque se repetía una y otra vez, trascurriendo muchos minutos sin que nadie dijese nada, hasta que Álvaro se llevaba al fundador”.Al final del estudio vienen unas conclusiones entre las que destacan que no hay por qué poner en tela de juicio, en general, una sinceridad de vida por parte de Escrivá; tantas extravagancias y tantos desvaríos tienen un origen en el transtorno psicológico analizado.Ahora bien, lo inaceptable según el autor del estudio, es entender como “divino” el Opus Dei, aun admitiendo la rectitud interior del fundador y de tantos miembros, seducidos por el señuelo de lo divino o sobrenatural, que sin renegar de que Dios pueda suscitarlo, siempre será en el ámbito de la revelación privada y nunca podrá extrapolarse hasta situarse al margen de la vida normal de la Iglesia, que es el cauce normal de lo sobrenatural y de la intervención de Dios.Como dice el autor del estudio, “el “buen Opus Dei” lo han hecho gentes con buena voluntad, y aun a pesar del Escrivá real”.Avanzando ya en el final del trabajo, el autor se expresa así:“Con el paso del tiempo, al cabo de las décadas, la semilla de falsedad que se encontraba en la raíz de este montaje se ha desarrollado y ha contaminado casi todo, ya que los sucesores de Escrivá — también fautores de la manipulación— continúan resistiéndose a mostrar la verdad desnuda.

 
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