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Antonio Moya Somolinos
Antonio Moya Somolinos
(El cuidado de la Casa Común no es un invento del Papa Francisco, sino un espaldarazo de calidad a tantas organizaciones que, dentro y fuera de la Iglesia, aman a Dios a través de la Creación)

Hablar hoy de ecología no es nada extraño. Hace unos 30 ó 35 años, un amigo mío, armador de Adra, Almería, a quien algunos grupos ecologistas habían denunciado por entender estos que su actividad pesquera no era conforme a buenas prácticas medioambientales, se defendía en los medios de comunicación locales haciendo ver que sí respetaba el medio ambiente y daba por supuesto que todo el mundo lo respetaba. "Ecologistas somos todos", apostillaba.

No dudo de la buena fe de aquel amigo mío, pero creo que se equivocaba en su afirmación: en aquellos años no todo el mundo era ecologista, del mismo modo que, en mayor o menor medida, todos eran machistas si comparamos la mentalidad de aquellos años con la actual.

El mundo ha cambiado. Los parámetros de hace 35 años no son los de ahora, afortunadamente. Vamos viendo cada vez con mayor nitidez cosas que antes no veíamos debido a determinados condicionamientos culturales que, gracias a Dios, van desapareciendo de nuestro modo de vivir.

Si repasamos la Doctrina Social de la Iglesia en los años anteriores a la encíclica Laudato Si, advertimos claramente una laguna importante en el magisterio de la Iglesia. La ecología ha sido una asignatura pendiente que ha contribuido sobremanera a ese retraso vergonzoso que la Iglesia lleva respecto del mundo. Digo "vergonzoso" porque es una vergüenza propia que quienes somos testigos de la "buena nueva" nos hayamos quedado atrasados desde hace varios siglos ante otros que, sin ser cristianos y esgrimiendo valores netamente cristianos y evangélicos (libertad, igualdad, fraternidad), hayan dejado en evidencia a la Iglesia al poner esta bajo sospecha dichos valores y haberse aferrado a tradiciones que, más bien recuerdan a fariseos que al aire fresco de Jesucristo reafirmado en el vendaval de Pentecostés.

Los ecologistas de hace 30 ó 40 años eran vistos por la sociedad conservadora como elementos progres de izquierda que bajo capa de ecología pretendían derribar a los gobiernos de derechas. Incluso se llegó a decir que los ecologistas eran como los pimientos: primero son verdes, pero terminan poniéndose rojos.

Hasta la Laudato Si, las referencias a la ecología en el magisterio social de la Iglesia eran pocas y poco comprometidas.

La encíclica Laudato Si rompió, hace 5 años, de modo impetuoso, esa tradición timorata, y cogió por los cuernos - o por el mástil - una bandera que no puede ser más cristiana, en un documento que no puede ser más progresista, en un tema en el que nunca un líder mundial se ha comprometido tanto en este asunto. Era una anacronía que, siendo San Francisco de Asís uno de los mayores santos de la historia de la Iglesia (hay quien lo considera como quien más se ha parecido a Cristo en estos 21 siglos), la propia Iglesia no defendiera, como quien más, el cuidado de la Casa Común, del planeta, de la naturaleza en donde Dios nos ha puesto y en donde han de vivir - y disfrutar - las generaciones venideras.
Era una asignatura pendiente que, por fin, se ha aprobado con sobresaliente.

Con motivo de los cinco años de la encíclica, el Papa ha querido celebrar la Semana de la Laudato Si, como pórtico al día 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, en donde ha vuelto a incidir en una idea fundamental: que no hay dos crisis, ambiental y social, sino una única crisis, compleja, socioambiental, propia de un mundo globalizado e interconectado, en donde la ecología, para ser auténtica, debe ser "integral", incorporando las dimensiones humanas y sociales con el conjunto del planeta y con la naturaleza, emergiendo de nuevo el concepto de "bien común", ya clásico en la Doctrina Social de la Iglesia, como motor de cambio de desarrollo global, con consecuencias en la economía, en la política internacional y en muchas más áreas de importancia, tales como el cuidado de los más débiles, de los sin voz, de los "descartados", que son temas recurrentes en este magnífico pontificado que nos ha tocado vivir.

Esta encíclica es también un broche de oro a una labor callada de miles de misioneros que desde hace más de cien años vienen dejándose la vida en los países más pobres del planeta, el sur de Asia y el sur de África sobre todo, que son los que más sufren el descalabro antiecológico de la sociedad de consumo.

El cuidado de la Casa Común no es un invento del Papa Francisco, sino un espaldarazo de calidad a tantas organizaciones que, dentro y fuera de la Iglesia, aman a Dios a través de la Creación, y vuelcan sus esfuerzos en ayudar a los más desfavorecidos y menos industrializados.

Por citar una organización muy conocida, me referiré a Manos Unidas, ong de la Iglesia Católica española, que desde hace 61 años viene trabajando por una ecología integral y recaudando fondos para ayudar a esos hermanos nuestros que pasan hambre en el tercer mundo, 820 millones de hambrientos; dato que no puede dejar indiferente a todo aquel que tenga algo de corazón y valore lo que es la dignidad humana.

Artículos del autor

A estas alturas, lo mismo que los grandes generales se prueban en el campo de batalla, y no en el de los trienios, el gobierno da ya muestras patentes de una incompetencia que ni siquiera los que no les votamos imaginábamos.

El tiempo va situando a cada cual en su sitio. A lo largo de la vida se le va viendo a cada cual el plumero. Es muy difícil ser listillo e hipócrita durante toda la vida y que los demás no se percaten.


A la vuelta de 21 siglos tenemos una cultura cristiana heredada, en la que hemos nacido y en la que vivimos, conscientes o no.El problema es que en muchos aspectos, esa cultura - y esas formas culturales - es una cultura fosilizada, más arqueológía que vida.No vivir de las rentas significa, en primer lugar, darse cuenta de esto, si es que no queremos hacer el ridículo ante una sociedad secularizada y atea en la que las formas culturales cristianas del pasado no tienen el más mínimo recorrido en el mundo actual salvo ser objeto de burla.El problema de muchísimos católicos actuales es que buscan en la cultura cristiana una seguridad que solo deberían buscar, y encontrar en la fe, entregada por Dios y custodiada por la Iglesia.Si la fe no se impone, sino que se propone, con mucho menor motivo se puede imponer la cultura cristiana (las formas de cultura cristiana), cuando desde nuestra fe, los cristianos no nos hemos tomado con responsabilidad lo que decía san Pablo VI, inculturizar la fe, hacer de la fe, cultura, y cultura viva.Quienes le dan a la cultura cristiana el valor que solo deberían dar al evangelio, se equivocan.

La vida política, tanto a nivel nacional como internacional, tanto ahora como antaño, como siempre, ofrece tipos que ante la mayoría de las personas pueden parecer, como poco, extravagantes o incoherentes.

​Las cosas se van olvidando, a veces demasiado deprisa. Rodriguez Zapatero es un personaje del que ya nadie se acuerda, salvo cuando aparece dándose una vuelta por algún país sudamericano mediando entre no se sabe quienes o asistiendo como observador a no se sabe qué.

A mi no me parece propio de trigo limpio que alguien hable mal de sus clientes a espaldas de estos, pero allá cada cual.El caso es que, con esa política de jugar a dos barajas o de nadar y guardar la ropa, al segundo whatsapp me dijo que era un poco fuerte lo que estaba diciendo, aunque no concretó los extremos.Al cabo de una semana me dijo que se le había olvidado hacerme una observación: Que yo estaba incumpliendo la nueva legislación de protección de datos porque no disponía de autorizaciones de los destinatarios de mis mensajes de whatsapp enviados desde mi blog.Le contesté diciéndole que estaba mezclando churras con merinas, porque yo, ni soy empresario, ni tengo blog de nada ni tengo clientes de nada, sino que lo único que tengo es un móvil, unos contactos de teléfono, cuyo dato, el número de teléfono, me lo ha facilitado el propio interesado, que no es cliente sino familiar, amigo o conocido, y que siguiendo las reglas del sentido común, de acuerdo a lo que ella sostenía, habría que concluir que sería imposible enviar un solo whatsapp a nadie, pues habría que entender que todos nuestros contactos, familiares incluidos, serían clientes nuestros de no se sabe qué empresa.Le contesté que, siguiendo el sentido común, hay que entender que tal autorización (la de enviar un mensaje de whatsapp) se presupone concedida por el destinatario en la medida de que, él mismo me facilitó hace tiempo su teléfono y hasta ahora no me ha expresado formalmente su deseo de que tal dato sea eliminado de mi lista de teléfonos.Pues bien, algo tan sencillo como esto no parece que le entrara en la cabeza, y durante algunos días sucesivos no paró de enviarme mensajes escritos y de audio en los que aseguraba que lo que yo estaba haciendo era algo totalmente prohibido.

Incluso hemos visto hace días una cita de "Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer" en donde este desconfía de los propios padres de los chicos como consejeros del camino que estos quieran tomar.Acto seguido,Ocáriz se detiene en una cita de san Josemaría al versículo de Lc 14, 23, en el que el Señor emplea la expresión "oblígales a entrar" en el contexto de una parábola, expresión que en el Opus Dei siempre se ha tomado en sentido prácticamente literal, pisoteando la conciencia y la libertad de los demás, en la actuación proselitista que llevan a cabo desde los comienzos.La cita de san Josemaría es esta: "Porque es característica capital de nuestro espíritu el respeto a la libertad personal de todos, el compelle intrare, que habéis de vivir en el proselitismo, no es como un empujón material, sino la abundancia de luz, de doctrina; el estímulo espiritual de vuestra oración y de vuestro trabajo, que es testimonio auténtico de la doctrina; el cúmulo de sacrificios, que sabéis ofrecer; la sonrisa, que os viene a la boca, porque sois hijos de Dios: filiación, que os llena de una serena felicidad ―aunque en vuestra vida, a veces, no falten contradicciones―, que los demás ven y envidian.

La cuestión está en que personas con cierta personalidad no muy hecha, pueden tener un "rebote" muy negativo al salir del Opus Dei, atribuyendo a la Iglesia una toxicidad que solo era atribuible en justicia a dicha organización, y traspasando a la fe en Dios lo que debería haber sido un simple desencanto de una organización humana como es el Opus Dei.Afortunadamente, la inmensa mayoría de los ex miembros, tras un periodo de "shock" y otro de readaptación, en el que encuentran su propia espiritualidad, ya sin manipulaciones, terminan siendo las personas más felices del mundo, más que los demás, pues saben lo que vale un duro, al darse cuenta del infierno del que han salido.(...) "La etiqueta de “espiritual” viene determinada por el contexto religioso en el que se dan estas prácticas dañinas para la persona, ya que en su mayor parte podrían denominarse también como “abuso psicológico” o “abuso emocional.Aunque es a menudo asociado con los grupos sectarios, el abuso espiritual puede ocurrir también en denominaciones religiosas establecidas, cuando los pastores u otros abusan de su autoridad o cuando los individuos violan los límites éticos en el proselitismo o en otros tipos de situaciones de influencia”, explica la ICSA".COMENTARIO.- Este tipo de abusos son habituales en el Opus Dei, empezando porque se practican con niños con poca madurez humana, debido a la edad, y porque se vulneran las leyes de la Iglesia en este aspecto.(...) "La ICSA recuerda que el poder corrompe, y por eso la autoridad trae consigo un riesgo de abuso, cuyo nivel depende de la madurez de quien detenta el poder.Así, “padres, profesores, terapeutas, pastores, esposos y otros pueden tener el riesgo de abusar de aquellos sobre quienes ejercen distintos niveles de poder”.COMENTARIO.- Ya expuse el otro día un pasaje de Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer en el que precisamente se pone bajo sospecha a los propios padres de los chicos vedándoles intervenir en lo relativo al propio discernimiento que ellos deben llevar a cabo, mientras los directores del Opus Dei se erigen en discernidores de los demás en base al camelo de su "gracia de estado", que se la sacan de la manga, ya que gracia de estado la tenemos todos, cada cual la que Dios le ha dado conforme a su estado de vida.(...) "Además de las asociaciones de afectados y de otras plataformas de profesionales que pueden ayudar a las víctimas del abuso espiritual, las propias confesiones religiosas han ideado mecanismos para el acompañamiento y la recuperación de los que han sufrido estos daños.

 
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